Oportunismo y sabotaje

Por Mario Morales
Estamos en tal punto de crispación en el proceso de paz que no deja de ser paradójico que uno encuentre razonable el pacto propuesto por el procurador para blindar los diálogos.Sabida de antemano la intención electorera y oportunista de Ordóñez (plagada de perogrulladas, como esa de que más importante que la firma de un acuerdo en La Habana es que se cumpla), hay que rescatar su propuesta de diálogo institucional sin que ello signifique llamado al unanimismo. (Publica El Espectador)

El proceso requiere, ahora más que nunca, un entorno crítico y fiscalizador de cada punto acordado, y ahí es donde es necesaria una oposición firme pero cuerda.

No obstante, llamar oposición a la andanada de sabotajes, boicots y palos en la rueda como la silbatina al mininterior en el foro de víctimas de las Farc, las pseudonoticias de orden público, las falsas capitulaciones de Santos y los tuits incandescentes de Uribe no son más que falacias que les sirven de mascarada a quienes desde el autodenominado Centro Democrático quieren hacer de la paz su propio Halloween. Una cosa es que las víctimas de la guerrilla tengan todo el derecho a exigir participación en las políticas que se discuten o disientan de las propuestas del Gobierno, y otra muy distinta que a nombre de movimientos nebulosos pretendan no dejarlo siquiera hablar.

A medida que el proceso gana en seriedad y consistencia, sus enemigos —por celos y falta de protagonismo— se atrincheran en los instintos primarios que genera el sabotaje ramplón, ya no para controvertir sino para desprestigiar, deslegitimar y hacer perder credibilidad en los diálogos de La Habana.

Es cierto que el desafío más sensible de Santos tiene que ver con la visibilidad y los derechos de seis millones y medio de víctimas de esta violencia estúpida, pero le compete también no dejarlos caer en las garras del odio por el odio, el último reducto de quienes fueron incapaces de construir su propia paz.

¿Medios sin-fines?

Por Mario Morales

Tienen razón quienes reclaman más medios para la paz. El reto de los diálogos a la academia y el periodismo sigue sin abordarse con decisión. Un foro va, un hangout viene, mientras las redacciones tratan de amoldarse a las circunstancias como pueden; pero siguen en deuda, como lo constata el Observatorio de Medios de la Javeriana. (Publica El Espectador)

¿Y qué ha encontrado? Que el cubrimiento ha sido antes que nada emocional, sin agenda propia, contaminado por altas y bajas anímicas de fenómenos externos como elecciones e histerias furibistas.

No la tienen fácil los periodistas con el sigilo acordado en la mesa, pero han caído en trampas propagandísticas al oscilar entre comunicados oficiales y declaraciones no formales de Gobierno y guerrilla. La ausencia de hechos verificables catapultó la versionitis, el quién dice antes del qué pasa, originando corrientes de opinión contradictorias que confunden a las audiencias.

Ese cubrimiento a distancia ha propiciado que las acciones bélicas tengan un cubrimiento a veces exagerado, circunscrito al body counting y los daños colaterales, adobado, según la coyuntura, por interpretaciones interesadas de personajes piloto.

El epicentro narrativo se trasladó a Bogotá con rutinas mecanizadas: llamadas con idénticas preguntas o monitoreo del Twitter no pocas veces malintencionado de opositores. Y luego la disparidad de las encuestas…

El cubrimiento es machista y cuando los sujetos son femeninos se torna light (caso Tanja). A veces las formas discursivas de casos individuales llevan a la revictimización sin visión conjunta del conflicto. Hay confusión sobre la denominación de fases y momentos del proceso. La narrativa es dispar, asida del lenguaje de las fuentes, segregacionista con “el otro”, y vacilante en la configuración de su peso entre la guerra y la paz…

Y hay más… suficiente para decir que, en estos temas de paz, a los medios les han faltado fines.
Fuente. http://www.elespectador.com/opinion/medios-sin-fines-columna-523459

¿Apostando duro?

Por Mario Morales
No creo que sea factible, por irracional, la tesis extendida de que el mindefensa actuó motu proprio cuando reveló los viajes de Timochenko a La Habana. Por cercanía, amistad y lealtad, resulta imposible de creer que el ministro de voz altisonante e histrionismo tropero no haya reportado a su jefe antes que a la opinión los tales desplazamientos, bajo el supuesto de que los desconocía, lo cual hablaría mal de su inteligencia militar. El efecto hubiese sido pérdida del cargo por perfidia o incompetencia. (Publica El Espectador)

Tampoco suena verosímil que, con esta jugada riesgosa, Santos haya complacido la vanidad del pichón de candidato para 2018. Quedan pues tres opciones, o una con tres objetivos: para quitarle la iniciativa en las agendas pública y mediática al furibismo; para coagular el ambiente, como sugiere Semana, anticipar debates y calibrar opiniones para cuando haya que hacer concesiones al jefe guerrillero, y para que sirva como pretexto y aliciente de una reforma que provea fondos a las arcas vacías del posconflicto.

Algo similar se puede decir de las filtraciones de la presunta cumbre Farc-Eln en la capital cubana, sobre la cual el Gobierno decidió no hablar más, cuando ya la especie estaba rodando a manera de globo de ensayo, hasta que fue “confirmada” por el analista León Valencia con la ñapa informativa de que ya había conversaciones de casi tres meses en otra parte del continente.

Se trata de la técnica de contaminación, usada en propaganda política para quitarle “suministros” al adversario, mimetizar su estrategia para confundirlo (y de paso a la masa) y obligarlo a pasar de la acción a la reacción. Evita confrontarlo y lo desplaza con seres de carne y hueso.

Así, Santos levanta, al estilo del flop en póquer, todas esas cartas al tiempo, junto con la del contenido de los acuerdos alcanzados en Cuba, de manera que ni la opinión ni la oposición tengan tiempo de digerirlas ni de reaccionar a ninguna en particular. Apuesta dura, sin duda… Si fuera ella intencional…

Fuente: http://www.elespectador.com/opinion/apostando-duro-columna-522207

Descachados

Por Mario Morales

Es cierto que la justicia estadounidense comete errores. Baste citar los recientes casos del carpintero y el pastor con causa de extradición a ese país. (Publica El Espectador)

Es cierto que la justicia estadounidense comete errores. Baste citar los recientes casos del carpintero y el pastor con causa de extradición a ese país.

Es cierto que lo que pasa aquí da desconfianza. Un fiscal aferrado a prebendas; otros que dejan sueltos a matones en potencia; procesos en los que no se sabe quiénes son víctimas o victimarios (casos Colmenares o Gette).

Es cierto que se quiere impartir justicia fácil, a punta de leyes y decretos. Si no pudieron las penas de cárcel, mucho menos las multicas para evitar el descontrol ciudadano…

Pero de ahí a poner en tela de juicio, como lo ha hecho el descachado cubrimiento mediático, la condena de 10 años de cárcel para la científica colombiana que, según la juez, intentó asesinar a su examante y colega, habla de nuestro folclorismo, prejuicio y una mal pretendida solidaridad y patrioterismo.

Una cosa es que sus familiares se nieguen a aceptar la culpa o la condena, pero otra que buena parte de nuestro periodismo se haya unido gratuita y sutilmente a voces de protesta por el fallo, sin argumentos racionales.

El problema es triple: creer que, de veras, los medios sustituyeron a los tribunales; centrarse en la condena y no en el delito, y salir en defensa de la presunta victimaria con argumentos peregrinos, clasistas y estigmatizantes, como esos de su rol de científica, grado académico o prestante apellido, como si fueran blindajes para sus pasiones y debilidades.

Acudiendo a tradiciones y heráldicas han pasado de agache ante la justicia desde presidentes en ejercicio…

Ese enfoque que apela, sin bases sólidas, sólo a la injusticia no ayuda a comprender el contexto, se olvida de la víctima de hecho y alindera a las audiencias de manera efectista y emocional.

Hay que diferenciar entre el apoyo a una compatriota caída en desgracia —lo cual es caritativo y plausible— y tomar partido por el camino de la sensiblería. Dura es la ley, pero es la ley… hasta que se demuestre lo contrario.

Esos estándares de decencia

Por Mario Morales
Cada quien ve lo que quiere ver. Pudo más la indignación por el show hipócrita del uniforme de las ciclistas que por el descarado despliegue debido a que dizque en el país disminuyeron la pobreza monetaria y la extrema. (Publica el Espectador)

Una luz incidental y su efecto evidentemente no deseado dieron para que aquí y afuera los doblemoralistas rasgaran vestiduras porque ese mediocre uniforme es “inaceptable para cualquier estándar de decencia”, según la UCI y críticos domésticos.

Como si aquí lo único “pornográfico” no fueran el hambre y la falta de implementos para los deportistas que comienzan…

Tan pornográfico como las campanas al vuelo por las cifras del DANE y Planeación citadas por el presidente Santos, según las cuales en los últimos cuatro años han salido de la pobreza 3,6 millones de personas.

Si nos quedamos con el comunicado, titulares mediáticos y el extra del crecimiento económico del 4,3% en el segundo trimestre de 2014 (que es como se informa la mayoría, y se forma opinión pública), “somos capaces” de creernos ad portas del mejor de los mundos.

Y antes que aparezcan los técnicos con sus manidas justificaciones, digamos que ésta no es siquiera una crítica al modelo de registro implementado desde 2008.

Aquí lo escandaloso es la candidez que tienen, o con la que nos quieren ver, al decir que una persona sale de la pobreza si tiene ingresos de $208.404 mensuales ($6.947 diarios, para necesidades alimentarias y no alimentarias), así lo multipliquen por cuatro, en el modelo de hogar que tienen.

Y ni mencionemos la línea de pobreza extrema o multidimensional, como la llaman con pompa, que es de $92.312 mensuales por persona, $3.077 diarios. Esos estándares, ¿no faltan a la decencia y a la dignidad humana?

Una cosa es que sean un poco menos graves las condiciones de indigencia y postración de cuatro de cada 10 colombianos; otra, demagógica, decir que salieron de la pobreza… Pero como el país anda mirando los uniformes de las ciclistas…

Suscribir
Twitter
Visit Us
Follow Me
YOUTUBE
LinkedIn
Instagram