por Mario Morales | Ene 13, 2016 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Más que desconcertantes, resultaron desilusionantes algunas de primeras propuestas para solucionar el gigantesco problema de la inseguridad en Bogotá y el país. Y no sólo por la falta de creatividad, también por miopes o por efectistas. (Publica El Espectador)
Cárcel y castigos más duros se le escucha decir al flamante alcalde de la capital, Enrique Peñalosa. No publicitar videos de crímenes o actos delictivos propuso el presidente Santos. El problema es la percepción argumentan en los gobiernos nacional y distrital. Y hay hasta quienes piden veto para la sensacionalista e irresponsable crónica roja de los telenoticieros.
Al lado de esta exhibición de ingenio no faltaron los manidos anuncios de intervenciones en los consabidos focos delincuenciales, aumento del pie de fuerza y el también ya proverbial incremento de cámaras de seguridad. No menos sorprendente fue incluir en este paquete la recuperación del espacio público. Una cosa es perseguir a las mafias adueñadas de calles y esquinas y otra confundir el rebusque y el trabajo indigno con el delito.
En últimas, nada nuevo. El mismo tufillo tercemundista. Enfoque policivo, represivo y legalista. Emocional y pasajero. Mano dura y actividades temporales. Faltó enjuiciar a los ciudadanos por salir a las calles, usar celulares en público o dar papaya, que es como aquí se le dice a quien anda por ahí confiado. O que alguien hablara de autodefensas ciudadanas.
Poco o nada se dijo de prevención, de atacar raíces sociales y económicas del problema. Esas que mencionó el Chapo Guzmán, como lo han hecho otros delincuentes, que resultaron siéndolo por falta de opciones, trabajo digno, educación, actividades lúdicas, formación cívica, verdadera presencia estatal que no comience y termine en las fuerzas de choque.
No es más pie de fuerza lo que necesitan localidades como Ciudad Bolívar, ni más escoltas o armas los ciudadanos que pueden pagarlos, ni más reos pudriéndose en la cárcel. De nada sirven si la ciudad y el país no les ofrecen oportunidades de vida digna a sus habitantes.
por Mario Morales | Ene 6, 2016 | Blog, Lib. expresión, Libertad de Prensa, Opinión
Por Mario Morales
No deja de ser paradójico que en el año de la tregua en Colombia se hayan incrementado las violaciones a la libertad de prensa. Una paradoja que sigue la tendencia mundial, pues en 2015 hubo más periodistas asesinados en países en paz que en zonas de conflicto. (Publica El Espectador)
Claro, fue año electoral, pero nada justifica ni el incremento de víctimas ni el decrecimiento de la libertad de expresión con su nefasta sombra sobre la democracia.
Por eso, según Reporteros sin Fronteras, pasamos del puesto 126 al 128 entre 180 países, sólo por encima de algunos con situación más crítica, como Honduras, Venezuela y México.
El 2015 se llevó 110 reporteros de manera violenta, de los cuales 67 casos están documentados como asesinatos por efecto del ejercicio profesional. Además, fueron muertos siete colaboradores de medios y 27 net ciudadanos. La trágica lista la encabezan Siria, Irak y Francia, por la masacre de Charlie Hebdo.
Aquí, al menos dos periodistas perdieron la vida ejerciendo su oficio. Y no fue por causa del conflicto armado. Flor Alba Núñez en Huila y Luis Peralta en Caquetá investigaban valientemente la corrupción. Ya tenemos 144 mártires en 38 años.
Paradójico que más peligrosos que la guerra resulten los civiles enmascarados acostumbrados a hacer de la suyas. ¿Qué harán ahora que se les acaba la mampara del conflicto?
También aumentaron, según la FLIP, las amenazas con respecto a 2014. Son 76 víctimas, incluidos periodistas de grandes medios como Vicky Dávila, Claudia Morales y Pascual Gaviria.
La estigmatización aumentó brutalmente, así como la obstrucción oficial al ejercicio reporteril. Tristemente en 2015 prescribieron otros tres casos de periodistas asesinados. Y al comenzar este año prescribió el de Alfredo Matiz Espinosa.
El año que se fue será recordado como aquel en el que país confirmó que la prensa era sistemáticamente chuzada, no sólo por delincuentes, sino por algunas entidades encargadas de velar por su seguridad. Esa es la otra paradoja.
por Mario Morales | Dic 30, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
A diferencia de los anteriores, este año parece que sí va a tener cierre. Las tensiones, expectativas y proyectos inconclusos nos llevaron en el último lustro de un año a otro sin respiro ni pausa. (Publica El Espectador)
La consolidación del proceso de paz a pesar del matoneo uribista, el fin del mandato de gobernadores y alcaldes, especialmente aquellos que causan tanto escozor entre las élites, el giro ideológico en gobiernos de algunos países del área y el barrigazo por la crisis económica han obligado a un receso anticipado para tomar aire porque lo que se viene no va a ser fácil.
Hasta el punto que la agenda mediática está paralizada de no ser por los incendios de todos los fines de año y la impunidad disfrazada representada en la proliferación de brazaletes electrónicos, casas por cárcel y aparición repentina de enfermedades entre convictos, en medio del culiprontismo de ciertos jueces.
No se necesita ser un genio para entrever en 2016 la andanada de la extrema derecha contra todo lo que huela a reconciliación, plebiscito, reinserción y perdón. Esa estrategia de tierra arrasada le ha dado resultado a Uribe —incluso ya se habla de mediación del presidente Obama— y a sus áulicos que roban cámara y mojan prensa entre más dislocadas sean sus opiniones.
Tampoco se necesita bola de cristal para adelantar que el espejo retrovisor puesto sobre Petro ha hecho creer que con Peñalosa Bogotá está cerca de ser el paraíso terrenal. Qué mala memoria.
Y si a eso le sumamos el espejismo de las recientes elecciones en Venezuela y Argentina se entiende el entusiasmo de ciertas hierbas del pantano.
Ya veremos en un año, cuando la crisis, inflación, decrecimiento económico y reforma tributaria para tapar huecos fiscales comiencen a cobrar por ventanilla. Pagarán como siempre los más débiles, comenzando por el salario mínimo.
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Moraleja: Comienza otra época. Que el nuevo año nos encuentre preparados. Bendiciones y los mejores augurios para todos.
por Mario Morales | Dic 23, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Fue mucho más optimista el presidente Santos con su “informe” sobre los efectos del proceso de paz en estos últimos meses que el que presenta el monitoreo del Cerac desde el 20 de julio pasado. (Publica El Espectador)
Mientras el presidente dijo que disminuyeron en un 80% los combates entre Farc y fuerza pública, el Cerac habla del 69% teniendo en cuenta que hubo 16 enfrentamientos y antes se registraron 52.
También hay diferencias en el número de acciones violatorias de la tregua que por ahora suman seis, faltando por documentarse otros cuatro casos.
Lo mismo pasa con los datos de muertes de civiles y militares en este lapso, en los que hay diferencias de entre 6% y 25%, respectivamente.
Abstracción hecha de la variación entre fuentes, lo que sí vale la pena rescatar, como un verdadero regalo para el país, es que la tregua “unilateral” habría salvado, comparativamente, cerca de 60 vidas. Pero todavía falta, como lo prueban las 40 muertes entre civiles, militares y guerrilleros que se registraron en este segundo semestre, y que enlutan otros tantos hogares.
Ojalá la pedagogía del Gobierno, su comunicación política y las narrativas de los medios hicieran énfasis en estos logros que no sólo allanan el camino hacia la aceptación y refrendación de los acuerdos —no obstante reparos como los que acaba de hacer Human Rights Watch—, sino también para que los colombianos vislumbremos nuevos imaginarios de nuestra cotidianidad en medio de las diferencias. Se ven los frutos.
Moraleja 1: Ahora resulta que nadie, salvo Vargas Lleras en campaña, vio ni le gustan reinados como Miss Universo. ¿De dónde saldrían esos dos millones de televidentes del rating?
Moraleja 2: Espeluznante, por decir lo menos, que haya 1.000 cirugías plásticas diarias y una liposucción cada diez minutos en este país. ¿El faro de los reinados?
Moraleja 3: Una feliz navidad para todos, en medio de paz, prosperidad y bendiciones.
por Mario Morales | Dic 16, 2015 | Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
No les han cumplido. Así insista en afirmarlo en tono efervescente Humberto De la Calle luego de los significativos avances dados a conocer ayer en la mesa de La Habana. Puede que les estén cumpliendo al país, a la mesa e incluso a la comunidad internacional, pero a las más siete millones de víctimas en este país todavía no. (Publica El Espectador)
La frase repetida del jefe negociador puede llamar a equívocos, falsas expectativas y entusiasmos fugaces. El papel puede aguantar todo, pero ellas no, porque de todos los puntos, el más dependiente de los otros, el más frágil y el más simbólico es precisamente el de las víctimas.
Primero por su carácter universal, cada nueva víctima pone en duda lo avanzado, es un retroceso, una vuelta a empezar.
Segundo por su perspectiva de futuro, su talante de procuración, su lógica de permanente construcción que comienza hoy mismo.
Y tercero por su carácter iluminador y ejemplar en las instancias en las que estamos. La inmensa mayoría de esas víctimas nos han enseñado de todas las formas posibles a conjugar el verbo sustantivo de perdonar. Un perdón anticipado, generoso y desinteresado.
Sin saberlo han roto este círculo pernicioso de vencedores y vencidos vengativos en el cual nos han querido mantener, engordar y utilizar unos pocos espíritus vindicativos e insidiosos.
Claro que les importa la verdad y la reparación y la justicia, pero si algo tienen de común y recurrente en sus rezos y en sus quejas es la reafirmación de su voluntad suprema de que no haya repetición.
Cumplirles, doctor De la Calle, es dar garantías de que ni ellos ni nadie más tengan que padecer lo que ellos vivieron. De que, en la misma dimensión, no habrá más atrocidades, abusos sexuales, secuestros, desapariciones forzadas ni falsos positivos.
Cumplirles, presidente, es convertir en enseñas nacionales el “Basta ya”, el “Nunca más”, el “No en nuestro nombre”. Sólo así su dolor y su tragedia no habrán ocurrido en vano.
Obras, señores insurgentes, son amores y no sólo buenos acuerdos.
por Mario Morales | Dic 9, 2015 | Blog, Opinión
Por Mario Morales
Se nos cae la estantería. Pocas cosas van quedando en pie de aquellas que alguna vez nos permitieron mirarnos como prójimo, como sociedad y como país.
Los pilares del establecimiento en todos sus órdenes se han ido desmoronando en serie, como cumpliendo una cita o una condena. 2015 será recordado por el resquebrajamiento de muchos cabos que otrora fueron bastiones de nuestras certezas, autoestima y hasta de orgullo. (Publica El Espectador)
Lo que está pasando en las cúpulas de la justicia, Policía y fútbol no son solamente indicios de la hecatombe moral que hoy nos define más que una huella dactilar, sino semilla del virus letal para el sueño de humanidad y de nación que una vez tuvimos.
Esos escándalos sobrepasan los límites del entorno en el cual ocurren porque arrasan a su paso maloliente nada menos que con el derecho, la seguridad y el sano entretenimiento en esta época de escaseces. ¿A quién o qué recurrir, entonces?
La justicia, politizada y corrupta vive su peor hora. La violencia estúpida ya nos había alejado de los estadios, ahora los manejos oscuros y las acusaciones de ida y vuelta en la rectora del fútbol y algunos de sus clubes, como pasa con Santafé, nos distancian del deporte mismo, del viejo reducto de ser hinchas.
Y el hedor en la Policía nos recuerda los peligros del poder y los uniformes al servicio de las más bajas pasiones humanas, pero entraña un daño más grande y devastador del cual ya tuvimos noticia este año: el espionaje y las interceptaciones criminales, porque atentan contra la libertad de expresión, censuran de manera flagrante y destruyen la utopía democrática de internet y de la tecnologías a causa de su rampante y probada vulnerabilidad.
Por eso, al cierre del año es inevitable sentirse más frágiles, más indefensos y más desamparados que nunca.
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Moraleja: Se entiende entonces que el virus de la desconfianza, encarnado en 48 millones de compatriotas, esté nominado a personaje del año.