Por: Mario Morales
Así como está, la ‘Ley Lleras’, que pretende regular derechos de autor en internet, parece más un troyano, ese seudovirus que deja abierta la puerta trasera de un sistema para que entre el diablo y escoja. (Publica El Espectador).

Alrededor de las bondades del acto legislativo, que pasó el primero de cuatro debates, se ha creado un falso consenso, pero ha esquivado reparos de usuarios y proveedores: el país que de veras usa la red.

La eficiencia legislativa, de la que alardea el Gobierno, tiene más de ligereza en este proyecto, señalado como ‘prerrequisito’ para el avance del TLC, porque ha tenido pocos debates cerrados y cada vez más contradictores como lo documentan La Silla Vacía y redpatodos.co.

Es irónico que mientras democracias como Holanda y Chile avanzan hacia la neutralidad en la red, esto es, garantías de acceso total a internet, la ‘Ley Lleras’ allana el camino para cortapisas en aspectos como la libertad de expresión, un peligro creciente en el mundo, como lo señalan en reciente comunicado conjunto relatores y representantes en este ámbito de ONU, OEA, OSCE y CDAHP.

Hay que escuchar a los actores del sector que vienen advirtiendo desde la industria, academia y uso diario sobre peligros como trasladar la responsabilidad de jueces a proveedores de servicios, sobre contenidos en entredicho, para lo cual no están preparados ni deben estarlo; de los riesgos de censura, de la violación del debido proceso y la presunción de inocencia o de utilizar marcos legales obsoletos o inadecuados para la red. Tanto que, como señala Julián Casasbuenas, de Colnodo, hasta contradicen el artículo 51 del Plan de Desarrollo que señala que las entidades del Estado “se abstendrán de establecer barreras, prohibiciones y restricciones que impidan dicho acceso (a internet)”.

Nadie niega la necesidad de una ley de derechos de autor, pero no hay que meter en el mismo archivo a usuarios y piratas. El Estado debe hacer presencia primero en lo social y en lo educativo antes que en lo punitivo. Restringir acceso, circulación y uso de contenidos como está planteado agrava la enfermedad, viola derechos y abre puertas para males mayores. Aún hay tiempo de blindarlas.

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