por Mario Morales | Nov 14, 2017 | Blog, Com. Política, Opinión
No pasa el examen el gobierno Duque en términos de comunicación al cabo de estos primeros 100 días.
Primero, porque sigue utilizando la misma estrategia de campaña: frases
en futuro imperfecto, lenguaje edulcorado y enseñas que invitan a la
acción, pero que no lidera.
Segundo, porque en su afán de caerle bien a todo el mundo ha puesto en
confrontación a su círculo más cercano con los demás anillos del poder
que lo escuchan decir una cosa en persona, pero otra muy distinta en
otros escenarios, tal y como acaba de suceder en Francia en torno al
Acuerdo de Paz.
Tercero, porque en sus discursos parece estar pisando cáscaras de huevo y
haber optado por la ambigüedad para que cada quien interprete a su
manera.
Cuarto, porque no se ha podido desprender en sus narrativas de la figura
de asesor, consultor o delegado, arrinconado por la sombra del senador
Uribe que le recuerda en cada intervención para qué sirve el poder.
Quinto, porque en aras de un discurso pretendidamente conciliador ha
perdido la iniciativa de la agenda, del debate y de la dirección de su
administración, eclipsada por la barahúnda irresponsable de propuestas
del Centro Democrático, que sabe que su terreno propicio es la
confusión.
Sexto, porque ha entrado en profundas contradicciones con su pasado
reciente en asuntos clave como la reforma tributaria, minería, lucha
contra las drogas, meritocracia y hasta el precio de los combustibles,
jalonado por personajes inflados como su ministro de Hacienda.
Séptimo, porque su ausentismo, a raíz del tren de viajes, comienza a ser evidente.
Octavo, porque su tal mayoría en el Congreso no existe y el período
legislativo con sus propuestas centrales están a punto de ser un rotundo
fracaso.
Noveno, porque su indecisión y desconocimiento del oficio de gobernar lo
hacen ver como débil, como lo demuestran marchas, movimientos,
encuestas y descontentos generales.
Y décimo, porque este país sumiso y de doble moral simula disgustarle su
frivolidad para no decir que añora la mano fuerte y la voz de mando.
por marioemorales | Sep 26, 2017 | Blog, Com. Política, Opinión
Era de esperarse. En algún momento las campañas políticas iban a comenzar a girar en torno a “la paz”, escrita así, en sentido amplio. Sin concluir la fase de lucha de clases que plantean los orígenes, apellidos y antecedentes de Vargas Lleras y Petro, veremos, a partir de ahora, cómo partidos y firmones se alinderan a lado y lado de esa línea simbólica que es la implementación del proceso de paz. (Publica El Espectador)
La inminente alianza entre Juan Fernando Cristo y Clara López, con la evidente enseña de defender los acuerdos, rompe la calma chicha que rodea a los aspirantes a la Presidencia, que se siguen mirando entre sí, como en un embalaje ciclístico, esperando a ver quién arranca de veras, para recortarle diferencias a Germán Vargas Lleras, el líder de las encuestas de percepción que preguntan quién creen que va a ganar, así no piensen votar por él; y a Gustavo Petro, que encabeza las encuestas que preguntan quién puede hacerle oposición a Vargas Lleras, así no tengan intenciones de sufragar a su favor.
Y es que mientras el tema de la paz promueve polarización, delata sectarizaciones e incita creencias y prejuicios de las masas, otros asuntos, como la lucha anticorrupción, generan consensos y serán banderas comunes a pesar de los gigantescos rabos de paja que andan por ahí, pagando escondederos a peso.
Si primara la tan escasa coherencia, se vería a De la Calle, Cristo, Clara y Petro (y Pearl como Navarro buscando curules) de un lado; y a Vargas Lleras, el que diga Uribe y las obedientes ovejas de algunas iglesias cristianas del otro; se sabe que la alianza Fajardo-Robledo-Claudia apoya el proceso, pero si supedita la bandera anticorrupción se desdibuja. Expectante estará ese sempiterno 25 % de la franja de opinión… Es decir, tal como estábamos hace un año frente al plebiscito. ¿No habremos cambiado ni con la visita papal?
Llegado es el momento en que candidatos a las legislativas y presidenciales tengan que declarar de qué lado están. Entonces comenzará la “verdadera” campaña.
por Mario Morales | Mar 14, 2017 | Blog, Com. Política, Opinión, PatriaBoba.com
Por Mario Morales
Disculpe, presidente, pero parece que estamos igual de sorprendidos. Usted, porque en su campaña y su Gobierno tiene personas que deciden sin o a pesar de usted mismo, y yo, porque “me acabo de enterar” de que o bien al frente de los des(a)tinos del país no había un líder con la suficiente idoneidad, o bien con la necesaria dignidad para asumir sus responsabilidades. (Publica El Espectador)
Esa sorpresa se multiplica por culpa de sus biógrafos y allegados que vendieron la idea de que estábamos al frente de un político sagaz y astuto, o lo que quiera que eso signifique en los nuevos diccionarios para definir los hechos alternativos. Si hasta nos dijeron que tenía la chispa para mover las locomotoras del siglo XXI, una chispa con siete años de atraso; demasiado tiempo en esta tierra del olvido.
Algo debe haber en torno al solio presidencial, y a los cargos públicos que tienen que ver con la contratación, que origina esa peste no declarada, pero no por ello menos grave, por culpa de la cual nadie “se entera” de nada, nadie autoriza nada y nadie, desde los próceres independentistas hasta ahora, sabe nada. Nadie, salvo los soplones de oficio que ya son legión.
Con razón, presidente, sus predecesores, de este siglo y del pasado, pelean con ese estigma, argumentando que es mal de muchos y consuelo de los que están por venir y por votar. Habría que cambiar el lema nacional: los despistados, abstraídos e ignorantes de lo que pasa en derredor somos más…
Dirá usted que estaba embebido en los berenjenales de la paz y que su reino no era de este mundo… de políticos y contratos.
Se encerrará luego en su indiferencia elefantina a esperar que el tiempo (así, en minúsculas) lo absuelva, mientras llega la hora de que alguien, como hizo la Corte al desterrar la palabra salvaje de nuestra Constitución, elimine vocablos como corrupción, soborno y delito y los reemplace por términos como irregularidades, anormalidades o hechos ilegales.
Eso le ayudaría un poco, así usted, presidente, como suponemos, ni se entere.
por Mario Morales | Mar 7, 2017 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Suele suceder que confundimos al fenómeno con su causa. Pasa aquí, en Estados, Unidos, Venezuela… Creemos, en pleno siglo XXI, el del renacer de las emociones exacerbadas por el ecosistema mediático, que el problema es Trump, Uribe, Maduro y compañía ilimitada. (Publica el Espectador)
Imaginamos que todavía hay líderes capaces de cambiar, incluso hacia el fracaso, el curso de la historia; o queremos ignorar que son las sociedades, sus almas colectivas, sus creencias y sentires más arraigados, los que hacen posible el surgimiento de los mal llamados neopopulistas, que no son más que intérpretes avanzados de los signos de la época. A veces ni ellos, sino sus asesores.
Esos líderes son el resultado de las ensoñaciones más profundas, a veces inconfesables, de una parte de esas sociedades. Y un día encarnan y aprenden a nutrirse del mito que crece con el sensacionalismo y que los hace inmunes a la diatriba y a la crítica porque se adueñan de esa narrativa, porque hacen del lenguaje del odio su forma expresiva, su pacto emocional con sus seguidores y con sus opositores que los nutren con sus pandectas.
Enceguecer a la masa con exageraciones y desfiguraciones es su manifestación continua de coherencia que aplauden sus áulicos. Ellos o sus asesores conocen bien nuestro sistema nervioso, nuestros reflejos condicionados, nuestras taras. Una vez aplicado el choque no hay defensa que valga… Casi ninguna.
Decían los propagandistas que frente a los agitadores, como Steve Bannon —el hoy afamado alter ego de Trump—, lo único que funciona es la razón. La historia los contradice.
Frente al escándalo, la indignación, mentiras o engaño, que son motores de combustión de las masas necesitadas de estímulos como canes pavlovianos, lo único que funciona es la indiferencia. A veces, combatir una mentira con base en argumentos es una forma indirecta y efectiva de potenciarla.
Desuribizar, destrumpizar, despalomizar ayuda a dejar al pez sin agua, sin oxígeno… Y de comenzar a curarnos de esa adicción.
por Mario Morales | Feb 21, 2017 | Blog, Com. Política, Opinión
por Mario Morales
Si hay un día D en el proceso de implementación de los acuerdos de paz es precisamente cuando las Farc dejen las armas, así sea por cuotas. Es un día largo que ya despuntó con la dejación, que al decir del general Flórez, ya hicieron los milicianos en campamentos guerrilleros. Dicen los más optimistas que el proceso continuará el 1 de marzo, se extenderá 90 días y que el cronograma será inmodificable… lo que quiere decir que tendremos que “armarnos” de nuestra proverbial paciencia. (Publica El Espectador)
Si bien esa guerrilla ha dado muestras de transparencia en el proceso de reubicación en las 26 zonas veredales (que a su vez permitirá determinar el tamaño del problema de sus disidencias), el símbolo de compromiso con lo firmado el año pasado es el abandono total las armas, no sólo porque da lugar, más allá de la retórica, a la fase de no retorno, sino porque generan la confianza que requieren para regresar a la civilidad y convertirse en partido político.
Superado el berenjenal lingüístico de entrega versus dejación, y el del destino del armamento entre entierro, no uso y fundición de las armas que se convertirán finamente en tres monumentos, el proceso es un espaldarazo a las instituciones y al mandato del monopolio de las armas por parte del Estado. Falta ver que espacios, contenedores y ONU estén listos, así como procedimientos de verificación y monitoreo para que no queden armas en zonas de agrupamiento.
Estamos, pues, a semanas de constatar el fin real del conflicto, así no haya ánimos para celebrar, si se comprueba la hipótesis de que, en la otra cara de la moneda, el Eln estaría presionando con actos terroristas el cese bilateral.
Acciones torpes, además de criminales, porque envían mensajes equivocados a ciudadanos y Gobierno en medio de la confrontación entre taurinos y antitaurinos, al tiempo que frenan la mesa de negociaciones. Si no creen en el establecimiento, por lo menos, los elenos deberían creerles a las Farc y a su compromiso histórico.
por Mario Morales | Feb 7, 2017 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Que las masas se aburren lo supimos con Domenach, el intelectual francés, desde mitad del siglo pasado. Aprendimos con George Sorel que esos rediles se despiertan antes que con hechos, por mitos, en especial los que connotan violencia aun cuando no tengan contenido, en la añoranza de pasados sublimes o proyección de sueños colectivos. Con esas ensoñaciones se han construido los peores totalitarismos, que comenzaron disfrazados de populismos para huirle a la argumentación y al debate racional. (Publica El Espectador)
Y en esas fuentes, donde se diluyeron las ideologías, están las explicaciones de fervores como el de Trump con sus mitos mimetizados del western, hasta las fiebrecillas que detecta la reciente encuesta de intención de voto realizada por Pulso País.
No extraña entonces la favorabilidad de Petro o Vargas Lleras en detrimento de la aspiración de Humberto de la Calle. El storytelling de los primeros ataca el sentimentalismo de los polos opuestos sin necesidad de exponer planes de gobierno, acudiendo al reconocimiento de sus seguidores en narrativas, prefiguradas las dos como agresivas y persuasivas más por la vía de la identidad que del convencimiento.
Muy distintos al fenómeno de De la Calle, heredero de uno de los gobernantes más aburridos de la historia, y protagonista de un acuerdo de paz que perdió el sex appeal para las masas desde que se desdibujaron la polarización verbalizada, el insulto, la mentira y los trapitos al sol.
La implementación adecuada de los acuerdos con las Farc y un expedito proceso con el Eln cierran opciones para De la Calle, pero también para el extremismo de derecha que se queda sin materia prima para inventar o interpretar a su acomodo la realidad con base en la vieja propaganda política analizada por Domenach hace casi 70 años, y que ahora se presenta reenvasada con la etiqueta de posverdad.
En cambio la pugna Petro-Vargas Lleras resulta más prometedora, así sea otro refrito de los mitos en torno a la eterna lucha de clases.