¿…y los demás?

Por Mario Morales.

La siguiente meta no puede ser el plebiscito. Hay mucho por hacer mientras refrendamos el acuerdo de paz con las Farc. La primera tarea para todos es no caer en la trampa de la guerra intestina de élites que acertadamente describe María Jimena Duzán. (Publica El Espectador)

Lo segundo, desarmar la palabra. La verbal, la digital, la escrita, la viral. Y no es sólo asunto de medios o de academia. Mientras más se ponen de acuerdo en La Habana, como lo demuestra la renuncia de las Farc a la extorsión, no es posible que se amplíen las brechas entre ciudadanos enfrascados en confrontaciones inanes y sectarismo desueto.

Un paso inicial es reemplazar verbos como ganar o perder para evitar esa visión maniquea en que nos han metido falsos liderazgos recientes. Es menester dejar de clasificar el entorno entre blanco y negro sin considerar las policromías.

En el exterior, desde donde escribo, lo que más nos critican es el tono futbolero de las opiniones, el reduccionismo conceptual, las generalizaciones, el simplismo.

Hay que correr el riesgo de pasar por aburridos; la esencia de nuestra conversación no puede ser dramatizar y espectacularizar o morir. En el debate sobre el plebiscito también caben el “sí, pero…”; “Sí, aunque…”; pero también el “no” sereno, con condiciones, y claro, el escepticismo.

El “sí” no es una batalla contra quienes piensan distinto, no es una eliminatoria nacional. El sí, y esa es la importancia del tono, es una puerta que se abre, en medio del disenso.

Por eso, el proceso con el Eln no se puede limitar al tremendismo del “ahora o nunca”. No es momento de ultimátums, o de dilemas como “negociación vs aniquilación”. Ya sabemos que si no es ahora, luego habrá otras opciones. La historia es cíclica.

Y también hay que prever otros escenarios. No será la hecatombe ni el momento de echar reversa si la Corte no aprueba, si la mayoría no se encuentra representada en las urnas. Habrá alternativas y nuevas oportunidades. De eso se trata la paz.

La voz activa

Por Mario Morales.

Tienen razón el padre Francisco de Roux y los otros 41 ciudadanos de “La Paz Querida”, el movimiento en pro de una ética ciudadana, de que lo está en juego en estos momentos no es el futuro de Santos ni de Uribe, ni siquiera de Humberto de la Calle. (Publica El Espectador)

Superada la parte dura de la agenda de La Habana, no podemos ser tan miopes y cortoplacistas como para quedarnos discutiendo sobre la gala de la firma final, las orquestas que amenizarán la fiesta, o la etiqueta de los invitados que aplaudirán “a rabiar”

Ya que el Gobierno no pudo, le tocó a la sociedad civil dejar la voz pasiva, comprender los alcances de los acuerdos, proponer y liderar cambios que eviten el reciclaje de las violencias acunadas por prácticas interesadas y corruptas. Pero sobre todo propiciar que el proceso tenga su cariz verdadero, el de punto de partida

Iniciativas hay como esa de La Paz Querida, que pone el acento en la dignidad humana, o la de la Fundación Paz y Reconciliación, que impulsa una reforma de fondo aprovechando el ítem incompleto de participación política que se debate en Cuba, y que no se puede quedar en las calenturas de las nueve curules directas a las Farc o plebiscitos de trámite, sino que vaya a ámbitos más de fondo como los de organización política, financiación de partidos y sistemas electorales.

El paso a seguir no es de las marchas de la victoria o los desfiles en carros de bomberos con lluvias de palomitas blancas, propios de masas desinformadas, sino la organización social con intervención de movimientos, iglesias y academia en la perspectiva de generar ideas e impulsar proyectos que incidan en nuevas políticas públicas.

Ya que no nos preparamos para este reto histórico, es hora de intentarlo.

No perder el rumbo

Por Mario Morales.

Nada es improvisado en lo que dice el presidente Santos por absurdo que parezca. No se trata de chispoteadas, ni de impromptus o fallas de teleprompter, como dijo Antonio Navarro. (Publica El Espectador)

La amenaza de la guerra urbana, la advertencia, este lunes, de los costos económicos de seguir en el conflicto, con el tal plebiscito de por medio, y el anuncio inconsulto de que el 20 de julio es otro día “D” para la firma, forman parte de uno de los platillos de la balanza de su nueva estrategia, para equilibrar la campaña bucólica y almibarada del “sí a la paz”.

Pero no por intencional es afortunada. Puede que la estrategia le funcione. El miedo rinde sus frutos, como lo sabemos los colombianos bajo la sombra uribista y otros especímenes durante dos décadas.

Pero recurrir a las bajezas de la propaganda emocional de las derechas dislocadas, tocando las fibras del instinto y la supervivencia, así sea para darle a tomar de su misma medicina, no le hace bien al proceso en el mediano plazo, porque le hace perder autoridad moral.

Se entiende la saturación cercana a la desesperación en el Gobierno por el sirirí aterrorizante de la falange opositora que dispara todos los días desde todos los flancos. Pero ese tipo de propaganda solo se puede derrotar con la razón, con los argumentos y con la lógica de los hechos. Que es más demorada que el chantaje, es cierto. Que las calendas apremian, es verdad. Pero la paciencia es virtud de los estadistas en momentos cruciales como éste en los que el acuerdo está cerca, aunque faltan los finos detalles de dejación de armas, control de paramilitares, avales de seguridad para la guerrilla, así como el cese bilateral. Es mucho si se mira lo delicado de esos asuntos y es poco comparado con el largo trayecto de estos casi cuatro años.

Ya que los guerreristas no han podido, que los asesores no saquen del rumbo a Santos, y menos con intimidaciones disfrazadas que salvan la coyuntura, pero destruyen la coherencia que es el soporte moral de lo que se viene.

Para olvidar

Por Mario Morales.

Y así, como si fuera un antiséptico, se ha ido colando esa manera tan nuestra de dar cuenta de lo que está pasando como si no quisiéramos que estuviera pasando. O como si creyéramos que decirlo o nombrarlo hace más daño que la misma crudeza de los hechos. (Publica El Espectador)

Por eso no es extraño escuchar al Mindefensa más ocupado en resignficar la etiqueta de los Úsuga, que era como conocíamos a los urabeños, y que ahora han pasado a convertirse en el Cartel del Golfo, como si golfo hubiera uno solo y como si ubicarlo fuera encarnar el mal.

O no es raro oír a los comentaristas, atragantados con esa papa caliente, llamando “polémico gol” a lo que fue una verdadera estafa, una auténtica vergüenza, un insólito robo en el partido Brasil-Perú, y agravado si hablamos de los imaginarios modeladores del deporte. Hasta se oyó decir a especialistas que “qué bueno, que de vez en cuando también roben a los grandes, a los que presuntamente robaron en el pasado”.

Y se volvió común seguir llamando resistencia civil a lo que es un inhumano boicot al proceso de paz. Como es frecuente que se siga llamando “la paz” al “proceso de negociación con las Farc” o “posconflicto” a lo que se viene, sin ponernos a pensar en su utopía.

Y así vamos, viendo cómo denominan “intervención” a lo que no es más que una espantada de consumidores que se han ido a “refundar” (ellos también aprenden) sus Bronx y sus Cartuchos y sus Cinco Huecos donde quiera que los dejen aspirar.

O cómo denominan espectáculo taurino (cuando no insólitamente arte) a ese acto de barbarie que nos describe como sociedad mejor que cualquier estudio.

O cómo seguimos llamando errores a los delitos de esos criminales privilegiados que han pasado a la posteridad en las letras de imprenta como empresarios.

Sí, nombrar se ha vuelto un delicado ejercicio ya no de significación sino de conjuro, cuando no de distanciamiento. Nombramos para olvidar.

Malos negociadores

Por Mario Morales. Si algo queda claro en estos 70 meses de gobierno de Santos es que ser hábil en política no es sinónimo de ser eficiente negociador. Contrasta la aplanadora de la Unidad Nacional, a la hora de los tejemanejes y aprobaciones, con la ya probada ineptitud —a veces fruto del desgreño o la soberbia— del Gobierno cuando se trata de procesos de toma de decisiones como los que están en el origen de los paros que se vinieron encima. (Publica El Espectador)

Hemos dicho hasta el cansancio que el talón de Aquiles de Santos es la comunicación y toda negociación es antes que nada un proceso de comunicación. A cambio de planeación estratégica lo que se percibe es displicencia, tardanza e improvisación en los asuntos que tienen que ver con la población.

Que una de las causas de la protesta de campesinos, indígenas y transportadores, más los que vienen, sea el incumplimiento, habla de carencias en seguimiento, ejecución, rendición de cuentas e interacción con las comunidades en crisis.

Cierto es que a la paquidermia institucional se suma un Gobierno rehén de sus apuestas y tiempos. Como también lo es que conocida su debilidad en el margen de maniobra, ha habido quienes quieren aprovecharse con fines desestabilizadores o con presiones rayanas en el chantaje.

Pero es un contrasentido por donde se mire. Ad portas de recurrir a las gentes para validar lo acordado en La Habana, el esfuerzo del Gobierno debería estar centrado en negociar sus solicitudes y en sintonizarse con sus anhelos, y no embarcado en peleas mediáticas para deslegitimar los movimientos sociales; peleas perdidas de antemano, sobre todo cuando se incremente el desabastecimiento de alimentos y vengan las alzas.

Eso sí, que no nos vengan después con el cuentazo de que la inflación, la disminución en el crecimiento económico y el desempleo son culpa de los fenómeno del Niño o la Niña.

Moraleja: Si algo ha logrado el uribismo es desconcentrar al Gobierno, desgastarlo y forzarlo a esos errores recurrentes.

Irracionales

Por Mario Morales

Ya se ven venir otra vez los discursos humanistas hipócritas para justificar el comportamiento irracional, rayano en el salvajismo, que hoy impera en las decisiones sobre lo que alguna vez fue “lo público” y hoy es apenas un concepto desueto y anacrónico. (Publica El Espectador)

Y a punta de carreta tratarán de convencernos de que vender la ETB no es capitalismo salvaje, sino financiación de la tal equidad social de la que todos hablan y nadie conoce…

Y anunciarán obras de ciencia ficción para paliar el efecto de la violenta segregación ciudadana implícita en la odiosa medida de dejarles libres las calles a quienes pueden pagar peajes o exención de pico y placa, mientras los más necesitados, aun con vehículo particular de trabajo, se muerden las uñas viendo cómo se abre la brecha…

Y seguirán con su vocinglería para hacer parecer como inaplazable, la brutal intervención en el Bronx, sin que los seres humanos —aun en condiciones de inframundo— aparezcan más allá del molde mediático de peligro inminente para el resto social civilizado… cuatro meses para planear el asalto y toda una vida para devolverlos a su hábitat de olvido y pestilencia.

¿O no fueron salvajes hasta para nombrarlos y compararlos, como si el Catatumbo y el Bronx y todas las zonas de abandono no fueran un efecto del bienestar de esta sociedad ilustrada y decente? Muy bonito les quedará el enladrillado como cuando había un solo Cartucho y el mismo “administrador” de hoy los convirtió en siete, sin contar itinerantes…

Y repetirán hasta el cansancio que las marchas campesinas son aceptables si son pacíficas y ojalá pasajeras e intrascendentes, dejándoles esa carga de profundidad, que lo es de responsabilidad, por si hay desmanes, mientras terminan de echarles tierrita a esos ocho puntos acordados tres años ha, de los cuales hay tres incumplidos y el resto apenas enunciados…

Y así… Siempre habrá tiempo para un discurso, para una disquisición que nos devuelva simulado el vejado honor de nación civilizada.

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