Mario Morales

Ya estamos en temporada preelectoral. La cascada de directrices emanadas del gobierno Petro en días recientes revela dos estrategias:

  • el endurecimiento discursivo para mantener el —por ahora— disminuido apoyo popular;
  • el énfasis en relatos que exhortan emociones negativas para enfrentar reformas, investigaciones, escándalos y discusiones.

Las 33 directrices de la fiscal Camargo para proteger la protesta pacífica, las orientaciones dadas a los 1500 medios comunitarios reunidos en Armenia, los llamados para ambientar las asambleas y movilizaciones sociales de esta semana y la directiva presidencial para la interacción de funcionarios públicos con periodistas: todas indican que el gobierno ahora le apunta al lenguaje directo y confrontacional; a la reunión y unidad de sus bases, y a tamizar adhesiones y adeptos para recuperar la opinión pública y apuntalar la estrategia para los próximos veinte meses de campaña electoral —que ya palpita a fuego lento—.

Lineamientos de relación con la prensa

El cambio más sensible es la concentración en el manejo emocional del relato de Petro en redes sociales, de sus seguidores y de los contenidos que pasan por los

Por Mario Morales

Estamos en temporada. La cascada de directrices emanadas del gobierno Petro en días recientes deja ver, por un lado, el endurecimiento discursivo con el objetivo de mantener el, por ahora, disminuido apoyo popular y por otro, el desbalance intencional de los relatos con emociones negativas en relación con las positivas para enfrentar reformas, investigaciones, escándalos y confrontaciones con diferentes instancias del país.
Las 33 directrices de la fiscal Camargo para proteger la protesta pacífica, las orientaciones dadas a los 1500 medios comunitarios reunidos en Armenia, los llamados para ambientar las asambleas y movilizaciones sociales de esta semana y la directiva presidencial  para la interacción de funcionarios públicos con periodistas evidencian la restructuración del régimen comunicativo del actual gobierno que ahora le apunta al lenguaje directo y confrontacional, a la reunión y unidad de sus bases y a tamizar adhesiones y adeptos con el fin de recuperar favorabilidad en la opinión pública y apuntalar la estrategia para los  próximos veinte meses de campaña electoral que ya palpita a fuego lento.
El cambio más sensible es la concentración en el manejo emocional del relato del presidente en redes sociales, de sus seguidores y de los contenidos que pasan por los sistemas de medios públicos. Manejo que ahora se ha concentrado en azuzar emociones básicas como el miedo, la indignación y la frustración, condimentado con climas de opinión que nacen y se marchitan, como el de la socorrida constituyente, y se renuevan en la coyuntura como el golpe blando, y que cumplen a la vez la misión de tener ocupados a la oposición y a acérrimos críticos mediáticos.
Por eso acontecimientos que apuntan a emociones positivas y esperanzadoras como los once lineamientos de relacionamiento con la prensa nacional tienden a diluirse, primero por el empuje de la recurrente comunicación política basada en la crudeza y el instinto.
Segundo, porque si no fuera por los hechos, los excesos y los peligros del ejercicio periodístico deberían enfocarse en el llamado a cumplir lo que ya está escrito, con las correspondientes sanciones, sin correr el riesgo de convertirse en un pleonasmo del deber ser democrático del Estado, suficientemente expuesto en la constitución, leyes y normas, en términos de participación, pluralismo y diversidad.
Tercero, porque si no parte del ejemplo del alto poder, resulta como ya viene sucediendo, en un saludo a la bandera.
ERA NECESARIO
Si bien, en un país de tradición santanderista, amante de la retórica y la prosodia, lo que no está escrito y repetido hasta la saciedad no existe, el aval de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (RELE) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en la construcción de la directiva presidencial refuerza el pedido a gritos de la sociedad por debates con altura atenidos a elementos básicos de respeto y ética como evitar la estigmatización y la discriminación de periodistas, los lenguajes de odio o las instigaciones a la violencia en el marco de referencia de la libertad de expresión, y reaviva el reclamo permanente por el acceso a información verificada, no contaminada y oportuna que permitan el papel fiscalizador de la prensa y su mandato de entregar información para que los ciudadanos tomen decisiones informadas.
De ello, así como también de no obstaculizar el trabajo periodístico de control social, garantizar el escrutinio de la función pública, o abstenerse de ejercer poder e influencia pública para censurar ideas, opiniones o información sobre las autoridades o los funcionarios, hay suficiente ilustración con quejas, denuncias y reclamos en estudios académicos, encuestas y en informes sobre la libertad de expresión en nuestro país, como los de la Flip, que en relación con la directiva dejan cifras preocupantes como  los 120 periodistas agredidos por funcionarios públicos el año pasado y con expectativas de superarlo este año, toda vez que ya se cuentan 90 casos así como como 51 estigmatizaciones a la fecha.
LO QUE FALTA
En lo que si queda en deuda el documento de la directiva es el espíritu de procuración. Eso de fomentar un ambiente de respeto, diálogo y tolerancia hacia todas las opiniones está claramente contradicho del presidente hacia abajo. Una cosa es que, como ya se ha dicho acá, haya un desequilibrio informativo en algunos medios, periodistas y quienes quieren parecerlo por sesgos, intereses personales, activismos y ramplona ignorancia y otra que haya señalamientos gubernamentales generalistas, simplificados y por ende ofensivos que terminan por herir la susceptibilidad y maltratar al gremio y sus audiencias.
Es cierto que quienes detentan el poder tienen no solo el derecho sino la obligación de aclarar desinformaciones, mentiras o calumnias para descontaminar la esfera pública, pero esa labor debe ser proporcionada, respetuosa y siguiendo las instancias de ley. Probar inconsistencias o construcciones periodísticas falaces o injuriosas debe ser una tarea distanciada de la ideología, la propaganda política, pero sobre todo de la personalización o auto victimización que termina nivelando por lo bajo el debate público en desmedro de la calidad informativa.
También está en déficit el gobierno en la propuesta de fomentar el libre intercambio de ideas, información y opiniones. Los medios públicos son un lamentable ejemplo de ello. Cerrado a una visión utilitarista de un proyecto político, se han alejado del interés público, de su misión institucional y del desafío de ser, por primera vez, medios ciudadanos, hoy otra vez confundidos con medios alternativos, partiendo de dicotomías partidistas y untados de moralismos a conveniencia. Los medios públicos, como el mismo ejercicio gubernamental deben ser de todos y para todos.  En eso se diferencian del millar y medio de medios alternativos que, como quedó claro en los discursos de instalación tienen una misión de difusión y orquestación del ideario petrista apoyados con pauta publicitaria. Si bien esos medios alternativos tienen todo el derecho a existir, el presupuesto publicitario debería incluir otras corrientes políticas, si de fomentar el pluralismo se trata como reza la directiva. Es extensión del mismo derecho de crítica del que habla el presidente, que no es otro que la misma libertad de expresión distanciada e incluso opuesta. Intentar separar esas libertades no es más que una estrategia retórica.
Así mismo la novena directiva, que habla de garantizar la existencia y el funcionamiento de canales de comunicación permanentes que permitan la interacción libre, oportuna y eficaz entre medios de comunicación y autoridades, no solo está en deuda, sino que, con la lógica de comunicación en redes, discursos in situ y réplica de esos discursos en pronunciamientos televisados, verticaliza el conducto y cierra el flujo informativo. Ese tipo de mediatización sirve a los propósitos de hiper emocionalización de que hablamos al comienzo, pero retrae la argumentación como vía de diálogo o gestión de disensos. Las ya casi jubiladas ruedas de prensa, las entrevistas a cara a cara, el diálogo formal e informal de gobierno y reporteros ayuda a clarificar la información, a zanjar diferencias, a resolver dudas y a comprender proyectos. Ahí de nuevo los medios públicos tienen una promesa incumplida.
La “X-dependencia” puede, además, jugar en contra del presidente, sobre todo ahora que en su rutinaria construcción de enemigos desafía a Elon Musk, dueños de esa red social. ¿Qué pasaría si como profetiza Petro, cierran su cuenta? ¿se derrumbaría la estrategia y quedaríamos a expensas de medios alternativos, medios públicos, alocuciones y las infaltables bodegas?
LOS MATICES DE LAS RECOMENDACIONES
Pero también en las recomendaciones que incluye la directiva hay rendijas. La segunda de ellas habla de las acciones frente a “información contraria a la verdad, parcializada, descontextualizada o estigmatizante, o que vulnera los derechos de una población, deben brindar información suficiente para la rectificación, complementación o corrección necesaria, sin recurrir a la descalificación o descrédito”. ¿quién determina lo que es verdad o no lo es? ¿cuáles son los criterios gubernamentales para determinar que es parcializada o estigmatizante, más aún cuando se trata de noticas en desarrollo? ¿a través de qué medios? ¿con cuáles estándares?
Se habla también de liderar un programa integral de capacitación para las áreas de comunicación de la administración pública y de formación necesaria para cumplir con los estándares establecidos en esta directiva. Liderada y realizada desde adentro es corre el riesgo de terminar de politizar los contenidos informativos. ¿Por qué no aparece la academia y la sociedad civil experta en estas instancias, más aún cuando se habla de participación e inclusión?
Sí. Algo es algo frente a la aridez en la relación del gobierno con la prensa que parece deteriorarse cada día. Apropiar e implementar esas directrices prácticas es el reto del presidente y algunos de los voceros de su círculo cercano para corresponder a las organizaciones internacionales que ayudaron a construirlas, para que la propaganda no le gane a la información en la pugna por el apoyo popular, para que no se archive como otra manifestación de nuestro talante leguleyo distanciado de la realidad, para que una vez matizadas y complementadas, el balón quede en la cancha del periodismo, sus gremios, medios y trabajadores que no pueden se ajenos a su cuota de responsabilidad directa e indirecta en el calentamiento de la esfera pública y a los respectivos correctivos y oportunidades de mejora. Está bien la retórica, pero se necesita el ejemplo de las buenas prácticas. Si todos somos parte del problema…
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