por Mario Morales | Sep 23, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Se precia el vicepresidente, posando con su casco de siempre, de haber firmado 6 contratos en 7 días por $8 billones. (publica el Espectador)
Como si esa fuera la gran hazaña en este país de “contratitis”, firmones y obras eternas, no precisamente por duraderas.
Ejecutar las obras, hasta las de cuarta generación, es la mínima obligación de los funcionarios nombrados con ese fin, como para que estén alardeando ante los medios de una simple firma, así vaya precedida de los más serios y garantistas contratos, como lo ha reclamado cuanto funcionario hubo desde el virreinato. Ojalá con el mismo empeño, pinta y sonrisas proselitistas se aparecieran para entregar, en los tiempos fijados y sin sobrecostos, alguito de la infraestructura que todos los días se contrata aquí a dedo o en procesos interminables.
La buena prensa, de la cual goza el vice (en entrevistas, fotos reveladoras de acaloradas maratones) debería ser un premio al cumplimiento cabal y no un anticipo a la conjugación en futuro imperfecto de los verbos promeseros de siempre.
Cañando con obras monumentales lavaron su imagen hace 6 años, para ir lejos, los contratadores de ese nuevo descalabro que es la obra del túnel de La Línea; allí también estuvo hace 6 días Vargas Lleras, rozagante, para contarnos lo que ya sabíamos, que no estará a tiempo.
Pues bien, llevamos más de dos años escuchando los anuncios del presidente Santos de sus 30 “grandes” proyectos, por $40 billones, y sus repetitivos “ya casi”, en el mismo tono de Petro con el metro y la máquina tapahuecos.
“Nos hemos demorado por hacer las cosas bien”, dijo el presidente a sabiendas de que buena parte de esas obras estarían, sobre el papel, en un lustro, es decir, en el otro gobierno.
¿Será por eso que reclaman aplausos y titulares desde ahora? ¿O que con los materiales del casco quieren hacerse desde ahora una banda presidencial?
por Mario Morales | Sep 9, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
No por tener origen en la empresa privada y tener el guiño del Gobierno hay que desconfiar de entrada u oponerse, como ha pasado, a la cruzada de #soycapaz, que invita a ponerse en los zapatos del otro para ambientar el fin del conflicto que comienza con el probable acuerdo en La Habana. (Publica el Espectador)
Estamos en tiempos de esperanza. Durante dos años pedimos sensibilización del proceso de paz, socialización de sus alcances con las concomitantes responsabilidades ciudadanas, y mucha pedagogía.
Y la campaña es un buen comienzo. Claro, sabemos que las nobles intenciones a veces también están mezcladas con mercadeo social y mejoramiento de la reputación y la marca, y que tras los empaques blancos y los novedosos lemas hay promoción y consumo… Por supuesto.
Lo que no puede pasar es que nos quedemos en la sola imitación del gesto, el símbolo o la adhesión verbal. Bienvenidas las marchas, como la de este viernes en plena Semana por la Paz, si nos llevan a todos a asumir desde nuestros roles compromisos de hecho con el pre y posacuerdo.
Pero también sabemos que es momento propicio para la aparición de falsos profetas que quieren confundir llamando (¡qué coincidencia!) “mensajes de esperanza” a las imágenes apocalípticas de una Bogotá en ruinas, como las que pinta a conveniencia Pacho Santos en otra de sus desmesuras. La pobreza de obra de Petro no tiene defensa, pero llamarlo por eso corrupto no es más que otro dislate polarizante y oportunista. Algo similar sucede con la situación del país. Ya tuvimos suficiente de hecatombes fabricadas y falsos promeseros.
Necesitamos entrar en la era de los acuerdos grandes y pequeños con miras a la reconstrucción, comenzando por la de nuestra autoestima, así las encuestas, como pasó el lunes, entreguen resultados contradictorios sobre el estado de ánimo nacional.
La idea de ponerse los zapatos del otro es formidable. Ojalá el término se entienda, antes que como idoneidad o talento, en su acepción de atrevimiento y resolución. ¡Atrevámonos!
por Mario Morales | Sep 2, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Sí, es cierto; el Gobierno ha ido desmontándose de todas las reformas que por idea propia o imposición tenía para el futuro inmediato. Pero también es cierto que en este momento la única que es apremiante, y si a eso se le puede llamar reforma, es la que tiene que ver con la política. (Publica El Espectador)
Todo lo demás puede esperar a que haya humo blanco en la mesa de La Habana. De esos diálogos derivarán distintos acuerdos que luego refrendaremos los colombianos para avanzar en la transición, así el término no les guste a Iván Márquez.
Parece serio de parte de Gina Parody y de Lucho Garzón comenzar a despachar sin la disculpa de necesitar una legislación hecha a su medida. Lo que hace falta es ejecución y voluntad en el cumplimento de lo que existe. Mucho menos se requiere una reforma tributaria si le hemos de creer al balance optimista que todos los días entrega el Gobierno.
En cambio no da espera, ahora que hay ambiente, el entierro definitivo de cualquier tipo de reelección presidencial, así haya que extender el período un año más, a lo sumo. Pero esa medida tiene que cobijar especialmente a quienes dirigen los organismos de control, y parcialmente a los congresistas para que sólo puedan ser reelegidos una sola vez en su vida, como dice el senador Benedetti que se está cocinando.
No más “sacrificios” vitalicios de estos supuestos servidores de la patria, no más abnegación y privaciones, no más Estado amamantador, no más sinvergüencería.
Ingenuo, me dirán, a sabiendas de que ellos mismos tomarán las decisiones. Hay que acudir a todas las formas legales y éticas de presión y debate; hay que acudir al buen juicio de los pocos congresistas honestos e idóneos, que los hay, que saben que en esa perpetuación arraiga lo más corrupto e inepto de este caduco sistema político.
Entonces sí, todo lo demás, voto obligatorio, financiación de campañas, listas cerradas y las reformas en las otras áreas, comenzará a tener sentido.
por Mario Morales | Ago 26, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Dice el editorialista de El Tiempo que hay demasiadas preguntas luego de las acusaciones del hacker Sepúlveda en Semana. (Publica el Espectador)
Pareciera más bien que hay demasiadas respuestas y, hasta ahora, ausencia de evidencias en un país sumido, para mal, en versiones y declaraciones, sobre todo de quienes están sub júdice y negocian su pena.
Ahí hay mucho en juego. Porque si, como se ha dicho, no aparecen pruebas, el presunto complot se puede devolver contra la actual administración convertido en ficción, montaje o, peor aún, en contrapropaganda negra.
Inadmisible que se tratara de un coletazo o una riña personalizada. En vilo está la credibilidad de un excandidato presidencial y la legitimidad de su bancada, que apoyó sus modos de decir y actuar, y de la oposición desde la extrema derecha, ya de suyo cuestionada.
Y en medio está el más importante logro común de nuestras generaciones: el fin del conflicto. Porque ocurre en el preciso momento en que los acuerdos parecen acercarse a la cotidianidad, sensibilidad e interés de la mayoría: cese de hostilidades, dejación de armas y desmovilizaciones.
Como se ve, no deja de ser una exageración decir que estamos llegando al punto de no retorno. La vulnerabilidad del proceso acompañará incluso los primeros años del posacuerdo.
Por eso es necesario develar y condenar, venga de donde viniere, cualquier tipo de sabotaje a los diálogos, cuyos efectos podemos sentir pronto si se hacen realidad las promesas de la guerrilla de iniciar actividades unilaterales que conlleven al cese de hostilidades. Así quizás sí pueda “presionar” al Gobierno para que haga luego lo propio, por fases pero sin cesión de territorio.
La confianza entre las partes y de la población es el blindaje de los diálogos. La claridad sobre las denuncias es clave para construir esa confianza que permita un acuerdo a mediados de 2015, reformas legislativas en ese segundo semestre, refrendación e implementación en 2017… Un camino largo, pero sobre todo frágil.
por Mario Morales | Ago 19, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Pasada la pirotecnia de nombramientos y reingenierías con las consabidas promesas de modernización (si es que los consejos de Tony Blair son modernos), los hechos siguen haciendo quedar mal al presidente Santos; es decir, retratándolo de cuerpo entero. (Publica el Espectador)
El solo empujón a un candidato a la Contraloría, además cuestionado en eficiencia y transparencia, le da, de entrada, un puntapié a la urna de cristal que adornó el primer período. Así no hay asesor de comunicaciones que pueda, aunque acredite rango ministerial.
Hicieron bien el Polo y los verdes en abstenerse en esta rebatiña burocrática con claro sabor de albricias electoreras. No hay sino que leer las pujas de la saliente contralora y el fiscal para entender el nivel de debates de nuestra política bananera. Tampoco le va bien al Gobierno con el cacareado incremento en el presupuesto 2015, con sus bengalas en el rubro de educación. No sólo es apenas un proyecto, sino que, si creemos la alerta roja de esa Contraloría, aún no se sabe de dónde saldrá esa platica, que es como el 10% del monto total.
$12,5 billones todavía tienen peaje en el Congreso, que, al vaivén de sus presiones, puede o no aprobar el manido 4 x 1.000 y el impuesto al patrimonio. El Gobierno seguirá, pues, empeñando (tapando un hueco con otro) sus decisiones para hacer mayorías, más allá de si Barguil llega a la dirección conservadora para pegarse a la Unidad Nacional. Y se pegarán, porque ahí están las lentejas… Y otros $11 billones están en el limbo porque dependerían de reintegros o falta de ejecución durante 2014. Una moneda al aire… Los que sí parecen fijos son $2,3 billones cuya mitad está dirigida a pagar la onerosa nómina de altos cargos judiciales… Para no hablar de salarios de otros costosos dignatarios.
Después de la peluqueada de rigor, habrá que ver si la tal inversión social sí existe, así el nuevo contralor no sea, como no va ser, tan inquisitivo. Entonces sabremos si tanto anuncio y tanto optimismo tenían algún respaldo.
por Mario Morales | Ago 12, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Y entonces uno trata de entender y dice para sí “así es la política”, y si insiste, hasta encuentra justificaciones: que los apoyos variopintos, y para nada desinteresados, fueron decisivos para la reelección de Santos, y que si no fuera por esos voticos, otro gallo cantaría y que en vez de esta politiquería estaríamos en manos de los delirios uribistas… (Publica El Espectador)
Y puede que sea cierto, pero puede que no, ahora que todos reclaman al presidente la autoría material e intelectual de su triunfo en junio pasado. Y así pareció que fue, una sumatoria de esfuerzos de partidos, agrupaciones, comitivas, equipos y facciones, cuyo aporte matemático es imposible de establecer… Salvo que ellos sepan cosas que nosotros no.
Con todo y eso resultan, por decir lo menos, repugnantes las presiones al primer mandatario dizque para lograr “representatividad” en los cargos ministeriales. Ha habido de todo: desde corrillos, declaraciones destempladas, entrevistas señaladoras, críticas acérrimas por la salida y entrada oportunista de algunos miembros, hasta la descarada inasistencia de los parlamentarios costeños de la U a la reunión que tenían con Santos ayer, dizque porque no tuvieron cuota suficiente en la flamante burocracia.
Dan vergüenza, ellos y los que así piensan, no sólo porque si actuaron con ese espíritu manzanillista no merecen estar al frente de nuestros destinos, sino por el cinismo de reclamarlo a los cuatro vientos, como si fuera un proceder ético o transparente. Se comportan como politiqueros, esa innoble raza instalada en nuestra historia, y ni tienen pudor de posar como tales.
Claro, se podrá decir que da lo mismo si lo hacen en secreto y no nos enteramos. Pero no. Algo va de las actuaciones indelicadas pero clandestinas a la “normalización” y legitimación de prácticas políticas cuasi convertidas en derechos adquiridos.
Esas presiones se mantendrán hasta la hora de alianzas y consensos que requiere el Gobierno en la agenda legislativa. Terminados los nombramientos, ¿qué queda? ¿Mermelada? ¿Con esos valores enfrentarán posconflicto, El Niño, la rabiosa oposición?
En las mismas…
Link: http://www.elespectador.com/opinion/mismas-columna-510257