¿Éxito o frustración?

Por: Mario Morales
No. No puede presentarse como un éxito la primera fase del bombardeo de la coalición internacional contra Libia.
Sería suficiente con citar que al momento de escribirse esta columna la cifra de víctimas por la operación ‘Odisea al Amanecer’ se acercaba al centenar, sin tener precisión por el saldo de la criminal represión del dictador Gadafi. (Publica El Espectador)

El inicio de esta guerra luego de las frustrantes experiencias de Irak y Afganistán, forma parte de las capitulaciones de Occidente (si Occidente es EE.UU., Francia y Gran Bretaña) en la construcción de su pretendido destino humanista.

“Ah, pero es que Gadafi…” ripostarán muchos. ¿Sólo desde el 15 de febrero, cuando recrudeció la represión, era Gadafi un dictador y un peligro para la humanidad?, ¿o lo ha sido estos 42 años durante los cuales quiso construir, a sangre y terror, su versión de un Estado de opinión? Hay que reconocer que ha habido mucho de hipocresía en estas cuatro décadas.

¿Qué tiene Libia, al cabo de un siglo, cuando sólo era destino para migraciones, que logra poner de acuerdo a la velocidad de un tomahawk, a algunas potencias mundiales para embarcarse en una nueva guerra?

Petróleo, responderán en inglés y con la misma velocidad, algunos. Oportunidades de negocio ripostarán otros en italiano y francés. Bastión de il risorgimiento árabe, escribirán con caligrafía musulmana otros. Defensa de los civiles, alegarán con timidez otros. El mercado de las armas, imponer el estándar de humanidad de Occidente… En fin.

Bastó con los primeros misiles para que en un santiamén España y, con temores, Italia, se unieran a la cruzada; y para que Londres, con manifiesta desconfianza, pidiera que sea la OTAN, es decir la comunidad internacional, la que decida el rumbo de las operaciones y no los intereses de las naciones.

Tenía razón Konrad Lorenz, el patrón de comportamiento de los seres vivos es la agresión. Todo lo demás parece accesorio: la vida, los derechos humanos, la autodeterminación de los pueblos. No sobrevivirá esta cultura si parte de considerar la guerra como la razón última. Más aún si se multiplican los pretextos con dementes como Gadafi. ¿Habrá tanta celeridad en la reconstrucción?

¡A bordo!

Por: Mario Morales
No lo entienden, presidente.Y todo por ese vicio tan nacional de encasillarlo todo. Decepcionados por haberlo descubierto como de izquierda, esos mismos lo recalifican hoy de neoliberal. Y todo por exponer el proyecto de reforma a la Ley 30 de educación superior. La hubiera mantenido en secreto. (Publica El Espectador)
Porque no hay tiempo para discusiones académicas interminables. No es momento de debatir si la educación pública es un derecho, un deber y menos una obligación del Estado. Hay que ser, como diría usted, pragmáticos. Sólo se necesita una firma para, haciendo eco de los más pobres, decretarla como una oportunidad y, para ser incluyentes con los más ricos, para que sea una oportunidad de negocio.

Ya es hora de dejar ese paternalismo que nos tiene como nos tiene. Si de mantenidos hablamos, ya tenemos suficiente con la guerra. Hay que abrirle las puertas al capital privado que se levanta todos los días con el mejor de los ánimos, el de lucro.

Que sean ellos los que pongan la plata y digan qué profesionales necesitan. Dos pájaros de un solo tiro: cobertura y empleo garantizado. Ya basta de doctores y magísteres que todo lo critican y sólo sueñan con irse del país. Lo que este país necesita son muchos Sena con más pedigrí. ¿Quién no necesita un técnico? Desde el Mindefensa hasta el Club Millonarios. Lo de los salarios es otra discusión. No pretenderán también mejorar su calidad de vida.

Que las universidades públicas se diversifiquen, que luchen por nuevos clientes (a ver si entienden lo que significa formación por competencias) y que se abran al capital todopoderoso y progresista. Ahí tienen el magno ejemplo de la reforma a la salud.

El resto, autonomía universitaria, calidad educativa, sistema salarial docente, son asuntos menores. Lo importante es que las universidades públicas (¿o mixtas?) sean viables para el paso arrollador del tren de la productividad.

Y para los que eligen entre comer y estudiar, o endeudarse hasta los tuétanos para capacitarse, que tengan claro que la educación no es para todos. ¡Alguien tiene que trabajar!

El problema no es de ideología, presidente, recuerde que los ceros sólo cuentan cuando están a la derecha. Pasajeros de la productividad, ¡a bordo!

Por qué el afán?

Por: Mario Morales
Con más de 200 frentes de obra abiertos, el invierno que arrecia y la ciudadanía en contra casi de manera unánime, iniciar en mayo un proyecto tan cuestionado como Transmilenio ligero por la carrera séptima no parece más que otro salto al vacío del alcalde Samuel. (Publica El Espectador)
Puede que él tenga claro (algo es algo) que sólo el balance de su gestión significará su muerte política y que haga lo que haga no puede caer más bajo en favorabilidad. Pero algo va de su determinismo a los intereses de la ciudad en términos de movilidad, tiempo y eficiencia en la inversión.

La inconveniencia de la obra en estos momentos es tan evidente que hasta funcionarios de la administración y del mismo sistema Transmilenio se oponen, sotto voce, a TM ligero, que no es ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario.

La Sociedad de Mejoras y Ornato, Corposéptima y la veeduría “La Séptima se respeta”, entre otros, han abundado en argumentos acerca de la improvisación e inconveniencia en modos y tiempos por escasez o carencia de diseños y de compra de predios y por el impacto en esa vía, que mueve 40 mil usuarios cada hora, y en las aledañas.

Si la ciudad ahora es un caos, desde mayo promete ser un verdadero infierno por el bloqueo casi total, inaccesibilidad, deterioro y efectos en el tiempo y la economía de ciudadanos y vecinos del sector, que lo somos todos, así sea temporalmente.

Al lado de sueño de ciudad, parece un “proyectito” (después de 14 meses sólo llegará hasta la 72) que sólo tomará forma cuando haya metro, si lo hay. Es, pues, una manera de ensillar, antes de tener las bestias. Y según expertos, como se “pensó” está condenado al colapso.

Con razón ya anda una acción popular para suspender el contrato mientras se compran todos los predios y se tienen diseños serios. Y con más razón líderes ciudadanos recogen firmas, ya suman 9.000 en papel y 4.000 en internet (www.laseptimaserespeta.wordpress.com), para recordarle al alcalde que la ciudad es de todos y sus decisiones también.

Tanto como la obra preocupa la premura. Alcalde, usted no la entregará terminada. ¿Por qué tanto afán?

No se entiende

Por: Mario Morales
Es difícil asimilar en simultánea los informes de Codhes, la oficina de la alta comisionada para Derechos Humanos de la ONU, el DANE y la más reciente encuesta de percepción de Gallup. (Publica El Espectador)
Nos hablan o de una población bipolar o que sólo piensa con el deseo o que pertenece al movimiento de los perfectos hipócritas, “institucionalizado” por el exasesor presidencial José Obdulio Gaviria.

No puede ser que hayan sido las liberaciones de los secuestrados por las Farc las que hayan afectado, en este país humano, solidario y católico, la percepción de favorabilidad del presidente Santos, si le creemos a Jorge Londoño al explicar la encuesta Gallup.

Si la suerte de quienes han estado en las agendas mediática, política y pública tienen ese efecto contrario, ¿qué puede esperarse de los 280 mil desplazados que hubo en 2010, según Codhes; o de los 26 sindicalistas asesinados el año pasado según la oficina para los Derechos Humanos de la ONU? Indolencia pura.

Pero tampoco se entiende que quienes creen que están empeorando la corrupción, la inseguridad y el manejo del costo de vida, y que están cerca o por encima del 60% de los encuestados, premien a los responsables de las políticas en esos temas con favorabilidad por encima del 70%. Desconcierto total.

La sola exposición de la descarada repetición de montajes en desmovilizaciones de seudoguerrilleros y seudoparamilitares, que no son, como sabemos, noticias de la última semana, daría para un alto índice de indignación y petición de justicia en cualquier encuesta.

Lo que está pasando en Bogotá, donde el 85% (una mayoría inédita en las dos últimas décadas) descalifica al alcalde, y con sobrada razón, debería ser espejo para una buena parte del resto del país que se siente en una monarquía y no quiere conectar los problemas nacionales con los gobernantes.

Sí, ya sabemos, percepción es emoción, y peor aún si es inconsciente. ¿Víctimas del gen del optimismo porque sí, del gen de la doble moral o del gen de la estupidez? Pistas que ayudarían a entender la inexplicable génesis del teflón y su permanencia todos estos años.

Wikileaks o los pergaminos nacionales

Por: Mario Morales
El huracán Wikileaks ha vuelto a soplar y a sacudir cimientos de la historia oficial reciente. La publicación en contexto que inició este diario, más los cables en otros medios, ponen el ojo en “verdades” y versiones incompletas que pasaron de agache en el último lustro. (Publica El Espectador)

El especial de El Espectador aireó el inicio del escándalo parapolítico, la salida de madre de las “autodefensas” y la explosión de las bacrim ante la impotencia estatal en 2006. Los cables ventilan el confesionario ante la Embajada de EE.UU., los egoísmos de los primeros salpicados, la politización abierta de jefes de organismos de control, el retrovisor de Uribe para obviar responsabilidad y la paranoia social de entonces.

A la par, cables en otros medios cuentan la frustración de la ONU y las malas relaciones con el gobierno Uribe y reabren el capítulo de dudas de la ‘Operación Jaque’, con la cual quedaron en libertad Íngrid, tres estadounidenses y otros siete secuestrados por las Farc.

Según Wilkileaks, el 24 de junio de 2008, una semana antes de ‘Jaque’, la Embajada de EE.UU. envió un cable que relataba la oferta de alias César para liberar a esos secuestrados a cambio de ir a Francia con su esposa y su hija. El cable confirma lo dicho (¿ingenuamente?) por Uribe el 25 de mayo de ese año en el consejo comunitario de Florida, Valle, acerca de ese ofrecimiento, del fondo de recompensas de cien millones de dólares para insurgentes que se desmovilizaran y entregaran secuestrados y de enviarlos a Francia mientras se aclaraba su situación.

Coinciden con la versión de los tres exabogados de alias César en Noticias Uno, tres meses más tarde, acerca de una negociación con agencias de seguridad de EE.UU., a cambio de la libertad de alias Doris Adriana, esposa del exguerrillero, extraditados los dos a ese país en 2008.

Veremos. Por ahora es válido imaginar que quizás esos cables sean parte de los proféticos pergaminos de Melquíades “reescritos” por Gabo, para entender este “remolino de polvo y escombros” del presente con base en hechos recientes, y que con el correr de las páginas nos permitan saber si seremos arrasados por los vientos o si tendremos una segunda oportunidad sobre la tierra.

Cosas del ‘rating’

Por: Mario Morales
No es culpa de la abuela que «tele-vive” todas las noches en su sillón, desde el Minuto de Dios hasta que se despierta (para irse a dormir) con el Boletín del consumidor. (Publica El Espectador)

Sin atisbo de demencia, no es posible convencer a esta matrona venerable de que el presidente Santos no es el nuevo antagonista de la miniserie Confidencial del Canal Caracol o de que Ernesto Benjumea no es ahora oficial de la reserva del Ejército Nacional.

El traslapo entre el cubrimiento de la liberación de seis de los secuestrados en poder de las Farc y la recreación, con óptimo nivel dramatúrgico, de hechos similares del pasado reciente lleva, en continuidad narrativa, a la audiencia a sentirse en una cinta de Moebius, entendida como unión de elementos que en apariencia se excluyen, ficción y realidad, pero dan lugar a un nuevo relato tanto o más verosímil.

Claro, al comparar documentalismo periodístico y dramaturgia, pierde el primero que se quedó en registro y reiteración sin emoción (recepción, sancocho y epítetos de extremistas de derecha). Pero al tele-vivirlas enfranjadas resultan complementarias por el contexto y humanismo que brinda un libreto distanciado de la pornomiseria de algunos seudocronistas.

Son puestas en escena, que el presidente Santos llama show mediático, con actuaciones planeadas (y cínicas) como la de la guerrilla, o subrepticias como las del gobierno, impostando el rol amenazante (que ya es escuela) para construir el verosímil de autoridad. ¿O acaso Santos era el único que no sabía el libreto encasillado de la guerrilla que no encontró otra manera de narrarse? ¿O prende una vela a Dios y otra al diablo para calibrar la opinión pública?

¿O no hay sobreactuación en algunos sectores que se erizan con estas telehistorias sentimentales, prefieren las de acción y piden que no haya liberaciones sino rescates?

¿O no son líneas argumentales secundarias esas del peso o corbata de los liberados?

Cumplen su función en lo mediático y lo político, que subsisten en sus relatos gracias al suspenso, el ocultamiento y la reiteración, sin que las audiencias, incluida la abuela, presientan desenlace a la vista en el mundo real. Cosas del rating.

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