por Mario Morales | Ene 15, 2019 | Blog, Opinión, PatriaBoba.com
Que el eructo en medio de un discurso de Nicolás Maduro marque las tendencias de opinión que han invisibilizado el desmonte de los campamentos de los venezolanos en Bogotá deja en evidencia desde dónde pensamos los colombianos.
No sería raro que nos quedáramos enfrascados en cómo descalificar periodísticamente al régimen venezolano, como propone Marta Lucía Ramírez. (Publica el Espectador)
Que la respuesta para afrontar la masacre de líderes sociales en Colombia se estanque en la polémica que plantea el Gobierno actual, mientras contempla su ineptitud en el espejo retrovisor, por la existencia de los informes del anterior, deja ver la desorientación de unos y otros frente a un problema que les resbala, como lo prueban las declaraciones encontradas del fiscal, que habla de sistematicidad, y las de los voceros del Gobierno que, más o menos, reducen los crímenes a disputas por asuntos ilegales.
Que el debate sobre el incumplimiento de los acuerdos de paz naufrague en el mar de moralina de la actual administración, a cambio de argumentos y, sobre todo, de hechos, revela la ausencia de ideas y de líderes en medio de las contradicciones, como la que tiene que ver con el paradero de Iván Márquez. Mientras la mininterior y la vicepresidenta dicen que no saben de su paradero, el mindefensa insiste en que lo tienen vigilado.
Que la persistencia del movimiento estudiantil, en aras de una reforma educativa estructural, o de quienes promueven la salida del fiscal, quede reducida a los problemas de movilidad, actos vandálicos aislados o a los colados con intenciones politiqueras se traduce en ese afán (auto)descalificador cuando vemos que la sociedad civil trata de unirse.
En fin, no se trata solo de la prevalencia de los detalles sobre el fondo, que termina por desdibujarlo; también, de ese desinterés creciente por los hechos, por lo que no admite discusión; de ese gusto por la coyuntura que nos ahoga como espuma; por mirar hacia otro lado mientras decimos o creemos que afrontamos la cruda realidad.
por Mario Morales | Ene 8, 2019 | Blog, Libertad de Prensa, Opinión
El que terminó fue un año tenebroso para la prensa en Colombia.
Inédito, mortífero y con todos los indicadores en rojo, lo sintetiza Reporteros Sin Fronteras, para el resto del mundo.
Como si no fuera suficiente con la crisis de sostenibilidad, competencia desleal, precariedad del empleo y falta de garantías para el ejercicio profesional, el periodismo se convirtió en el chivo expiatorio en las formas de decir y de actuar de legales e ilegales.
En vez de solidaridad y aprecio, hoy la prensa padece la estigmatización de poderosos y anónimos, de ciudadanos y gobiernos que se fueron lanza en ristre contra quien fuera durante dos siglos adalid y faro de la vida republicana y asiento democrático.
El periodismo se va quedando inexorablemente solo, en medio de la desconfianza, el odio y las agresiones. Lo demuestran 80 asesinatos en el orbe, 8 % más que en 2017, al decir de RSF (la FIP habla de 94), y las 599 víctimas de delitos contra la libertad de prensa en Colombia, 38 % más que el año pasado, según la Flip. De ellos, tres fueron asesinados; 257, amenazados; 52, acosados judicialmente; 53, hostigados; a 63 se les obstruyó su labor; 37 fueron agredidos; dos, secuestrados; dos, objeto de violencia sexual, amén de ataques cibernéticos o presiones para remover información. Hechos que nos harán descender del ya preocupante puesto 130 que, entre 180 países, ocupábamos en abril pasado.
La reportería responsable levanta callos y abre heridas entre quienes abusan de la ley, el poder o la fuerza, pero no puede ser causa de su intemperancia, como tampoco de las hordas que llevan a extremos su hostilidad contra la prensa.
No son pocos los errores que se cometen por premura, falta de preparación o irresponsabilidad; son frecuentes las barbaridades de quienes usurpan el rótulo de periodistas, o los proyectos de ley que, con zanahorias insulsas, pretenden amordazar la libertad de expresión; o la soberbia y agresividad de algunos reporteros. Es posible que ello origine falta de credibilidad y confianza, pero no justifica que nos hayan perdido el respeto, la base de todo derecho.
por Mario Morales | Ene 1, 2019 | Blog, Opinión
No se amargue, lo malo ya pasó. Según el horóscopo chino entramos por
fin en el Año del Cerdo, pleno de fertilidad y buena fortuna. Atrás
quedaron la polarización y la peleadera insulsa.
Mire, no más: si cree que somos muchos, vaya a la web del DANE; arriba
ofrece una versión con base en el dinámico censo electoral: seremos si
acaso 46 millones, contando a quienes no estaban, se hicieron negar o
andaban de parranda, que sumados son 1,3 millones. ¡El país se está
desocupando!
Si cree que estamos en éxodo, bajó la natalidad y estamos envejeciendo,
el mismo DANE, en otra parte, insiste en que somos 49,3 millones, para
ser exactos, si ese adjetivo cabe en estas épocas de tolerancia.
¡Crecemos!
Lo mismo pasa con el presupuesto. Si es demasiado exigente, agréguele el
adjetivo “faltante”, o reemplácelo por el sustantivo “hueco”; pero si
es positivista, haga lo mismo con los vocablos “inversión” y
“necesaria”.
Si quiere ser optimista distribuya los $259 billones de presupuesto
entre esos 46 millones de habitantes; si es pesimista, haga lo mismo con
los impuestos que nos corresponden para poder cubrirlo; pero si no está
de acuerdo con nadie, siga la cuenta del ministro Carrasquilla.
El mismo ejercicio aplica para muertes violentas, ya sea según la
Policía o Medicina Legal; para los indicadores de violencia contra
mujeres y niños según el Gobierno o según veedurías internacionales;
para investigaciones de corrupción tipo Odebrecht, según la Fiscalía,
los medios o la misma Medicina Legal; o para la expansión o disminución
de cultivos ilícitos, desmovilizados o bacrim.
Este año no tenemos que estar de acuerdo, como no lo están Duque, Uribe,
el otro yo de Uribe, el Centro Democrático, la oposición del CD o a la
oposición a la oposición del CD.
Dice el horóscopo chino que tenderemos a ser más felices y honrados. ¿Se
imaginan? ¡Más honrados! No todo tenía que ser una marranada. Los
buenos volveremos a ser más. O menos… dese gusto.
por Mario Morales | Dic 26, 2018 | Blog, Opinión
Quizás pase, como lo sugiere el diccionario Oxford al elegirla como la
palabra del año, que este 2018 quede en la memoria y en la historia con
ese adjetivo que se ha puesto de moda: tóxico.
Tal vez esa es la sensación más recurrente cuando miramos hacia atrás en
estos días de balances, y que es a su vez origen de esta fatiga
inusitada, de este cansancio, de esta saturación insulsa con la que
despedimos el año que se va, y que está contenida en ese decir tan
sarcástico y exagerado, pero tan común y tan nuestro: “… Y no se hizo
nada”, para resumir todo ese desgaste, esa discutidera inocua, esa
indignación cansina, ese berenjenal permanente que nos hace creer que
giramos como un corcho o que no nos movemos, producto de tanto veneno y
de tanta contaminación.
Producto de ese estado de ánimo son casi todos los 12 términos que
Fundeu, la Fundación del Español Urgente, tiene como finalistas para
elegir la palabra del año. De ellas mi voto sería por “los nadie”, ese
plural atinente a las personas invisibilizadas en esta sociedad agobiada
e indolente y cuya expresión más vergonzosa para un planeta que se
autodenomina civilizado e interconectado es esa masa de casi 300
millones de migrantes.
En el mismo sentido aparece el neologismo “mena” que nace de una sigla
increíble e inaceptable para clasificar a los “menores extranjeros no
acompañados”. Hay otras palabras, entre las finalistas, que parecieran
tener la misma secuencia, causa o efecto de esos fenómenos desoladores,
como “nacionalpopulismo”, cuyos coletazos están a nuestras puertas; o
“dataísmo”, esa reverencia irracional por los datos y los algoritmos que
nos han devuelto al determinismo o al oscurantismo.
Para no citar los vocablos referentes al medio ambiente, tan
invisibilizado por las sociedades posindustriales y megaurbanísticas,
que refuerzan esa preocupación global, al cabo de estos 12 meses, de que
nos estamos quedando sin aire, de que el envenenamiento en las
relaciones y las conversaciones públicas nos está llevando al absurdo en
las decisiones políticas y personales, sin que se advierta la
posibilidad de un antídoto.
por Mario Morales | Dic 18, 2018 | Blog, Opinión, Uncategorized
Nunca van a ser una mala noticia una tregua o un cese unilateral del fuego por más cortos o repetitivos que sean.
Ya sea por la posibilidad inmediata de salvar vidas o por la tranquilidad temporal que suscita, el anuncio del Eln se traduce en una pequeña luz de esperanza en estas festividades para los habitantes de su zona de influencia.
No obstante, estos gestos, que antaño fueron entendidos como cuotas en
el proceso de ganar confianza con las autoridades y de generar
corrientes de opinión favorables, han ido perdiendo fuerza y
significado.
No tanto, claro está, para que sean recibidos con tal displicencia, como
lo fueron, por el presidente Duque. Es cierto que a esa guerrilla le
falta dar pasos más convincentes en relación con el secuestro, por
ejemplo; pero recibir con cajas destempladas el anuncio, con el pie de
página de que los líderes elenos siguen sentados a la mesa en Cuba, es
miope y reiterativo en ese aburrido y peligroso juego de ajedrez en que
andan Gobierno e insurgencia.
No se trata de pedirle contraprestación a la fuerza pública en el mismo
sentido, sino de liderazgo y claridad del Ejecutivo, como lo pide la
Comisión de Paz. Sobre todo, ahora que fue prorrogada por otros cuatro
años la ley de orden público que le permite al presidente retomar los
diálogos y hacerse a la iniciativa de manera perentoria, en la idea de
que cada día que pasa va en contra del proceso y contra los ciudadanos
que están en medio.
Tienen razón quienes mantienen prendidas las alarmas por la cooptación
de espacios que antes fueron de las Farc, pero también porque, mientras
siga vigente, el Eln será una opción preocupante para quienes se
desmovilizaron y afrontan el incumplimiento gubernamental de los
acuerdos firmados hace dos años.
Sorprende ver la diligencia del Gobierno en asuntos que no son urgentes
como el proyecto de las TIC, en contraste con su ya proverbial
procrastinación en temas importantes como el de la paz que no se termina
de consolidar.
por Mario Morales | Dic 11, 2018 | Blog, Opinión
Yo también creo que el personaje del año es Jorge Enrique Pizano, el valiente ingeniero y controller de la Ruta del Sol II.
No solo por su lucha honesta y solitaria en uno de los casos más vergonzosos de nuestra historia reciente, sino por todo lo que su ejemplo significa para las nuevas generaciones, tan descreídas y desesperanzadas.
Tal vez, si pudiera responder, el mismo Pizano diría que no hizo nada
extraordinario, solo cumplir con su deber, hacer la tarea por la que le
pagaban acorde con sus principios. Pues sí, Eso tienen los héroes, y el
atributo no es exagerado, que van por ahí, derrochando dignidad como si
nada, siendo coherentes sin alardes y sin explicaciones, sin sentirse
quijotes de gestas inimaginables, porque esa fue la vida que les
dijeron.
Encarna Pizano el ideario del colombiano que quisiéramos ser, el que
decimos que somos de dientes para afuera, el que votó 11’700.000 veces
en esa utopía que fue la consulta anticorrupción, el que invocamos en
esta época de novenas y promesas…
Más allá del desenlace del caso Odebrecht, el talante de Pizano, que le
costó la vida en medio de tinieblas que no terminan de esclarecerse,
merece un sitial para que lo vean, especialmente los que aún no saben
qué quieren ser cuando grandes.
Sitial que puede compartir, ahora que están de moda las nominaciones
grupales, con los estudiantes en las calles protestando por lo suyo, por
los suyos y por los que vienen. Su lucha y sus marchas serán históricas
si logran cambiar el derrotero limosnero y clientelista de la educación
pública.
Allí deben caber los defensores de derechos humanos que mantienen sus
luchas pese a los asesinatos sistemáticos; los activistas de todas las
plataformas, genuina oposición a las equivocaciones, ya proverbiales, de
este Gobierno, y, claro, la paciente labor de reporteros como Daniel
Coronell, María Jimena Duzán o las decenas de periodistas acosados por
manos oscuras en las regiones.
Ellos, parafraseando a Time, en esta época de mentiras o
engaños como los proyectos que pretenden acabar con la TV pública o la
libertad de prensa, ostentan el honor de ser también guardianes de la
verdad.