por Mario Morales | Sep 3, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Seguimos en pérdida. Frente a los retos que plantea el presente vertiginoso, fragmentario y escéptico, el balance para nuestro periodismo es desesperanzador. (Publica el Espectador)
Pasamos sin escrúpulos del mimetismo de la estrategia militarista (esa del count body), a la demagógica prensa de declaraciones (esa de respeto tu opinión, pero…), hasta degenerar en esta suerte de reporterismo punitivo o justiciero, de tan oscuro recuerdo hace un siglo en Europa.
Por culpa de ese seudoperiodismo de videos, de esa ramplona crónica roja, con casi todo de lo segundo y casi nada de lo primero; y de la mal interpretada interacción con las audiencias sacrificamos el qué, el presente y la memoria de este país pegado con babas.
A veces nos creemos el sheriff del condado, otras nos consolamos con la histeria que reclama captura de los “presuntos” autores. Luego enfundamos las “narrativas” hasta un nuevo suceder… Aplica para todas las categorías.
Pasada una semana del accidente aéreo que dejó 16 policías muertos nos remitimos a la intestina guerra propagandística del quién tuvo la culpa y nos quedamos sin la historia de la tragedia y sin el rostro de las víctimas, como si fueran líneas argumentales de quinta categoría.
No importan los detalles, el trasfondo o las implicaciones. Alistemos la espada ahora que se enfrentan otra vez Petro y el procurador. Y envainémosla ahora que renunció el gobernador de Cundinamarca. O cambiemos de tema ahora que se entregó otro de los conductores ebrios y no por ello menos criminales…
En ese fútil juego “detectivesco” se nos van las historias. Cada vez más nos parecemos más a los espectadores del siglo pasado que describía el crítico W. Lippman, “llegan hacia la mitad del tercer acto y se marchan antes de que caiga el telón, quedándose el tiempo suficiente sólo para decidir quién es el héroe y quién el villano de la función”.
O sin ir tan lejos, quizá reescribimos ese reality de la señorita Laura, a la espera que entre el “desgraciado”. ¡Qué comience la audiencia!
por Mario Morales | Ago 7, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Más que los reparos a la reciente encuesta Ipsos para la intención de voto en ciudades capitales (como documenta La Silla Vacía), es preocupante el discurso (mal) intencionado y monocorde de ciertos sectores que contamina la campaña electoral con prejuicios, imaginarios construidos y en coro contra algunos candidatos como Clara López. (Publica El Espectador
)
Quizá deba advertir que no soy de Clara ni del Polo y que aún, como pasa con uno de cada cuatro bogotanos, no he decidido mi voto. Pero es necesario terciar ahora que esos sectores quieren confundir de manera simplista a Clara con Petro, a éste con el Polo, y a ellos con la izquierda, para maquillar con un pretendido debate ideológico lo que, a juzgar por sus argumentos, no es más que una pugna clasista.
De la misma manera reduccionista han pretendido unir o hacer pasar como lo mismo a Pardo con Peñalosa y, en el colmo de los desvaríos, hasta al mismísimo Pacho Santos.
Ese discurso estigmatizante y resentido, como el de Mauricio Vargas en su reciente columna, no ahonda en plataformas ni argumentos, sino en comprimidos propagandísticos de corte maniqueísta para que los lectores traguen entero.
No son transparentes algunos reportajes para hacer pasar como simpático a Pardo, ni notas con candidatos invisibilizados.
Tal vez sea osado decir que allí estribe la diferencia de 11 puntos que mostró la encuesta a favor de Peñalosa. Como es osado poner en tela de juicio el trabajo estadístico de Ipsos sólo porque la foto del momento, y con esa muestra, resulta sorpresiva.
Si de veras nos preocupa la ciudad, que sea este el momento de reconocer y dejar hablar a los candidatos, lejos de partidismos, dogmatismos y clasismos, y enriquecer la campaña que tiene por lo menos tres pesos pesados, a cual más conocido por actuaciones propias.
Quizás haya que desescalar esos juegos polarizantes en Bogotá, esperar otras encuestas para armar el mosaico y evitar el todos contra Clara o contra Pacho, a ver si podemos votar por fin a favor de alguien.
por Mario Morales | Jul 30, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Es la paradoja de aquí en adelante. Entre más avanza el proceso, más frágil es. Los gestos de desescalamiento, el cambio retórico y la llegada de nuevas voces de parte y parte a la mesa de La Habana (que el país racional recibe con beneplácito), connotan un riesgo inherente: no tienen reversa.
A diferencia de las primeras treguas, cese de bombardeos y “gestos” mutuos de entendimiento que buscaban sondear hasta dónde “el otro” estaba dispuesto a llegar, ahora la dinámica de las decisiones de guerrilla y Gobierno tienen el sello de definitivas… mientras duren los diálogos. (Publica El Espectador
)
Las partes ya saben lo que significaría retroceder: ruptura de conversaciones y guerra total. Por eso, no hacen bien las acotaciones de tiempo que crispan las sensaciones colectivas y generan incertidumbre y paranoia.
La guerrilla sabe que avanzando el Gobierno incrementa el margen de maniobra, pero la involución lo deja sin alternativas.
Superado el punto de quiebre, la tensión está latente por saber si los voceros tienen el respaldo absoluto y la confianza de sus tropas. De ahí la urgencia en la implementación de la verificación con distintas fuentes de información, vacunadas contra la insidia tuitera y propagandística de las extremas.
Tranquiliza saber que, junto con el desminado en las zonas piloto como El Orejón, Antioquia, están llegando la reparación y la presencia estatal con proyectos de agroindustria, salud, educación, recreación y participación ciudadana.
Inquieta que haya voces amenazantes y titulares escandalosos por presuntas escaramuzas entre insurgencia aún no identificada y Ejército, como ha sucedido en los últimos días en Arauquita.
Por eso el Gobierno debe ser claro en decirle al país en qué van los acercamientos con el Eln, si se unen al proceso, si tendrán mesa colateral o si esperarán para no alargar el acuerdo de La Habana.
Y mientras, más hechos irreversibles de paz y acompañamiento para blindar los diálogos y para calmar los nervios en estos días decisivos.
por Mario Morales | Jul 22, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Si hubo quienes se indignaron por la propuesta gubernamental de desescalar el lenguaje, no es difícil prever la reacción de esos sectores anquilosados si entendieran que lo que se necesita es un cambio de modelo periodístico y comunicacional en un país en guerra que busca reconciliarse. (Publica El Espectador)
El lenguaje es la punta del iceberg. Si asumimos que los medios ayudan a comprender, dar sentido, percibir y legitimar la realidad, no es suficiente con el barniz estético en el uso u omisión de palabras y significados.
No obstante, todo cambio, por menor que sea, incluida la tardía directiva del Gobierno, apunta a reconfigurar las formas como el poder, medios, periodismo y audiencias se relacionan entre sí, como señalan los expertos Galtung, Hackett, Fisas, etc.
Si el Gobierno propone, que asuma. Que separe propaganda de información. El avance del proceso y sus relatos ya son suficiente ganancia para la imagen presidencial. Que deje la bipolaridad, prendado como está de asuntos electorales. Y que convenza a las rancias élites de pensar y permitir modelos periodísticos alternativos.
La etiqueta es lo de menos; llámenlo periodismo de paz, periodismo de excelencia, buen periodismo o periodismo a secas. Pero que sea (citando a Galtung) un periodismo democrático, con múltiples voces, que descrea que este conflicto es entre dos partes, que deje de privilegiar pero no ignore la opinión de los poderosos, que discierna entre conflicto y violencia, entre paz social como equivalente a seguridad y paz positiva en términos de reconciliación.
Después, el resto; cambio de enfoque informativo, como ya he dicho aquí; dejar de reverenciar la guerra per se y priorizar los hechos de paz. Lo que no significa, como algunos aturdidos expresan, preñar el lenguaje de eufemismos o maquillar relatos. Y desadjetivar… y desemocionalizar… y desconfiar… Con el entendido de que el mejor periodismo, con el lenguaje adecuado, ayuda siempre a la construcción de verdad: la placenta de la paz.
por Mario Morales | Jul 15, 2015 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Sí. El pulso en el momento más crítico de los diálogos de paz lo ganó la guerrilla y fue merced a la desmesura de la derecha irreflexiva, encabezada por el uribismo incendiario. (Publica El Espectador
)
La ofensiva de las Farc y la presión obcecada de la oposición pusieron contra las cuerdas al presidente Santos hasta el punto de llevarlo a cambiar la metodología de la mesa y adelantar de manera oficial el desescalamiento del conflicto.
No es de extrañar. Así ha sido de manera inveterada. La guerrilla y el uribismo se retroalimentan y oxigenan desde orillas distintas. Cuando el proceso marchaba sobre ruedas en la mesa y en la opinión pública, el autodenominado Centro Democrático tuvo que suavizar la posición a instancias del fugado Luis Carlos Restrepo para impedir ser arrollado por el efecto bola de nieve.
Pero el ataque a los soldados en Cauca les dio un segundo aire a los perifoneadores de la guerra, que pusieron en jaque las mismas conversaciones. Luego, la ruptura de la tregua y la inconciencia de quienes pedían el fin de los diálogos le cerraron salidas a Santos.
Así, sin quererlo, esa oposición generó el ambiente para que se deshiciera el nudo gordiano en las conversaciones y resultó haciéndole un favor al proceso. Sin ese riesgo de ruptura, difícilmente el país habría aceptado bajarle intensidad al conflicto tal y como quedó planteado.
A cambio, las barras bravas recibieron un lánguido plazo de cuatro meses, que no es siquiera un penultimátum. Claro, Santos se dejó meter en el túnel del tiempo, del cual difícilmente se podrá salir; pero una cosa es un lapso para evaluación, allá por noviembre, además renovable y sin más indicadores que respetar la tregua y mostrar avances; y otra, una fecha obligante con unos resultados específicos.
El Gobierno cedió comodines, pero avanzó en otros frentes. Le bajó la presión a la mesa en lo que queda de año, zafó al uribismo, aireó las elecciones de octubre y salvó temporalmente el proceso. Ganó perdiendo, y con él, el país… por ahora.
www.mariomorales.co