Por: Mario Morales

¿De verdad alguien esperaba acto de contrición o mea culpa del mindefensa Pinzón luego de los sucesivos escándalos en el Ejército? Una cosa es la exigencia del país por resultados y responsables de esos actos impropios, y otra desconocer el papel de actor de reparto del funcionario. (Publica El Espectador)

Sabido está que su voz, adjetivos y tonos forman parte de un libreto, bien para darles de comer a ciertas jaurías, para recomponer el proverbial doble discurso santista, o como talanquera ante la avalancha de críticas.

Llámese apagaincendios, comodín o fusible, por la reacción airada de colegas y ciudadanos, debe ser que es buen actor y que la estrategia de impostar bravuconadas rinde frutos.

Si él mismo no sabe lo que pasa en las filas, ocioso es pensar que va a ir lanza en ristre contra el encabritado potro de oficiales y suboficiales que históricamente y por cooptación ha ignorado voces distintas. ¿Acaso esa figura de un civil “al frente” de las tropas ha pasado alguna vez la raya de las relaciones públicas y las formas?

Es a ese poder de cuerpo del estamento castrense, incluidos los que están en retiro, al que se debe dirigir hoy el país para reclamar acciones presentes, claro, pero sobre todo actitud para lo que viene. Nuestros soldados tienen derecho, como exigen, al debido proceso (en tribunales civiles) y a no ser estigmatizados con la generalización de las irregularidades. Y a ser respetados por su abnegación y sacrificio…

Pero también deben entender que este país ha cambiado, que ya no se doma con mera altisonancia; que los periodistas tratan, como ellos, de cumplir bien con su oficio, y que “la moral”, esa voluntad interior, es irrenunciable y no sujeta a circunstancias.

Deben entender, más allá de la pose de su ministro, que en la conformación de una fuerza pública transparente y abierta también está la paz de esta generación y de las que vienen. Abstracción hecha del remezón, llegó la hora de cambiar.

Suscribir
Twitter
Visit Us
Follow Me
YOUTUBE
LinkedIn
Instagram