Sin bravuconadas

Por Mario Morales
Se puede entender que las Farc insistan en la constituyente que refrende lo que se pacte en La Habana como una línea argumental potente para poner en tensión lo acordado hasta ahora con el Gobierno. Pero sería incomprensible que lo convirtieran en inamovible. Tercas son, pero no tontas. Saben que los modos y tiempos no dan, y aplazar la refrendación pone en riesgo todo el libreto. (Publica El Espectador)

¿Qué buscan? O tener margen en la negociación de los muchos pendientes, o inducir una constituyente a posteriori, entendiendo que, como se propuso aquí hace dos semanas y se discute en diversos ámbitos, plebiscito y constituyente no son incompatibles sino complementarios.

En todo caso, el presidente Santos debe saber, con su proverbial cálculo, que ganar el plebiscito le daría la llave del Nobel, pero el reacomodo institucional con un nuevo pacto social le abre las puertas de la historia.

Si Santos mira más allá de junio en Colombia y de octubre en Oslo, entenderá que actualizar (que no refundar) y reestructurar (que no demoler) los ya vetustos acuerdos constitucionales vigentes le permitiría al país soñar con solidez política, dignidad judicial, eficiencia en control estatal, pero, sobre todo, con disminuir la desigualdad que está en la genealogía de todos nuestros males…

Y cimentar los acuerdos de La Habana para que no se queden en disminución transitoria de acciones visibles de guerra. Porque no faltan los miopes que quieran enarbolar banderas desuetas, como el Eln, convertido de súbito en machito de esquina, desconociendo que ahora el país, que ha probado las mieles de la tregua, es más sensible y menos tolerante a actos violentos.

La obcecación de las Farc con el referendo —a menos que sea jugada táctica— y del Eln con sus ínfulas tardías —así sean fuegos de artificio como en Casanare— dejarían a todos haciendo cuentas como la lechera.

No es hora de bravuconadas de ninguna de las partes. Y que el Gobierno, con mano firme, no pierda la compostura con trinitos pendencieros. Templanza…

Todos perdemos

Por Mario Morales
El tire y afloje entre voceros del Gobierno y Eln para pasar de la fase exploratoria a la pública en las conversaciones que se iniciaron hace dos años, deja por lo menos tres cosas claras. La primera: aún no está completo ni acordado el qué de ese diálogo. (Publica El Espectador)

La segunda, tampoco el cómo está definido. Lo que para unos son asuntos operativos, para otros son debates de fondo; ejemplo, el desarme o una eventual constituyente para implementar “transformaciones necesarias para la paz”. Y mientras para De la Calle “las condiciones están dadas”, para Santos y Frank Pearl faltan hechos y “varias reuniones” para asuntos instrumentales. No están tan cerca.

Y la tercera tiene que ver con la actitud de ambas partes. A sabiendas de que el proceso de paz con las Farc se afecta si no arrancan en forma los diálogos con los “elenos”, éstos han aprovechado para hacerse de rogar en la perspectiva de entrar más fuertes en la mesa. Es un cordel delgado que puede pescar mayor influencia en inclusión y alcance de los puntos a discutir, habida cuenta de la premura del Gobierno.

Pero es un hilo que se puede romper a causa de la forma despectiva, en relación con lo que pasa en La Habana, como el Gobierno ha abordado este otro proceso. Ante la imposibilidad de reunir las dos mesas (por tiempos y ritmos), el Gobierno esperaba que la inercia de los avances con las Farc y la opinión pública le metieran presión al Eln, pero no fue así.

Si esto no fructifica, seremos todos perdedores. El Gobierno, porque no tendrá la dicha completa; el Eln, porque se queda sin aire con este gobierno y quedaría sujeto al talante del siguiente, y los colombianos, a expensas de los rebrotes de violencia indiscriminada a causa de guerrillas supérstites, grupos de las Farc que no acepten acuerdos, bandas criminales y esas otras violencias que equivocadamente llamamos “comunes”.

Urge menos declaracionitis y reactivación seria de los canales confidenciales para que no quedemos enredados en otra década cruenta antes de volver a empezar.

¿Son excluyentes?

Por Mario Morales
Será el último gran obstáculo antes del acuerdo de paz. Recibido el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU, la decisión sobre el mecanismo de refrendación emerge como una nube negra en la recta final de los diálogos. (Publica El Espectador)

A diferencia de otros escollos en puntos previos de la agenda, que tenían variables y salidas diversas, a este ítem del fin del conflicto las partes llegan con apuestas marcadas. Mientras el Gobierno tiene prácticamente montado el plebiscito, la guerrilla se juega el punto de honor de la constituyente.

Con ausencia de tiempo para alternativas creativas, está claro no sólo que alguno tiene que ceder sino quién debe hacerlo. La discusión entonces gira en torno a qué precio las Farc accederán a apoyar el mentado plebiscito.

De manera racional, la constituyente se antoja más idónea y consistente, pero impertinente por el moméntum del país. Sin dejar satisfecho a nadie, ni al mismo presidente, el plebiscito se consolida entonces como alternativa propiciatoria. Pueda ser que el volumen de las discusiones no lo conviertan en una vaca muerta en el camino de la paz.

¿Pero son mutuamente excluyentes? No. Una vez realizado y superado el plebiscito, ¿podría el Gobierno, como han propuesto algunos, comprometerse a adelantar una constituyente al fin del período una vez haya fraguado el posacuerdo?

Ya es diciente que todas las tendencias en el espectro ideológico estén de acuerdo en la necesidad de renovar los pactos sociales que permitan reconfigurar nuestra tan venerada pero maltrecha institucionalidad.

Pero una cosa es verlo como condición sine qua non para firmar la paz y otra, más adelante, como punto de partida para propiciar el entendimiento que permita introducir las reformas que a gritos reclama el país.

***

Moraleja: bien haría el Gobierno en atender a tiempo, con soluciones, la protesta social que se está fraguando con sobradas razones (Isagén, salario mínimo, importación desmesurada de alimentos, etc). ¿No que ya somos ejemplo de manejo de coyunturas?

¿Medidas cosméticas?

Por Mario Morales
Más que desconcertantes, resultaron desilusionantes algunas de primeras propuestas para solucionar el gigantesco problema de la inseguridad en Bogotá y el país. Y no sólo por la falta de creatividad, también por miopes o por efectistas. (Publica El Espectador)

Cárcel y castigos más duros se le escucha decir al flamante alcalde de la capital, Enrique Peñalosa. No publicitar videos de crímenes o actos delictivos propuso el presidente Santos. El problema es la percepción argumentan en los gobiernos nacional y distrital. Y hay hasta quienes piden veto para la sensacionalista e irresponsable crónica roja de los telenoticieros.

Al lado de esta exhibición de ingenio no faltaron los manidos anuncios de intervenciones en los consabidos focos delincuenciales, aumento del pie de fuerza y el también ya proverbial incremento de cámaras de seguridad. No menos sorprendente fue incluir en este paquete la recuperación del espacio público. Una cosa es perseguir a las mafias adueñadas de calles y esquinas y otra confundir el rebusque y el trabajo indigno con el delito.

En últimas, nada nuevo. El mismo tufillo tercemundista. Enfoque policivo, represivo y legalista. Emocional y pasajero. Mano dura y actividades temporales. Faltó enjuiciar a los ciudadanos por salir a las calles, usar celulares en público o dar papaya, que es como aquí se le dice a quien anda por ahí confiado. O que alguien hablara de autodefensas ciudadanas.

Poco o nada se dijo de prevención, de atacar raíces sociales y económicas del problema. Esas que mencionó el Chapo Guzmán, como lo han hecho otros delincuentes, que resultaron siéndolo por falta de opciones, trabajo digno, educación, actividades lúdicas, formación cívica, verdadera presencia estatal que no comience y termine en las fuerzas de choque.

No es más pie de fuerza lo que necesitan localidades como Ciudad Bolívar, ni más escoltas o armas los ciudadanos que pueden pagarlos, ni más reos pudriéndose en la cárcel. De nada sirven si la ciudad y el país no les ofrecen oportunidades de vida digna a sus habitantes.

Esas paradojas

Por Mario Morales
No deja de ser paradójico que en el año de la tregua en Colombia se hayan incrementado las violaciones a la libertad de prensa. Una paradoja que sigue la tendencia mundial, pues en 2015 hubo más periodistas asesinados en países en paz que en zonas de conflicto. (Publica El Espectador)

Claro, fue año electoral, pero nada justifica ni el incremento de víctimas ni el decrecimiento de la libertad de expresión con su nefasta sombra sobre la democracia.

Por eso, según Reporteros sin Fronteras, pasamos del puesto 126 al 128 entre 180 países, sólo por encima de algunos con situación más crítica, como Honduras, Venezuela y México.

El 2015 se llevó 110 reporteros de manera violenta, de los cuales 67 casos están documentados como asesinatos por efecto del ejercicio profesional. Además, fueron muertos siete colaboradores de medios y 27 net ciudadanos. La trágica lista la encabezan Siria, Irak y Francia, por la masacre de Charlie Hebdo.

Aquí, al menos dos periodistas perdieron la vida ejerciendo su oficio. Y no fue por causa del conflicto armado. Flor Alba Núñez en Huila y Luis Peralta en Caquetá investigaban valientemente la corrupción. Ya tenemos 144 mártires en 38 años.

Paradójico que más peligrosos que la guerra resulten los civiles enmascarados acostumbrados a hacer de la suyas. ¿Qué harán ahora que se les acaba la mampara del conflicto?

También aumentaron, según la FLIP, las amenazas con respecto a 2014. Son 76 víctimas, incluidos periodistas de grandes medios como Vicky Dávila, Claudia Morales y Pascual Gaviria.

La estigmatización aumentó brutalmente, así como la obstrucción oficial al ejercicio reporteril. Tristemente en 2015 prescribieron otros tres casos de periodistas asesinados. Y al comenzar este año prescribió el de Alfredo Matiz Espinosa.

El año que se fue será recordado como aquel en el que país confirmó que la prensa era sistemáticamente chuzada, no sólo por delincuentes, sino por algunas entidades encargadas de velar por su seguridad. Esa es la otra paradoja.

El comienzo de otra época

Por Mario Morales
A diferencia de los anteriores, este año parece que sí va a tener cierre. Las tensiones, expectativas y proyectos inconclusos nos llevaron en el último lustro de un año a otro sin respiro ni pausa. (Publica El Espectador)

La consolidación del proceso de paz a pesar del matoneo uribista, el fin del mandato de gobernadores y alcaldes, especialmente aquellos que causan tanto escozor entre las élites, el giro ideológico en gobiernos de algunos países del área y el barrigazo por la crisis económica han obligado a un receso anticipado para tomar aire porque lo que se viene no va a ser fácil.

Hasta el punto que la agenda mediática está paralizada de no ser por los incendios de todos los fines de año y la impunidad disfrazada representada en la proliferación de brazaletes electrónicos, casas por cárcel y aparición repentina de enfermedades entre convictos, en medio del culiprontismo de ciertos jueces.

No se necesita ser un genio para entrever en 2016 la andanada de la extrema derecha contra todo lo que huela a reconciliación, plebiscito, reinserción y perdón. Esa estrategia de tierra arrasada le ha dado resultado a Uribe —incluso ya se habla de mediación del presidente Obama— y a sus áulicos que roban cámara y mojan prensa entre más dislocadas sean sus opiniones.

Tampoco se necesita bola de cristal para adelantar que el espejo retrovisor puesto sobre Petro ha hecho creer que con Peñalosa Bogotá está cerca de ser el paraíso terrenal. Qué mala memoria.

Y si a eso le sumamos el espejismo de las recientes elecciones en Venezuela y Argentina se entiende el entusiasmo de ciertas hierbas del pantano.

Ya veremos en un año, cuando la crisis, inflación, decrecimiento económico y reforma tributaria para tapar huecos fiscales comiencen a cobrar por ventanilla. Pagarán como siempre los más débiles, comenzando por el salario mínimo.

***

Moraleja: Comienza otra época. Que el nuevo año nos encuentre preparados. Bendiciones y los mejores augurios para todos.

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