por Mario Morales | Jun 29, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales./
Como Marylin. así debe sentirse Antanas cuando escucha decir que todos quieren con él, como tituló ayer este diario. Y quizás deba sentir el mismo hastío y la misma renuencia que aquella protagonista de novela ante el coqueteo interesado, manipulador y pasajero de sus presuntos admiradores. (Publica El Espectador)
Que Peñalosa, Pardo y los Verdes se peleen un guiño de Mockus para las elecciones que vienen, no solo habla del oportunismo de esas campañas, sino que además contradicen lo que Antanas ha significado para la ciudad y el país.
Ese manoseo mediático, especialmente de los dos candidatos de la derecha, insulta la inteligencia de Mockus pero también la de sus eventuales votantes que no encuentran puntos de conexión entre esa nebulosa que propone aquellos y la herencia política de éste, que aún habita, así sea en la nostalgia de la Bogotá que a todos nos dijeron.
Ya sabe Mockus su rol en la trama: si salta a la arena electorera, primero descalificado y luego convidado de piedra para lavar imágenes. O, si se queda al margen, usado por un ratito, mientras la foto, mientras el voto.
Detrás está el pretexto de una ciudad descuadernada y reparchada con frustraciones acumuladas. Pero parafraseándolo, cuando hablaba del proceso de paz: “echar para atrás me parece un error”. Lección aprendida.
Hoy el país lo necesita en otras lides. Lejos de las rebatiñas de estas élites trasnochadas y de las componendas a nombre de los despojados. Nos corresponde al resto de los capitalinos exigir el cumplimiento de su legado que nos hizo sentir al tiempo que “ciudadanos en formación”, habitantes de un mundo más humano.
Que vuelva a pecar por omisión. No queremos recordarlo como trampolín ni como colchón neumático. A ver si se lo toman en serio. Que dejen de tratarlo como a Marylin. Y que no lo consideren como un simple dummy en el decorado.
por Mario Morales | Jun 24, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales./
No, Presidente; no es hora de desfallecer. Confío en que su tono testamentario de ayer acerca del proceso de paz sólo busque la solidaridad de su clase y de la gente que lo reeligió para hacer la paz. Su mandato es intentarlo hasta el último día de su Gobierno. (Publica el Espectador)

Es cierto que la madeja no había estado tan enredada en estos 30 meses. Violencia demencial e indiscriminada como cuando gobernaba Uribe. La tercera parte del país, y casi toda la costa, a punto de ser cooptada por las mafias, cacicazgos y corruptos de siempre. La incertidumbre por la salida de la cárcel de algunos de los exjefes paras justo antes de elecciones. El crecimiento económico por debajo de lo esperado…
Y ese pesimismo tan nuestro, más cerca de la fatalidad que del escepticismo, que quiere darle la patada a todo. Si de ello dependiera, muchos ya hubiesen devuelto a la selección de la copa América antes de jugarse sus restos.
Ese era el punto donde guerrilla y extrema derecha querían tener su gobierno, haciéndole y haciéndonos creer que ya no tiene margen de maniobra… Esa falacia rastrera pero efectiva que repican todos los días mientras se persignan.
Y no es verdad. Lo que sí llegó la hora fue de cambiar de rumbo. Como ya se ha dicho aquí, la mesa sola no va a poder salir de ese berenjenal. No importa, presidente, que el crédito no vaya ser enteramente suyo. No lo van a dejar. Necesita mediadores y ninguno de tanta aceptación (salvo para los más obtusos) que el Vaticano. Ya las Farc dieron un sí anticipado y el del Eln está cantado.
Ese apoyo de la iglesia (de la católica y de la cristiana) es definitivo. Déjese ayudar. Ahí está la Unión Europea. La CPI ya dio el espaldarazo. Dele participación a la academia. Hay 4 universidades trabajando para ofrecer insumos, y organizaciones dispuestas a trabajar en el nuevo pacto por la paz.
Y olvídese de los plazos. Esa es la quijada de burro (hoy tan de moda) que tienen lista los caínes para mantener la guerra entre hermanos.
por Mario Morales | Jun 12, 2015 | Imágenes

por Mario Morales | Jun 9, 2015 | Blog, Opinión
No se trata de visitar las cavernas más oscuras o cuanto mentidero reciba a los voceros del Gobierno, como dice Gabriel Silva Luján en su reciente columna de El Tiempo. La pedagogía de la paz, y la comunicación que le es inherente, tienen que superar la etapa del cómo y del procedimiento.

Por: Mario Morales (Publica El Espectador)
En esa fase, si se quiere logística, están enredados el presidente Santos, la MinEducación y el Mintic, porque han descuidado o confundido el ‘qué’ de sus asuntos.
Esa pedagogía antes que nada debe diferenciarse y apartarse de plano de la reactividad a los discursos del odio o escepticismo que resuenan por doquier. Ha de buscar primero a los que no saben, a los indecisos.Debe estar dirigida no solo a influir en la opinión pública, sometida a todos los juegos de influencia actuales, sino enfocarse a interpelar la opinión individual, más enraizada y temerosa, porque como dijo ayer Daniel Pecaut en este diario, “la gente, de manera consciente o no, sabe que la paz significa un costo a veces más alto que la guerra”.
Debe ser menos aspiracional y más racional, pasando de la explicación y exposición al relato y repetición de hechos tangibles conseguidos hasta ahora en el proceso de paz.
Debe estar narrada menos en futuro y más en presente. La comisión de la verdad es un gran anuncio, pero intangible y olvidable hasta que empiece a funcionar. En cambio falta poner en práctica algunos acuerdos y recalcarlos, sin romper la confidencialidad de la mesa. Eso hace la diferencia entre una concesión y una política de Estado que se vuelve irrefutable. Por ejemplo, el desminado.
Debe tener menos discurso y más acción para que sea un sueño colectivo que se comience a experimentar en el hoy generacional. Con más agentes que pacientes. Valga el ejemplo que cita Domenach del millón y medio de voluntarios con los que contó Roosvelt para su New Deal.
En las propuestas, todos, incluso los opositores, tienen la misma opción. En cambio los hechos y sus relatos desde múltiples voces inclinan la balanza ineludiblemente. Esa es la tarea.
por Mario Morales | Jun 2, 2015 | Blog, Opinión
Ya fue suficiene de pulsos y de calibraciones. A la mesa de La Habana le llegó la hora de pasar de los puntos de honor a los puntos de cierre que permitan hablar de avance tras estos mil días de conversaciones.
Por Mario Morales (Publica El Espectador)
Y romper las tensiones con gestos no necesariamente equivalentes. Por ejemplo, a una nueva tregua unilateral de la guerrilla, la puesta en marcha de la Comisión de la Verdad por parte del Gobierno.
Una tregua unilateral, abierta y duradera que comience por excluir las acciones indiscriminadas (lo de Buenaventura no tiene perdón) y el reclutamiento de menores.
Y una Comisión de la Verdad ejemplar, no obstante que pise los muchos callos de esos cacaos agazapados (de los que hablaba Otto Morales) que se siguen oponiendo a la paz y de tantos colombianos que se niegan a ponerse en los zapatos del otro.
Una Comisión que no se limite a extender culpas, sino que las contextualice, las explique y las ayude a entender. No es el mal de muchos como consuelo de tontos lo que necesita ahora el proceso.
Eso se puede destrabar para darle paso en el próximo ciclo a la reparación de víctimas y la justicia transicional.
Esa Comisión es una de las caras de la moneda, la otra la conforma el trabajo, que por fin se ha iniciado, de pedagogía y plan de comunicaciones para unificar los mensajes y sumar apoyos.
La apuesta parece racional; primero que entiendan los ministros y funcionarios de primer nivel y que se lancen al ruedo. El presidente Santos no puede seguir siendo el único fusible ante las andanadas furiosas de la oposición. Ahí hay ministerios claves como el de cultura y de TICs, (que tan necesitado está de contenidos). El entrante mindefensa debe absorber una buena carga de rayos y centellas.
Y luego personalidades piloto que le hablen a la gente, medios públicos sintonizados y un presidente menos etiquetado y más a tono con las actividades y modos de decir ciudadanos.
Una pedagogía que trascienda el proceso. Menos Uribe y más pueblo; he ahí el mantra.
@marioemorales