En primera vuelta

Por Mario Morales

Es la diferencia entre presente y pasado. Mientras el autodenominado Centro Democrático no da pie con bola, y la izquierda y las cabezas de la Alianza Verde se ahogan entre sí jalándose de los pies, la dupla Santos y Vargas Lleras se está saliendo con la suya. (Publica El Espectador)

Y no precisamente por méritos. No hay que hacer mucho cuando los demás andan empeñados en autodestruirse. Y es que los descaches de los uribistas son de colección. Valga citar esa cuña de imitación que parece pagada por la oposición. La autocaricaturización invalida el mensaje mismo y contradice el sello de firmeza y de adustez que han querido vender durante todo este siglo. Es tal la confusión que uno sabe si reír…

Igual de contradictorio es el mensaje de Pacho Santos como antípoda de Petro. Descartada la figura de Uribe por los descalabros del pasado en Bogotá, generan con Pachito el mismo efecto, el de hacerle bien al contrario y generarle adhesiones por descarte o solidaridad.

Y para colmo, ante el creciente apoyo al proceso de paz, andan embolatados con su posición de crítica feroz a los diálogos que les resta votos y simpatías. Van contra corriente y sin brújula. La izquierda, más obcecada por sobrevivir o por mantener sellos particulares no crece, y difícil que lo haga luego del criminal atentando contra Aída Avella. “Inaceptable” dirá el presidente, como siempre… Y entre los verdes, la disyuntiva del apoyo a Petro y la terquedad de Peñalosa terminaron por desteñirlos.

En coche viajan Santos y su fórmula, Vargas Lleras. Reedición del clientelismo y la politiquería, pero hábiles en su comunicación política. Lo demuestran sus eficientes embelecos distractores como el mensaje presidencial sobre Venezuela que opacó el escándalo de corrupción en el Ejército, la “dura” posición ante las Farc para que no juzguen a militares y esa bandera despistadora y vendedora a la vez, de acabar con reelección y vicepresidencia y ampliar período de alcaldes. Como para que nadie hable de apellidos, centralismo y continuismo. Ganarán en primera vuelta…

Remezón y cambio

Por: Mario Morales

¿De verdad alguien esperaba acto de contrición o mea culpa del mindefensa Pinzón luego de los sucesivos escándalos en el Ejército? Una cosa es la exigencia del país por resultados y responsables de esos actos impropios, y otra desconocer el papel de actor de reparto del funcionario. (Publica El Espectador)

Sabido está que su voz, adjetivos y tonos forman parte de un libreto, bien para darles de comer a ciertas jaurías, para recomponer el proverbial doble discurso santista, o como talanquera ante la avalancha de críticas.

Llámese apagaincendios, comodín o fusible, por la reacción airada de colegas y ciudadanos, debe ser que es buen actor y que la estrategia de impostar bravuconadas rinde frutos.

Si él mismo no sabe lo que pasa en las filas, ocioso es pensar que va a ir lanza en ristre contra el encabritado potro de oficiales y suboficiales que históricamente y por cooptación ha ignorado voces distintas. ¿Acaso esa figura de un civil “al frente” de las tropas ha pasado alguna vez la raya de las relaciones públicas y las formas?

Es a ese poder de cuerpo del estamento castrense, incluidos los que están en retiro, al que se debe dirigir hoy el país para reclamar acciones presentes, claro, pero sobre todo actitud para lo que viene. Nuestros soldados tienen derecho, como exigen, al debido proceso (en tribunales civiles) y a no ser estigmatizados con la generalización de las irregularidades. Y a ser respetados por su abnegación y sacrificio…

Pero también deben entender que este país ha cambiado, que ya no se doma con mera altisonancia; que los periodistas tratan, como ellos, de cumplir bien con su oficio, y que “la moral”, esa voluntad interior, es irrenunciable y no sujeta a circunstancias.

Deben entender, más allá de la pose de su ministro, que en la conformación de una fuerza pública transparente y abierta también está la paz de esta generación y de las que vienen. Abstracción hecha del remezón, llegó la hora de cambiar.

Novelón general

Por: Mario Morales
Los males no vienen solos. Mientras el país se cae a pedazos por el invierno, según la Procuraduría, por ineptitud, negligencia y politiquería de por lo menos 26 alcaldes y 4 gobernadores, amén, claro está, de la paquidermia del Gobierno central para ejecutar ayudas a tres millones de damnificados, la Semana Santa nos deja con la noticia de que el huevito de la seguridad sigue haciendo agua y con el interrogante de si hay efecto directo entre los crecientes indicadores de violencia y las desavenencias del alto mando militar. (Publica el Espectador)

Los dos factores son de vieja data. Desde 2008, como lo documenta Semana, la inseguridad ciudadana y el conflicto han dado señales de estar fuera de control, más allá del fenómeno de las bacrim. Y lo que muestra, durante el primer trimestre de este año, el Observatorio de Derechos Humanos y DIH de la Vicepresidencia es para prender alarmas. Hubo 12 masacres, 3 más que en el mismo período de 2010; hubo 85 secuestros, 15 más que en el mismo lapso del año pasado, y aumentaron homicidios contra representantes de la sociedad civil.

Mientras, ni en Mindefensa ni en las FF. MM. se ponen de acuerdo ni para una foto. Ni Silva ni Rivera pudieron cerrar la brecha (que se ahondó con la separación en ese 2008 de oficiales y suboficiales por las denuncias de falsos positivos) entre el ala del “tapen tapen” y la que pedía investigar a los responsables.

La jugada “maestra” del presidente Santos de nombrar un marino como comandante de las FF. MM., en vez de limar asperezas terminó por afectar la ya alicaída moral de la tropa, que parece no sentirse representada en el mando y que ha reabierto sus heridas con la salida intempestiva del general Matamoros en medio de conjeturas que van desde su presunta incapacidad para trabajar en equipo, hasta su posición crítica, pasando por egos, celos profesionales y rumores acerca de presuntas irregularidades en contratos.

Todo un novelón que el país mira con asombro en medio de la impotencia por la furia de los elementos, el recrudecimiento de la violencia, el oportunismo de ciertos politiqueros nostálgicos y por esa sensación de que o hay “brazos caídos” o al Gobierno le está llegando la noche.

¿Un ministro contradictorio?

Por: Mario Morales
No me alcanzó el coeficiente para entender una parte del proyecto de Inteligencia que inicia trámite en el Congreso y las explicaciones que dio el ministro Rivera a Cecilia Orozco. (Publica el Espectador)

Escudarse en la seguridad nacional o en la presunción de sobornos para justificar incrementos en la penalización por filtraciones de información a los medios no sólo es injustificado, sino prejuicioso.

No se compadece que quien debe velar por la Defensa Nacional parta del principio de que las filtraciones se den por “dinero generalmente”. Una apreciación con cara de acusación a servidores públicos y a periodistas y medios. Pero además tendenciosa porque el ministro dice no saber de ningún caso (¡?), sino que le “cuesta trabajo pensar que (esas filtraciones se den) sólo por altruismo”.

¿En qué quedamos, ministro?¿ Revelar un secreto de inteligencia es una violación a la ley? ¿O un acto de “filantropía” si no hay dinero de por medio?

Dice Rivera que el proyecto no toca a los medios y que “si un periodista divulga información reservada, su trabajo está plenamente amparado y cualquiera que lo investigue… actúa ilegalmente y debe ser castigado”. Pero si hay filtración de información reservada, “por dinero generalmente”, allí se configura un soborno “generalmente” y para un soborno se necesitan al menos dos “generalmente” (bueno, salvo que sea un proyecto de reelección). Y para determinarlo hay que investigar o desarrollar labores de inteligencia contra el funcionario y contra el periodista o medio; pero esa investigación, según el ministro, sería ilegal y “debe ser castigada”. ¿Cómo, pues, se probará si una filtración es altruista o un acto de corrupción sin investigar a funcionarios y periodistas? Y si hay indicios de soborno y se castiga al funcionario, cómo investigar o castigar al periodista sin que se configure la censura?

Se entiende la prevención de esa parte del proyecto en los medios. De aprobarse, esa ambigüedad sería, sin duda, un peligro para la libertad de prensa y a la vez una mancha en la “urna de cristal” de la actuación pública. Los mensajeros no son los culpables. No sólo hay que parecer transparente (impidiendo la circulación de información), hay que serlo.

Documentando…

Por: Mario Morales
La culpa no es de las noticias, per se, como inician sus abstracciones algunos académicos e intelectuales a la hora de practicar su deporte favorito: criticar a los medios. (Publica el Espectador)
El género noticia tiene la misión de narrar un momento, que para los antiguos romanos, según Globelia, era igual a un minuto y medio. Un período asimilable a las noticias en TV. Pero es fugaz por definición, dura 69 minutos internet, al decir de los físicos estadísticos Huberman y Wu. (Claro, hay noticieros de noticieros).

Unir esos momentos como nudos para construir los puentes colgantes de la memoria colectiva es responsabilidad de otras narrativas. Así lo entienden realizadores y periodistas, pero también las audiencias, a juzgar por el resurgimiento en el interés público por documentales, películas, dramatizados y géneros literarios, que han optado por contar el presente, o el pasado reciente de nuestras carencias, miserias, dolores y exclusiones.

Uno de los efectos fue su aparición en TV, como hizo Caracol con La Sierra (Martínez y Dalton), que relata la cooptación de los ‘paras’ en Medellín; o en salas de cine como Los pecados de mi padre (Entel) y Los archivos privados de Pablo Escobar (Beaufort).

Girando como un corcho para exorcizar el terco fantasma de Escobar o describiendo ilusiones frágiles, como La ola verde (Margarita Martínez), o masacres sin nombre, en el proceso de Justicia y Paz, como Impunity (Morris y Lozano, premiados en Suiza y Francia), esas narrativas tratan de representar este “hoy” inasible, navegando entre el cine y la TV, desde estructuras tradicionales y documentales de autor hasta reportajes o animados como Pequeñas voces.

Lo intentan largometrajes (Los colores de la montaña) y la literatura como Juan Gabriel Vásquez y su novela premiada El ruido de las cosas al caer. Lo hacen propios y extraños en canales nacionales o de cable, como el documental sobre el Palacio de Justicia, a estrenarse el 4 de abril.

No todo es El man es Germán. Pero como dice el extraditado alias H.H. en Impunity de Morris, ¿está preparado el país para estas dosis de verdad, compuestas de muchas voces, como un espejo roto, pero verdad al fin y al cabo?

De cárceles y rodillas

Por: Mario Morales
No. Ya no. Le dijo la contralora Sandra Morelli a Yamid Amat que la creencia popular es «que aquí solamente se mete a la cárcel al ladrón de gallinas». (Publica el Espectador)
Pero esa instancia, la cárcel, dejó de ser hace rato el “coco” de los corruptos y del crimen organizado. El peso simbólico que tenían las rejas y la privación de la libertad, más tratándose de la defraudación de lo público, ha llegado a tal grado de relatividad que quienes delinquen ya no lo ven como un escenario posible sino necesario.

Para decirlo en términos de Foucault, la cárcel ha cedido la connotación de castigo por el lugar donde se paga una deuda. De la fiesta popular por el castigo ejemplar a quien delinquía con lo público, y que era considerado como traidor, se quiso pasar a la prisión como “escuela” social, pero se perdió en el laberinto de las negociaciones.

Haber estado en la cárcel hoy se asimila con extrema ligereza a haber pagado la deuda social, a volver a arrancar de ceros, sin evaluar la proporción de la pena ni las formas y menos aún el ejemplo que esas jerarquías dan a la sociedad.

De ahí el estupor nacional por la seguidilla de “descubrimientos” de comodidades y gabelas en prisiones civiles y militares, mecanismos para disminución de penas, tácticas dilatorias para lograr vencimientos de términos y estrategias para corromper el ordenamiento jurídico merced a su relatividad, como lo sostiene la contralora.

De modo que pareciera más rentable quedarse a “pagar unos días de cárcel” y salir a disfrutar de lo obtenido ilegalmente (en metálico, en poder, en tierras, etc.), pero además con aura de reconocimiento y poder tras haber derrotado el Estado de derecho. Es lo que la doctora Morelli llama “fuerzas paralelas al Estado con capacidad de arrodillarlo”. Pero son tales la impunidad y el cinismo que esas fuerzas han logrado invertir el cauce moral, hasta el punto de hacer ver a los delincuentes de cuello blanco, tras una pena fugaz, como ciudadanos cumplidores de la ley y en última instancia como sus víctimas.

Decía Albert Camus, apreciada contralora, que “una sociedad se juzga por el estado de sus prisiones”. Y, añado yo, de sus presos, que ya no las respetan ni les temen.

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