por Mario Morales | Feb 18, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
Con más de 200 frentes de obra abiertos, el invierno que arrecia y la ciudadanía en contra casi de manera unánime, iniciar en mayo un proyecto tan cuestionado como Transmilenio ligero por la carrera séptima no parece más que otro salto al vacío del alcalde Samuel. (Publica El Espectador)
Puede que él tenga claro (algo es algo) que sólo el balance de su gestión significará su muerte política y que haga lo que haga no puede caer más bajo en favorabilidad. Pero algo va de su determinismo a los intereses de la ciudad en términos de movilidad, tiempo y eficiencia en la inversión.
La inconveniencia de la obra en estos momentos es tan evidente que hasta funcionarios de la administración y del mismo sistema Transmilenio se oponen, sotto voce, a TM ligero, que no es ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario.
La Sociedad de Mejoras y Ornato, Corposéptima y la veeduría “La Séptima se respeta”, entre otros, han abundado en argumentos acerca de la improvisación e inconveniencia en modos y tiempos por escasez o carencia de diseños y de compra de predios y por el impacto en esa vía, que mueve 40 mil usuarios cada hora, y en las aledañas.
Si la ciudad ahora es un caos, desde mayo promete ser un verdadero infierno por el bloqueo casi total, inaccesibilidad, deterioro y efectos en el tiempo y la economía de ciudadanos y vecinos del sector, que lo somos todos, así sea temporalmente.
Al lado de sueño de ciudad, parece un “proyectito” (después de 14 meses sólo llegará hasta la 72) que sólo tomará forma cuando haya metro, si lo hay. Es, pues, una manera de ensillar, antes de tener las bestias. Y según expertos, como se “pensó” está condenado al colapso.
Con razón ya anda una acción popular para suspender el contrato mientras se compran todos los predios y se tienen diseños serios. Y con más razón líderes ciudadanos recogen firmas, ya suman 9.000 en papel y 4.000 en internet (www.laseptimaserespeta.wordpress.com), para recordarle al alcalde que la ciudad es de todos y sus decisiones también.
Tanto como la obra preocupa la premura. Alcalde, usted no la entregará terminada. ¿Por qué tanto afán?
por Mario Morales | Feb 18, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
Es difícil asimilar en simultánea los informes de Codhes, la oficina de la alta comisionada para Derechos Humanos de la ONU, el DANE y la más reciente encuesta de percepción de Gallup. (Publica El Espectador)
Nos hablan o de una población bipolar o que sólo piensa con el deseo o que pertenece al movimiento de los perfectos hipócritas, “institucionalizado” por el exasesor presidencial José Obdulio Gaviria.
No puede ser que hayan sido las liberaciones de los secuestrados por las Farc las que hayan afectado, en este país humano, solidario y católico, la percepción de favorabilidad del presidente Santos, si le creemos a Jorge Londoño al explicar la encuesta Gallup.
Si la suerte de quienes han estado en las agendas mediática, política y pública tienen ese efecto contrario, ¿qué puede esperarse de los 280 mil desplazados que hubo en 2010, según Codhes; o de los 26 sindicalistas asesinados el año pasado según la oficina para los Derechos Humanos de la ONU? Indolencia pura.
Pero tampoco se entiende que quienes creen que están empeorando la corrupción, la inseguridad y el manejo del costo de vida, y que están cerca o por encima del 60% de los encuestados, premien a los responsables de las políticas en esos temas con favorabilidad por encima del 70%. Desconcierto total.
La sola exposición de la descarada repetición de montajes en desmovilizaciones de seudoguerrilleros y seudoparamilitares, que no son, como sabemos, noticias de la última semana, daría para un alto índice de indignación y petición de justicia en cualquier encuesta.
Lo que está pasando en Bogotá, donde el 85% (una mayoría inédita en las dos últimas décadas) descalifica al alcalde, y con sobrada razón, debería ser espejo para una buena parte del resto del país que se siente en una monarquía y no quiere conectar los problemas nacionales con los gobernantes.
Sí, ya sabemos, percepción es emoción, y peor aún si es inconsciente. ¿Víctimas del gen del optimismo porque sí, del gen de la doble moral o del gen de la estupidez? Pistas que ayudarían a entender la inexplicable génesis del teflón y su permanencia todos estos años.
por Mario Morales | Feb 18, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
El huracán Wikileaks ha vuelto a soplar y a sacudir cimientos de la historia oficial reciente. La publicación en contexto que inició este diario, más los cables en otros medios, ponen el ojo en “verdades” y versiones incompletas que pasaron de agache en el último lustro. (Publica El Espectador)
El especial de El Espectador aireó el inicio del escándalo parapolítico, la salida de madre de las “autodefensas” y la explosión de las bacrim ante la impotencia estatal en 2006. Los cables ventilan el confesionario ante la Embajada de EE.UU., los egoísmos de los primeros salpicados, la politización abierta de jefes de organismos de control, el retrovisor de Uribe para obviar responsabilidad y la paranoia social de entonces.
A la par, cables en otros medios cuentan la frustración de la ONU y las malas relaciones con el gobierno Uribe y reabren el capítulo de dudas de la ‘Operación Jaque’, con la cual quedaron en libertad Íngrid, tres estadounidenses y otros siete secuestrados por las Farc.
Según Wilkileaks, el 24 de junio de 2008, una semana antes de ‘Jaque’, la Embajada de EE.UU. envió un cable que relataba la oferta de alias César para liberar a esos secuestrados a cambio de ir a Francia con su esposa y su hija. El cable confirma lo dicho (¿ingenuamente?) por Uribe el 25 de mayo de ese año en el consejo comunitario de Florida, Valle, acerca de ese ofrecimiento, del fondo de recompensas de cien millones de dólares para insurgentes que se desmovilizaran y entregaran secuestrados y de enviarlos a Francia mientras se aclaraba su situación.
Coinciden con la versión de los tres exabogados de alias César en Noticias Uno, tres meses más tarde, acerca de una negociación con agencias de seguridad de EE.UU., a cambio de la libertad de alias Doris Adriana, esposa del exguerrillero, extraditados los dos a ese país en 2008.
Veremos. Por ahora es válido imaginar que quizás esos cables sean parte de los proféticos pergaminos de Melquíades “reescritos” por Gabo, para entender este “remolino de polvo y escombros” del presente con base en hechos recientes, y que con el correr de las páginas nos permitan saber si seremos arrasados por los vientos o si tendremos una segunda oportunidad sobre la tierra.
por Mario Morales | Feb 18, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
No es culpa de la abuela que «tele-vive” todas las noches en su sillón, desde el Minuto de Dios hasta que se despierta (para irse a dormir) con el Boletín del consumidor. (Publica El Espectador)
Sin atisbo de demencia, no es posible convencer a esta matrona venerable de que el presidente Santos no es el nuevo antagonista de la miniserie Confidencial del Canal Caracol o de que Ernesto Benjumea no es ahora oficial de la reserva del Ejército Nacional.
El traslapo entre el cubrimiento de la liberación de seis de los secuestrados en poder de las Farc y la recreación, con óptimo nivel dramatúrgico, de hechos similares del pasado reciente lleva, en continuidad narrativa, a la audiencia a sentirse en una cinta de Moebius, entendida como unión de elementos que en apariencia se excluyen, ficción y realidad, pero dan lugar a un nuevo relato tanto o más verosímil.
Claro, al comparar documentalismo periodístico y dramaturgia, pierde el primero que se quedó en registro y reiteración sin emoción (recepción, sancocho y epítetos de extremistas de derecha). Pero al tele-vivirlas enfranjadas resultan complementarias por el contexto y humanismo que brinda un libreto distanciado de la pornomiseria de algunos seudocronistas.
Son puestas en escena, que el presidente Santos llama show mediático, con actuaciones planeadas (y cínicas) como la de la guerrilla, o subrepticias como las del gobierno, impostando el rol amenazante (que ya es escuela) para construir el verosímil de autoridad. ¿O acaso Santos era el único que no sabía el libreto encasillado de la guerrilla que no encontró otra manera de narrarse? ¿O prende una vela a Dios y otra al diablo para calibrar la opinión pública?
¿O no hay sobreactuación en algunos sectores que se erizan con estas telehistorias sentimentales, prefieren las de acción y piden que no haya liberaciones sino rescates?
¿O no son líneas argumentales secundarias esas del peso o corbata de los liberados?
Cumplen su función en lo mediático y lo político, que subsisten en sus relatos gracias al suspenso, el ocultamiento y la reiteración, sin que las audiencias, incluida la abuela, presientan desenlace a la vista en el mundo real. Cosas del rating.
por Mario Morales | Feb 18, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
Va a ser difícil crerrle esta vez al mininterior Vargas Lleras la supresión del Consejo Superior de la Judicatura luego del escándalo por el presunto carrusel de nombramientos de magistrados auxiliares. (Publica El Espectador)
Y no sólo porque magistrados niegan ese carrusel, o por el discurso repetitivo del ministro y gobierno Santos con su reforma a la Justicia, o porque no se sabe si tienen apoyo y herramientas jurídicas para hacerla.
La incredulidad nace del abuso de la estrategia de anunciar, sin más, cierres, liquidaciones e intervenciones cada vez que se descubre o amplifica un escándalo de corrupción, negligencia o discapacidad de una entidad o funcionario, todo con el fin de desviar el debate profundo e inmediato.
Así pasó con las CAR, cuya reforma de raíz fue anunciada con bombos y platillos, en pleno invierno, incluso con proyecto de decreto, antes de la ‘patrasiada’ presidencial al descubrir en la puerta del horno que era inconstitucional.
Pasó con la “liquidación” de Fondelibertad, que luego, con aguas más calmas, fue reemplazada por “renuncia” del director e intervención. Algo similar, con la Dirección de Estupefacientes. Para no hablar de la supresión del DAS, reclamada por Santos, para atemperar ánimos, desde cuando era mindefensa, pero contradicha con la ratificación de su director.
Y es que ese legado de “papas calientes” del anterior gobierno (¿seguirán Inpec, Inco, Banco Agrario, Ingeominas?) puso contra las cuerdas a la comunicación política de Santos y sus asesores, quienes, inhabilitados para poner el espejo retrovisor, recurren a la estrategia de sustitución, mediante el empleo de tácticas de choque, que no niegan las razones del escándalo y, en busca de la adhesión popular, optan por la seductora “tierra arrasada” (cerrar, liquidar), y de plantear nuevas leyes e instituciones en tiempo futuro indeterminado y a veces improbable.
Queda a cambio un entorno de subinformación en el que los hechos y responsables del escándalo son desplazados del epicentro del debate por promesas y proyectos en condicional.
“Reemplazados” los sofás del escarnio, doña opinión pública recobra confianza y cree que el mejor de los caminos es estar refundando el Estado.
por Mario Morales | Feb 18, 2014 | Blog, Opinión
Por: Mario Morales
El primer Taller Democrático de Uribe resultó tan pintoresco que parecía una mala puesta en escena de la familia de gitanos desarrapados de Macondo que plantaba su carpa de circo pobre cerca de la aldea para dar a conocer al pueblo los últimos descubrimientos. (Publica El Espectador).
Y es que todo parecía fuera de sí. La gritería inicial de un público cautivo que con el estribillo de “¡alcalde!, ¡alcalde!” no dejaba en claro si aclamaba a Uribe, invocaba a Samuel o ironizaba sobre el ritmo paquidérmico de la reunión.
Esa mesa de “ex” y de viudas de caras lánguidas, sumergidas en uniforme colegial con tallas trastocadas que le dejaron a Uribe el cuello como metido en una camisa de once varas.
Esa retahíla de fórmulas generalistas y repetidas que terminaron, en palabras de Uribe, alabando a los alcaldes anteriores que dejaron la ciudad por buen camino.
Esas propuestas alucinadas, como la de Lucero Cortés, de conformar un gabinete en la sombra para hacer veeduría, y que parecían una extensión de los decires de Tola y Maruja, como ese de que los libros de José Obdulio fueran de obligatoria lectura en las escuelas.
Esas miradas idas, esos gestos de apatía, sudoración, lagrimeo y excitación, propios del síndrome de abstinencia del poder, sumados a la tortícolis general bien por el cabeceo adormilado o para no quedar en la misma foto con José Obdulio o Uriel Gallego.
Esa retirada, a lo largo de siete horas sin show, de los dos mil “espontáneos” hasta quedar menos de cien, incluyendo organizadores, personal de logística y asesores ofreciendo servicios.
Ese discurso solitario de cierre, evocación ora de José Arcadio Buendía, ora de Don Quijote, ya no prometiendo empresas y utopías, sino pasados fantasiosos.
Esa feria de recetas, alianzas y libros nunca vendidos ni a precios de quema.
Toda esa parafernalia para encontrar el estudiado perfil de “Un buen candidato que gane las elecciones para que gane Bogotá”, eso sí “con una dosis de amor por Colombia”, requisitos que están llamados a encarnar esos líderes natos e invencibles que prometen ser Hernando Carvalho e Hipólito Moreno. ¡Imagínense!
Ya no despiertan polémica ni escozor, si acaso risa y, para qué negarlo, un poco de lástima.