La muerte de la televisión abierta

Por Mario Morales
Todo comenzó como chiste, cuando Groucho Marx predijo el fin de la tv cuando apenas nacía. Después pregoneros investidos como augures el siglo pasado administraron los santos óleos a ese medio tal y como lo conocíamos. Luego llegaron los gurúes fletados que pusieron a conveniencia fecha de cierre a la caja mágica. Detrás estaban intereses de empresas tecnológicas o de politiqueros temerosos de su gigantesca influencia.
Culpables externos no faltaron al inicio de siglo: llegada de internet, implementación de nuevas plataformas o cambios en el consumo. Luego llegaron los internos: privatización y nuevos modelos de negocio que llevaron a los canales en el continente a producir contenidos para plataformas de pago y dejar el residual para sus canales generalistas.
Ayudan la pobreza de contenidos con la disculpa del vértigo, la sobreideologización de franjas noticiosas rayanas en activismos, repetición al extremo de programas otrora exitosos, la inmovilidad con pretendidas fórmulas mágicas del pasado, la radialización de la escena, desconocimiento del lenguaje audiovisual y la permanente e incomprensible referencia a redes y autopistas digitales como lugares para encontrarlo todo, y gratis, hasta la mímesis de sus estéticas y contenidos bajo el patrón de la nadería y el sin sentido.
Han coadyuvado la desidia o antipatía de los gobiernos recientes, que desconocen un medio que tiene legislación antediluviana y lo desprecian o manosean. Esa tv abierta llega a algo más de 700 municipios, pero no termina de bajar a hogares por falta de señal consistente, pedagogía o dispositivos adecuados.
Lo único que faltaba es que algunos de quienes se lucran de ella a través de suscripciones sean los encargados de cantar responsos sobre su cadáver insepulto con tarifas incomparables e impagables que varían mes a mes a gusto del operador, publicidad engañosa, contratos leoninos, intermediaciones innecesarias, cobros anticipados, absurdas cláusulas de reconexión y pagos previos a cualquier reclamación. No se trata ya del apagón analógico, sino de la extinción de un derecho que creímos inextinguible.

La dictadura de las estrategias

Por Mario Morales

A Oswald Spengler, autor de La Decadencia de occidente, que anticipó el declive la cultura y su reemplazo por una civilización decrépita como antesala del cesarismo o poder ejecutivo autoritario, solo le faltó predecir su carácter tragicómico, eso sí, sin final feliz.

Por culpa de las utopías no anticipó que las estrategias, desplazando a la política o en su nombre, para decepción de Clausewitz, iban a ser la verdadera guerra por otros medios. Ni que iban a degenerar en “stand up” transnacionales, pero no por ello menos plebeyos que vemos en redes sociales y, revestidos de falsa solemnidad, en medios tradicionales.

Sirva como ejemplo lo que no iba a ser más que una caricatura, ideada por un estratega recién llegado, en la que un presidente arenga, como en la saga de Marvel, a formar el ejército de salvación del mundo, y que, respondida por asesores caricaturescos, caídos en provocación, potenciaron una proclama particular como relato global, el clásico efecto Streissand de perifonear lo que se quiere acallar.

Es el resultado de otros malos estrategas que enviaron a alcaldes y legisladores arrodillados a planear con homólogos gringos la manera de encuellar a un presidente sin tocar la economía, no solo por razones propagandísticas sino por los efectos futuros en el país que aspiran a refundar. Les salió mal: con sanciones pierden ellos porque construyen la figura de un perseguido; sin sanciones aúpan la voz del agitador.

No son los únicos rehenes de los “gurúes del marketing”; ahí tienen a una candidata dándose tiros cada que habla o grita, a un exacalde cultivando su fama de lamesuelas, a un eterno candidato simulando discursos de mano dura, a un excorista tratando de saltar del cartón de la impostura; a unos viejitos gagás repitiendo tácticas del pasado condenadas al fracaso y a un redil de ingenuos cometiendo excentricidades sin pudor.

El resultado es esta oclocracia, al decir de Rousseau, o democracia desnaturalizada por culpa de estrategias en buscade clics y likes que usurpan la voluntad general, con pretendido tono tragicómico… si al menos fueran ingeniosas.

Requisitos para ser presidenciable

Por Mario Morales
Urge decantar, antes de fin de año, mediante concurso, examen o prueba saber pre, la mamotrética lista de aspirantes a presidencia. No solo por solemnidad para tan alta majestad o economía de recursos, también por la salud mental del pueblo colombiano.
Deberían instituirse requisitos insoslayables y verificables para quienes se inscriban. El primero es no tener experiencia alguna con el resobado argumento de que entre más lejos de los “abejas” menos posibilidades de untarse de miel…
2.-Haberse rebelado contra el establecimiento, recogido firmas o pertenecer a la coalición del abstraccionismo para prometer perogrulladas a lo Faryd, como en el Centro Democrático, y simular la ausencia de soluciones.
3.  Certificar dominio de voz, ojalá con fonoaudiólogo, reemplazable con carátulas de discos, menciones en canciones o autotune, por lo menos como coristas en tonos altos.
4. Tener diplomatura en uso de insultos, agravios, calumnias o ataques a quienes los investigan judicial o periodísticamente.
5. Ubicarse en lo que, antes del desprestigio, se llamaba centro, prometiendo equidistancia de los extremos después de borrar trinos insidiosos, lamboneadas o arrodilladas a caciques, convictos, manzanillos o patrones regionales.
6. Tener, aunque sea, una investigación formal, pero con bonus track si han sido enjuiciados, condenados o liberados por vencimiento de términos.
7. Haberse declarado antipetrista desde la cuna, pero con quiebre de cintura para justificar puestos, contratos o cuotas en la actual administración y declararlos como servicio a la patria.
8. Haber intentado hablar, parafraseado o etiquetado a Trump o Bukele en trinos sin pudor y con babero.
9. Demostrar idoneidad en camuflaje, cosmética o cirugía plástica para simular talentos, clonar carismas e imposturas donde no las hay.
10. Construir una hoja de vida tan larga que sea imposible investigarla antes de 4 años.
Y que quede tiempo para filtrar votantes y saber si están habilitados para el sagrado derecho a equivocarse, votar en contra o, como cualquier brayan, sacar provecho de su ejercicio ciudadano.

De manifestaciones, proclamas, arengas y protestas

Esquilmados casi todos los derechos, en este neodarwinismo político y socioeconómico, solo les quedan a las masas las plazas, las vías y las redes. Es poco, pero lo simboliza todo. Como lo dejó ver el manifiesto de la premiada actriz judía Hannah Einbinder en los Emmy: “…que se joda el ICE (control aduanero y migratorio), y libertad para Palestina”; y que han hecho suyo y ampliado y mejorado otros valientes actores y actrices que van de Cate Blanchet  a Javier Bardem, pasando por Julie Christie, Livia Colman y Josh O’Connor.

Enseña, que han gritado pacíficamente más de cien mil personas en Madrid en el cierre de la Vuelta a España, en medio del trasnochado debate de si el deporte, como las artes, deben separarse de la política, y que la UCI, ese otro conglomerado de mercachifles del ciclismo en provecho propio, quiso aislar, como lo querrá hacer la FIFA, pidiendo, para colmo de atrocidades, respeto por valores olímpicos y ¡por la paz!

Si es así, en nombre de lo que queda de humanidad, que todo el calendario deportivo se reemplace por manifestaciones hasta que cesen el genocidio en Gaza y el sportwahsing o lavado de imagen del estado de Israel, al que hay que distinguir de los judíos, como pedía Eibinder.

Proclamas que deben ser extensivas contra asesinatos sin juicio previo en aguas internacionales del Caribe, pero también contra el talante autoritario, vetusto y humillante con el que nos acaban de descertificar simbólica e injustamente en la lucha contra las drogas, calvario de esta nación que echó a perder su norte y la vida de algunos de sus mejores hijos, mientras el resto son tratados como parias al vaivén de caprichos despóticos.

Faltan líneas para referirse desde las arengas en Ucrania hasta las justísimas protestas de ayer de los bogotanos, sin movilidad, con basuras y sin administración.

Pero, es lo que nos queda, antes que los darwinianos avanzados decidan, como hicieron en contra de la moral y la justicia que los humanos no somos una sola raza, así como han demostrado con la fuerza de su brutalidad que no pertenecen a la misma especie, la de los homos sapiens.

El país del desparche

Por Mario Morales

Cualquiera diría que aquí nos la pasamos de desparche; que como no hay nada que hacer, porque todo fluye en el país de las maravillas, hay que inventarse actividades para justificar salarios y parecer que trabajamos.

Basta mirar el desocupe de los alcaldes de grandes ciudades que, ante el florecimiento de sus urbes fueron a darse una vueltecita no sabemos si a Washington, donde tienen poco o nada que hacer y hay menos lugares certificados para entretenerse que Miami, por ejemplo, que tenía el atractivo de los premios MTV, cuyo primer ganador fue Ricky Martin que puso a gozar a todos con su Living la vida loca, como si los alcaldes hubieran estado en el escenario.

A última hora se bajó de ese Transmilenio el “alca-rénder” Galán, no solo porque prefería ver el inocuo viaje en realidad virtual, sino porque anda de holganza recolectando fotos de los vagones del Metro que, vaya paradoja, llegan a Bogotá en camiones y que durante añitos servirán, si acaso, como lugares turísticos para quienes, como su burgomaestre, no tengan mejor plan.

Es evidente el desocupe de Vargas Lleras que en su realidad paralela funge y finge como

presunto determinador de lo que pasa en su país imaginario, a pesar de que para el resto de ciudadanos su nombre no suena ni truena, ni siquiera en las falsas encuestas falsas que hoy llenan el ocio de los más de 102 candidatos que no tienen otra cosa que hacer que lanzarse a las urnas como si estuvieran en el balneario de moda.

Menos mal no faltan pasatiempos para la oposición, como el de vestir o criticar el gusto personal del presidente, montarle o difundir videos con inteligencia artificial o de apostarle a sus juegos de (debajo de la) mesa, o a los juegos de roles para hacer trizas al país para ver si alguien acierta a refundar la patria.

Quizás sea hora de repensar lo de la disminución de la jornada laboral, la ley Emiliani, las pausas activas antes que, fruto de la envidia, terminemos certificados ya no como el país de belleza, sino de la pereza.

Entre la decadencia y la incredulidad

Por Mario Morales

La decadencia de una casa comienza cuando al jefe del clan dejan de creerle. Solo la sostienen la costumbre y un poco respeto que termina de minar el jefe venido a menos, cuando no la ambición por la pretendida herencia.

Es lo que dejan ver los entretelones de la extrema derecha y la rapiña por una candidatura.  Porque no han sido pocos los errores del expresidente Uribe, como nominador, ni las veces que ha violado los acuerdos con sus seguidores que solo lo obedecen porque al fin y al cabo es el dueño del partido, como dicen entre dientes.

Uribe ha pasado de ser, como dijera Baltasar Gracián a propósito de las metáforas de las edades, “a los cincuenta, una serpiente; a los sesenta, un perro, y a los setenta un mono”, como lo dejan ver sus argucias, groseras por obvias, como la renuncia a la prescripción de su caso por el que está condenado, para que la sentencia en firme se siga extendiendo a su antojo.

Difícil creer que la iniciativa fuera de Miguel Uribe Londoño para aprovecharse, sin hígados, del asesinato de su hijo para autopostularse como precandidato. Sabe que no tiene fondo. Discretísimo concejal, discretísimo congresista, será un discretísimo precandidato cuando las rabias reposen. Pero esa decisión ha dejado ver por primera vez el malestar y la rebeldía de los otros cuatro aspirantes, que mutatis mutandis ha ido confrontando los visos autoritarios e inconsultos de su jefe, en nombres y plazos, mientras da tumbos en busca de un perfil que le dé alguna opción.

Perdida la plena confianza, las precandidatas solo atinan a ponerle freno; otros, como Abelardo, aspiran sin disimulo a sustituirlo, algunos como Pinzón quieren imitarlo y el resto sueña con heredarlo, mientras lo lisonjean hasta donde se los permite la ambición, la necesidad o la hipocresía, haciéndole creer que todavía es el gran elector, en contravía de las encuestas; o que este país es el mismo de hace cinco lustros… Parafrasendo a Iñaki Gabilondo: “…convencidos de que gestionan una verdad de orden superior, se están negando a entender su decadencia.”

Suscribir
Twitter
Visit Us
Follow Me
YOUTUBE
LinkedIn
Instagram