¿Otro Fajardo? u ¿Otro centro?

“Fajardo es el mismo de hace dos derrotas. No innovó. No se reconfiguró escondido tras esa asepsia”: Mario Morales

No es suficiente con que transija y finalmente vaya a una consulta. Ese es un imperativo categórico en estas dinámicas del deterioro del ejercicio político. Pero es que se trata precisamente de comenzar por eso: de que el candidato Fajardo se reconozca con humildad, de la cual carece, pero que le enrostran las encuestas, los sondeos y la opinión pública.

No va a ser posible, por lo menos no en su caso, que, parafraseando a John F. Kennedy, crezca y se haga presidente sin convertirse mientras tanto en político. No puede insistir en saltarse ese paso de ser o comportarse como candidato, como una pretendida muestra de profilaxis. No puede seguir esperando que el mundo se adapte a él con esa aureola de cientificidad que para el ciudadano no pasa de dispersión y ausencia de compromiso.

Ya lo sabe. Hay que marcar límites, líneas rojas. Todos contaban con él y él no contaba con ninguno. No todo suma. El silencio y los sobreentendidos son arma de doble filo. Esa no es una estrategia. Aunque parece que lo suyo es no tener estrategia con la narrativa repetida de orbitar en torno a otros y no arriesgarse a construir su propio campo gravitacional.
Es el mismo de hace dos derrotas. No innovó. No se reconfiguró escondido tras esa asepsia que tanto tiene que ver con la brecha entre conocimiento y realidad.  No ha cambiado su mirada sobre los electores que esperan ser seducidos y convencidos, de manera coherente, y tratados como copartidarios o incluso como alumnos, en el sentido literal de la expresión, es decir, como personas que necesitan alimento y no, en el sentido tergiversado del término, como individuos faltos de luz.
Quizás ya sea tarde, pero probadas, y ya fallidas, las tácticas del distanciamiento, le llegó la hora de hacer política, con el pretexto de no polarizar. Si quiere probar que puede cambiar el entorno que demuestre que se puede cambiar a sí mismo. El momento político requiere otro Fajardo o, por lo menos, otro centro, recio, definido y fortalecido, aún sin Fajardo

El periodismo y su caja de Pandora

Familiares del periodista palestino Mahmoud Wadi lloran su cuerpo en el Hospital Nasser de Khan Younis, en el sur de la Franja de Gaza, el 2 de diciembre de 2025. Wadi, periodista freelance palestino, murió en un ataque israelí en el centro de Khan Younis. EFE/EPA/HAITHAM IMAD

A la preocupación de los periodistas por la estigmatización, violencia y censura –tres indicadores que se repiten año tras año–, en 2025, la prensa en Colombia y la de, por lo menos, la mitad de los países del mundo, vio sumarse el crecimiento desmesurado de otra amenaza que permanecía latente: la de la crisis de sostenibilidad de los medios. Esta ha puesto en vilo la independencia, como lo documenta el reciente informe de Reporteros sin Fronteras.

La situación económica de los medios –sujetos a cierre, fusiones, despidos masivos y disminución en la inversión en cubrimientos de calidad– tiene otros efectos como la presión de la pauta y la pauperización del oficio aún en países del primer mundo que han visto impactados el nivel salarial y las garantías laborales de los reporteros.

Es una nube más para el ejercicio de un oficio que aumenta en las calificaciones de riesgo y en los escalafones domésticos e internacionales en los que la mayoría retrocede o se mantiene igual, como Colombia que apenas mejoró 4 puestos y solo subió unas décimas en la puntuación de RSF del año pasado.
Horroriza lo que pasó con la prensa en Gaza que puso la mitad de los reporteros asesinados el año pasado. Y es más que grave la situación en México que contabiliza once crímenes desde la llegada del nuevo gobierno.
Se profundiza la crisis en Perú, con 4 periodistas muertos, y en El Salvador, Guatemala y Nicaragua. El crimen organizado se pasea por todo el continente con su estela de luto, censura y miedo y, por supuesto, en Colombia, donde es el primer victimario, obligando al desplazamiento forzado o autocensura de los periodistas en las regiones y privando a la ciudadanía de oportuna información local y de proximidad. En por lo menos 260 municipios bajo el control de estos grupos es imposible adelantar labores periodísticas.
Según la Flip y la Ami, el cuadro dramático lo complementan la violencia digital, campañas de desprestigio y el acoso judicial, mordaza que pretender imponer un candidato presidencial que quiere cambiar su penumbroso pasado  a punta de demandas. Se sigue abriendo la Caja de Pandora.

Morimos un poco todos

Por Mario Morales
Perdimos. Con la intervención militar estadounidense fracasamos todos. De un solo manotazo se fue al piso la idea de civilización que habíamos cultivado como especie, especialmente la de los pueblos pobres de América Latina. En su lugar hoy se erige como norte y como método la barbarie en su más cruda representación, la peor de todas, la que no tiene límites, frenos ni prevenciones, ni siquiera del lenguaje, la diplomacia o las instancias que alguna vez prometían mediar en los conflictos y que ahora forman parte de la hojarasca que acompaña su desaparición.
Quizás haya sido mejor así, de manera chapucera, sin falsas retóricas, sin hipocresía en los relatos de poder más interesados en esconder que en mostrar, a ver si de una vez entendemos de qué estamos hechos, como en las increíbles manifestaciones de apoyo a esta implosión de la raza humana. ¡Celebramos nuestra desaparición!
“La desilusión -decía Walter Lippman hace seis décadas- es que todas las guerras que luchamos son para acabar la guerra”. La frustración es que todas las guerras de hoy son para mantener la misma guerra, el patrón de comportamiento que nos expone como animales salvajes, si somos, como parece, capaces de aceptarla y hasta celebrarla.
Talvez parezca excesivo el precio de este colapso de la civilización por la captura de una pareja caricaturesca de dictadores plataneros, por unos miles más de barriles de petróleo o por satisfacer vanidades enfermizas de quien están ebrios de poder, pero si aceptamos este suicidio cultural, va a ser difícil volver a hablar de tratados, convenios y organismos multilaterales, si no es como parte de la farsa.
Pobre Venezuela y pobre América latina, las mismas de siglo diecinueve que describió Rómulo Gallegos, escritor y presidente depuesto en medio de las mismas ambiciones que hoy afloran, en las que los pueblos, en cuyo nombre se comenten tantos crímenes no aparecen más que como pretexto o complemento indirecto. Debe haberse incrementado el canto de los chaures, esa suerte de lechuza en las llanuras venezolanas que anuncia cuando algo va morir. Morimos un poco todos.

En la paz como en la guerra

Por Mario Morales
Esa idea, la de la tregua a partir de hoy no es invento de Mordisco y sus disidencias ni del ELN, por más que ahora la cacareen en medio del baño de sangre nacional; es si acaso evocación de los intentos de la humanidad por limitar el daño de la guerra, la madre de todos los males, y que han tenido como protagonistas a la sociedad misma, la iglesia, los poderes y la imaginación plasmada en la literatura milenaria.
Ya hace diez siglos exactos cundió la propuesta de suspender transitoriamente las violencias durante determinados días o períodos para morigerar la violencia entre nobles y alivianar los abusos sobre los más desprotegidos. La tregua de Dios, como se denominó, y a la que nos referimos aquí hace algún tiempo, fue complementada por otros empeños, el de La paz de Dios, que ponía límites a acciones bélicas cerca de sagreras o lugares sagrados o en celebraciones religiosas, y fueron simiente de acciones pacifistas desde entonces, de códigos de caballería, pactos, acuerdos y diversas acciones jurídicas y sociales para lidiar con esa contradicción que es humanizar la guerra.
Puso su grano de arena la ficción, desde Aristófanes en Lisístrata con la huelga de sexo a los guerreros, o de piernas cruzadas como la reclamó hace 30 años el general Bonnet, pasando por la caricaturización del combatiente en Don Quijote y las cátedras ejemplares de Tomás Moro, Erasmo o el mismo Tolstoi que calificó la guerra, como si estuviera viendo telenoticieros, como pasatiempo de gente ociosa aprovechando la odiosa mentira del amor a la patria. Y no hay que olvidar la teoría de la guerra justa de San Agustín, o los debates sobre la paz perpetua de Kant, entre otros.
Si,quizás es tiempo de que nuestra sociedad retome su papel activo, con acciones, decisiones y elecciones, para ayudar a erradicar de veras la guerra, a tono con el cántico de Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad que creen, parafraseando a Charles De Gaulle, que la paz es un asunto demasiado serio para dejárselo a los políticos y peor aún a los guerreros. ¡Feliz Navidad!

Sobre Fajardo y las percepciones

Por Mario Morales
No se ve cómodo Sergio Fajardo en estas instancias políticas. Actitudes, respuestas e indecisiones muestran que, a pesar de la experiencia que invoca, aún no encuentra su lugar.  O es el hartazgo de la época que se ha tomado por saturación el estado de ánimo nacional. O insatisfacción con sus dinámicas políticas. O un matiz de soberbia o terquedad, que él confunde con coherencia, como si el aprendizaje del ejercicio político se hubiese congelado.
La displicencia frente a preguntas cruciales como la financiación de su campaña, su comunicación no verbal que muestra impaciencia en escenarios de evaluación y largos silencios frente a posiciones urgentes son decisivos para construir percepciones, que son filtros que permiten la conexión y que definen respuestas en encuestas como si se “conoce” al candidato.
Percepciones que contribuyen, según Van Dijk, a formar modelos mentales estables para evaluar al candidato. El grado de compromiso de Fajardo frente a dilemas es uno de ellos.
Definen, siguiendo a Lakoff, el discurso que construye el político, con marcos inconscientes y metáforas familiares, en relación con el que le creen sus audiencias. Persiste en el imaginario la metáfora de irse a ver ballenas.
¿Qué tienen que ver esas percepciones con el mediocre 8.5% de Fajardo en la encuesta Invamer donde solo lo conocen 2 de cada 3 colombianos y uno de cada cinco tiene una imagen desfavorable?
Por eso resulta inexplicable su negativa a participar en las consultas de marzo, que no solo le permitirían construir una candidatura sólida y con apoyos más decentes que los de la derecha que lo tiene como candidato conquistable, desplazable o derrotable.
Calcula el matemático que no cerrarse sobre micropartidos o campañas improvisadas le permitirá crecer para dejar de ser un comodín. Al ir solo cierra paso a la sorpresa, útil para cambiar corrientes de opinión, niega la posibilidad de maniobrar en tiempo real y de poner en práctica su relato de concertación que sigue sin ser probado.
Ese plante es un riesgo si su marketing sigue confundiendo consistencia con inmovilidad

Los de siempre en su laberinto

Por Mario Morales
De algo habría de servir el escandaloso espaldarazo que la derecha extrema y la derecha disfrazada de centro le dieron a Rodolfo Hernández en las pasadas elecciones presidenciales. Una victoria suya hubiese sido una hecatombe mayor a la de Duque, y ya es mucho decir, con el consiguiente traslado de responsabilidades y perjuicios a cargo.
Por eso ahora, aunque no se sabe si a tiempo, esos mismos sectores políticos enterrados en los prejuicios del siglo pasado han comenzado a advertir, muy a su manera, con la discreción propia de la hipocresía interesada, del peligro que significa seguir aireando una eventual candidatura de un outsider díscolo, inexperto y capaz de cualquier cosa con tal de realizar su sueño de petrimetre perfumado, como si se tratara de un reto entre influenciadores en redes sociales.
Una cosa era utilizarlo como ariete para confrontar y desgastar al gobierno desde el kitsch, merced a su evidente postureo, y otra que llegara a duplicar o triplicar en las encuestas a los llamados a recibir la posta después del supuesto desgaste. Con los espejos puestos en otras latitudes del continente, saben que no habría nada peor que un nuevo rico, sin Dios ni ley, ensoberbecido de poder y sin programas o partidos a quienes rendirle cuentas.
Pero, siguen sin entender que hoy las dos opciones supérstites no tienen que ver con las extremas, sino entre quienes rompieron con el pasado e hicieron toldo aparte y “los mismos de siempre”, como quedó expresado en la voz de orden que acuñaron y les sirvió para avanzar a los dos candidatos de segunda vuelta en 2022.
Ese es el punto de quiebre de las recientes mediciones y favorabilidades que evidencian un país que cambió y se divorció de creencias retorcidas, mojones de esclavitudes y oscurantismos, como esa de que es mejor malo conocido que bueno por conocer.
Esas élites añosas, que, con tono falso, imploran unidad, comienzan a lamentar haber confundido mañosamente la preparación de cuadros para el futuro con la cooptación amañada de cargos y prebendas y ya viven su propio laberinto
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