por Mario Morales | Ago 5, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
No sólo en el lenguaje quiere parecerse el presidente Santos al quehacer futbolístico. Como los técnicos más tercos, que son mayoría, insiste en mantener su estructura ministerial con los más leales, así no sean los más eficientes. Ve o dice ver en ellos cualidades que el resto de los mortales desconocemos. Por eso la ratificación de Juan Carlos Pinzón como mindefensa no sorprende. Como amigo y funcionario, Pinzón funge de yes man (así pose de lo contrario) de Santos desde cuando éste fue ministro de Hacienda y Defensa. (Publica El Espectador)
Eso, sumado a la tradición militar en la familia de Pinzón, convenció a Santos de no arriesgar la aparente calma con el estamento castrense. Y para ahuyentar dudas de su rol, ex profeso, como álter ego contradictor, el mismo Santos dijo ayer cándidamente para qué lo tenía en lo nómina: “No es que esté desobedeciendo… Todo lo hace en coordinación con el presidente”. Confirmado, lo del tonito es pura impostura. Algo similar se puede decir de las otras ratificaciones o enroques, abstracción hecha de la “novedad” de Juan Fernando Cristo en Mininterior, con quien coqueteó, a nombre de los liberales, desde la primera vuelta electoral. Deuda saldada. La que está pendiente con el país es la de enderezar la agenda legislativa que acune el proceso de paz y sus eventuales acuerdos.
Pero donde se piden cambios urgentes es en educación, cultura y comunicaciones o TIC, a falta de expertos. Ya fue suficiente de pirotecnia, timonazos y palomitas burocráticas para quienes han demostrado no ser interlocutores válidos o sólo conocen una parte de esos sectores complejos, diversos y plurales.
La más cuestionada es la mineducación, pero paradójicamente es quien está más cerca de reconfirmación, montada en las promesas del anunciado revolcón a la educación superior para el posconflicto. ¿No hay nadie más? Enorme reto para la táctica santista y su mentado segundo tiempo. ¿Tozudamente le apostará Santos a la fidelidad o privilegiará la idoneidad?… Tampoco habrá sorpresas.
Link: http://www.elespectador.com/opinion/solo-tilin-tilin-columna-508923
por Mario Morales | Jul 29, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
No se entiende esta bipolaridad. Exigimos cuanta verdad sea necesaria, pero a la hora de los mameyes, rehuimos, por conveniencia, negligencia o pragmatismo, el encuentro con la realidad.No fue sino que avanzara la idea de Iván Cepeda de hacer debate de control político por la presunta relación de Uribe con paramilitares de Córdoba y Antioquia para que el país mostrara su doble faz. Y no digo el país de los políticos, en el que era previsible que hundieran la iniciativa, como lo hicieron ayer, exhibiendo orondos sus rabos de paja, no fuera a ser que las responsabilidades también los alcanzaran. (Publica El Espectador)
No, hablo de ese otro país con voz que se escandalizó porque el flamante Congreso se iba a ocupar del asunto, que les pareció nimio e inoportuno frente a agendas más efectistas e inmediatistas con el común denominador del reformismo y el populismo.
Es ese país que no entiende que la verdad es la premisa para superar ese oscuro pasado y enfrentar el difícil trance que espera a los diálogos de paz en su fase de refrendación. Si no salen a flote los responsables intelectuales de todas esas tragedias seguiremos como un corcho en torno a las venas abiertas por las violencias de derecha e izquierda y por las grandes tramas de corrupción.
No es echando tierrita como avanzamos, o retrocedemos, en la reconciliación. Y no la lograremos si seguimos volteándole la cara a la justicia como en las penas al “pobrecito” exministro Arias o a quienes calumnian e injurian en los foros mediáticos, como sucedió en Cali, con argumentos peregrinos como que “no se robó ni un peso” o parapetados en la libertad de expresión.
Antes que acelerar, como pide el presidente del Senado, hay que incentivar las comisiones de la verdad e insistir en investigaciones que esclarezcan hechos, hallen culpables y cuenten las verdades que permitan paliar nuestras esquizofrenias. @marioemorales
por Mario Morales | Jul 24, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Son pocos los colombianos que terminan lo que comienzan, decía Alfonso López Michelsen a propósito del emprendedurismo vacilante propio de nuestra nacionalidad, que hace que le jalemos a todo, alardeando de polifacéticos, para terminar consolándonos, como decía el poeta Gonzalo Arango, con la creencia de que no llegar es también el cumplimiento de un destino. (Publica El Espectador)
Son menos todavía los que al cabo de esfuerzo pueden levantar las manos al cielo y decir, como acaba de hacerlo James Rodríguez tras su fichaje con el legendario Real Madrid, “sueño cumplido”.
Y muchos menos aún quienes logran todo ello en la alborada de la vida, haciendo gala no sólo de dones propios de su disciplina, sino de una madurez que termina por despertar ese vago sentimiento que el diccionario define como envidia. Porque eso tienen el fútbol y el deporte y la música y la literatura; que logran con los artilugios de la emoción, la identidad, el patriotismo o la envidia sublimada que sintamos algo de eso como nuestro, así no lo sea, como no lo es.
Porque si lo fuera, sabríamos lo que significan la solidaridad, el respeto y esos otros atributos que tienen las comunidades distintas de este linaje, engendro de la agresión y la barbarie, que evidencia el informe de Forensis de Medicina Legal, cuando registra que un colombiano es herido por otro cada 3 minutos, y que en cerca del 14% de los asesinatos el victimario es un amigo o conocido.
Pero ni James, Falcao, Montoya, Shakira o García Márquez, que conocieron la gloria temprana, lo hicieron en razón de su cuna. Tomaron caminos arriesgados y tortuosos.
Siguen dando ejemplo y propagando el virus que produce esa sonrisita optimista con la que hoy andamos, muy a pesar de las promesas actuales, que incumplirán, de legisladores y gobiernos repitentes, responsables de tanta frustración y sueños fallidos.
por Mario Morales | Jul 8, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
No se podrá quejar el presidente Santos del momento emocional que vive el país, que lo catapulta y le extiende un cheque en blanco para el inicio de su segundo mandato. Ese 70% de imagen positiva que reporta la encuesta del Centro Nacional de Consultoría no se lo esperaba ni el más optimista de los hinchas de su campaña. (Publica El Espectador)
Luego del calvario que vivió entre primera y segunda vueltas por cuenta de las deficiencias de ejecución en sectores claves, reiterados errores comunicacionales, propaganda sucia y el reacomodamiento político, burocrático y (por qué no decirlo) clientelista, los indicadores de percepción y aprobación se incrementaron en más de 25 puntos porcentuales. Y todo en tres semanas.
Difícil saber cuántos de ellos corresponden al desempeño de la selección, cuántos a los indicadores económicos —especialmente de empleo—, cuántos a lo acordado en La Habana y cuánto pudo haber descendido después de la derrota ante Brasil, toda vez que el trabajo de campo del sondeo se hizo en los días previos a esa instancia, que fueron los de mayor efervescencia.
Nunca habíamos gozado tanto juntos, pero tampoco nunca habíamos pasado por un trance tan duro como la eliminación, cuyo guayabo estará ahí, por lo menos, hasta una semana después del certamen orbital. Y eso resta.
Como restan la mordida inexcusable al presupuesto de Colciencias —sin que haya habido reacción o reparación— y la rebatiña politiquera por los ministerios y nombramientos en otros cargos de primera línea.
Ya no tiene excusa este gobierno. Pidió tiempo y lo tiene. Pidió respaldo y lo tiene. Ahí está ese 64% de encuestados que creen que los diálogos sí van a resultar. Además no tiene que ahorrar en favorabilidad para lograr resultados con decisiones que no sean del todo populares.
Ojalá Santos haya aprendido la lección y se deje de ambigüedades, contemporizaciones, patrasiadas e improvisaciones, sellos de su primer gobierno. Lo tiene todo servido en bandeja…
por Mario Morales | Jul 2, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Quizás haya que recordar, como lo hizo con su proverbial humildad Carlos Sánchez, el rendidor volante de la selección de Colombia, que el fútbol es un tema emocional. ¿Nada más? Esa consideración tal vez sólo les sirva como pretexto, que no justificación, a los 22 jugadores en contienda y a sus cuerpos técnicos, pero no al resto de humanos, no obstante que palpitemos con el Mundial. (Publica El Espectador)
Esa olla a presión es el contexto donde se suscitan mordidas y falsos arrepentimientos para garantizar contratos o rebajar sanciones, caso Suárez, o donde un jugador hace trampa, simula falta, “produce” penal y se arrepiente en Twitter y después se arrepiente de haberse arrepentido públicamente, caso Robben.
Y así… Pero esa emoción superlativa no puede servir de mampara para que el resto de mortales hagamos o digamos impunemente. Comencemos por la profundización de los ultranacionalismos que reviven querellas históricas nunca superadas. O por el extravío del sentido común, como pasó con el muy ecuánime mandatario uruguayo Mujica, que dejó trastocar su dignidad por el sentimiento colectivo. O por la confusión de los fanáticos entre celebración y desmadre, o entre orden y autoritarismo por parte de autoridades, no siempre competentes.
O por la ceguera de autodenominados “profesores” o “comentaristas” que traicionaron audiencias y convirtieron sus tribunas mediáticas en trincheras de bajas pasiones. O por el cubrimiento informativo del certamen que reabrió brechas entre periodismo y el llamado “periodismo deportivo”, hoy también usurpado por figurones y contaminado por malas prácticas.
Por lo demás, se vale soñar e ilusionarse con una selección que en lo individual se formó desde tempranas edades en el extranjero pero tiene ideología de trabajo colectivo y concepto de familia como sustrato para no contaminarse por nuestro histórico movimiento pendular entre conformismo y triunfalismo.
Más allá del resultado deportivo, ese es su mejor legado y ejemplo: hacer que el fútbol trascienda el tema emocional. Se puede.
por Mario Morales | Jun 25, 2014 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
No es novedad que no sepamos comportarnos en la celebración, las redes sociales ni en la coyuntura política. Pero a nadie parece interesarle. Especialmente a las autoridades de todo nivel que optan, sin gasto neuronal, por el prohibicionismo y el castigo. El camino fácil… (Publica El Espectador)
Hemos demostrado con toda clase de víctimas y secuelas que no estamos educados para la fiesta, la conversa pública y el disenso ideológico, en lo cual nos comportamos como trogloditas.
Podríamos esgrimir, con algo de razón, que no ha habido educación ciudadana en ninguno de esos tres aspectos, como en casi ninguno que tenga que ver con la esfera pública. Somos analfabetas disfuncionales en el relacionamiento con los demás. Pero la mayor responsabilidad la tiene el Estado, nacional, distrital y local, que ve estas interacciones desde la perspectiva de “orden público”, pero echa por la borda iniciativas privadas, comunitarias y de la academia.
Más que lo que tuiteó la modelo exembajadora de Unicef, mucho más que lo dicho por los periodistas australianos o que lo que señalen en el exterior si la Selección sigue su periplo triunfador, se ve mal, adentro y afuera, que solo podamos tener jolgorio en espacio público con medidas de fuerza, toques de queda, ley seca, restricciones vehiculares y amedrentamiento punitivo.
Concentraciones en parques por iniciativa oficial, campañas disuasivas con apoyo mediático y políticas públicas que privilegien la educación y el imaginario de unión nacional son eventuales soluciones que les suenan endebles a los funcionarios, que prefieren detenciones y sanciones para lavarse las manos y “mostrar” medidas exitosas.
Ahora que se especula con nombramientos en carteras taquilleras, es necesario volver a tener un ministro de Educación, presupuesto decente para la cultura y contenido ciudadano para las TIC. A ver si notamos la diferencia entre los bárbaros que se tiran la fiesta y los que imponen esas medidas…