por Mario Morales | Dic 26, 2018 | Blog, Opinión
Quizás pase, como lo sugiere el diccionario Oxford al elegirla como la
palabra del año, que este 2018 quede en la memoria y en la historia con
ese adjetivo que se ha puesto de moda: tóxico.
Tal vez esa es la sensación más recurrente cuando miramos hacia atrás en
estos días de balances, y que es a su vez origen de esta fatiga
inusitada, de este cansancio, de esta saturación insulsa con la que
despedimos el año que se va, y que está contenida en ese decir tan
sarcástico y exagerado, pero tan común y tan nuestro: “… Y no se hizo
nada”, para resumir todo ese desgaste, esa discutidera inocua, esa
indignación cansina, ese berenjenal permanente que nos hace creer que
giramos como un corcho o que no nos movemos, producto de tanto veneno y
de tanta contaminación.
Producto de ese estado de ánimo son casi todos los 12 términos que
Fundeu, la Fundación del Español Urgente, tiene como finalistas para
elegir la palabra del año. De ellas mi voto sería por “los nadie”, ese
plural atinente a las personas invisibilizadas en esta sociedad agobiada
e indolente y cuya expresión más vergonzosa para un planeta que se
autodenomina civilizado e interconectado es esa masa de casi 300
millones de migrantes.
En el mismo sentido aparece el neologismo “mena” que nace de una sigla
increíble e inaceptable para clasificar a los “menores extranjeros no
acompañados”. Hay otras palabras, entre las finalistas, que parecieran
tener la misma secuencia, causa o efecto de esos fenómenos desoladores,
como “nacionalpopulismo”, cuyos coletazos están a nuestras puertas; o
“dataísmo”, esa reverencia irracional por los datos y los algoritmos que
nos han devuelto al determinismo o al oscurantismo.
Para no citar los vocablos referentes al medio ambiente, tan
invisibilizado por las sociedades posindustriales y megaurbanísticas,
que refuerzan esa preocupación global, al cabo de estos 12 meses, de que
nos estamos quedando sin aire, de que el envenenamiento en las
relaciones y las conversaciones públicas nos está llevando al absurdo en
las decisiones políticas y personales, sin que se advierta la
posibilidad de un antídoto.
por Mario Morales | Dic 18, 2018 | Blog, Opinión, Uncategorized
Nunca van a ser una mala noticia una tregua o un cese unilateral del fuego por más cortos o repetitivos que sean.
Ya sea por la posibilidad inmediata de salvar vidas o por la tranquilidad temporal que suscita, el anuncio del Eln se traduce en una pequeña luz de esperanza en estas festividades para los habitantes de su zona de influencia.
No obstante, estos gestos, que antaño fueron entendidos como cuotas en
el proceso de ganar confianza con las autoridades y de generar
corrientes de opinión favorables, han ido perdiendo fuerza y
significado.
No tanto, claro está, para que sean recibidos con tal displicencia, como
lo fueron, por el presidente Duque. Es cierto que a esa guerrilla le
falta dar pasos más convincentes en relación con el secuestro, por
ejemplo; pero recibir con cajas destempladas el anuncio, con el pie de
página de que los líderes elenos siguen sentados a la mesa en Cuba, es
miope y reiterativo en ese aburrido y peligroso juego de ajedrez en que
andan Gobierno e insurgencia.
No se trata de pedirle contraprestación a la fuerza pública en el mismo
sentido, sino de liderazgo y claridad del Ejecutivo, como lo pide la
Comisión de Paz. Sobre todo, ahora que fue prorrogada por otros cuatro
años la ley de orden público que le permite al presidente retomar los
diálogos y hacerse a la iniciativa de manera perentoria, en la idea de
que cada día que pasa va en contra del proceso y contra los ciudadanos
que están en medio.
Tienen razón quienes mantienen prendidas las alarmas por la cooptación
de espacios que antes fueron de las Farc, pero también porque, mientras
siga vigente, el Eln será una opción preocupante para quienes se
desmovilizaron y afrontan el incumplimiento gubernamental de los
acuerdos firmados hace dos años.
Sorprende ver la diligencia del Gobierno en asuntos que no son urgentes
como el proyecto de las TIC, en contraste con su ya proverbial
procrastinación en temas importantes como el de la paz que no se termina
de consolidar.
por Mario Morales | Dic 11, 2018 | Blog, Opinión
Yo también creo que el personaje del año es Jorge Enrique Pizano, el valiente ingeniero y controller de la Ruta del Sol II.
No solo por su lucha honesta y solitaria en uno de los casos más vergonzosos de nuestra historia reciente, sino por todo lo que su ejemplo significa para las nuevas generaciones, tan descreídas y desesperanzadas.
Tal vez, si pudiera responder, el mismo Pizano diría que no hizo nada
extraordinario, solo cumplir con su deber, hacer la tarea por la que le
pagaban acorde con sus principios. Pues sí, Eso tienen los héroes, y el
atributo no es exagerado, que van por ahí, derrochando dignidad como si
nada, siendo coherentes sin alardes y sin explicaciones, sin sentirse
quijotes de gestas inimaginables, porque esa fue la vida que les
dijeron.
Encarna Pizano el ideario del colombiano que quisiéramos ser, el que
decimos que somos de dientes para afuera, el que votó 11’700.000 veces
en esa utopía que fue la consulta anticorrupción, el que invocamos en
esta época de novenas y promesas…
Más allá del desenlace del caso Odebrecht, el talante de Pizano, que le
costó la vida en medio de tinieblas que no terminan de esclarecerse,
merece un sitial para que lo vean, especialmente los que aún no saben
qué quieren ser cuando grandes.
Sitial que puede compartir, ahora que están de moda las nominaciones
grupales, con los estudiantes en las calles protestando por lo suyo, por
los suyos y por los que vienen. Su lucha y sus marchas serán históricas
si logran cambiar el derrotero limosnero y clientelista de la educación
pública.
Allí deben caber los defensores de derechos humanos que mantienen sus
luchas pese a los asesinatos sistemáticos; los activistas de todas las
plataformas, genuina oposición a las equivocaciones, ya proverbiales, de
este Gobierno, y, claro, la paciente labor de reporteros como Daniel
Coronell, María Jimena Duzán o las decenas de periodistas acosados por
manos oscuras en las regiones.
Ellos, parafraseando a Time, en esta época de mentiras o
engaños como los proyectos que pretenden acabar con la TV pública o la
libertad de prensa, ostentan el honor de ser también guardianes de la
verdad.
por Mario Morales | Dic 4, 2018 | Blog, Opinión
Y mientras tanto, en el salón de la injusticia, siguen el horror, el drama y la escasa preocupación por los asesinatos, persecuciones y amenazas contra los defensores de derechos humanos.
Ese doloroso telón de fondo, testigo mudo de todas nuestras miserias.
Quizás no haya llamado de alerta más fuerte que el que acaba de hacer
Michel Forst, relator especial de la ONU a este respecto, cuando dice
que ha sido la situación más dramática de cuantas ha visto.
Empezando por los 226 asesinatos en 112 municipios del país en estos dos
años de paz que ellos no conocieron, como no la conocen quienes les
sobreviven. Pero el relator pone el dedo en otras llagas, como la duda
permanente, que aquí ha existido siempre, sobre las cifras de la
Fiscalía, que habla apenas de 50 % de impunidad en esas acciones
criminales.
Siguiendo por el acento puesto en las denuncias recibidas acerca de la
presunta responsabilidad de compañías internacionales, como las
extractivistas.
Pero hace énfasis en la incidencia de las campañas de difamación de
funcionarios públicos, y menciona declaraciones del mindefensa y el
gobernador de Antioquia. Grave que quienes tienen la misión de cuidarlos
no solo los revictimicen, descrean y pongan en tela de juicio, sino que
los expongan como carne de cañón en esa estela interminable de horror
que no toca a la frecuentemente indignada alma nacional ni al activismo
facilista de redes sociales.
Pero la lista es tan larga como irresponsable en este país bipolar, cada
día más dividido entre ostentadores del poder, que hacen lo que quieren
mientras injurian o al revés, y esa inmensa masa que sin saber cómo se
va alineando a lado y lado de la brecha que unos pocos insisten en
mantener.
Por eso no se entiende a la ministra del Interior cuando niega de plano
la base de la violencia contra los defensores: la sistematicidad. Si no
arrancamos por ahí, seguirán los vanos pronunciamientos y declaraciones
fatuas, mientras en el salón de la injusticia se acumulan las víctimas
de este genocidio.
por Mario Morales | Nov 27, 2018 | Blog, Opinión, PatriaBoba.com, Uncategorized
El único hueco en el sector fiscal, por ahora, parece estar en la idoneidad de los funcionarios a cargo de las finanzas del país.
Más que preocupante, ha sido bochornoso el desgaste por los tiros al aire por parte de quienes, se creía, estaban preparados para guiar al país en materia económica.
Comenzando por el espejo retrovisor, presente en cada patinada del nuevo
Gobierno. No solo le mintieron a la opinión pública instalando en el
imaginario ciudadano esa falsa etiqueta, pues el tal hueco fiscal nunca
existió, sino que montados en ese enclenque caballo de batalla quisieron
incrementar presupuestos a gusto y capricho en cada cartera,
contradiciendo la falsa promesa de campaña de que no tocarían el IVA.
Desde entonces comenzó este tortuoso camino de propuestas,
contrapropuestas, adendas, modificaciones y otrosíes a la
desnaturalizada reforma tributaria, rebautizada con el nombre de ley de
financiamiento, que hoy no es más que un esperpento con respirador
artificial.
En esos ires y venires no solo han jugado con el estado de ánimo de los
colombianos, crispado por la intención de gravar toda la canasta
familiar, o de empresas e inversionistas que no saben a qué atenerse,
sino con la agenda de inversión social que está a la espera de un guiño
para arrancar o continuar en 2019.
A lo inviable de propuestas hechas por aprendices o técnicos, como si
estuvieran experimentando en un laboratorio, como la devolución del IVA o
la limitación al IVA descontable (que presuntamente viola tratados
internacionales), solo para citar los palos de ciego más recientes, se
suma la creciente oposición a una reforma hecha a tijeretazos,
improvisada e irresponsable, como quedó demostrado en la redacción de la
malhadada ponencia, puesta contra las cuerdas por la premura para ser
agendada.
Como pasa en otros sectores, la incertidumbre y la indecisión no solo
van en contra de la imagen gubernamental, que es lo de menos, frente a
la desazón por falta de presupuesto y especialmente por el mensaje
contradictorio y de animadversión que le queda a la población después de
tanto despelote.
por Mario Morales | Nov 20, 2018 | Blog, Com. Política, Opinión
Es como si las pasadas elecciones no hubieran definido nada. El presidente Uri… Perdón, Duque, su bancada y sus seguidores no terminan de convencerse de que están en el poder y que llegó la hora de gobernar, preocupados como están de echarle la culpa de cuanto pasa a Gustavo Petro.
O realmente están asustados con el líder de la Colombia Humana o no terminan de pasar el guayabo por no tener ya a las Farc para responsabilizarlas de todos los males del país.
Que esos sectores no estén pensando en los 44 meses de administración
que quedan sino en las elecciones de 2022, más que de cálculo político,
habla de la incredulidad en las cacareadas capacidades de Duque y un
creciente convencimiento en su debilidad. Y no se trata solo de
profecías o precauciones, sino de acciones presentes, como lo demuestra
el mantenimiento de la denominada cláusula Petro con la que se movieron
empresas e industrias en el último año.
Tanta prevención y campaña sucia en redes lo que hace, como ya sucedió
en elecciones, es solidificar la figura de Petro y auparlo a actuar en
el terreno de la polémica y el debate, donde juega de local.
Pero el aumento en la incredulidad de la idoneidad gerencial de Duque
está propiciando el choque de dos fuerzas poderosas con consecuencias
impredecibles: una oposición feroz que lo tiene arrinconado y un fuego
amigo que no le da tregua. Los dos con el mismo objetivo, marcarle la
agenda y el ritmo al presidente.
Si Petro sigue apretando corre el riesgo de que Duque decida lanzarse,
sin ambages, a los brazos del furibismo rabioso que pide puestos,
influencia y mermelada, así sea con marca registrada.
Si el uribismo rabioso sigue presionando, en el Congreso, los micrófonos
y entre las sombras, corre el riesgo de que la disputa por
nombramientos o “desnombramientos” (como en la cúpula militar) aumente
la fisura con Duque y su círculo de tecnócratas.
El problema no son las encuestas. Lo realmente conflictivo es que, en
medio de la soledad, un presidente sin respaldo ceda a las tentaciones
totalitarias.