El buen colombiano

Los síntomas están ahí, a la vista. La virulencia verbal, el decaimiento moral y la desarticulación de la esfera pública dejan ver que avanzamos, que nos llevan a empellones a eso que llamó Hannah Arendt una sociedad totalitaria. (Publica El Espectador)

No es un secreto de Estado, como lo han reconocido desde el Centro Democrático, que la violencia discursiva, la agenda puesta en el pasado reciente y el “inflamil” aplicado a propuestas imposibles por absurdas apuntan a “ambientar” la andanada de reformas que se nos vienen pierna arriba y que, a pesar de su pretendida urgencia, esperan sigilosas el momento de salir al ruedo.

Es la fase de desgaste de la opinión pública, que es veleidosa y se cansa rápido. Le apuesta a abrir tantos frentes de polémica como sea posible sin intención de profundizar en ninguno. Pero también a generar confusión con iniciativas dispares y voceros del partido de gobierno en aparente contradicción. Una toxicidad que deviene en fatiga y que genera un paulatino desinterés ciudadano en los asuntos que le conciernen. Da lugar al individuo sumido, al decir de Arendt, “en la triste opacidad de su vida privada”, en su supervivencia y en sus intereses para neutralizarlo en la inmovilidad del conformismo.

Mientras tanto, se avivan los prejuicios para generar lazos de adhesión por las vías del prejuicio y del seudomoralismo. Entonces se entiende el acento del Gobierno en su confrontación con molinos de viento como la dosis mínima, tendencias sexuales, xenofobia encubierta y los ataques personalizados al expresidente Santos, periodistas, magistrados, líderes o cualquier voz disidente que incite al pluralismo, el antídoto del Estado totalitario.

La fórmula no es nueva como lo saben los vecinos venezolanos y, más recientemente, los brasileños, expuestos al discurso agresivo y contaminado de moralina de Bolsonaro.

El resultado ya se deja ver: individuos que actúan y reaccionan en la cotidianidad y en las redes sociales de manera irracional pero idéntica, la versión homologada del buen colombiano.

De parte y parte

Son dos cosas distintas. Una, que Iván Márquez y el Paisa tienen razón en el fondo, y no tanto en la forma, en el fuerte reclamo al Gobierno por el incumplimiento olímpico de los compromisos que dejó el proceso de paz; y otra, que ellos dos deben cumplir con la JEP no solo para mantenerse en el proceso, sino para que sus exigencias sean legítimas. (Publica E

l Espectador)

Es cierto que la inseguridad jurídica es una espada de Damocles que pende no tanto sobre los excombatientes rasos, pero sí sobre los jefes de la FARC, que perciben que en cualquier momento pueden cambiar sus condiciones de reintegro a la sociedad.

Es verdad que si antes del plebiscito el texto no era digerible, mucho menos después de las cirugías, reformas y maquillajes que ha tenido a lo largo de estos casi dos años.

Pero quizás el problema más grande ha sido el inveterado incumplimiento de las instituciones, en todos los órdenes, del acuerdo firmado, como le consta a cualquiera que haya dejado la comodidad del escritorio y haya palpado el descontento en las regiones. El de las circunscripciones territoriales es la más flagrante de las promesas fallidas.

Que centenares de excombatientes hayan sido forzados a abandonar los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación, bien por la falta de oportunidades económicas o por el accionar de grupos armados ilegales, habla de ineptitud, abandono o mala leche del Estado. O las tres juntas.

Por eso resulta risible, si no tocara asuntos tan graves, la respuesta del alto comisionado para la Paz, mientras acusa a la FARC de poner el retrovisor, de que el incumplimiento es del pasado gobierno. Él y el resto del círculo del presidente Duque pretenden ignorar que esa es su responsabilidad desde que ganaron las elecciones.

Tranquiliza que los organismos del Estado digan que saben dónde están Márquez y el Paisa y que no tienen contacto con las mal llamadas disidencias. Pero esos reclamos, independientemente del tonito, no tendrían óbice si los dos líderes que critican el desarrollo del proceso estuvieran al día con él.

Miedo a lo diferente

No se entienden el miedo y la prevención que el nuevo Gobierno y sectores políticos afines les tienen al disenso, la disrupción y la fiscalización, tan necesarias en una democracia que se precia de ser amplia e incluyente. (Publica El Espectador)

Por eso resulta tan preocupante que no solo hablen en lenguaje de batalla, sino que estén trabajando, por encima y por debajo, en la idea de regular o controlar cuanto se salga de su miope visión de sociedad o, en su defecto, de estigmatizar a quienes rompen filas.

Primero fue el ministro Botero quien propuso, vaya uno a saber hasta qué punto ingenuamente, que se regulara la protesta social, en un gesto a todas luces totalitarista, que alcanzó sus mayores niveles cuando la criminalizó al asociarla a financiación de bandas criminales.

Después fue el mismo presidente, a coro con algunos de sus portavoces no reconocidos formalmente, quien quiso deslegitimar a la oposición valiéndose de un falso dilema moral: si ellos son los buenos, ¿quién osará oponerse? Suman la decisión de no otorgarle personería jurídica a la Colombia Humana que obtuvo ocho millones de votos y el boicot rampante de la Presidencia del Congreso al ejercicio libre de la oposición, como lo denunció Jorge Robledo, a propósito del necesario debate al (¿ex?) ministro Carrasquilla.

Y cierran el cuadro siniestro las iniciativas de “profesionalizar” a la comunicación social y el periodismo con el huevito de pascua de crear un consejo profesional, apéndice del Gobierno, con el pretexto de la responsabilidad de los contenidos y que no es más que una máscara de censura, muy parecida a la que se percibe en los proyectos de ley que tienen que ver con la televisión y la convergencia y que plantean desde el control previo hasta una ambigua desregularización que solo favorece a los cableros en detrimento de la TV pública, el botín codiciado del Mintic.

Muchas coincidencias, no cabe duda, y un solo propósito verdadero, unificar el discurso plural en torno a un Gobierno que ni siquiera tiene méritos para intentarlo.

Que discrepen

De eso se trata la política al fin de cuentas, de lidiar con los desacuerdos. Y ahí va la FARC, aprendiendo a trancas y a mochas. Por eso no se entiende el morbo exagerado ni el tono apocalíptico acerca de las discrepancias ideológicas, partidistas y prácticas entre sus dirigentes. (Publica El Espectador)

Como tampoco se comprende que, en cambio, se miren con la lupa de los eufemismos las profundas divisiones en el Centro Democrático, la U o los partidos que, alguna vez, fueron tradicionales.

Resulta más “saludable” que dirigentes como Joaquín Gómez o Fabián Ramírez ventilen sus diferencias con Timochenko y el resto de la cúpula fariana para poder entender a qué juegan y cómo se están involucrando en la cosa pública.

El primer falso dilema que hay que desmontar es que los disensos llevan forzosamente a extremos, como la retoma de las armas por parte de algunos de ellos. Las misivas de Gómez y Ramírez, en vez de tener tono de ultimátum, denotan una crítica profunda y necesaria que cuestiona la actuación de sus líderes en lo ideológico, lo político y lo ético.

En vez de demonizarlo, se trata de un debate que el país no se puede perder porque deja ver los miedos de sus dirigentes tanto a las investigaciones judiciales como a los enemigos territoriales; las rencillas personalizadas, así quieran negarlas, y las divergencias por hitos como el caso Santrich, los primeros pinitos en el Congreso y por el manejo de los dineros asignados, cuyo seguimiento dejará ver si se quieren diferenciar o están cayendo en las mismas prácticas políticas que tanto combatieron.

Eso no significa que no haya inquietud por los ocho dirigentes y otros tantos miembros de ese partido cuyo paradero se desconoce. Una cosa es que hayan renunciado al proceso y otra que anden paranoicos o desconcertados por las incertidumbres reinantes en la implementación del Acuerdo y estén a la espera de momentos más propicios. Que lo dejen saber, así sea en medio de las más crudas discrepancias

Que no se nos olvide

Sabe distinto esta Semana por la Paz. Debería ser, como se alcanzó a barruntar hace un año, un tiempo para la celebración masiva, la evaluación y la proyección de la mayor de las conquistas de este país en los últimos 50 años. (Publica El Espectador)

Debería ser también, como lo fue antaño, el tema aglutinador en medios, redes y conversa pública de la movilización ciudadana que la inspiró, para evidenciar la labor de quienes trabajan, a riesgo de sus propias vidas, para construir la paz y dignificar la vida.

Debería ser también el empeño nacional por vencer el determinismo y el pesimismo frente a las sombras que se avizoran en el horizonte.

Es verdad que hay incertidumbre por el paradero y planes de algunos líderes de las Farc, por la falta de condiciones y de voluntad del Eln y el Gobierno para liberar a los cuatro uniformados y dos civiles secuestrados, por la masacre inmisericorde de líderes sociales a los que se suman los de Tarazá y Cajibío, o por los centenares de desplazados en Chocó por combates entre el Eln y el clan del Golfo.

La tarea conjunta es impedir que se naturalicen esos actos de violencia como un designio o como una lógica; es poner de relieve las actividades de quienes, como quienes reciben el Premio Nacional a la Defensa de los Derechos Humanos, trabajan por sus comunidades y necesitan pronta protección y apoyo; es salirnos de esta calma chicha y reactivar las propuestas y exigencias de paz a todos los actores armados y a quienes los aúpan; es colorear la paz, como lo propone el simbolismo de los organizadores, para allanar el camino a la reconciliación.

Esa fuerza de la opinión pública volcada es capaz de cambiar tendencias y poner en tensión prejuicios, como lo confirmó el espaldarazo a la consulta anticorrupción. Hay un camino recorrido y unos pactos que deben ser defendidos, respetados y extendidos que no son de ningún gobierno o partido. La utopía de la paz comenzó con una semana. Hay vida y esperanza. Que no se nos olvide…

Si lo dejan

Desacomodado, torpe y dando palos de ciego se ve al Centro Democrático que, como ha pasado con la izquierda, aprendió a ser oposición, no pocas veces delirante e irascible, pero que ha demostrado que no estaba preparado para volver al poder. (Publica el Espectador)

Comenzando por su jefe natural, el senador Uribe, que reparte su tiempo apagando incendios de su pasado y tratando de volver a su estrategia de base, la de construir un enemigo que le permita moverse en su feudo: la contrapropaganda, la exageración y la desfiguración. Con las Farc mansitas aprendiendo a hacer política, la fatiga del mito endeble del castrochavismo, el expresidente Santos hecho oídos sordos y sin un fantasma poderoso a la vista, anda disparando dardos a todo lo que se mueva: la consulta, las cortes, Claudia López, etc., a ver si por algún lado salta la liebre.

Y en medio de esa aridez, contribuye Uribe a la falta de credibilidad del presidente, lanzando globos sonda en el afán de liderar la agenda política y copar la mediática. El resultado es el deterioro de la figura de Duque, que deja ver todo su desconcierto ante el fuego amigo, el fuego de los bancadas que se le oponen y el fuego, ese sí real, de bacrim, Eln y desertores de las Farc. Para colmo, la consulta anticorrupción, que miró con algo de displicencia, se le creció y terminó de restarle protagonismo.

Hay una enorme diferencia entre la comunicación del candidato y la del ahora presidente que perdió contundencia y eficacia hasta en sus gestos y tono de voz.

Lo mismo pasa con su partido que no ha terminado de asimilar la bipolaridad en la propaganda (que tampoco le funciónó al dueto Santos-Pinzón). Se creyeron mayoría y con el camino expedito, pero se quedaron en la fase de la vocinglería, olvidando que ahora son parte del gobierno y que los ciudadanos impacientes queremos resultados.

Ya es hora de que el presidente cambie el tiempo de procuración y de futuro indefinido al que lo relegaron. Eso sí, si lo dejan sus copartidarios.

Suscribir
Twitter
Visit Us
Follow Me
YOUTUBE
LinkedIn
Instagram