Fabricando enemigos

Por Mario Morales

Desafortunada, por decir lo menos, fue la salida del MinVivienda para explicar el incremento de desempleo, poniendo, como ya es costumbre,  el espejo retrovisor marca Petro. (Publica El Espectador)

Mientras economistas serios buscan las causas reales en la inflación, precio del dólar o fenómeno del niño, esa declaración oportunista de Henao muestra dos fenómenos muy en boga: Abortar toda competencia para las presidenciales de 2018 y buscar, como prescribe el canon de la propaganda política, un enemigo único.

Esa estrategia desde los tiempos del nacionalsocialismo, y retomada por el ya añorado Umberto Eco, acude a la simplificación mediante la individualización de aquello que se quiere presentar, desfigurado, como una amenaza latente, como un peligro del que nos tiene que librar un héroe o un líder.

Pues bien, sin a quien atacar, pues nadie se ha lanzado al agua,  los miembros de Cambio Radical, apoyados por el alcalde Peñalosa -que bien endeudado se debe sentir con ellos-, se han encargado de resucitar a Petro para volver a lapidarlo.

Pero no son los únicos que andan escasos de contraparte. La ultraderecha percibe con pavor cómo se les deshace la guerrilla entre las manos, no obstante exabruptos  como el de Conejo, Guajira,  y no tienen más remedio que replicar como loros sin convicción el relato de un tal presidente Santos traidor. Si el gobierno no revira y Maduro sigue como va, se van a quedar hablando solos…

Lo mismo pasa con Donald Trump,  empecinado en construir, a punta de miedo y zozobras, un adversario temible que le sirva como trampolín para proyectarse como salvador. Su narrativa ha funcionado en el subconsciente estadounidense y todavía tiene mucho que decir.

Más que a la polarización, esas tendencias de frenar rivales y fabricar enemigos están llevando al país a la sectarización fragmentada, que se profundizará si se firma la paz, pues sin guerrilla a quien echarle la culpa de todo, cualquiera puede llegar a ser cabeza de turco.

Contradiciéndose

Por: Mario Morales

Dice el Gobierno que no hay crisis económica, y sí que la hay con riesgo de efecto dominó, y que hay crisis en la mesa de La Habana y no parece.Para hablar de los nubarrones económicos utiliza un tonito dulzarrón y recorta, como quien no quiere la cosa, $6 billones del presupuesto, prometiendo lo que no va a cumplir, que no habrá masacre laboral ni afectación de lo social. (Por Mario Morales)

Pues la tal crisis ya se siente en los bolsillos del ciudadano, en las plazas de mercado, en los supermercados y en los salarios de los pobres empleados que no han visto aumento este año a pesar de la inflación y la escalada alcista.

En cambio para referirse a La Habana el presidente habla durito para hacer creer que tiene la sartén por el mango aunque todos sepan que no es así, sobre todo ahora que falta un mes para cumplir el tan mentado plazo que el Gobierno utilizó para meter presión, pero que ahora se le devuelve como un bumerán.

El Gobierno habla de cuatro temas cruciales faltantes, amén de los 42 pendientes que recuerda la insurgencia, que no se pueden despachar así, tan alegremente y en tan corto plazo, sin mirar todos los alcances y entrever todas las implicaciones como acaba de pasar en La Guajira con la pedagogía de la guerrilla a sus tropas.

Mientras tanto el Gobierno comenzó flojo su labor comunicativa a favor del plebiscito; critica las conversaciones polarizadas de los medios, pero se contradice cazando peleas o ripostando a los opositores.

Parece más preocupado por las etiquetas y los poderes milagrosos de las redes sociales para su “conversación más grande del mundo”, que por diseñar una estrategia que le permita, como con el storytelling, construir relatos duraderos e historias convincentes.

Por eso, se percibe más como politiquería tanto su eventual nuevo gabinete como la alianza por la paz de los partidos que le apuestan, sin sonrojarse y en medios de peleas intestinas, tanto a formar parte de este Gobierno como del próximo. Aprendieron la lección.

No es suficiente

Por Mario Morales

No va a ser suficiente con la firma de la paz con las Farc, ni con el plebiscito que la refrende, ni con el remezón ministerial del gobierno Santos.Esta nación resquebrajada no aguanta más pañitos de agua tibia. Lo que vive el país más que descorazonador es suma de síntomas de una institucionalidad enferma que requiere cambios profundos.

En dos semanas se derrumbó la confianza en entidades llamadas a suscitar mínimos de credibilidad en medio de la inequidad e injusticia que nos carcome.

Luego del escándalo en la Defensoría del Pueblo se reaviva el que tiene atribulada a la Policía Nacional con la investigación que abrió la Procuraduría por tres presuntos cargos contra su director. Se suman a los 12 en los que trabaja la Fiscalía y a la no menos escandalosa renuncia del viceministro del Interior en medio de señalamientos sobre participación de policías y congresistas en la comunidad del anillo. Y a la llamada a calificar servicios de otro oficial por presuntos nexos con armados ilegales.

Pero hay más. Tuvo que venir el Consejo de Estado a suspender una medida irracional como la tabla de avalúos de vehículos. Increíble que en vez de hundirla, funcionarios expertos del sector se empecinaron en su defensa.

Y más. Se supo que en la alcantarilla de Soacha donde murió este año un menor ya había muerto otro hace dos años, como sabemos que mueren todos los años niños indígenas por física hambre, en un país donde se desperdicia millón y medio de toneladas de alimentos al año y el 40% de sus habitantes tiene problemas de nutrición.

Y más. Se dice que el 17% de los licores consumidos está adulterado y que hay por lo menos 270 medicamentos milagrosos, alterados y sin licencia circulando por ahí. Un país que comercia con la muerte.

Y que convive con absurdos como ese de que en el descalabro de Reficar no tuvo nada que ver el Gobierno, ni empresas petroleras, ni interventores ni contratistas. Entonces, ¿quién?

…Y después dicen que no necesitamos reformularnos como país y como sociedad.

Sin bravuconadas

Por Mario Morales
Se puede entender que las Farc insistan en la constituyente que refrende lo que se pacte en La Habana como una línea argumental potente para poner en tensión lo acordado hasta ahora con el Gobierno. Pero sería incomprensible que lo convirtieran en inamovible. Tercas son, pero no tontas. Saben que los modos y tiempos no dan, y aplazar la refrendación pone en riesgo todo el libreto. (Publica El Espectador)

¿Qué buscan? O tener margen en la negociación de los muchos pendientes, o inducir una constituyente a posteriori, entendiendo que, como se propuso aquí hace dos semanas y se discute en diversos ámbitos, plebiscito y constituyente no son incompatibles sino complementarios.

En todo caso, el presidente Santos debe saber, con su proverbial cálculo, que ganar el plebiscito le daría la llave del Nobel, pero el reacomodo institucional con un nuevo pacto social le abre las puertas de la historia.

Si Santos mira más allá de junio en Colombia y de octubre en Oslo, entenderá que actualizar (que no refundar) y reestructurar (que no demoler) los ya vetustos acuerdos constitucionales vigentes le permitiría al país soñar con solidez política, dignidad judicial, eficiencia en control estatal, pero, sobre todo, con disminuir la desigualdad que está en la genealogía de todos nuestros males…

Y cimentar los acuerdos de La Habana para que no se queden en disminución transitoria de acciones visibles de guerra. Porque no faltan los miopes que quieran enarbolar banderas desuetas, como el Eln, convertido de súbito en machito de esquina, desconociendo que ahora el país, que ha probado las mieles de la tregua, es más sensible y menos tolerante a actos violentos.

La obcecación de las Farc con el referendo —a menos que sea jugada táctica— y del Eln con sus ínfulas tardías —así sean fuegos de artificio como en Casanare— dejarían a todos haciendo cuentas como la lechera.

No es hora de bravuconadas de ninguna de las partes. Y que el Gobierno, con mano firme, no pierda la compostura con trinitos pendencieros. Templanza…

Todos perdemos

Por Mario Morales
El tire y afloje entre voceros del Gobierno y Eln para pasar de la fase exploratoria a la pública en las conversaciones que se iniciaron hace dos años, deja por lo menos tres cosas claras. La primera: aún no está completo ni acordado el qué de ese diálogo. (Publica El Espectador)

La segunda, tampoco el cómo está definido. Lo que para unos son asuntos operativos, para otros son debates de fondo; ejemplo, el desarme o una eventual constituyente para implementar “transformaciones necesarias para la paz”. Y mientras para De la Calle “las condiciones están dadas”, para Santos y Frank Pearl faltan hechos y “varias reuniones” para asuntos instrumentales. No están tan cerca.

Y la tercera tiene que ver con la actitud de ambas partes. A sabiendas de que el proceso de paz con las Farc se afecta si no arrancan en forma los diálogos con los “elenos”, éstos han aprovechado para hacerse de rogar en la perspectiva de entrar más fuertes en la mesa. Es un cordel delgado que puede pescar mayor influencia en inclusión y alcance de los puntos a discutir, habida cuenta de la premura del Gobierno.

Pero es un hilo que se puede romper a causa de la forma despectiva, en relación con lo que pasa en La Habana, como el Gobierno ha abordado este otro proceso. Ante la imposibilidad de reunir las dos mesas (por tiempos y ritmos), el Gobierno esperaba que la inercia de los avances con las Farc y la opinión pública le metieran presión al Eln, pero no fue así.

Si esto no fructifica, seremos todos perdedores. El Gobierno, porque no tendrá la dicha completa; el Eln, porque se queda sin aire con este gobierno y quedaría sujeto al talante del siguiente, y los colombianos, a expensas de los rebrotes de violencia indiscriminada a causa de guerrillas supérstites, grupos de las Farc que no acepten acuerdos, bandas criminales y esas otras violencias que equivocadamente llamamos “comunes”.

Urge menos declaracionitis y reactivación seria de los canales confidenciales para que no quedemos enredados en otra década cruenta antes de volver a empezar.

¿Son excluyentes?

Por Mario Morales
Será el último gran obstáculo antes del acuerdo de paz. Recibido el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU, la decisión sobre el mecanismo de refrendación emerge como una nube negra en la recta final de los diálogos. (Publica El Espectador)

A diferencia de otros escollos en puntos previos de la agenda, que tenían variables y salidas diversas, a este ítem del fin del conflicto las partes llegan con apuestas marcadas. Mientras el Gobierno tiene prácticamente montado el plebiscito, la guerrilla se juega el punto de honor de la constituyente.

Con ausencia de tiempo para alternativas creativas, está claro no sólo que alguno tiene que ceder sino quién debe hacerlo. La discusión entonces gira en torno a qué precio las Farc accederán a apoyar el mentado plebiscito.

De manera racional, la constituyente se antoja más idónea y consistente, pero impertinente por el moméntum del país. Sin dejar satisfecho a nadie, ni al mismo presidente, el plebiscito se consolida entonces como alternativa propiciatoria. Pueda ser que el volumen de las discusiones no lo conviertan en una vaca muerta en el camino de la paz.

¿Pero son mutuamente excluyentes? No. Una vez realizado y superado el plebiscito, ¿podría el Gobierno, como han propuesto algunos, comprometerse a adelantar una constituyente al fin del período una vez haya fraguado el posacuerdo?

Ya es diciente que todas las tendencias en el espectro ideológico estén de acuerdo en la necesidad de renovar los pactos sociales que permitan reconfigurar nuestra tan venerada pero maltrecha institucionalidad.

Pero una cosa es verlo como condición sine qua non para firmar la paz y otra, más adelante, como punto de partida para propiciar el entendimiento que permita introducir las reformas que a gritos reclama el país.

***

Moraleja: bien haría el Gobierno en atender a tiempo, con soluciones, la protesta social que se está fraguando con sobradas razones (Isagén, salario mínimo, importación desmesurada de alimentos, etc). ¿No que ya somos ejemplo de manejo de coyunturas?

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