Por Mario Morales

Se entiende que la guerrilla no le quiera dar la manito a Santos en esta instancia electoral con la aprobación del tercer punto de la agenda de La Habana. Aprovecha el momento débil del Gobierno en la mesa, en encuestas, luego de los escándalos mezclados con propaganda negra de la oposición. Un poco de su propia medicina. El objetivo de la presión es lograr que se instale una comisión para que se esclarezca el conflicto y sus responsabilidades desde sus orígenes y no en la última fase. (Publica El Espectador)

Pero esa presión puede devolvérsele a la insurgencia como un bumerang. Si, como se prevé, Santos gana en primera y segunda vueltas, la presión cambiará de sentido con el amplio margen de 4 años.

Pero si no, a la mesa le quedarían dos escenarios: si gana el candidato del mandado, del odio y la venganza, el proceso estallaría en mil pedazos antes de su posesión. Y en la posibilidad de que triunfe Peñalosa, el proceso se desharía en la medida en que aflore el verdadero talante autoritario del exalcalde.

Partiendo del principio de que la paz debe trascender los hombres y ser política de Estado, la guerrilla se equivoca cuando dice que cualquiera puede continuar el proceso.

Por eso, vistas encuestas, tendencias y campañas, llegó la hora de dar el paso a ese 25% de colombianos, según el sondeo de Cifras y Conceptos, que, guarecidos en el voto en blanco, el No sabe aún o el No responde, esperamos hasta última hora para decidir.

Y esa decisión es la opción por la paz. Una tendencia que ya comenzó desde abril en la mencionada encuesta, en la que aumentó en 6 puntos porcentuales la favorabilidad de las negociaciones.

Votaré por que continúe el proceso y luego volvamos a barajar. Eso sí sin perder la perspectiva crítica, proverbial en este espacio ante un mandatario con resultados tan mediocres. Pero primero lo primero…

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