En la paz como en la guerra

Por Mario Morales
Esa idea, la de la tregua a partir de hoy no es invento de Mordisco y sus disidencias ni del ELN, por más que ahora la cacareen en medio del baño de sangre nacional; es si acaso evocación de los intentos de la humanidad por limitar el daño de la guerra, la madre de todos los males, y que han tenido como protagonistas a la sociedad misma, la iglesia, los poderes y la imaginación plasmada en la literatura milenaria.
Ya hace diez siglos exactos cundió la propuesta de suspender transitoriamente las violencias durante determinados días o períodos para morigerar la violencia entre nobles y alivianar los abusos sobre los más desprotegidos. La tregua de Dios, como se denominó, y a la que nos referimos aquí hace algún tiempo, fue complementada por otros empeños, el de La paz de Dios, que ponía límites a acciones bélicas cerca de sagreras o lugares sagrados o en celebraciones religiosas, y fueron simiente de acciones pacifistas desde entonces, de códigos de caballería, pactos, acuerdos y diversas acciones jurídicas y sociales para lidiar con esa contradicción que es humanizar la guerra.
Puso su grano de arena la ficción, desde Aristófanes en Lisístrata con la huelga de sexo a los guerreros, o de piernas cruzadas como la reclamó hace 30 años el general Bonnet, pasando por la caricaturización del combatiente en Don Quijote y las cátedras ejemplares de Tomás Moro, Erasmo o el mismo Tolstoi que calificó la guerra, como si estuviera viendo telenoticieros, como pasatiempo de gente ociosa aprovechando la odiosa mentira del amor a la patria. Y no hay que olvidar la teoría de la guerra justa de San Agustín, o los debates sobre la paz perpetua de Kant, entre otros.
Si,quizás es tiempo de que nuestra sociedad retome su papel activo, con acciones, decisiones y elecciones, para ayudar a erradicar de veras la guerra, a tono con el cántico de Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad que creen, parafraseando a Charles De Gaulle, que la paz es un asunto demasiado serio para dejárselo a los políticos y peor aún a los guerreros. ¡Feliz Navidad!
Ni humanidad ni dignidad

Ni humanidad ni dignidad

Por Mario Morales

Tanto como la evidencia de la flagrante violación de derechos humanos en Putumayo duele la insultante tozudez del gobierno y autoridades militares en tratar de tapar el sol con un dedo. (Publica el Espectador)

Insistir, del presidente para abajo, en que se trató de una labor de inteligencia, no solo deja mal parado a todo el cuerpo castrense, ya cuestionado en esas lides, sino que además insulta el ejemplar trabajo periodístico de los medios que vuelven a demostrar su eficiencia como contrapoder cada vez que rompen filas. Y de paso a los ciudadanos que esperan, por lo menos, explicaciones, aclaraciones, disculpas y el transparente juicio de responsabilidades, como correspondería a quienes dicen defender la institucionalidad.

En vez de aclarar, enturbia el insensible argumento, de que no es la primera vez que caen mujeres embarazadas o menores de edad, exhibido por el comandante del ejército, para tratar de justificar un operativo contra civiles revictimizados, aunque esa parece ser la menos grave de las irregularidades.

No solo es la pretensión de echarle tierra a una acción fallida, a juzgar por los resultados operacionales, sino la reivindicación de una política de seguridad que fracasó, en materia grave, durante las dos últimas décadas, contrariando el derecho de gentes, el DIH y el sentido común.

Pero le deja a la tropa, que debe estar tan alarmada como el resto de colombianos, el mensaje de que no hay reglas, castigos ni límites cuando se trata de mostrar resultados o de ocultar fracasos que entrañan la pérdida de vidas humanas, acudiendo a realidades alternativas, seudopruebas revestidas insanamente de periodismo o escenas alteradas para construir una versión que no cabría sino la ficción borgiana de la historia universal de la infamia.

Pero tampoco se trata de anunciar investigaciones y eventuales penas a mandos medios o bajos sin que el presidente, el Mindefensa, el comandante del ejército y los oficiales a cargo asuman algo más que “responsabilidad política”, toda vez que no solo el cargo y las labores concomitantes les quedaron grandes, sino que dejan ver que no tienen ni una pizca de humanidad ni de honor para estar en ellos.

Suscribir
Twitter
Visit Us
Follow Me
YOUTUBE
LinkedIn
Instagram