por Mario Morales | Nov 21, 2025 | Actualidad, Análisis, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
¿Qué tienen en común la operación trumpista Lanza del sur sobre Venezuela y la insistencia en una presurosa encuesta, en apenas 3 semanas, del controvertido, camaleónico e intimidante Abelardo de la Espriella?
Se trata, mutatis mutandis, de la puesta en escena de una estrategia de propaganda política implementada en 1932 por Goebbels, cuando el partido Nazi estaba de capa caída, que documentó el teórico Jean M Domenach y que relata cómo el ministro de propaganda, ante la desbandada de prosélitos enfocó líderes y esfuerzos en unas elecciones parciales de un pequeño distrito, donde triunfaron e hicieron creer al resto de la nación que Hitler, a pesar del descrédito e incredulidad, estaba de vuelta.
En la idea de construcción de su propio mito nada será convincente si Trump no recupera influencia en su patio trasero, con el bonus track de una de las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo. Acudiendo al reflejo y a la inhibición condicionadas de Pavlov, mediante la amenaza de la fuerza aeronaval más poderosa del planeta y la zanahoria de la negociación en pos de una claudicación, así sea parcial, el presidente busca sentar precedentes para Colombia, México y otros países del área sin disparar un solo misil.
De la misma manera, el autodenominado tigre colombiano, aspira, montado en las liebres ilusorias de un evento minúsculo y unas presuntas encuestas mezcladas con apuestas, a aprovechar sus 15 minutos de fama y, pasando por encima de sus colegas de derechas, a convertirse inopinadamente en candidato de una pretendida coalición, en la que no cree ni él, antes que se le aparezca, como es previsible, un contendor que lo ponga en su lugar. Él y sus asesores saben que la visibilidad sin sustento es efímera.
Son, como lo denominan los cánones, estrategias piloto fundamentadas en el rumor político, aupadas por dinámicas digitales y el culiprontismo de medios y analistas que dan por sentadas especulaciones tendientes a crear fenómenos políticos con ayuda del inflamil, ya que nadie, por culpa de la ley y de la estigmatización de la oposición, le puede echar la culpa a las encuestas.
Por Mario Morales
¿Qué tienen en común la operación trumpista Lanza del sur sobre Venezuela y la insistencia en una presurosa encuesta, en apenas 3 semanas, del controvertido, camaleónico e intimidante Abelardo de la Espriella?
Se trata, mutatis mutandis, de la puesta en escena de una estrategia de propaganda política implementada en 1932 por Goebbels, cuando el partido Nazi estaba de capa caída, que documentó el teórico Jean M Domenach y que relata cómo el ministro de propaganda, ante la desbandada de prosélitos enfocó líderes y esfuerzos en unas elecciones parciales de un pequeño distrito, donde triunfaron e hicieron creer al resto de la nación que Hitler, a pesar del descrédito e incredulidad, estaba de vuelta.
En la idea de construcción de su propio mito nada será convincente si Trump no recupera influencia en su patio trasero, con el bonus track de una de las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo. Acudiendo al reflejo y a la inhibición condicionadas de Pavlov, mediante la amenaza de la fuerza aeronaval más poderosa del planeta y la zanahoria de la negociación en pos de una claudicación, así sea parcial, el presidente busca sentar precedentes para Colombia, México y otros países del área sin disparar un solo misil.
De la misma manera, el autodenominado tigre colombiano, aspira, montado en las liebres ilusorias de un evento minúsculo y unas presuntas encuestas mezcladas con apuestas, a aprovechar sus 15 minutos de fama y, pasando por encima de sus colegas de derechas, a convertirse inopinadamente en candidato de una pretendida coalición, en la que no cree ni él, antes que se le aparezca, como es previsible, un contendor que lo ponga en su lugar. Él y sus asesores saben que la visibilidad sin sustento es efímera.
Son, como lo denominan los cánones, estrategias piloto fundamentadas en el rumor político, aupadas por dinámicas digitales y el culiprontismo de medios y analistas que dan por sentadas especulaciones tendientes a crear fenómenos políticos con ayuda del inflamil, ya que nadie, por culpa de la ley y de la estigmatización de la oposición, le puede echar la culpa a las encuestas.
por Mario Morales | Oct 1, 2025 | Actualidad, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
A Oswald Spengler, autor de La Decadencia de occidente, que anticipó el declive la cultura y su reemplazo por una civilización decrépita como antesala del cesarismo o poder ejecutivo autoritario, solo le faltó predecir su carácter tragicómico, eso sí, sin final feliz.
Por culpa de las utopías no anticipó que las estrategias, desplazando a la política o en su nombre, para decepción de Clausewitz, iban a ser la verdadera guerra por otros medios. Ni que iban a degenerar en “stand up” transnacionales, pero no por ello menos plebeyos que vemos en redes sociales y, revestidos de falsa solemnidad, en medios tradicionales.
Sirva como ejemplo lo que no iba a ser más que una caricatura, ideada por un estratega recién llegado, en la que un presidente arenga, como en la saga de Marvel, a formar el ejército de salvación del mundo, y que, respondida por asesores caricaturescos, caídos en provocación, potenciaron una proclama particular como relato global, el clásico efecto Streissand de perifonear lo que se quiere acallar.
Es el resultado de otros malos estrategas que enviaron a alcaldes y legisladores arrodillados a planear con homólogos gringos la manera de encuellar a un presidente sin tocar la economía, no solo por razones propagandísticas sino por los efectos futuros en el país que aspiran a refundar. Les salió mal: con sanciones pierden ellos porque construyen la figura de un perseguido; sin sanciones aúpan la voz del agitador.
No son los únicos rehenes de los “gurúes del marketing”; ahí tienen a una candidata dándose tiros cada que habla o grita, a un exacalde cultivando su fama de lamesuelas, a un eterno candidato simulando discursos de mano dura, a un excorista tratando de saltar del cartón de la impostura; a unos viejitos gagás repitiendo tácticas del pasado condenadas al fracaso y a un redil de ingenuos cometiendo excentricidades sin pudor.
El resultado es esta oclocracia, al decir de Rousseau, o democracia desnaturalizada por culpa de estrategias en buscade clics y likes que usurpan la voluntad general, con pretendido tono tragicómico… si al menos fueran ingeniosas.
por Mario Morales | Ago 21, 2025 | Actualidad, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Sería exageración decir que comenzó la campaña electoral en serio. Antes que programas y propuestas han comenzado a aparecer actos y performances para deleite de redes, desprograme de medios y ocasión para que casi todos los (pre) candidatos que no tienen nada que hacer en las (in)justas electorales gocen de sus quince minutos de mala fama y, como en realities de canto, confirmen nuestra inveterada vocación para el ridículo.
Sin sonrojo, los estrategas, expertos en inflar figuras como si estuviéramos en una feria de tube men, echan mano de puestas en escena imposibles para llamar la atención en esta sociedad sesgada y fraccionada en burbujas y clubes selectos como lo vino a comprobar, sin gracia, Daniel Quintero en el conciliábulo de la Andi.
O como lo vino a saber esa suerte de sky dancer en que se ha convertido Abelardo de la Espriella tocando a las puertas del pandemonium del Centro Democrático, al que no llegó a clasificar a pesar de su histrionismo corroncho, trasvestismo político, cosmética conversión religiosa y toda la silicona dialéctica para engatusar ingenuos.
O como lo dejan ver las muchas y repetidas bumper balls, esos otros inflables con que se revisten para chocar quienes crecieron creyendo que la vida es un ring y los demás, sparrings para poder hacer parte del club de la pelea que, como se sabe, se reservan tanto el derecho de agresión como de admisión.
O como quienes, expertos en micos, presentan proyectos electoreros, como ese del referendo para tumbar el proceso de paz con las Farc, con el que uno diría que sueña Uribe, si sus ojos brotados, tics y gestos no demostraran el insomnio, la peste que parece aquejarlo y cuyos dos síntomas protuberantes, según Gabo, son ausencia de sueño y pérdida de la memoria de lo que fueron sus oscuros gobiernos.
Eso sí, ellos parecen cumplir las reglas de entrada, presentes o en cuerpo ajeno, a ese otro selecto club de aspirantes a estar en el tarjetón, y que se resumen en perderle el miedo a la vergüenza, estar vacunado contra el ridículo o poseídos por el cinismo.
por Mario Morales | Ago 21, 2025 | Actualidad, Blog, Com. Política
Por Mario Morales
Sería exageración decir que comenzó la campaña electoral en serio. Antes que programas y propuestas han comenzado a aparecer actos y performances para deleite de redes, desprograme de medios y ocasión para que casi todos los (pre) candidatos que no tienen nada que hacer en las (in)justas electorales gocen de sus quince minutos de mala fama y, como en realities de canto, confirmen nuestra inveterada vocación para el ridículo.
Sin sonrojo, los estrategas, expertos en inflar figuras como si estuviéramos en una feria de tube men, echan mano de puestas en escena imposibles para llamar la atención en esta sociedad sesgada y fraccionada en burbujas y clubes selectos como lo vino a comprobar, sin gracia, Daniel Quintero en el conciliábulo de la Andi.
O como lo vino a saber esa suerte de sky dancer en que se ha convertido Abelardo de la Espriella tocando a las puertas del pandemonium del Centro Democrático, al que no llegó a clasificar a pesar de su histrionismo corroncho, trasvestismo político, cosmética conversión religiosa y toda la silicona dialéctica para engatusar ingenuos.
O como lo dejan ver las muchas y repetidas bumper balls, esos otros inflables con que se revisten para chocar quienes crecieron creyendo que la vida es un ring y los demás, sparrings para poder hacer parte del club de la pelea que, como se sabe, se reservan tanto el derecho de agresión como de admisión.
O como quienes, expertos en micos, presentan proyectos electoreros, como ese del referendo para tumbar el proceso de paz con las Farc, con el que uno diría que sueña Uribe, si sus ojos brotados, tics y gestos no demostraran el insomnio, la peste que parece aquejarlo y cuyos dos síntomas protuberantes, según Gabo, son ausencia de sueño y pérdida de la memoria de lo que fueron sus oscuros gobiernos.
Eso sí, ellos parecen cumplir las reglas de entrada, presentes o en cuerpo ajeno, a ese otro selecto club de aspirantes a estar en el tarjetón, y que se resumen en perderle el miedo a la vergüenza, estar vacunado contra el ridículo o poseídos por el cinismo
por Mario Morales | Ago 6, 2025 | Blog, Com. Política, Opinión

Esa frase repetida de “un fallo político” desnudó la estrategia defensiva del expresidente Uribe. No se trataba de utilizar el fallo judicial condenatorio como base en la exigua plataforma política de sus huestes. Saben que entre ellos no hay opción de una candidatura viable. El objetivo es utilizar la campaña electoral para salvar su nombre de la picota pública que ahora ocupa para la historia.
Hacer invivible la república con mensajes virulentos que les funcionaron hace seis años, pero hoy suenan repetitivos; hacer lobby internacional para allegar pronunciamientos y hasta sanciones, así tenga que pagar la población; o construir denuncias moralistas o desinformaciones descalificadoras buscan meter miedo para amilanar o arrinconar a los jueces que revisarán la andanada de tutelas que se viene y luego la apelación para esquivar la condena y ratificar ese imaginario de que con él no se mete nadie.
Eso, entre los leales que le quedan (el resto son interesados o no tienen a dónde ir), implica el sacrificio de simplificar cualquier propuesta y unificar el discurso sobre la pretendida injusticia contra Uribe, cacareando, a falta de jurisprudencia, los más peregrinos argumentos como ese de “cómo es posible que otros delinquieron y están libres y Uribe no”, o de que “él nunca se enteró de las andanzas y triquiñuelas de su círculo cercano investigado o detenido”. Se trata de una directriz que trastoca los planes de quienes siguen pensando en el “favor de Uribe”, porque los obliga a aplazar una vez más sus aspiraciones personales, con un condicionante aún más paralizante: que si Miguel Uribe se recupera, él sería el candidato formal.
Ese conformismo explica la invisibilidad de todos ellos en las encuestas. Ciertamente no merecen un rol de liderazgo en su gallinero ni en el vecindario donde cada día llega un gallo nuevo a cantar, con el mismo tono gritón, agresivo y escandalizante. ¿Se les acabaron las neuronas a los asesores de campaña?
De repente ya no se trata de política ni “salvar al país”, sino de salvar a Uribe, como sea.
por Mario Morales | Jul 30, 2025 | Blog, Com. Política, Opinión
No cuaja, afuera de sus cuarteles, la estrategia de victimización del expresidente Uribe y del cada vez más reducido séquito de plañideras que dice seguirlo, luego de que se quedó sin alternativas frente a la firmeza de la administración de justicia y la contundencia de las pruebas que llevaron a declararlo culpable en dos delitos civiles.
Tampoco florecen, más allá de los fuegos de artificio, las presiones simbólicas, mediáticas ni reales, hasta el punto de exacerbar los miedos por lo que podía suceder si era encontrado culpable. Una vez más, la rama judicial, con aplomo y transparencia pudo resguardar la institucionalidad, la justicia y el sentido común.
En lo único que ha sido eficiente la diezmada oposición es en el vilipendiado arte de combinar la sapería con lagartería para buscar aprobación en la reducción de ayuda económica en la Cámara estadounidense y las intromisiones en forma de declaración de miembros del gobierno de ese país y de congresistas republicanos contra el valiente sentido de fallo emitido el lunes. Es una jugada de kamikazes con pretendido efecto en esta campaña pero que, en cualquier caso, afectará al próximo gobierno y al país todo.
Más allá de la sentencia, las apelaciones y revisiones, el episodio tiende a marcar, así sea subrepticiamente, el punto de giro y declive de la relación del expresidente con su bancada toda vez que pasa a convertirse en un fardo al tiempo que en un blanco fácil de campaña.
De fenómeno político, Uribe pasó a ser fenómeno de opinión y luego, escasamente, fenómeno algorítmico en la idea avivar la rabia que otrora le permitió resucitar y liderar un combo de admiradores e interesados que se agotó en sí mismo.
El juicio sirvió, eso sí, para que a politiqueros y líderes de opinión, entre ellos periodistas, se les cayeran las caretas o lo que quedaba de ellas. En medio de ese naufragio no es difícil predecir el éxodo paulatino y taimado de precandidatos de esa bancada hacia terrenos menos yermos. Y la aparición fugaz de supuestos herederos de formas de hacer política que, entre líneas, también fueron condenadas tras larguísimos 13 años de proceso judicial. Pero dofícil que fragüe alguno…