Por: Mario Morales
De haberlo sabido. Si el asunto no era de políticas, sino de fórmulas y metodologías para enfrentar y solucionar los problemas estructurales, hemos perdido dos siglos de vida republicana en rencillas menores. (Publica El Espectador)

Pocos gobiernos se dan el lujo de anunciar (además con una parquedad que relumbra, quizás por la modestia de no haber iniciado aún su “política social”) que al cabo de un año 1’150.000 personas salieron de la pobreza y cerca de 900 mil salieron de la indigencia. A ese ritmo, en 2025 los dos términos serán sólo anacronismos.

El asunto parece sencillo, pero está revestido de genialidad. Se incluyeron algunas variables claves y se ajustaron algunas de las dimensiones que propone la nueva metodología. El resultado es que en 2010 hay cinco millones de pobres menos que los que había en ese mismo año con la vieja metodología y un millón seiscientos mil menos de indigentes. Todo parece indicar que nunca existieron y que nos inventamos un drama allí donde sólo escaseaban instrumentos de medición pertinentes. Es posible que, si se cualifican más, ni hasta pobres haya y todo haya sido mentira de la oposición.

La “técnica” ya había funcionado con no menos novedosas fórmulas y metodologías descrestantes que lograron bajar de la noche a la mañana el índice de desempleo, el número de secuestrados, sindicalistas asesinados y violaciones de los derechos humanos.

Ahora el jefe de la DIAN ha puesto a rodar la fórmula integradora de que quien tenga patrimonio superior a cien millones y gane más de millón y medio está entre el 5% de afortunados y que quien tenga patrimonio de 300 millones e ingresos de más de 4 ó 5 millones mensuales está en el 2% de los ricos en este país.

Con esa metodología, ¿quién se atreve ahora a hablar de desigualdad o inequidad si la gran masa de la población está tan cerca del estatus de riqueza? Y eso que no ha fraguado la propuesta de quitarle tres ceros al peso para controlar la inflación.

Entonces no sólo seremos del primer mundo y habrá celebración ruidosa, sino que podremos patentar las dichosas formulitas que salvarán al planeta de la debacle anunciada. Y el país perdiendo el tiempo hablando de política…

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