Álvaro Uribe y María Fernanda Cabal, cada uno por su lado y por distintas razones, ya saben de la infalibilidad de la ley de Murphy 2.0 que dictamina en estos tiempos convulsos que, si algo puede salir mal, saldrá peor. Tanto manoseo a las reglas para la escogencia de candidato, en un partido que fue más un redil, debía terminar con estupor, insatisfacción, frustración y hasta desconfianza de los métodos en las huestes propias y extrañas y que ya había ocasionado el desistimiento de una encuestadora extranjera.
Como sea, las dichosas encuestas internas, sobre las cuales la Cabal pide claridad, dizque determinaron que la candidata elegida es Paloma Valencia, la misma del 1,1 % en el puesto 14 de la reciente encuesta Invamer, con una bajísima votación en las últimas legislativas (63.062 votos le dieron el puesto séptimo en su partido frente a 196.865 que colocaron de segunda a María Fernanda Cabal), con una enorme falta de visibilidad ya que solo uno de cada tres colombianos la conoce y, lo más grave, dobla en desfavorabilidad su escasa imagen positiva. El colofón en el acta, si operase la realpolitik, debería decir nada que hacer.
