por Mario Morales | Ago 24, 2016 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
No los ven. No los quieren ver. Peor aún, no los pueden ver. Y eso no tiene que ver con las ideas o convicciones políticas, religiosas o sociales, sino con una manera de ser, con una tara en el ADN que ciega el entendimiento y hace que algunos colombianos se sientan los únicos ciudadanos legítimos, los únicos con derechos adquiridos… (Publica El Espectador)
No son pocos, lamentablemente. Cunden por doquier. Los hay, contaminados de la ceguera de que hablara Saramago, tratando de no ver, de negar la posibilidad de que regresen a la luz quienes tuvieron la venda de las armas, la violencia y la guerra por décadas.
Los hay, mirando para otro lado cuando las minorías piden cabida, levantan la mano, llaman la atención y encienden sus rostros para hacerse visibles, para hacerse posibles.
Los hay, con la cabeza enterrada como el avestruz, para no demostrar su ineptitud, como la administración Peñalosa, o para no tener responsabilidad, como los “conciudadanos” de los injustamente criminalizados habitantes de la calle.
Los hay, con la mirada extraviada cuando se habla de colombianos en situación de hambruna, migración o exclusión, como si la cosa no fuera con ellos.
Así son (así somos), esos colombianos soberbios al pedir, paradójicamente, una solución pronta para la guerra siempre y cuando los otros, los desmovilizados, no se dejen ver por la civilización; o al exigir leyes justas para los minorías siempre y cuando no se muestren y sigan escondidas en sus clósets; o al solicitar medidas prontas para las hordas de vagabundos citadinos detrás de esa frase hipócrita de “salida digna” que traduce llevarlos al ostracismo bajo las alcantarillas; o al clamar por vindicaciones para los desposeídos pero que no tengan que ver con los bolsillos propios o con los esfuerzos propios.
Generación hipócrita y enferma que no es capaz siquiera de ver por encima del hombro a esos otros, porque imagina, en el fondo, que al no permitirles visibilidad les niegan la posibilidad de existir.
por Mario Morales | Ago 17, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales.
Sí, hay que afrontarlo. El problema no es decirle al país que votar negativamente el plebiscito es la puerta de regreso directo a la guerra (como efectivamente lo es), sino saberlo a decir para que no suene a amenaza en las mentes más susceptibles y en las mentiras estrambóticas del uribismo.
Pero esa prudencia, de modo y lugar, no puede afectar la claridad. Lo que no puede hacer el gobierno es callarlo ni entrar en el terreno fangoso de los eufemismos. Es más, hay que repetirlo hasta el cansancio, para que nadie se llame a engaños. (publica El Espectador)
Por eso es preferible la franqueza del expresidente Gaviria cuando dice que “la consecuencia de rechazar los acuerdos va a ser la guerra, así no la quieran”, al espíritu componedor de De la Calle, que hablaba, antes de volver a Cuba, de que “renegociar los puntos del acuerdo con las Farc, sería un error. Es mucho más que eso, es un imposible procedimental, es una patada al virtual acuerdo y es, para quienes lo invocan, un llamado a la guerra miserable tal y como la hemos conocido en estos 60 años.
En la mesa, tal como está planteado, no hay lugar para ese tipo de revisionismos. Y los voceros de las partes deberían ser enfáticos en recalcarlo. Como se ha dicho desde varios sectores, es preferible una paz imperfecta a una guerra estúpida y a la extensión de la violencia, responsables las dos de esta sociedad cultivada en el odio, en el egoísmo y en el encierro por culpa del miedo que nos ha obligado a desconfiar del otro, a pasar por encima de los demás, a legitimar las seguridades privadas, al uso indiscriminado de las armas, el justicierismo, la venganza y la devaluación del valor fundamental de la vida.
Es momento de las verdades por dolorosas que suenen. Eso sí, verdades sustentadas y comprobadas en este pasado cruel y real que sigue al acecho. No podrá ser amenaza lo que finalmente son profecías, dichas no como hechos ineludibles, sino para que no se cumplan.
por Mario Morales | Ago 11, 2016 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Ya estuvo bien de ruedas de prensa y comunicados. Estamos saturados de alocuciones y mensajitos de doble sentido en redes sociales para hablar del proceso de paz. El gobierno, voceros de la mesa y la guerrilla han de saber que la etapa discursiva ya está quemada y que es hora de pasar del verbo en estado de procuración, del “cada vez más cerca” (como repetía Santos antenoche), a relatos presenciales y audiovisuales del acuerdo. (Publica El Espectador).
No se va a poder socializar la agenda de la mesa a punta de correos electrónicos y planos repetitivos de TV, como ese de del comisionado Jaramillo y de De la Calle llegando con sus maletincitos a la sede de los diálogos.
No hay nada de pedagogía en ese desgastante plano medio de voceros hablando al otro lado de una mesa, allende los mares, fuera de nuestras fronteras.
Ver es comprender, decía Ramonet, y lo confirman las narrativas web. Y el gobierno está desaprovechando la posibilidad de involucrar a audiencias televisivas y digitales que, sumadas, cubren más del 95% de la población.
Pero que no sean narrativas a punta de discursitos mandados a hacer o de reacciones. Que los plenipotenciarios de la mesa se salgan de “los cinco estrellas” y vayan a mostrarles a las poblaciones, con las cámaras de testigos, las bondades de la paz, como debió suceder esta semana con la visita de las seis comisiones en sitios escogidos para la concentración de la guerrilla.
El régimen confidencial de comunicación de la mesa también ya cumplió su ciclo. Hay que abrir compuertas a los medios para que narren sin cortapisas lo que pasa en Cuba, las regiones y los campamentos guerrilleros, como sí lo ha hecho El País de España.
Déjennos ver lo que es ahora la vida en las antiguas zonas rojas, las carreteras apartadas sin retenes ilegales. Que no nos pidan imaginar más la paz, ¡muéstrenla hasta el cansancio! Ojalá guiados por un presidente en mangas de camisa, allá donde terminan los lujos y comienza el país que quiere reconciliarse.
por Mario Morales | Ago 3, 2016 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Más que las cifras, prometedoras por sí mismas, los resultados de la más reciente encuesta Pulso País demuestran una vez más que no hay nada más convincente y alentador en la opinión pública que los hechos.(Publica El Espectador)
No solo es el mejor momento de los diálogos en la percepción nacional en los últimos 30 meses, sino que es la primera vez que la favorabilidad crece entre la población por causa del proceso mismo y no por otras razones.
Quizás ha habido picos emocionales con mejores guarismos como los que se vivieron con el avance de la selección en el mundial de fútbol o con las actuaciones de Nairo y Rigo en las carreteras europeas. Entonces todavía creíamos que la paz era un documento, una firma o una foto, y que fue el legado de la torpeza y superficialidad pastranista. Entonces también pensábamos que la paz, esa paz, era la solución a todos los males…
Muchos sapos hemos debido tragar desde entonces para entender que ese acuerdo, con todas sus imperfecciones, es mejor que cualquier orgullo, cualquier bandera o cualquier discurso.
Los anuncios sobre los avances efectivos en la agenda han resultado esta vez más eficientes que toda la deficiente propaganda oficial y la destructiva campaña opositora.
Ver para creer parece ser la condición de los colombianos para apoyar ese pedazo de paz tan esperado. Hace unos meses era uno de cada cinco colombianos el que apoyaba el acuerdo, más con la ilusión. Ahora, según la encuesta, es uno de cada tres colombianos el que le cree a la guerrilla en sus intenciones de paz o que el proceso va por buen camino; y ya casi son dos de cada tres los que creen que el acuerdo se va a firmar…
Con esas perspectivas y si se cumple la previsión de que los seis puntos quedan acordados antes de que acabe el mes, no solo el plebiscito no tendrá problemas con el umbral, sino que se superará con éxito esta fase de sectarización. A Uribe solo le queda el No para mantenerse y no desaparecer de la escena. Razón de más para apoyar el Sí.
por Mario Morales | Jul 28, 2016 | Blog, Opinión
Por Mario Morales.
Los irrespetados son ellos. No hay razón para que el ciclista Winner Anacona se disculpe con el presidente ni con el país. Como tampoco la hubo cuando el subcampeón del Giro de Italia, Esteban Chaves, criticó la falta de apoyo del “ciclista” Enrique Peñalosa. (Publica El Espectador).
Ya era hora de que se sacudieran. Los deportistas y especialmente los ciclistas han sido usados por políticos, periodistas y ciudadanos cuando están en lo alto del curubito, y luego desechados cuando la opinión pública se ocupa de otros menesteres.
Ese trino en el que Anacona le recuerda a Santos que “nos hemos hecho solos” debía grabarse sobre mármol, no tanto para que la situación cambie (aquí los deportistas, como los habitantes de la Guajira, seguirán sin apoyo), sino para tratar de erradicar el oportunismo de los ricos Epulones del poder que creen que dan limosna a los lázaros del deporte por llamarlos, tomarse una selfi o hacerles una entrevista.
Esa ventaja tienen las nuevas generaciones de nuestros ciclistas, futbolistas y practicantes de otras disciplinas, que se han hecho a pulso, que tienen un prestigio afuera y que no le deben nada nadie aquí, salvo a sus familias y allegados.
Lejos están las épocas de los deportistas sumisos y asustados con las luces de la fama. Salieron muy jóvenes a forjar su carrera, en medio de sufrimientos y privaciones, lejos de la indiferencia y arribismo de sus compatriotas, como para que ahora tengan que dejarse manosear por ellos.
Tendrán que pensarlo mucho quienes intenten montarse en el tren de la victoria; los políticos para limpiar su imagen, los ciudadanos para borrar sus frustraciones y los “creativos” fanáticos que posan de periodistas deportivos para lucirse a costa suya.
Moraleja: Ya es hora de que los medios dejen de perseguir a las familias de los deportistas cuando triunfan en el exterior; esa narrativa pasó de tediosa a fastidiosa. Y que dejen de pintarlos como pobretones, como alguna vez reclamó el gran Nairo. Respetemos su dignidad. Solo gratitud con ellos.
por Mario Morales | Jul 20, 2016 | Blog, Opinión
Por Mario Morales.
Cómo decirlo? Lo de menos es lo de los 4 millones y medios de votos. Ese es coco al que le apostará la jauría que se opone. Su último reducto. Del que expele ese dilema entre frustrado y derrotista de elegir entre el no y la abstención que pide Uribe. Con cara pierden ellos. Con sello gana el país.
Le llegó el turno a la gente. La hora del plebiscito. Por fin el vocablo recupera el significado de sus orígenes: El de una ley requerida, impulsada y apoyada por el ciudadano común, pero con la característica de mandato, de ordenanza.
A diferencia de la oposición, el dilema de la población es, a partir de ahora entre el sí y el activismo despolitizado. El reto no es menor. Significa, ni más ni menos, la oportunidad de apropiarnos de nuestro presente y hacer posible otro futuro. De mostrar talante y convicciones.
Es la hora de voltear páginas. De pasar por encima del error innecesario del presidente Santos de querer “partidizar” el proceso. De evitar que Royes y Bennedettis saquen tajada. De impedir que el clientelismo y la mermelada hagan de las suyas. Es la hora de que el ciudadano común le diga a las maquinarias que no las necesitamos.
Pero también es hora de mostrar lo que las organizaciones sociales han hecho. Del trabajo de tejido, de resistencia, de comunidad. Es la hora de la academia de asumir el rol didáctico y pedagógico que nadie ha podido liderar. Es la hora de las familias, de las iglesias y otras pocas instituciones confiables. Sin rótulos.
Tienen razón quienes dicen que es la cita más importante, junto con la constituyente del 91, de nuestra historia con el sueño democrático, con el país que queremos construir.
En el fondo no está en juego el acuerdo, que tendría opciones aún si ganara, (es un decir), el no. Lo que importa, por encima de la cifra que va rumbo a convertirse en fetiche, es que por fin la inmensa mayoría de colombianos podamos estar del mismo lado