por Mario Morales | May 24, 2016 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Ver lo que está pasando en el Catatumbo ha sido como un fogonazo de lo que es, de lo que será la Colombia en el mal denominado posconflicto. La desaparición de la periodista Salud Hernández y el asedio a trabajadores de otros medios, pone otra vez en la palestra el riesgo de ejercer la reportería, y ella es reportera hasta los tuétanos, en zonas rojas como la del nororiente que dormía el sueño injusto del olvido por parte del Gobierno y medios. (Publica El Espectador)
Que son siete, se dice; que son nueve, se responde; que son muchas, se concluye, las zonas donde compatriotas no conocen, ni tienen esperanza de conocer los efectos de la paz por acuerdos que haya.
Dos aspectos agravan la situación: Que son las zonas de siempre (en Arauca, Antioquia, Chocó, Putumayo, Nariño, Norte de Santander); y segundo, que la crisis se intensifica con el vacío de poder que deja el repliegue de las Farc. Y no se trata de una añoranza, como la del manido verso de Kavafis: “¿Y qué será ahora de nosotros sin bárbaros? Quizá ellos fueran una solución después de todo”…
Hay que entender que el conflicto pleno y redivivo no admite más el “post” como prefijo, porque nos arranca del doloroso presente y nos pone en perspectiva de futuro y de procuración.
Hay que dejar de hablar, aún con firma en La Habana, de la paz en sentido genérico, para referirnos solo a la negociación con las Farc, si reconocemos que esa paz, como el país, el territorio, el poder y hasta las armas no existen de modo integral, sino que están hechos de pedazos, intereses particulares y bajas pasiones.
No son apenas giros idiomáticos o conceptuales. Se trata de comenzar a reconocer nuestra precariedad sin tanto júbilo inmortal.
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Moraleja: Muestra de ese país con conflictos reciclados son los ríos que se desvían por intereses carboníferos, casas por cárcel a “empresarios” deprimidos, falsos dilemas entre narcotráfico o secuestro, niños muertos por inanición o parataxistas que toman justicia por propia mano. Triste radiografía.
por Mario Morales | May 20, 2016 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Me da mucha pena, como solía decir Juan Manuel Santos cuando era columnista, pero voy a insistir una vez más en que el presidente no es la persona idónea para comunicar lo que pasa en el gobierno. Él y sus asesores deben sincerarse y reconocer que entre el mandatario y los colombianos de a pie no hay conexión. Como no la hay con la estrategia que ha cambiado de manos como una papa caliente. (Publica El Espectador)
Lo demuestran las encuestas de (des)favorabilidad, y lo reconfirma el mismo presidente cada vez que se dirige al país, como sucedió en esos siete minutos desangelados y aburridos de antenoche.
Lo importante no es la forma, me endilgarán. Acordada la indudable importancia de los avances del proceso de paz, aunque sus implicaciones sean debatibles, todo “lo demás” luce desubicado, inconexo y distante. Como por salir del paso.
El discurso fue soso y lento como un informe técnico, sin historia como riel conductor, sin seres humanos como epicentro de la narrativa. Esa estructura es repetitiva y plana, aunada al tono cansino e impostado de Santos, como si no presintiera la diferencia de auditorios con los que compartió ese día: televidentes, líderes gremiales y dirigentes políticos.
No se notó un esfuerzo coordinado ni en el fondo ni en la forma por emocionar y convencer a pesar de que repetía que se trataba de buenas noticias. Los gestos mecanizados, ceño fruncido y el rostro congestionado, con ese aire de preocupación de Santos, contradecían sus frases y sus énfasis.
Ese plano visual de busto parlante no le va, como tampoco, insisto, la escenografía que lo hacía ver encerrado y solitario en su estrecho despacho, con una bandera recogida y un escudo torcido. Las formas también narran.
El presidente debe saber que hay que innovar en relatos auténticos que incluyan la cotidianidad de las gentes, que es tiempo de desacartonarse, de construir imaginarios honestos y de sorprender en cada aparición; pero también de pensar en un vocero que transmita, que cuente y que ilusione.
por Mario Morales | May 12, 2016 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Uno no sabe qué es más preocupante: si la actitud antidemocrática del expresidente Uribe o el culiprontismo de los medios para sobredimensionar hasta sus eructos. (Publica El Espectador)
Eso de amenazar (por que fue una amenaza y no un anuncio), a través de una entrevista televisiva, que estaba pensando en llamar a la resistencia civil, no solo demuestra el espíritu antidemocrático del ahora senador, que el país le conoce desde que en mala hora llegó a la política, sino que sigue sumido en su proceso de negación, ensoberbecido por los likes irreflexivos de sus redes sociales, creyendo que el país gira en torno a él.
Lo grave de la amenaza es que, no importa lo que salga de la mesa de La Habana, Uribe y sus áulicos no sólo se van a oponer a todo acuerdo, sino que lo van a petardear a como dé lugar. No esperarán a conocer los términos de la agenda porque, y ha quedado claro una vez más, su problema no es el alcance de la negociación o sus presuntos efectos, sino su enfermiza oposición a cualquier tipo de paz.
En medio de su megalomanía alcanzan a atisbar que el país no los necesita más y que se quedaron sin oxígeno con su prédica guerrerista.
Pero tan preocupante como ello, decía, es la narrativa periodística desde la perspectiva de enemigos que convirtió esa amenaza en un una declaración, sin fijarse en su contexto, que como se ve, no era más que una pataleta de quien se siente desplazado, hasta el punto que en sus balbuceos delirantes no acertó a decir en qué consistiría esa resistencia.
Pero gracias al perifoneo mediático, y a que los medios lo convirtieron en el top of mind de la agenda, ha tenido tiempo de ir configurando su globito de ensayo, que por lo pronto lo único que tiene claro es el poder de transmitir miedo y terror a los pobres ciudadanos que estaban dudando si apoyar o no el proceso de paz.
Nada de raro en el personaje de marras y nada de raro en los medios, embebidos en sus ratings, en sus vanidades y en sus victorias pírricas de espaldas al país y a su gente.
por Mario Morales | May 5, 2016 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Sobre el papel, 2016 pintaba como un año con mejores garantías para mejorar los indicadores de libertad de prensa en nuestro país, pero todo indica que vamos de para atrás.La sensible disminución en la intensidad del conflicto armado y la ausencia de elecciones daban para creer que el ejercicio del periodismo tenía un ambiente más propicio. (Por Mario Morales)
Pero las informaciones, al cabo de estos cuatro meses, tanto de la Fundación para la Libertad de Prensa como de la Federación Colombiana de Periodistas son un campanazo de alerta para autoridades y gremios, pues las agresiones y amenazas vienen creciendo de manera desproporcionada.
Según Fecolper, los 70 casos de violencia contra la prensa este año ya constituyen el 80 % del total de agresiones en 2015. Y al mirar, en promedio, el número de violaciones a la libertad de prensa con respecto al año pasado, que documenta la Flip, en este primer cuatrimestre hay un incremento cercano al 25 %. Ya hay 27 amenazados, siete agredidos, cuatro tratados inhumanamente y 14 a los que se les ha obstruido su labor.
Ese crecimiento reafirma la tesis de que los principales victimarios de periodistas, en tiempos recientes, son las bacrim y los corruptos, y al lado de ellos servidores públicos que se creen intocables y ven a la prensa como el único obstáculo para sus actividades, frente a una justicia inoperante y corresponsable, por omisión, en medio de la casi absoluta impunidad reinante.
Con un agravante: el desprestigio y la estigmatización, que suman una decena de casos al decir de Fecolper, a fuerza de repetición, se han convertido en algo “normal”, con la aberrante disculpa de una pretendida defensa.
No es sino ver los peligrosos ataques de Uribe a Daniel Coronell o las intimidaciones de un alcalde en Atlántico contra un reportero de El Heraldo, para ir no tan lejos.
Moraleja. Sí, es imperativo hacer borrón y cuenta nueva en legislación, regulación y financiación de contenidos convergentes sin discriminación de soportes.
por Mario Morales | Abr 26, 2016 | Blog, Opinión
Por Mario Morales. 
Antes que campañas, lo que requiere este país es terapia. Debe haber una que nos saque del surco de dolores en que nos tienen algunos imaginarios, que hablan más de lo que creemos que somos que de nuestra esencia. (Publica El Espectador)
Nada que superamos la tara de que somos los más felices del planeta, o que los buenos somos mayoría, por más que nos abofeteen encuestas y estadísticas. Y nos autoengañamos, creyéndonos sociedad ilustrada que habla el mejor castellano, erguida como la Atenas suramericana.
Lo demuestra la discusión bizantina sobre el respeto solemne que le debemos a la Feria del Libro y al libro mismo, por tradición.
Tienen razón los teóricos de la cibercultura, como Pierre Levy: habitamos un mundo nostálgico de relatos universales pero totalizantes, esto es, verticales, cerrados y organizados jerárquicamente.
Antes, los relatos eran de todos, hasta que apareció la escritura. Las narraciones pasaron a ser propiedad de quien sabía leer y escribir. Luego llegó la imprenta y el libro impreso se impulsó a lo más alto de la pirámide, casi inaccesible para las mayorías por su presunción de alta cultura, por su costo y, algunas veces, por aburridos.
Internet, como repite Levy, ha permitido el universal pero sin totalizante. El relato ha vuelto a ser patrimonio de todo el que tenga qué contar y tenga quien lo escuche. Harto tenemos que aprender de quienes han logrado con la multimedia el sueño perdido del esperanto, del idioma planetario; de quienes (como los millennials) saben disfrutar lo mejor de cada cosa, de manera transparente y natural; sin límites, categorizaciones excluyentes, espacios vedados, sin ese aire de distinción que levanta muros y construye fronteras.
Qué bueno que los jóvenes vuelvan a los relatos, si es que alguna vez se fueron de ellos. ¿Quién tiene la llave para descalificarlos?
Pero si los adultos no les aprendemos, no sólo nos quedaremos rumiando nuestras soledades, sino que nos perderemos la oportunidad de leerlos para comprenderlos.
por Mario Morales | Abr 19, 2016 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
Quizás el problema sea que no los hemos comprendido.Habitan entre nosotros, pobres mortales, que ni talento hemos tenido para reconocerlos. Camuflados en carnitas y huesitos humanos, de vez en cuando se dignan tocarnos con sus destellos de sabiduría, y ¡oh Ingratitud! Les pagamos con la moneda de la indiferencia o de la incredulidad. (Publica El Espectador)
Pero atreverse a cuestionarlos no solo contradice el sentido común, sino que es un atentado contra su prosapia, su heráldica, su tradición, como osó hacerlo un profesor, imagínense, ¡un profesor! Con esa lumbrera de conocimiento que es el presidente de Ecopetrol.
Si el doctor (así, con todas su letras) Echeverry dice que la exploración de petróleos no es nociva para el medio ambiente, pues no es nociva. ¡Cómo vamos a detener la locomotora del progreso por lo que dice un ingeniero que además dicta clases!
¡Dizque soberbia! Pedirle argumentos al presidente de Ecopetrol es distraerlo de sus profundas elucubraciones para ponerlo en tareas demasiado humanas, como esa de hacernos entender lo que no cabe en el cerebro de unos ambientalistas anónimos y además tercos. Por algo son profesores…
Yo, en los zapatos de los honorables senadores y de los otros genios que conducen tan eficientemente este país, no sólo aprobaría a pupitrazo limpio esas acciones que reclama el bien común, sino que las haría extensivas a otras propuestas tan lúcidas como sus autores: el metro elevado, construcción inmediata en la Reserva van der Hammen, explotación de las playas, uso del fracking, y ¡cómo no! El freno a la tal restitución de tierras, como lo ha expresado otro prohombre, de cuya distinción habla hasta su apellido: Lafaurie.
No hay que perder el tiempo en conversaciones bizantinas. ¿Acaso queremos, como ha pasado en otras oportunidades (vea no más tamaña pérdida la del exministrotic Molano) que nos perdamos de las luces de inteligencias superiores? Pero, quién soy yo para recomendarlo, si al fin y al cabo, como el ingeniero Vanegas, soy apenas otro profesor…