Novelón general

Por: Mario Morales
Los males no vienen solos. Mientras el país se cae a pedazos por el invierno, según la Procuraduría, por ineptitud, negligencia y politiquería de por lo menos 26 alcaldes y 4 gobernadores, amén, claro está, de la paquidermia del Gobierno central para ejecutar ayudas a tres millones de damnificados, la Semana Santa nos deja con la noticia de que el huevito de la seguridad sigue haciendo agua y con el interrogante de si hay efecto directo entre los crecientes indicadores de violencia y las desavenencias del alto mando militar. (Publica el Espectador)

Los dos factores son de vieja data. Desde 2008, como lo documenta Semana, la inseguridad ciudadana y el conflicto han dado señales de estar fuera de control, más allá del fenómeno de las bacrim. Y lo que muestra, durante el primer trimestre de este año, el Observatorio de Derechos Humanos y DIH de la Vicepresidencia es para prender alarmas. Hubo 12 masacres, 3 más que en el mismo período de 2010; hubo 85 secuestros, 15 más que en el mismo lapso del año pasado, y aumentaron homicidios contra representantes de la sociedad civil.

Mientras, ni en Mindefensa ni en las FF. MM. se ponen de acuerdo ni para una foto. Ni Silva ni Rivera pudieron cerrar la brecha (que se ahondó con la separación en ese 2008 de oficiales y suboficiales por las denuncias de falsos positivos) entre el ala del “tapen tapen” y la que pedía investigar a los responsables.

La jugada “maestra” del presidente Santos de nombrar un marino como comandante de las FF. MM., en vez de limar asperezas terminó por afectar la ya alicaída moral de la tropa, que parece no sentirse representada en el mando y que ha reabierto sus heridas con la salida intempestiva del general Matamoros en medio de conjeturas que van desde su presunta incapacidad para trabajar en equipo, hasta su posición crítica, pasando por egos, celos profesionales y rumores acerca de presuntas irregularidades en contratos.

Todo un novelón que el país mira con asombro en medio de la impotencia por la furia de los elementos, el recrudecimiento de la violencia, el oportunismo de ciertos politiqueros nostálgicos y por esa sensación de que o hay “brazos caídos” o al Gobierno le está llegando la noche.

¿Un ministro contradictorio?

Por: Mario Morales
No me alcanzó el coeficiente para entender una parte del proyecto de Inteligencia que inicia trámite en el Congreso y las explicaciones que dio el ministro Rivera a Cecilia Orozco. (Publica el Espectador)

Escudarse en la seguridad nacional o en la presunción de sobornos para justificar incrementos en la penalización por filtraciones de información a los medios no sólo es injustificado, sino prejuicioso.

No se compadece que quien debe velar por la Defensa Nacional parta del principio de que las filtraciones se den por “dinero generalmente”. Una apreciación con cara de acusación a servidores públicos y a periodistas y medios. Pero además tendenciosa porque el ministro dice no saber de ningún caso (¡?), sino que le “cuesta trabajo pensar que (esas filtraciones se den) sólo por altruismo”.

¿En qué quedamos, ministro?¿ Revelar un secreto de inteligencia es una violación a la ley? ¿O un acto de “filantropía” si no hay dinero de por medio?

Dice Rivera que el proyecto no toca a los medios y que “si un periodista divulga información reservada, su trabajo está plenamente amparado y cualquiera que lo investigue… actúa ilegalmente y debe ser castigado”. Pero si hay filtración de información reservada, “por dinero generalmente”, allí se configura un soborno “generalmente” y para un soborno se necesitan al menos dos “generalmente” (bueno, salvo que sea un proyecto de reelección). Y para determinarlo hay que investigar o desarrollar labores de inteligencia contra el funcionario y contra el periodista o medio; pero esa investigación, según el ministro, sería ilegal y “debe ser castigada”. ¿Cómo, pues, se probará si una filtración es altruista o un acto de corrupción sin investigar a funcionarios y periodistas? Y si hay indicios de soborno y se castiga al funcionario, cómo investigar o castigar al periodista sin que se configure la censura?

Se entiende la prevención de esa parte del proyecto en los medios. De aprobarse, esa ambigüedad sería, sin duda, un peligro para la libertad de prensa y a la vez una mancha en la “urna de cristal” de la actuación pública. Los mensajeros no son los culpables. No sólo hay que parecer transparente (impidiendo la circulación de información), hay que serlo.

Documentando…

Por: Mario Morales
La culpa no es de las noticias, per se, como inician sus abstracciones algunos académicos e intelectuales a la hora de practicar su deporte favorito: criticar a los medios. (Publica el Espectador)
El género noticia tiene la misión de narrar un momento, que para los antiguos romanos, según Globelia, era igual a un minuto y medio. Un período asimilable a las noticias en TV. Pero es fugaz por definición, dura 69 minutos internet, al decir de los físicos estadísticos Huberman y Wu. (Claro, hay noticieros de noticieros).

Unir esos momentos como nudos para construir los puentes colgantes de la memoria colectiva es responsabilidad de otras narrativas. Así lo entienden realizadores y periodistas, pero también las audiencias, a juzgar por el resurgimiento en el interés público por documentales, películas, dramatizados y géneros literarios, que han optado por contar el presente, o el pasado reciente de nuestras carencias, miserias, dolores y exclusiones.

Uno de los efectos fue su aparición en TV, como hizo Caracol con La Sierra (Martínez y Dalton), que relata la cooptación de los ‘paras’ en Medellín; o en salas de cine como Los pecados de mi padre (Entel) y Los archivos privados de Pablo Escobar (Beaufort).

Girando como un corcho para exorcizar el terco fantasma de Escobar o describiendo ilusiones frágiles, como La ola verde (Margarita Martínez), o masacres sin nombre, en el proceso de Justicia y Paz, como Impunity (Morris y Lozano, premiados en Suiza y Francia), esas narrativas tratan de representar este “hoy” inasible, navegando entre el cine y la TV, desde estructuras tradicionales y documentales de autor hasta reportajes o animados como Pequeñas voces.

Lo intentan largometrajes (Los colores de la montaña) y la literatura como Juan Gabriel Vásquez y su novela premiada El ruido de las cosas al caer. Lo hacen propios y extraños en canales nacionales o de cable, como el documental sobre el Palacio de Justicia, a estrenarse el 4 de abril.

No todo es El man es Germán. Pero como dice el extraditado alias H.H. en Impunity de Morris, ¿está preparado el país para estas dosis de verdad, compuestas de muchas voces, como un espejo roto, pero verdad al fin y al cabo?

De cárceles y rodillas

Por: Mario Morales
No. Ya no. Le dijo la contralora Sandra Morelli a Yamid Amat que la creencia popular es «que aquí solamente se mete a la cárcel al ladrón de gallinas». (Publica el Espectador)
Pero esa instancia, la cárcel, dejó de ser hace rato el “coco” de los corruptos y del crimen organizado. El peso simbólico que tenían las rejas y la privación de la libertad, más tratándose de la defraudación de lo público, ha llegado a tal grado de relatividad que quienes delinquen ya no lo ven como un escenario posible sino necesario.

Para decirlo en términos de Foucault, la cárcel ha cedido la connotación de castigo por el lugar donde se paga una deuda. De la fiesta popular por el castigo ejemplar a quien delinquía con lo público, y que era considerado como traidor, se quiso pasar a la prisión como “escuela” social, pero se perdió en el laberinto de las negociaciones.

Haber estado en la cárcel hoy se asimila con extrema ligereza a haber pagado la deuda social, a volver a arrancar de ceros, sin evaluar la proporción de la pena ni las formas y menos aún el ejemplo que esas jerarquías dan a la sociedad.

De ahí el estupor nacional por la seguidilla de “descubrimientos” de comodidades y gabelas en prisiones civiles y militares, mecanismos para disminución de penas, tácticas dilatorias para lograr vencimientos de términos y estrategias para corromper el ordenamiento jurídico merced a su relatividad, como lo sostiene la contralora.

De modo que pareciera más rentable quedarse a “pagar unos días de cárcel” y salir a disfrutar de lo obtenido ilegalmente (en metálico, en poder, en tierras, etc.), pero además con aura de reconocimiento y poder tras haber derrotado el Estado de derecho. Es lo que la doctora Morelli llama “fuerzas paralelas al Estado con capacidad de arrodillarlo”. Pero son tales la impunidad y el cinismo que esas fuerzas han logrado invertir el cauce moral, hasta el punto de hacer ver a los delincuentes de cuello blanco, tras una pena fugaz, como ciudadanos cumplidores de la ley y en última instancia como sus víctimas.

Decía Albert Camus, apreciada contralora, que “una sociedad se juzga por el estado de sus prisiones”. Y, añado yo, de sus presos, que ya no las respetan ni les temen.

¿Éxito o frustración?

Por: Mario Morales
No. No puede presentarse como un éxito la primera fase del bombardeo de la coalición internacional contra Libia.
Sería suficiente con citar que al momento de escribirse esta columna la cifra de víctimas por la operación ‘Odisea al Amanecer’ se acercaba al centenar, sin tener precisión por el saldo de la criminal represión del dictador Gadafi. (Publica El Espectador)

El inicio de esta guerra luego de las frustrantes experiencias de Irak y Afganistán, forma parte de las capitulaciones de Occidente (si Occidente es EE.UU., Francia y Gran Bretaña) en la construcción de su pretendido destino humanista.

“Ah, pero es que Gadafi…” ripostarán muchos. ¿Sólo desde el 15 de febrero, cuando recrudeció la represión, era Gadafi un dictador y un peligro para la humanidad?, ¿o lo ha sido estos 42 años durante los cuales quiso construir, a sangre y terror, su versión de un Estado de opinión? Hay que reconocer que ha habido mucho de hipocresía en estas cuatro décadas.

¿Qué tiene Libia, al cabo de un siglo, cuando sólo era destino para migraciones, que logra poner de acuerdo a la velocidad de un tomahawk, a algunas potencias mundiales para embarcarse en una nueva guerra?

Petróleo, responderán en inglés y con la misma velocidad, algunos. Oportunidades de negocio ripostarán otros en italiano y francés. Bastión de il risorgimiento árabe, escribirán con caligrafía musulmana otros. Defensa de los civiles, alegarán con timidez otros. El mercado de las armas, imponer el estándar de humanidad de Occidente… En fin.

Bastó con los primeros misiles para que en un santiamén España y, con temores, Italia, se unieran a la cruzada; y para que Londres, con manifiesta desconfianza, pidiera que sea la OTAN, es decir la comunidad internacional, la que decida el rumbo de las operaciones y no los intereses de las naciones.

Tenía razón Konrad Lorenz, el patrón de comportamiento de los seres vivos es la agresión. Todo lo demás parece accesorio: la vida, los derechos humanos, la autodeterminación de los pueblos. No sobrevivirá esta cultura si parte de considerar la guerra como la razón última. Más aún si se multiplican los pretextos con dementes como Gadafi. ¿Habrá tanta celeridad en la reconstrucción?

¡A bordo!

Por: Mario Morales
No lo entienden, presidente.Y todo por ese vicio tan nacional de encasillarlo todo. Decepcionados por haberlo descubierto como de izquierda, esos mismos lo recalifican hoy de neoliberal. Y todo por exponer el proyecto de reforma a la Ley 30 de educación superior. La hubiera mantenido en secreto. (Publica El Espectador)
Porque no hay tiempo para discusiones académicas interminables. No es momento de debatir si la educación pública es un derecho, un deber y menos una obligación del Estado. Hay que ser, como diría usted, pragmáticos. Sólo se necesita una firma para, haciendo eco de los más pobres, decretarla como una oportunidad y, para ser incluyentes con los más ricos, para que sea una oportunidad de negocio.

Ya es hora de dejar ese paternalismo que nos tiene como nos tiene. Si de mantenidos hablamos, ya tenemos suficiente con la guerra. Hay que abrirle las puertas al capital privado que se levanta todos los días con el mejor de los ánimos, el de lucro.

Que sean ellos los que pongan la plata y digan qué profesionales necesitan. Dos pájaros de un solo tiro: cobertura y empleo garantizado. Ya basta de doctores y magísteres que todo lo critican y sólo sueñan con irse del país. Lo que este país necesita son muchos Sena con más pedigrí. ¿Quién no necesita un técnico? Desde el Mindefensa hasta el Club Millonarios. Lo de los salarios es otra discusión. No pretenderán también mejorar su calidad de vida.

Que las universidades públicas se diversifiquen, que luchen por nuevos clientes (a ver si entienden lo que significa formación por competencias) y que se abran al capital todopoderoso y progresista. Ahí tienen el magno ejemplo de la reforma a la salud.

El resto, autonomía universitaria, calidad educativa, sistema salarial docente, son asuntos menores. Lo importante es que las universidades públicas (¿o mixtas?) sean viables para el paso arrollador del tren de la productividad.

Y para los que eligen entre comer y estudiar, o endeudarse hasta los tuétanos para capacitarse, que tengan claro que la educación no es para todos. ¡Alguien tiene que trabajar!

El problema no es de ideología, presidente, recuerde que los ceros sólo cuentan cuando están a la derecha. Pasajeros de la productividad, ¡a bordo!

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