En olor de gratitud

Por Mario Morales

Quizá sólo faltó el Papa a los homenajes póstumos de Gabo.
O quizás sí estuvo (todo es posible, si nos atenemos al carácter clarividente del nobel ya expresado en Los funerales de O tal vez no vino porque no pudo girar la llave como le sucedió con él, a uno de sus antecesores.la mamá grande), aunque esta vez de anónimo en medio de las muchedumbres fervorosas que se empujaron sin pudor para darle el último adiós en Bogotá, México, París o Aracataca un poco después del aguacero. (Publica El Espectador)

Nadie ha querido faltar a la “más espléndida ocasión funeraria que recuerden los anales históricos” para despedir al más grande castellano de los tiempos modernos, si creemos que la patria es la lengua que habitamos, como dijo o citó Gelman, el poeta, para evitarnos el falso dilema de las nacionalidades y de las ideologías que no tocan a los genios.

Para la memoria quedan estos seis días emotivos en los que el planeta en pleno ha rendido homenaje al maestro de la palabra, al re-creador del relato que, parafraseando a Joyce, logró “forjar en la fragua de nuestro espíritu la conciencia increada de esta raza”.

Días en los que Gabo, “demasiado embebido en su eternidad de cenizas para darse cuenta de la magnitud de su grandeza”, pudo recobrar “la momentánea juventud de su fotografía ampliada a cuatro columnas” y dejó a sus congéneres la “lección histórica” de haber hecho bien la tarea: eximio escritor, mejor periodista, padre intachable, esposo entrañable y amigo de sus amigos.

Como la mamá grande de sus creaciones, supo dejar un inconmensurable legado de bienes materiales representados en cada una de sus maravillosas palabras escritas, y la tarea a quienes alguna vez tratamos de seguir sus pasos, de hacer la “enumeración minuciosa de sus bienes morales”.

Nada más, Gabo. Nada menos. Honor al ciudadano del mundo que “vivió en función de dominio durante 87 años y murió en olor de gratitud”. Gracias por siempre, maestro.

Dependiendo de otros resultados

Por Mario Morales
Si todo sigue como va, cuatro factores pueden cambiar el rumbo electoral de nuestro país en las próximas semanas. No serán por supuesto los pájaros variopintos de JJ Rendón, ni las propuestas “novedosas” de la oposición en empleo y disminución de pobreza, ni la bilis del uribismo que lo está llevando a consumirse a sí mismo.Sin cabida para las ideas, serán factores “externos” los que terminen de forjar la percepción de los votantes en el trecho hasta la primera vuelta. (Publica El Espectador)

El primero de ellos, sin duda, es la resolución del tercer punto en la agenda de La Habana. Estratégica y cronológicamente (uno cada seis meses) todo está dado para que se chulee el punto de las drogas ilícitas antes de la primera semana de mayo.

Al tiempo o como continuidad, un eventual acuerdo humanitario (que no tregua bilateral) podría levantar el estado de ánimo electoral. El desminado y noticias sobre los desaparecidos, como propone el CICR, beneficiarían a todos sin sacrificar posiciones de fuerza en Cuba. Así tendrían algo nuevo que mostrar en la gira nacional de los negociadores que ahora se propone.

El segundo punto tiene que ver con el pretendido paro agrario, hoy más politizado que nunca, habida cuenta de los intereses uribistas, con el presunto liderazgo de Fedegán que encontraría así un doble motivo, el electorero y el de desviar la atención sobre exigencias de democratización del gremio y claridad sobre tierras baldías. Si fragua o no fragua el paro, he ahí el dilema.

Un tercer factor de influencia puede derivarse de las marchas de los trabajadores que si, como propone Piedad Córdoba para el 1º de mayo, se “encaminan” a apoyar la paz, revertirían en espaldarazo al proceso y por ende a Santos.

Y si los astros se le alinean al presidente y hay que asumir medidas cautelares de Petro, más allá de su regreso a la Alcaldía, recuperaría parte del enorme terreno que perdió cuando le dio la espalda a la CIDH.

Así paga la soberbia: ahora dependiendo de otros resultados. Eso pasa cuando hay candidatos tan opacos.

No hay cómo

Por Mario Morales

El escenario no podía ser más pobre. Candidatos negados al debate de ideas (en caso de tenerlas) y audiencias ofendidas que buscan el escape por la vía del abucheo, el tomate o el voto en blanco. (Publica El Espectador)

No es por generación espontánea que los públicos abuchearon a Rafael Pardo, fletado para dilatar las elecciones atípicas en Bogotá para que no entorpezcan la reelección; como tampoco lo fue la rechifla contra Óscar Iván Zuluaga (y su ventrílocuo) en la Universidad de Cartagena, o contra Vargas Lleras y Martín Santos (el hijo de “Juan Manuel”) en Rionegro, Antioquia, o contra Uribe Vélez (quien más ha empobrecido el discurso político) en Soacha, Tunja, Palmira, Neiva, Cúcuta, Bucaramanga e intermedias, para citar sólo lo ocurrido en lo que va de año.

No han faltado a estas citas los tomates ni los huevos ni las pancartas ni los coritos que el país ya se sabe de memoria.

A eso nos ha llevado la pauperización del discurso político, acentuado este siglo, por soberbia de los pretendidos “iluminados”, odios heredados o discriminación de las élites a las masas “no pensantes”, hasta llegar a esta etapa inaudita de la no argumentación, del silencio político negativo, de la precariedad en el decir que anula la acción política.

Hoy, sólo a expensas de la engañosa publicidad política pagada, de la edición no pocas veces interesada en las declaraciones mediatizadas o de la propaganda sucia o degenerada, los electores se han quedado sin insumos para ejercer como tales.

De ahí la indignación por el constante insulto a la inteligencia ciudadana escondido tras las negativas “estratégicas” a comparar propuestas, proponer plataformas y exponerse al escrutinio de preguntas e interpelaciones.

Es el peor de los mundos, porque los silencios y la falta de ideas son materia prima de “los de siempre”. Pero, comprendida la inutilidad del voto en blanco y siguiendo el mal ejemplo de sus pseudodirigentes, las masas excluidas del diálogo expresan así su sagrado derecho a no seguir siendo idiotas útiles.

Juan Manuel vs. Juan Manuel

Por Mario Morales

A veces, lo más obvio en la política es lo menos conveniente. Hasta la elección de Vargas Lleras como fórmula vicepresidencial, el camino para la reelección de Santos, incluso en primera vuelta, parecía expedito. (Publica El Espectador)

Asesores y pitonisos pensaron que era aritmética simple: suma de favorabilidades y de regreso a la aplanadora. Pero el abrazo de los señoritos de Bogotá sigue sin digerirse, ni siquiera en el centro del país. Desde entonces, la seguidilla de desaciertos amenaza con llevarlo al despeñadero.

Allá adentro en Palacio, y en muchos de los cocteles, se consideró como ganancia neta la premura con la que el presidente negó la solicitud de la CIDH en el caso Petro. Cierto era que había inconformidad con el exalcalde, pero Santos ignoró la vieja costumbre nacional de defender al más débil cuando hay exceso de fuerza del poderoso. No sólo ahora es su nuevo peor enemigo, sino que le resta imagen en todo el país.

Hace mella también la displicencia en el manejo de las crisis ambientales de Chocó, Casanare y Sierra Nevada. Esa ausencia gubernamental en una tragedia que produce dolor la está pagando con creces.

Se aferra, por último, al proceso de paz como llave para la reelección, pero eso lo pone contra las cuerdas en la mesa de La Habana, como se notó al cabo del ciclo 22 de las negociaciones. Es que “ningún candidato tiene experiencia en procesos de paz”, dijo ayer Santos, y es verdad, ni siquiera él, como ya sabemos.

Aunque aún puntea en la muy confiable encuesta de Cifras y Conceptos, a juzgar por la ficha técnica, todos sus indicadores van de capa caída. Lo salva que no hay ningún candidato que logre concentrar inconformismo y decepción, ni siquiera Peñalosa, que luego de la inflada mediática regresa a sus justas proporciones.

Por ahora, Santos es su mismo peor opositor, empeñado como está en su campaña autodestructiva. Pero eso parece obvio, y lo obvio no siempre se cumple en política. Menos aún con “Juan Manuel”, del que podemos esperar cualquier cosa.

¿Crisis fabricada?

Por Mario Morales

La estrategia era simple: “Fabricar” la hecatombe de Bogotá, a punta de mentiras y “bloqueos” financieros, para luego aparecer como tabla de salvación. Y lo logra Santos sin esfuerzo, sin ideas, a punta de esa chequera que sospechosamente no estuvo en estos dos años al alcance de la ciudad y que es lo único nuevo en su plan de choque de ayer. Es otra clase de mermelada, pero mermelada al fin y al cabo. (Publica El Espectador)

Perdónenme, eso no es habilidad ni cálculo político sino trapisonda que se aprovecha de necesidades y emociones de los capitalinos para mostrar presuntos resultados, con agenda ajena, que Santos no ha sido capaz de ofrecer al resto del país.

La evaluación hecha en este diario por Marcela Villegas, de la Fundación Bogotá Cómo Vamos (que todos avalaban antes de Petro), deja en ridículo la construcción de crisis que hicieron derechas y medios. Demuestra que la percepción de los bogotanos (viciada por adjetivos descalificadores, pero sin pruebas) va en contra de lo que de veras está pasando en educación y seguridad. Pero Santos gira cheques reelectoreros para seguridad, con base en esa errada percepción… Y lo apoyan el desinformado contralor distrital y algunos directores de medios y periodistas militantes.

Dice esa fundación, que no es de izquierda ni petrista, que de verdad, no en percepción, bajó la tasa de homicidios y aumentó la satisfacción por educación pública. Satisfacción que crece, aunque no se crea, en el tema de recolección de basuras. Y sí, Bogotá fue una de las ciudades en que más disminuyó la pobreza, así el mérito no sea todo de Petro, y decreció la desigualdad. Y así…

Pero no aprenden. Fuera de la Alcaldía, Petro y progresistas se siguen equivocando. ¿Cómo es que los secretarios renuncian y dejan el camino expedito a la politiquería? ¿Cómo es que no iban a presentar terna? ¿Cómo es que se acercan a Peñalosa o a la idea de Uribe de constituyente?

Mientras, el puñado de siempre se frota las manos: obras, viviendas, contratos, privatización y reelección. Ah, y fungiendo como salvadores…

Seguimos de carnaval

Por Mario Morales

No hubo tiempo para penitencia.Apenas sacudidos del guayabo por la “fiesta” legislativa, el carnaval extendido de la politiquería para presidenciales se vino encima con su amalgama de disfraces, desfiles y máscaras.(Publica El Espectador)

Por estos días nadie quiere reconocer lo que realmente es y transgrede sin pudor los límites del decoro. De modo que ahora el Centro Democrático aboga por una campaña sin insultos y se disfraza de pastorcito mentiroso dizque denunciando corruptelas y chocorazos. La viga en el ojo ajeno.

El candidato presidente, enmascarado de avión, se sale por la tangente con abstracciones que no le compliquen la campaña, como esa de la reforma política que se diluirá antes de julio. Menos mal ahí están de nuevo los campesinos, su polo a tierra, que con marchas y amenaza de paro, lo aterrizan para que diga si el tal pacto agrario es una cosa de ricos con trasfondo minero, como denuncian pequeños agricultores.

Pero el más innovador es Peñalosa disfrazado de “nada” para ver si tiene calado entre quienes no tienen memoria. Paradójicamente quiere ocultar su factura derechista (probada y demostrada). Siempre en contravía del momentum, echa por la borda la favorabilidad de la opinión cuando ésta precisamente está buscando opción entre las derechas… Así es él, y así su fórmula que dijo no tener tendencia política.

Y como es época de permisividad y del todo vale, no faltan quienes quieran inflar al exalcalde que, según encuesta del Centro Nacional de Consultoría, apenas obtiene la mitad de la favorabilidad de Santos para la primera vuelta, aunque empata con él para la segunda.

Como si no supiéramos que ese fenómeno, netamente emocional, es fruto de la desilusión de la población por lo que eligieron o dejaron de elegir para Congreso; y que es una encuesta castigo, adonde fueron a parar las indignaciones del voto en blanco.

Pero dice esa encuesta que la preocupación principal de la gente, y duplica a los demás temas, es la paz. Y eso, cuando cesen las carnestolendas, será el factor decisivo.

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