por Mario Morales | Sep 27, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Sí, conmovidos: así hemos estado estos días a lo largo y ancho del país con la firma del acuerdo de paz con las Farc. Simbólica esa bandera de los cuatro colores que se vio en Cartagena, con el blanco añadido, con el blanco atravesado, con el blanco incrustado; todo un discurso ondeante. (Publica El Espectador)
Generosos los colombianos digitales con esos millones de tuits, posts e interacciones en las redes sociales. Contagiosos los compatriotas en las calles, en las fachadas, en los cantos patrióticos del himno y en las lágrimas derramadas porque sí se pudo, por los que ya no están y por los que vendrán.
Sí. Una maravilla. Pero nada de eso será importante si no salimos a votar masivamente el domingo por el Sí, para derrotar de una vez por todas, más que al uribismo decadente, a la indiferencia, la falta de compromiso y la proverbial tibieza de espíritu, que —dicen que como la violencia— forma parte de nuestro ADN, y que se conforma con los símbolos, las intenciones, likes, suspiros y buenos deseos.
Pero ni así será suficiente. Refrendado el acuerdo con fuerza mayoritaria será menester exigir el cumplimento a la letra de los acuerdos, la extensión indefinida de la tregua por parte del Eln y que se siente a la mesa con el Gobierno hasta que se acabe esa otra guerra.
Pero no basta con gritar la reconciliación de los otros. Votar Sí es también un mandato por un compromiso ciudadano, como pidió el expresidente uruguayo Pepe Mujica. Que se vea.
Porque, luego, o al tiempo, hay que permitir que la materia de la que está hecha la reconciliación que pregonamos baje a nuestra cotidianidad, a las calles, al vecindario y a los hogares. Será una paz mendaz e hipócrita si se silencian los fusiles pero no disminuyen los homicidios, las riñas y las agresiones, tan inútiles y absurdas como la guerra que estamos terminando. Esto apenas comienza…
Moraleja: Dice con acierto The Guardian: “Si Colombia se diera cuenta de su potencia, su gente votaría por la paz”. El Sí del domingo es otro gran paso.
por Mario Morales | Sep 21, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión
Por: Mario Morales.
Ahora sí, la firma. Pero sobre todo lo que significa: el compromiso de la palabra empeñada en La Habana. Yo hubiera preferido como escenario un lugar menos glamuroso, uno más narrativo, más representativo, pensando antes que en los firmantes, curiosos y colados, en quienes avalan esa rúbrica, ese millón de colombianos que pusieron, sin saberlo, su tinta sangre como respaldo a los acuerdos. (Publica El Espectador)
Pero se impondrá el protocolo ese de los eventos de élite. Lástima. Era una oportunidad grande para cohesionar el alma colectiva que a estas alturas no entiende de reflexiones, desplazadas por el sustrato sentimental propio de toda campaña, como diría el profesor Maffesoli, y aupado por las emociones engrandecidas de la TV y redes sociales cuyo efecto no es numérico sino de contagio e influencia.
Sin quererlo, el mensaje monofónico del uribismo y la dispersión de quienes apoyan el Sí, luego de la confusión, han removido la indiferencia de las masas urbanas que se sienten interpeladas a actuar para impedir que esta oportunidad feliz se vaya de las manos.
Santos ha dominado la estrategia, como lo demuestran los apoyos de la ONU, Obama y las voces del mundo; Uribe ha sido hábil en la táctica, como esa de tratar de arrinconar al presidente con el manido debate con el autodenominado Centro Democrático. (¡Cualquier disculpa, presidente Santos, menos falta de tiempo!).
Ese indebido fuego cruzado ha despertado de manera reactiva a la población, montada a empellones en un tobogán en el que se alternan, al decir del sicólogo Eskibel basado en su colega Ekman, las emociones más frecuentes en una elección definitiva: la felicidad y la tristeza, la ira y el desprecio, la sorpresa y la animadversión, pero sobre todo el miedo en todas sus escalas.
A mi juicio, ese último es el factor que está inclinando la balanza a favor del Sí (miren no más las declaraciones de María Fernanda Cabal y sus fuerzas letales de combate). No solo estamos hartos de la barbarie de la guerra, también de la paranoia.
por Mario Morales | Sep 8, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Se lamentaba Timothy Egan en el New York Times de que la mayoría de estadounidenses no pasen el examen de ciudadanía en vísperas de la decisión que tienen a la vista. Su voto será esencialmente desinformado. No creo que sea necesario hacer un test (como el que a veces hacen los medios en la calle para construir un falso vox populi) de cultura ciudadana y valores cívicos entre los colombianos para compartir ese lamento y esa frustración. (Publica El Espectador)
Y no hablemos de la maraña de las 297 páginas del acuerdo con las Farc, no aptas para legos, como bien lo expresaron Héctor Riveros y Antonio Caballero. Ese texto se resume, parafraseando a Borges cuando hablaba del Finnegans Wake de Joyce, en “52 años para producirlo, 45 meses para escribirlo y una eternidad para no leerlo”.
Que pocos comenzaron a leerlo lo demuestra la sorpresa general sobre la pregunta del plebiscito cuando se aclaró que ese, sencillamente, era el encabezado del acuerdo.
Descartada la opción de abordar ese texto para digerirlo y derrotadas las esperanzas de haber mejorado en cultura política, entendida como la comprensión básica de cómo funcionamos como sociedad, no queda más alternativa que encomendarnos, otra vez, al sentido común de nuestras gentes como último reducto para salvar esta democracia, así esté o parezca idiotizada, como propone Egan, el articulista del NYT.
Ese sentido común que habla de las vidas salvadas, que cuenta —según el Cerac— que hubo sólo cuatro muertos en los últimos 13 meses, que se completan 42 días sin combates, que está desapareciendo la guerrilla más grande, y que está a punto de cerrar registros el primer movimiento del país, como llamaron con ironía los nadaístas a la violencia política y que alcanzó a sumar otras 260.000 víctimas fatales y siete millones de desplazados…
En fin, que esta sea la última elección de un país desinformado y que sean los últimos votos instintivos, casi primitivos, que nos recuerdan la obviedad de que siempre es mejor la vida con todos sus azares que la guerra y la muerte.
por Mario Morales | Ago 31, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Debo decir que me gusta como quedó planteada la pregunta para el plebiscito. Entraña el interrogante natural sobre el acuerdo, pero además es precisa cuando habla de la terminación del conflicto (no de la guerra), acompañada de un mandato para la presente y las futuras generaciones: construir una paz estable y duradera. (Publica El Espectador)
Así está planteada gramaticalmente, más allá de que los malpensados (el que las usa las imagina) quieran encontrarla tendenciosa o sesgada. Eso iba pasar cualquiera fuera el texto presentado; de ahí la insistencia en que se diera a conocer.
En cambio no deja de inquietar la incomodidad con la que el vicepresidente Vargas Lleras se sumó a la campaña por el Sí. Con los reparos que planteó, por presión de la prensa ante su renuencia a hablar antes de la divulgación de los textos, no sólo demostró desconocer, o no entender los acuerdos, sino que dejó ver su soberbia al aceptar como “un favor” la orden de su jefe inmediato.
Tampoco resulta halagüeño el tono y el nivel de los debates que sobre el acuerdo se comunican a la población. Hay abuso del lenguaje especializado y de las posiciones con base en argumentos de autoridad o experticia. ¿Cómo pretenden así el gobierno y sus voceros entusiasmar a los colombianos?
La base de la pedagogía, si es que algún día arranca la que esté dirigida al grueso de la población, debe partir de ponerse en el lugar del promedio, de generar afectación en términos de cercanía, implicación e interés y de aterrizar los alcances en la cotidianidad de los colombianos teniendo en cuenta sus diferencias y contextos.
Ponerse en el lugar nuestro no es simplificar sino aterrizar lo acordado con base en discursos fuertes que narren decisiones y actuaciones que comiencen a mostrar esos cambios al tiempo que la irreversibilidad del proceso que comienza. Que les dejen los suspiros, la lírica y las diatribas a la oposición. La acción genera convicción y de ahí a la emoción que se requiere, hay un paso. Empatía, que llaman.
por Mario Morales | Ago 17, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales.
Sí, hay que afrontarlo. El problema no es decirle al país que votar negativamente el plebiscito es la puerta de regreso directo a la guerra (como efectivamente lo es), sino saberlo a decir para que no suene a amenaza en las mentes más susceptibles y en las mentiras estrambóticas del uribismo.
Pero esa prudencia, de modo y lugar, no puede afectar la claridad. Lo que no puede hacer el gobierno es callarlo ni entrar en el terreno fangoso de los eufemismos. Es más, hay que repetirlo hasta el cansancio, para que nadie se llame a engaños. (publica El Espectador)
Por eso es preferible la franqueza del expresidente Gaviria cuando dice que “la consecuencia de rechazar los acuerdos va a ser la guerra, así no la quieran”, al espíritu componedor de De la Calle, que hablaba, antes de volver a Cuba, de que “renegociar los puntos del acuerdo con las Farc, sería un error. Es mucho más que eso, es un imposible procedimental, es una patada al virtual acuerdo y es, para quienes lo invocan, un llamado a la guerra miserable tal y como la hemos conocido en estos 60 años.
En la mesa, tal como está planteado, no hay lugar para ese tipo de revisionismos. Y los voceros de las partes deberían ser enfáticos en recalcarlo. Como se ha dicho desde varios sectores, es preferible una paz imperfecta a una guerra estúpida y a la extensión de la violencia, responsables las dos de esta sociedad cultivada en el odio, en el egoísmo y en el encierro por culpa del miedo que nos ha obligado a desconfiar del otro, a pasar por encima de los demás, a legitimar las seguridades privadas, al uso indiscriminado de las armas, el justicierismo, la venganza y la devaluación del valor fundamental de la vida.
Es momento de las verdades por dolorosas que suenen. Eso sí, verdades sustentadas y comprobadas en este pasado cruel y real que sigue al acecho. No podrá ser amenaza lo que finalmente son profecías, dichas no como hechos ineludibles, sino para que no se cumplan.
por Mario Morales | Ago 11, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Ya estuvo bien de ruedas de prensa y comunicados. Estamos saturados de alocuciones y mensajitos de doble sentido en redes sociales para hablar del proceso de paz. El gobierno, voceros de la mesa y la guerrilla han de saber que la etapa discursiva ya está quemada y que es hora de pasar del verbo en estado de procuración, del “cada vez más cerca” (como repetía Santos antenoche), a relatos presenciales y audiovisuales del acuerdo. (Publica El Espectador).
No se va a poder socializar la agenda de la mesa a punta de correos electrónicos y planos repetitivos de TV, como ese de del comisionado Jaramillo y de De la Calle llegando con sus maletincitos a la sede de los diálogos.
No hay nada de pedagogía en ese desgastante plano medio de voceros hablando al otro lado de una mesa, allende los mares, fuera de nuestras fronteras.
Ver es comprender, decía Ramonet, y lo confirman las narrativas web. Y el gobierno está desaprovechando la posibilidad de involucrar a audiencias televisivas y digitales que, sumadas, cubren más del 95% de la población.
Pero que no sean narrativas a punta de discursitos mandados a hacer o de reacciones. Que los plenipotenciarios de la mesa se salgan de “los cinco estrellas” y vayan a mostrarles a las poblaciones, con las cámaras de testigos, las bondades de la paz, como debió suceder esta semana con la visita de las seis comisiones en sitios escogidos para la concentración de la guerrilla.
El régimen confidencial de comunicación de la mesa también ya cumplió su ciclo. Hay que abrir compuertas a los medios para que narren sin cortapisas lo que pasa en Cuba, las regiones y los campamentos guerrilleros, como sí lo ha hecho El País de España.
Déjennos ver lo que es ahora la vida en las antiguas zonas rojas, las carreteras apartadas sin retenes ilegales. Que no nos pidan imaginar más la paz, ¡muéstrenla hasta el cansancio! Ojalá guiados por un presidente en mangas de camisa, allá donde terminan los lujos y comienza el país que quiere reconciliarse.