por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
No es casual la coincidencia del fracaso de la selección Sub-20 en el Mundial y la violencia de género encarnada en ‘Bolillo’ Gómez. (Publica El Espectador)
Corresponden al mismo estilo de patrón de finca, a un estándar moral relativizado como dice Emilio Yunis, y a una estética insulsa en el plano futbolístico con la que nos han ‘cañado’ durante las dos últimas décadas.
Reflejo de un estilo de hacer política, el manejo del fútbol ha adaptado sus estrategias: El chantaje emocional, la victimización general para neutralizar el activismo ciudadano y la táctica de choque de poner la cara.
No se repone el país de la amenaza de hecatombe para eternizar a un gobernante, para que nos arrinconen con el argumento falaz de que si no es con ‘Bolillo’ estamos condenados a la eliminación en el mundial de mayores. Se sustenta con otra estulticia rayana en el cinismo: Que el mal individual, el de la mujer violentada, no debe estar por encima del mal general traducido en una derrota deportiva.
Así de absurda es la descalificación de toda crítica que hace el dirigente Álvaro González, porque, según él, proviene de falsos moralistas que además tienen rabo de paja. Untados todos nadie podría tirar la primera piedra.
Y se pretende cerrar el debate, como en los pasados ocho años, con el argumento pueril, pero funcional, de dar la cara. Como si ese acto de seudovalentía borrara el pecado.
Ya corren los defensores de turno a decir que no hay nada que hacer, que el gobierno no puede intervenir porque la Fifa desafilia a la Fedefútbol, que no se puede abortar el “proceso”. Con ese cuento se quedaron Lara, Maturana y tantos otros, que sin jugar a nada, sólo nos han legado frustraciones.
Hay que vencer el determinismo y aprovechar que el fútbol es la única actividad donde son sensibles y se hacen visibles nuestras desgracias y nuestros horrores para sacudirnos de ese estilo desvergonzado y amenazante. Se puede, si cada una de las instancias interesadas, comenzado por la afición que fue de nuevo traicionada, decide meter baza.
Se puede, claro, si no queremos eternizarnos en el terreno del miedo y la derrota. Que se vayan técnicos y quienes los sostienen. También en el fútbol sobreviviremos.
por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
No alcanza la euforia que ha despertado el Mundial Sub-20. Ni los goles de la Selección ni el nacionalismo, que dura lo que los triunfos, serán suficientes para tapar la vergüenza que nos acompaña.
El informe de Forensis-2010 de Medicina Legal, el estudio de País Libre que nos deja entre los tres países con más secuestros y la ubicación entre las 10 naciones más violentas del planeta han hecho sonar de nuevo las alarmas. (Publica el Espectador)
La falta de respeto por la vida e integridad de los otros es nuestra peor deuda con la humanidad. Fueron 17.459 víctimas de homicidios con plena prueba, pero las muertes violentas casi llegan a 30.000 en 2010. Incluyen accidentes como los de tránsito, muchos de ellos homicidios culposos, la escalofriante cifra de un suicidio cada 5 horas en promedio y cerca de 1.500 con violencia no determinada. Cerca de medio millar más que en 2009.
El incremento trasciende la pugna entre seguridad democrática y seguridad integral de Santos. Habla de un país asocial, misántropo, intolerante e inhumano cuando se revisan los más de 250 mil casos en los que hubo lesionados por violencia interpersonal, intrafamiliar y sexual. Lo peor, lo más incomprensible y lo más imperdonable es el altísimo porcentaje en que el victimario es un familiar o conocido.
Ni el crecimiento en escolaridad ni la prosperidad en los hogares han frenado ese espíritu indomable y criminal para zanjar diferencias.
Esas tribunas pacíficas y esa alegría mundialista en las calles parecen más una impostura. Basta un destello de pasión, una desavenencia o un episodio de celos, para que reaparezca el síndrome de Caín, del cual parece somos herederos legítimos.
El debate por el respeto a la vida escasea en las campañas electorales y en la reformitis del Gobierno. Fue la telaraña para captar adhesiones o sellar con babas la pretendida unidad nacional.
Lo único que se advierte son campañas prohibicionistas de venta de licor o porte de armas que dan resultados inmediatos pero trasplantan el problema a otros ámbitos.
¿Dónde están las políticas públicas, las campañas educativas, los proyectos creativos? ¿O estamos abandonados a esa suerte?
por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
A diferencia de lo que pasa con su imagen y favorabilidad, no le va bien en gestión social al presidente Santos al cumplir un año de mandato. (Publica El Espectador)
Más allá del retorno a la normalidad de las relaciones internacionales, con las Cortes y hasta con opositores y de una avanzada legislativa que promete el oro y el moro, los indicadores, que tanto le gustan al mandatario, no le ayudan.
Los ciudadanos, especialmente los de sectores menos favorecidos, aprendieron en carne propia la diferencia entre que al gobierno le vaya bien y que ese “bienestar” encarne en ellos en el corto plazo. Por eso los resultados paradójicos de encuestas como Colombia Opina en la que la gente sigue preocupada, y sin remedio, por lo mismo de siempre: situación económica, oportunidades laborales y acceso a educación y salud.
Por eso no comen cuento cuando el presidente dice que los indicadores de empleo en junio son los mejores en 15 años. Los métodos de medición son distintos e incomparables. ¿No se contradice al cobrar esos resultados pero espera que efectos de sus políticas se vean en el mediano plazo?
Y eso que los encuestados no conocían el proyecto de presupuesto de 2012, que no sólo no cumple con la regla fiscal, sino que sería igual en monto de inversión al de este año (34 billones con adiciones) y como va, con menos participación en el presupuesto global.
Hábil, Santos dice que lo más importante es cómo los colombianos miran su futuro. Y se escuda en las leyes aprobadas (algunas valiosas como la de Víctimas) a sabiendas de que por ahora no se pueden medir por resultados, y deja abierta la llave para lavarse las manos si no se cumplen.
Por eso la mitad exacta de encuestados es pesimista, el 55% cree que la economía está mal o muy mal, y el 66% cree que las cosas seguirán igual o por mal camino. Es lógico con el desempleo y subempleo, con cerca de seis de cada diez habitantes por debajo de la línea de pobreza en áreas urbanas y ocho en rurales, según estudios académicos.
Veremos si arranca la locomotora del optimismo con el semáforo que piensa montar el Gobierno para evaluar su gestión. Por ahora completa 365 días en amarillo.
por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
No terminamos de entender el cartel de la tributación en la DIAN y ya apareció otro foco de corrupción, esta vez en el sector educativo. (Publica El Espectador)
El efecto dominó por escándalos en cerca de dos docenas de entidades no sólo habla del pantanal en la cosa pública, sino de la insensibilidad y desmemoria en que vamos cayendo por saturación.
Tuvo que venir la eurodiputada Isabelle Durant a recordarnos la gravedad de lo ocurrido con el DAS en el anterior gobierno y no reaccionamos. Pero es que aún lo de “anterior” está en entredicho. Dijo la vicepresidenta del Parlamento Europeo que si este gobierno quería diferenciarse de ese pasado no podía mantener “a funcionarios de la anterior administración como su director Felipe Muñoz”.
¿Por qué Santos no se ha manifestado con tanto vigor en torno a esos años aciagos de escuchas ilegales y persecución a civiles y periodistas? No es buena señal para las víctimas ni para el mundo que ve hechos y acciones prontas de justicia en casos similares de chuzadas como en News of the World, el medio sensacionalista inglés, que pagó con su cierre, renuncia y ahora judicialización de intocables como Rebekah Brooks.
Pero no sólo es la respuesta tibia de gobernantes, también de los ciudadanos que no despertamos ni con evidencias de que nos están metiendo las manos a la billetera y violando derechos. A diferencia de los lectores del periódico inglés que presionaron a anunciantes y dueños a tomar acciones definitivas.
Hasta en el discurso fuimos superados. No salimos de frases de cajón como “ahora sí tocamos fondo”. Descartada la genética, siguiendo a Emilio Yunis, como explicación de por qué somos así, quedaba la geografía (origen de regionalismos e individualismos), pero ahora que la corrupción invadió todas las latitudes queda la sensación de que con tanto bandido no tenemos respeto por nosotros mismos. ¿O todos tenemos rabo de paja?
Perdida la autoestima, no queda casi nada. Sobre todo en este país, donde el amor propio comienza o termina en el bolsillo.
por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
Algo en el sistema judicial no debe andar bien. Esa carencia la delatan la secreta simpatía o la apatía frente al show semanal de escándalos y judicializaciones, y la corrupción rampante y desbordada. (Publica El Espectador)
Un código de penas y sanciones eficiente debería comenzar por desestimular a los delincuentes y combatir el imaginario de quienes no lo son pero se dejan tentar.
El descreimiento arranca, como se ha dicho inveteradamente, por la impunidad generalizada. Pero se arraiga cuando hay reo y las penas o delitos imputados producen risa.
Tratar de eximir a responsables dizque porque “no hay evidencias de que se han robado un peso” ( es patentar que en este suelo se dan silvestres mutaciones de Robin Hood o kamikazes que delinquen para otros; ¡y gratis!
Y peor aún, establecer rebajas y negociaciones de penas tan generosas termina por aupar lo que se combate. Es el caso de la, hasta ahora, cabecilla de la defraudación billonaria a la DIAN, con siete delitos imputados, pero que puede terminar pagando unos pocos años efectivos de cárcel por confesión y otros beneficios. O de los cerebros de las pirámides, algunos de los cuales ya comenzaron a recobrar la libertad. O el de los auspiciadores, financiadores o ideólogos de los paramilitares que ya “saldaron su deuda con la sociedad”. Y así…
¿Qué lectura puede tener eso en esta sociedad escasa de oportunidades y viciada por el exitoso ejemplo del camino fácil, que a veces se pone el variopinto vestido de la corrupción? ¿Vale la pena pagar, como se leía en mensajes de los implicados en el caso DIAN, un tiempito de cárcel y salir a disfrutar su vida de nuevos ricos?
¿Acaso eso no es más tentador que las condenas autoinfligidas, con trabajos humillantes e inhumanos, de emigrantes en busca del sueño americano? ¿O que la cruel batalla de desempleados y subempleados por sobrevivir sin esperanzas de una pensión?
El show sigue, pero deja sus efectos: en unos, que ya perdieron la ingenuidad y saben que hay mucho toque-toque y de aquello nada; y en otros, que se frotan las manos mientras piensan que la ley es blanda pero… es la ley.
por Mario Morales | Feb 28, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
A diferncia de otros asuntos, el presidente Santos no ha sabido comunicar en materia de seguridad. Carga el fantasma de su buena imagen en el gobierno pasado. Y le hace daño: es su referente inmediato y le impide desmontar ese imaginario reciente de seguridad, a todas luces sobredimensionado. (Publica El Espectador)
Mirado en conjunto, el panorama en ese ámbito no ha cambiado en los últimos seis años aparte de las fluctuaciones propias de coyunturas y regiones. Lo cual no quiere decir que esté bien. Está igual de grave aunque se ve más en este año electoral.
Pero Santos se durmió en los laureles. Dejó de enamorar, olvidó que la comunicación con la gente se mantiene a fuego lento, como dicen los manuales. Su guerra se quedó sin relato. Y el relato es la llave de todo, según expertos como Greenberg o McKinnon. El leit motiv del cuidado “de los huevitos” cumplió su ciclo en la campaña. Esa metáfora es ahora contraproducente, no sólo por lo antinatural de huevitos que nunca empollan, sino por su carácter bucólico, casi ingenuo y desgastado.
Sin protagonistas dejó de emocionar. La falta de carácter de Riverita en la construcción de su rol y unos enemigos invisibles, representados en campamentos vacíos, diluyó la pugna entre héroes y villanos. La ausencia de narraciones enfrió la trama que fue reemplazada por un conflicto oral, a base de declaraciones en las que no hay conflicto. Esa “limpieza” en el lenguaje busca evitar malos entendidos que malogren el sueño de Santos por ser el presidente que alcanzó la paz. Por desgracia, pervive en el alma colectiva la figura redentora del camorrero y picapleitos que insulta y desafía al enemigo a veces sobreconstruido.
Hoy se realimenta la figura de “señoritos burócratas” que exhiben cifras frías y que toman decisiones desde gélidas oficinas, que los llevan a osos monumentales como la cacareada “cuasi captura” de Alfonso Cano o “históricos” decomisos de droga. O a lo cursi, como salir a pie a comer hamburguesas en la calle.
Nadie pide el reencauche de la oscura estrategia uribista, pero se ve a Santos atado al pasado, y negado a construir, como en otros aspectos, su propio destino, que es el del país, en materia de seguridad.
@marioemorales