por Mario Morales | Nov 12, 2025 | Actualidad, Blog, Opinión
Por Mario Morales
Esa es la paradoja. El presente político es esta exhibición de mediocridad inmóvil que hoy vemos, mientras el pasado parece ser dinámico, a juzgar por el sartal de posverdades y prejuicios con los que hoy quieren reconstruir los sucesos que nos tienen como nos tienen.
De modo que coyunturas como la toma, pero especialmente la retoma del Palacio de Justicia no son como nos dijeron, supimos o presenciamos algunos de nosotros, sino como se la imaginan a conveniencia los pésimos cuenteros que han pasado por los medios acomodando sus relatos, con estrategia de sastre, para limpiar los pecados de un Estado que no solo fue incapaz de defender la institucionalidad, sino que, como los genes que aúpan enfermedades, se torció y terminó por minarla.
Un poco más y habrá que matricularse en la nocturna para resetear la memoria y alfabetizarnos en realidades paralelas, como hoy hacen con algunos feligreses confundidos en campañas fosforescentes que tienen como único plante, y en medio de tantas oscuridades, haber reunido algo menos de catorce mil almas. Ah, pero no es sino ver cómo se engorda el relato grandilocuente de medios aliados y analistas fletados…
Lo mismo pasó con la recordación de la tragedia de Armero, de la cual hoy todo el mundo dice que avisó. Con razón no hubo reacción: no había nadie que escuchara. Y lo mismo va a pasar con cuanta efeméride se atraviese en esto doscientos días de campaña en los que no habrá verdad sólida ni perdurable…
Quizás no seamos más que la prueba que confirme la reciente investigación de la Universidad de Surrey que propone que el tiempo, en el mundo cuántico, no solo se mueve en una sola dirección, sino que puede fluir hacia adelante y hacia atrás…
Quien quita que en la historia que consuman en medio siglo, estos cinco lustros del nuevo milenio sean, gracias a la versión retro de los candidatos del futuro, nuestra época dorada, plagada de políticos honestos y de ciudadanos de bien; y que nuestras desavenencias, que hoy llamamos guerras, sean solo efluvios de una nación que nacía y estaba destinada a ser el verdadero país de las maravillas. Así todo es posible
por Mario Morales | Nov 5, 2025 | Actualidad, Blog, Opinión
Por Mario Morales
No dejó de causar cierto escalofrío el reciente conciliábulo de desocupados expresidentes y dueños de partidos, así en las fotos parecieran más asustados que sus observadores, no solo por la fecha escogida, que tantas supersticiones origina, sino por las invocaciones que hicieron a personajes del ultramundo de derechas o del más atrás en la historia que ellos mismos quieren cambiar a punta de mentiras y exageraciones para no quedar delatados.
Pero los rezos hicieron efecto. El temor natural a este tipo de pandemónium dio paso a la risa y luego a la lástima. Primero por los disfraces y los maquillajes, evidentemente improvisados, y luego por los rituales adelantados como ese punto inicial de hablar sobre cómo erradicar la pobreza, como si se tratara de un conjuro tras los inveterados fracasos de los presentes o de sus médiums que resumen tres décadas de retrocesos.
Más decepcionante aún fue el conjuro ese de que para lograrlo ¡hace falta solucionar primero los problemas del país! ¿En serio? Si de ese talante son las revelaciones del libro que lanzó recientemente uno de ellos, es posible que de veras estemos cerca del fin del mundo.
Entre los entretelones y telarañas de esa y otras cuchipandas programadas han quedado claras las mismas pócimas, a manera de voces de orden, que han promovido en sus últimas encarnaciones: el antipetrismo, el castrochavocomunismo, el amor narciso al país como si el país fueran sus prebendas y privilegios, y, como en todo aquelarre que se precie de serlo, la profesión de unidad como solo la pudo representar Shakespeare con las tres hermanas raras de Macbeth, incluyendo su desenlace.
Etiquetas todas que se pierden en el túnel de los tiempos en medio de sus contradicciones como esa de que quienes estén en esa batahola han de tener una ética probada y conocida. Un sortilegio a manera de filtro que pondría en riesgo nuevas camarillas por física sustracción de materia.
Tercamente siguen trabajando para el adversario en la misma proporción que se ha incrementado el consumo de inciensos, sahumerios y otros baños de limpieza…
por Mario Morales | Oct 29, 2025 | Actualidad, Blog, Opinión
Por Mario Morales
La ciclotimia nacional no es apta para tercos ni cuadriculados. No terminaba de celebrar la oposición mezquina las disparatadas medidas del gobierno estadounidense en contra del entorno presidencial, cuando más de tres millones de votos, incluidos no marcados y nulos, en la consulta del Pacto Histórico les aguaron la fiesta.
De sus proverbialmente descachados pronósticos de un presidente condenado al ostracismo, pasaron, sin anestesia, al estado de tensión por esos resultados que superaron ampliamente al más pesimista de sus observadores. Ocupados en ocultar y tergiversar el veredicto en las urnas, recurrieron hasta a la descalificación de los influenciadores, olvidando que hace siete años ellos fueron los importadores directos del modelo, eso sí mezclado entonces con discursos de odio, mentira y rabia.
En el colmo de la incoherencia se fueron lanza en ristre contra creadores de contenido llegados a la política, señalándolos de superficiales, inexpertos y oportunistas. Como si hubiese diferencia en fundamentación conceptual entre ellos y, digamos, Peñalosa, Galán, Cárdenas, Pinzón o Paloma Valencia, para mencionar solo algunos…
Esa consulta, como los resultados en Argentina, muestran que los desesperados ciudadanos buscan con el voto dos cosas que pueden ser una misma: el diferencial en relación con discursos trasnochados, repetidos y oxidados y la posibilidad de una esperanza, incluso rayana en el delirio, como la de Milei, con tal de, por lo menos, hacer soñar con salir del lodazal.
Más allá de lo que pase en la interconsulta, el crecimiento exponencial de Iván Cepeda en 65 días se explica por su sobriedad y parquedad frente a la multiplicación de porristas, saltimbanquis y diletantes que tantas desilusiones han suscitado. Y porque, a pesar de los pobres resultados del gobierno, la esperanza de un cambio real en este país inequitativo, corrupto e injusto, sigue intacta para quien lo padecen día a día.
Cuando los outsiders son la norma y las piruetas y excentricidades, la costumbre, la discreción y la ecuanimidad pueden hacer la diferencia. Así de saturados estamos…
por Mario Morales | Oct 24, 2025 | Actualidad, Análisis, Blog, Opinión
Por Mario Morales
Que no sean actividades reconocidas es una cosa, pero que por repetición se hayan ido profesionalizando lo demuestra el desmadre en el que nos tienen. Por eso cada vez es más difícil saber cuándo una protesta es genuina, cuándo es movida por actores embozados y cuándo podría estar guiada por mercenarios: El caos como escuela.
Claro, hay niveles. Hay quienes se dedican a tirar piedra, lanzar bombas caseras y, en el colmo de la exaltación macondiana, a arrojar flechas. Y hay quienes con la mampara de un rol actual o del pasado, como algunos expresidentes, desde la amargura de su soledad con artritis, pretenden borrar su pasado pidiendo explicaciones que ellos no fueron capaces de dar. Actividad no solo indigna sino indignante en tanto que contribuyeron por acción u omisión a los males presentes.
Buscan profesionalizarse algunos opositores, candidatos a opositores y candidatos a cipayos que hacen suyos dislates trumpistas como si en algunos de esos señalamientos no estuviera incluida la nación entera. (Tiene razón la senadora estadounidense Jeanne Shaheen al calificar las amenazas como miopes y contraproducentes, aunque comparta preocupación por la ineficiencia del gobierno para frenar la producción de cocaína).
Más abajo están los oportunistas de oficio, otra suerte de mercenarios que, a punta de agravios y ultrajes, esperan reconocimiento de las métricas para formalizarse en esa otra profesión deleznable de parasitar toda la vida a costa del Estado.
Le siguen quienes, paralizando u obstaculizando, se dedican a la innoble cooptación de puestos y entrenan a hijos, consortes o familiares para que los sucedan en nombre dizque del sagrado derecho al legado.
Forman parte del entramado que reclama profesionalización los financiadores electorales en las sombras, jueces que comercian impunidades, revendedores de firmas, negociantes de avales, mercaderes de puestos en listas, transhumantes electorales, tasadores de votos…
Se entiende entonces que quieran crear “universidades” que puedan acreditar todo ese conocimiento y homologar toda esa experiencia que permita que los sigamos llamando doctores.
por Mario Morales | Oct 18, 2025 | Actualidad, Análisis, Blog, Opinión
Por Mario Morales
Pierden el tiempo quienes quieren homologarnos con los seres humanos de otras latitudes, porque nuestro destino pareciera ir en contravía, si nos atenemos a los hechos de los últimos días…
Mientras en otras democracias serias, como Francia, los expresidentes hallados culpables van a la cárcel, como parias y sin objeción gracias al acervo probatorio, aquí los imputados gozan de prebendas y beneficios que no tienen los ciudadanos de bien. Y los aplauden.
Solo en este suelo, signados por la influencia del cangrejismo, creemos que toda gloria pasada fue peor y, presas de la mezquindad, que los logros, distinciones y premios, como el Nobel de paz, fueron efecto de un descache planetario o de un complot global.
Solo en estas latitudes se celebra al revés: el reencuentro con agresión, como en el día de la madre; el triunfo con violencia porque sin sangre no hay embriaguez y un acto de destrucción como sinónimo de progreso. No es sino ver el jolgorio por una implosión, dizque pionera, como en Puente Aranda, desconociendo que desde, por lo menos 20 meses, ya habían implosionado en Bogotá las basuras, cementerios, servicios públicos, movilidad y seguridad, como en el críptico mensaje de Gabo en La Hojarasca.
Solo aquí los tiempos electorales se viven a la inversa. Una vez tomadas las decisiones, el patrón de relacionamiento social es la agresión, manifestada en bates, armas de fuego y el peor glosario del diccionario mientras antes y durante las campañas es la condescendencia y el halago con los candidatos saltimbanquis, transformados, showceros, manipuladores y contradichos que en otro lugar clasificarían si acaso para un freak show.
Aquí la dignidad es sinónimo de patanería, de salirse con la suya; de pasar por encima de la ley, gracias a prontuarios y abusos; de reincidencia, de evadir el castigo, de tener la casa por cárcel, o por lo menos, hacer de la cárcel su casa; pero sobre todo de alardear por ello.
Sí, somos un pueblo peculiar que hizo de sus malos ejemplos un camino, de su desmemoria un método y de sus vicios una cultura.