¿Ponderación o contentillo?

Por: Mario Morales
Eso fue. Discurso para la galería. Creer que el presidente Santos estaba confrontando a las altas cortes por sus recientes y, valga decirlo de una vez, acertadas decisiones judiciales, es desconocer sus formas comunicativas para generar tempestades en vasos sin agua. (Publica el Espectador)
Las muy “ecuánimes” invitaciones a la “ponderación” que hizo Santos a las cortes, a diferencia de otras directivas que tienen connotación de órdenes o notificaciones, no son más que contentillo para ese sector más reacio de las Fuerzas Armadas que sigue divorciado del presidente y para esa legión (y ya es pleonasmo) sectaria uribista.

Y lo son por la ausencia de fuerza discursiva y porque son insulsas toda vez que dichas decisiones son irreversibles. Atendiendo al presidente lo de “tener en cuenta el contexto”, digamos que esas referencias fueron hechas en su condición de jefe supremo de las Fuerzas Militares en un acto y auditorios castrenses. Les dijo lo que querían oír.

No fue la decisión de las cortes, sino la manipulación política, segmentada y propagandista la que terminó por dilapidar el componente judicial que tenían los archivos de Reyes, hoy conminados a inteligencia estatal. Y eso, toda vez que son públicos.

En serio, ¿a alguien le cabe duda sobre la responsabilidad del Estado (por omisión, incapacidad logística, ineptitud o negligencia) en la toma de Las Delicias y en docenas de actos de terrorismo de la guerrilla, responsable en primer grado por sus acciones? No es sino preguntarles a los exsecuestrados, civiles o uniformados y especialmente a miembros de la Policía, entonces abandonados a su suerte.

Sólo quedan dos inquietudes para el presidente: Si cuando habla de “esa visión común” que debemos tener se refiere a la Constitución y a la ley, que son el soporte de las actuaciones de las cortes; y si cuando enfatiza en su condición de jefe de Estado, se lo imagina como un Estado de derecho. Eso nos ahorraría estas discusiones.

Y la ciudad, ahí

Por: Mario Morales
No la tiene fácil Antanas. Sabe que su decisión es una suerte de phármakon, en el sentido griego de ora remedio, ora veneno para el momento actual de la política nacional. (Publica El Espectador)

Si se lanza, con un Peñalosa renuente a abandonar tanto a los verdes como sus pretendidas alianzas “secretas” con los uribistas del Partido de la U, haría explotar su partido y allanaría la opción que más temen los bogotanos, que Uribe declare la hecatombe, más ahora que Petro está en el ruedo, y se declare candidato .

Y no la tiene nada fácil, si aplicados a la praxis política, considera al mismo Peñalosa, embelesado hoy con esos coqueteos uribistas, como una especie de último jarillón para contener la ambición del expresidente, quien, es bueno recordarlo, sólo cree en lealtades ad hoc.

No la tiene fácil por la ausencia de interlocución con Peñalosa, estratégicamente declarado en vacaciones para no “contaminarse”, parapetado en un Lucho Garzón desconocido, descreído y desdibujado en declaraciones que hace harto dejaron de ser punzantes. Sabremos si esa desconexión inducida de los exalcaldes suma o resta fidelidades.

No la tiene fácil Mockus si no se lanza (y le deja el camino expedito a ese uribismo rancio y embozado que aprendió a hacer política y contratos en cuerpo ajeno), a pesar del clamor en las redes sociales y de los ciudadanos de a pie, indignados porque los cuadros directivos hicieron oídos sordos para poner en marcha mecanismos de participación, sueño de la Ola Verde y de su movimiento ciudadano.

Y no la tendrá fácil si en la reunión de junio, las mayorías directivas de los verdes avalan la táctica bipolar peñalosista, porque tendrá que tragarse ese sapo ajeno que ha terminado por confundir la flexibilidad en los principios con la flexibilidad programática, cosa bien distinta, como dice la representante Ángela María Robledo.

Y no la tiene fácil si decide seguir en su rol de Pepe Grillo, si hemos de considerar que en esta contienda más que decisiones sobre candidatos, partidos o tendencias, anida el cada vez más grande descontento popular con esas formas camaleónicas de hacer política, del cual ya tuvieron noticias España y los países árabes. Y la ciudad, ahí, sin debate.

Esa cara maravillosa

Por: Mario Morales
En algo que sí tiene razón el presidente Santos es en que necesitamos más de un milagro para mostrar otra cara del país cuando los ojos del orbe estén puestos en nuestra pobre humanidad agobiada y dolida con motivo del Mundial sub-20 de fútbol. (Publica El Espectador).
Pero hará falta más que esa bandera de 240 metros cuadrados para tapar las cañerías nacionales que se subvierten cada día contra ese estereotipo, seña de nuestra identidad, que Santos vuelve a marcar: Que somos un “país de maravilla”.

Quizás a la distancia la estrategia publicitaria funcione, pero la metástasis es inocultable para quienes pisen suelo patrio. Ya veremos con qué ingenio explicará a los visitantes un colombiano promedio (ahora elevado a categoría de guía turístico) que el boicot informático a la Registraduría Nacional en las pasadas elecciones parlamentarias tendría origen, según la firma Adalid –certificada por la Unión Europea-, en las direcciones IP que presuntamente corresponden a Mindefensa, Policía y Das, como informó ayer este diario. O cómo analizará la hipótesis de que sería revancha del anterior gobierno contra el registrador por su supuesta oposición al referendo reeleccionista.

Hábiles, haremos chistes distractores acerca de las supuestas pruebas en los correos de Raúl Reyes, que no son correos sino archivos, que no son válidas porque fueron logradas de manera indebida según la Corte, y que, como publicó El Espectador con base en cables de Wikileaks, formaron parte de una estrategia propagandística, judicial y “política” contra opositores y países vecinos.

Solidarios, cambiaremos el tema cuando nos hablen de las rapiñas de políticos a la DNE, la salud, el erario y a la inagotable y maravillosa ingenuidad nacional. O improvisaremos acerca de la maravillosa versatilidad de nuestra moral, normas y estándares sobre medidas, según el momento, enemigo, botín o cargo a conseguir. De exportación.

¡O no es una maravilla pensar que en unos días invierno, corrupción y cinismo serán tiempo pasado, cubierto por esa inmensa bandera que nos hará sentir no sólo como hermanos y artífices del milagro sino maestros de la actuación y la impostura a la hora de mostrar otra cara del país!

Cuando sumar es perder un poco

Por: Mario Morales
«Lo importante es sumar», dice. Visto así, Peñalosa parece uno de esos mediocres futbolistas que son capaces de recurrir a la falta táctica, la simulación y el teatro en pos de un resultado. ¿Acaso no fue esa práctica, desleal con el deporte, la que acabó con el espectáculo y dejó en su lugar, a cual más grave, las pasiones y el negocio, o los dos juntos? (Publica el Espectador)

“Porque lo que necesitan los ‘verdes’ es ganar”, repite. Y les abre los abrazos a las alianzas, sin importar de dónde vengan ni adónde los lleven. ¿Acaso no saben que toda alianza en política es un compromiso que se paga tarde o temprano, a las buenas o a las malas?

“Mal creer que somos los únicos buenos y que los demás son los malos”, le acolita Lucho Garzón. Y cierra los ojos y especialmente la nariz (y quizás se persigne), mientras extiende con esa inmodestia moral el brazo impenitente a los publicanos caídos en desgracia.

Talvez allá adentro se justifiquen o crean a pie juntillas, y hasta ensayen el guión de la mascarada del matrimonio con Uribe que llevó al poder a Santos, y que ya hasta tengan listo el puñal.

Pretenden olvidar que los endosos uribistas son casi una capitulación, como lo sabe en ego propio el mismo Peñalosa. Y que hay dos cosas que los electores no perdonan: la ambigüedad y la falta de coherencia, precisamente los dos últimos máster del excalcalde, a quien hoy se pelean uribistas y “verdes”: cada uno dice que es del otro partido.

En Uribe se entiende. Cerca de la hoguera, es capaz de lanzarse para el cuerpo de bomberos. Pero ¿y esa facción del Partido Verde? Ni cuenta se ha dado de la creciente carga negativa, como lo muestra la encuesta de la Universidad de la Sabana: Peñalosa ya tiene el 38% de desfavorabilidad, frente a un escaso 51% de buena imagen para alguien que tiene su recorrido. ¿Fatiga o castigo?

Con el Polo y el uribismo en caída libre, no sería raro que la Alcaldía de Bogotá terminen disputándosela Paulo Laserna y Gustavo Petro. ¿O alguien quiere más de lo mismo?

¿Pesimistas, nosotros?

¿Pesimistas, nosotros?
Por: Mario Morales
Quizás hubo llanto en la abueladel niño y unas palmaditas de frágil consuelo entre los vecinos y allegados.Tal vez una misa pobre y una flor entre una paladas de tierra. De pronto aún se escuchen unos suspiros entre las voces entrecortadas que repiten el novenario, o los ecos de conciencias arrepentidas por lo que pudieron haber hecho. (Publica El Espectador)

La historia de Ana Cecilia y Javier no parece en principio distinta a la batalla campal que afrontan para sobrevivir las gentes de este país, cada mañana. Pero lo es porque, no obstante su juventud, terminaron, como lo dicen los primeros indicios, por rendirse, desesperanzados, en su vivienda alquilada y con todo prestado en el noroccidente de Bogotá.

De ella dicen que era empleada de un local; de él, que estaba en el rebusque de las reparaciones locativas, haciendo domicilios, jugando maquinitas, en fin, “gente tranquila”.

Quizá no estaban al tanto del multimillonario robo a la salud, de las entelequias acerca de si aquí hay conflicto armado, de las discusiones eruditas sobre el derecho de gentes en la muerte de Bin Laden o de la rapiña por el poder temporal en esta ciudad de nadie.

Tal vez no contestaron la encuesta bimestral de Gallup que da cuenta de ese 72% de bogotanos pesimistas o de ese 54% de colombianos que cree que las cosas están empeorando por falta de oportunidades. De pronto sólo alcancen a entrar en ese cruel promedio nacional de un suicidio cada cuatro horas, si es que alguien los recuerda calcinados, abrazando a su hijito de 5 años.

Dirán algunos que estaban locos, que cobardes, que inmaduros. Otros, que “de malas”, o que “les tocaba”. Y el resto pasará la página con indolencia en busca de los deportes y “noticias más amables”.

Se fueron sin saber que los causantes directos e indirectos de su trágica decisión, y de las condiciones de quienes les sobreviven, siguen negando responsabilidades, se escudan en la ignorancia, tiran piedras, negocian penas o, peor aún, siguen haciendo de las suyas.

Pacto de derrotados

Por: Mario Morales
Como dice el recientemente desaparecido escritor argentino Ernesto Sábato en esa hermosa carta al cierre de Antes del fin, hay que comenzar por reconocer que hemos sido derrotados. Por acción y omisión: los más de 900 mil bogotanos que votamos por Samuel y todos los ciudadanos que permitimos que siga con su desgobierno incluso antes de posesionarse. /Publica El Espectador)
Era una derrota anticipada. ¿O no fue premonitorio ese “sí, no lo dudo” como respuesta del entonces candidato Moreno a la pregunta de Mockus de si compraría “50 votos para salvar la ciudad de alguien que ha comprado 50 mil”?

Y seguimos derrotados cuando ante cualquier perspectiva de cambio creemos que ya no hay caso, que sólo faltan ocho meses, que sería peor una transición, que la estabilidad, la institucionalidad y toda esa sarta de leguleyadas que nos tienen como nos tienen.

No. Ocho meses es mucho tiempo para resignarse a vivir o cambiar un destino. La justicia está haciendo parte de lo que le corresponde: ese largo desfile de investigaciones y carcelazos por corrupción. Le resta terminar el proceso en la misma línea, con castigos ejemplarizantes.

Mientras tanto, cada nueva denuncia despierta más rabia y desazón que la anterior frente a una administración que se especializó, sin ruborizarse, en meternos gato por liebre, como lo denuncia El Tiempo con el escondido recorte de obras en la 26 para maquillar cronogramas hechos a la ligera y que tienen que ver más con la imagen del alcalde que con necesidades de los ciudadanos. Es otra muestra de su indolente improvisación y/o ineptitud, que tiene capítulos recientes como Transmilenio por la séptima o los estudios del metro que investiga la Procuraduría.

Y el alcalde aferrado como un gato en caída a pesar de las encuestas, de peticiones de renuncia de políticos o columnistas como Natalia Springer, y el descontento popular manifiesto en redes sociales.

Pero ¿estamos condenados a esperar lo que no va a suceder? ¿Acaso no existen vías constitucionales como la revocatoria del mandato para quien frustró no sólo el sueño de gran ciudad sino la ruta de una opción política distinta?

En esa carta Sabato era un derrotado, como cosa rara, ligeramente optimista. ¿Nos alcanzará la esperanza?

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