Internet: cómo no liberar al mundo

Por Arturo Wallace (BBC/Periodista Digital). El protagonismo de Twitter durante las protestas que siguieron a las elecciones iraníes de junio 2009 ha sido a menudo citado como un ejemplo del potencial democratizador de internet y las redes sociales.

Y las multitudinarias manifestaciones por la paz en Colombia, convocadas a través de Facebook en febrero de 2008, como un ejemplo de su capacidad de movilizar a millones en torno a una causa.

Sin embargo, esas mismas tecnologías también están siendo empleadas por gobiernos autoritarios con fines de propaganda o incluso para controlar mejor a la disidencia, advierte Evgeny Morozov en su libro «El engaño de la red» (The Net Delusion).

«Y la promoción de internet como una herramienta de liberación por parte del Departamento de Estado (de EE.UU.) la ha politizado hasta tal punto que algunos países asumen que Twitter y Facebook no son más que una extensión de la política exterior estadounidense».

«El resultado es que sus gobiernos han empezado a actuar de forma más agresiva en el ciberespacio de lo que lo hubieran hecho en otras circunstancias».

Y, como reconoce el propio Morozov, a raíz de las filtraciones de WikiLeaks también se ha hecho obvio que el mismo gobierno de Estados Unidos en ocasiones trabaja para limitar la libertad en internet.

El investigador y blogger bielorruso advierte además que la popularidad de las redes sociales también está haciendo mucho más fácil el trabajo de identificación de críticos y disidentes.

De hecho, uno de sus capítulos se titula «Por qué la KGB quiere que te unas a Facebook».

Muchos usos posibles

Los argumentos de Morozov inyectan un poco de realismo a un debate en el que entusiasmo por las posibilidades abiertas por las nuevas tecnologías ha llevado a muchos a creer que existe una relación automática entre mayor acceso a internet y mayor libertad.

Y es que el también editor asociado de la revista Foreign Policy y actualmente académico visitante de la Universidad de Stanford no considera que esa conexión sea inevitable.

«La premisa está equivocada no tanto por sus expectativas sobre la tecnología como por sus expectativas sobre la naturaleza humana. Asume que todo el mundo quiere ser un disidente, que todos están pidiendo y buscando democracia».

«Pero la mayoría de la gente no aprovecha su acceso (a internet) para averiguar más sobre sus gobiernos o para movilizarse y protestar. Lo usa para satisfacer sus necesidades básicas de información, para chatear, para entretenerse».

Además, a diferencia de lo que se creía originalmente, los gobiernos han ido encontrando maneras para ejercer un mayor control sobre lo que ocurre en el ciberespacio.

Algo que, en su opinión, se ha visto facilitado por el surgimiento de numerosos intermediarios de vocación comercial, que pueden ser fácilmente presionados por las autoridades.

Un ejemplo habrían sido las concesiones a la censura que en su momento hizo Google para poder operar en China.

Otro, más reciente, la decisión de Amazon y PayPal de dejar de prestarle servicios a WikiLeaks por la presiones de Washington.

«Mientras haya gente en el medio, y esa gente esté impulsada por incentivos comerciales, los gobiernos siempre van a tener una forma para influir en su comportamiento».

Pero no sólo eso: según el investigador, los actuales intermediarios también terminan ahorrándole a los gobiernos autoritarios muchos costos y esfuerzo.

Ahí reside la utilidad de Facebook para la KGB… o la CIA: además de más comercial, la red también se ha vuelto cada vez más social y cada vez hay más incentivos para que la gente comparta grandes cantidades de información.

«Y los gobiernos han encontrado formas para agregar y estudiar esos datos, identificar tendencias sobre como los usuarios se relacionan entre sí, etc.».

«Antes de la llegada de las redes sociales virtuales, los gobiernos represivos tenían que hacer un gran esfuerzo para averiguar sobre la gente vinculada a los disidentes», dice Morozov en el libro.

«Hoy, nada más tienen que conectarse a Facebook».

Morozov cuenta que después de las elecciones en Irán los funcionarios de migración empezaron a interesarse por los perfiles de Facebook de los iraníes que llegaban del exterior, ocupándolos para identificar a posibles sospechosos de haber participado en las protestas.

Una tarea que se vio además facilitada por las numerosas fotos y videos publicados en internet.

Y, de haberse publicado más tarde, su libro tal vez también habría incluido una referencia a las presiones a Twitter por parte de la justicia de EE.UU., que está demandando información sobre las cuentas, dirección física, teléfonos y contactos de varias personas vinculadas a WikiLeaks.

Activismo para impresionar

Morozov se muestra además escéptico por la capacidad movilizadora de las redes sociales, a la que considera grandemente sobredimensionada como resultado de un nuevo vicio occidental: creer que todo puede explicarse a partir de su relación con internet.

Según él, el activismo político facilitado por las redes sociales virtuales a menudo no refleja un compromiso con una causa sino la necesidad de «impresionar a los amigos».

Y aunque esto puede servir para organizar una que otra manifestación – como en el caso de Colombia – sería muy ingenuo pensar que puede convertirse fácilmente en un motor de cambio.

Eso no significa que Morozov no reconozca el potencial democratizador de las nuevas tecnologías.

«Pero la forma en la que se está promoviendo ahora, sin prestarle atención a los contextos políticos, a las especificidades culturales, puede resultar peligroso».

Y es que la tecnología, por sí sola, no es garantía de nada.

«Internet es mucho más que un simple megáfono para el discurso democrático: también puede tener usos que son extremadamente antidemocráticos».

«Y si no se le pone atención a esos otros usos, el proyecto mismo de la promoción de la democracia puede estar en peligro».

Fuente: http://www.periodistadigital.com/periodismo/internet/2011/01/17/internet-blog-facebook-liberar-censura-mundo-periodista.shtml

Gobierno de EU ordena a Twitter entregar información sobre seguidores de WikiLeaks

Por Summer Harlow/M&M
El Departamento de Justicia de Estados Unidos envió una citación a Twitter para que facilite información sobre personas y cuentas vinculadas al sitio de denuncia WikiLeaks, informaron el Christian Science Monitor y el diario El País.

La Jornada reportó que la orden busca información sobre las alertas enviadas por personas vinculadas actualmente o en el pasado con WikiLeaks, incluidos la parlamentaria de Islandia Birgitta Jónsdóttir, el investigador Jacob Appelbaum, Rop Gonggrijp, y el fundador del sitio, Julian Assange, quien ha perdido apoyo entre los periodistas estadounidenses.

El Departamento de Justicia también busca información sobre la cuenta de Twitter de WikiLeaks y sus seguidores, así como los datos sobre el soldado Bradley Manning, quien está detenido bajo sospechas de haber filtrado documentos clasificados a WikiLeaks.

La citación completa está disponible en inglés aquí.

“Toda esta extraordinaria investigación ‘criminal’ se deriva de la publicación de información clasificada por parte de Wikileaks que muestra lo que el gobierno estadounidense está haciendo: algo que los periodistas de investigación, por definición, hacen todo el tiempo”, escribió Glenn Greenwald en un artículo en la revista electrónica Salon.

En una declaración a Reuters, WikiLeaks dijo que “condena enérgicamente este acoso de los individuos por parte del gobierno de Estados Unidos”.

El abogado de Assange, Mark Stephens, aseguró que la citación proporcionaría a los fiscales información sobre más de 634.000 personas que siguen la cuenta de Twitter de WikiLeaks y agregó que información similar ha sido solicitada de Google, Facebook, y la unidad de Skype en eBay, informó Bloomberg. Para más temas de libertad de expresión relacionados con Twitter y Facebook, vea los mensajes de la cuenta de Twitter del Centro Knight sobre libertad de expresión en redes sociales.

La citación para Twitter es el más reciente golpe de la guerra en contra de las filtraciones de información que emprendió la administración del presidente Barack Obama. El ex agente de la CIA Jeffrey Sterling fue acusado la semana pasada de filtrar información sobre la seguridad nacional.

Fuente: http://knightcenter.utexas.edu/es/node/4193

Naciones Unidas invita a evento sobre libertad de prensa

Periodistas interesados en la libertad de prensa pueden asistir a este simposio internacional.

300 profesionales de medios podrán participar de este evento que se realizará en Paris y que se concentrará en la (precaria) libertad de prensa en el mundo, la seguridad de los profesionales de los medios y los cambios en los medios en la era digital.

Para más información,http://www.ifex.org/international/2010/12/22/unesco_symposium/
Fuente. Ijnet http://ijnet.org/es/opportunities/90497

Chuzados y sin garantías

 

chuzadasEn lugar de aclararse, el novelón de las interceptaciones a los diálogos de La Habana se sigue enredando y amenazando tanto el proceso de paz como el ejercicio y la calidad del periodismo en Colombia.

(Publica Razón Pública.com)

Por Mario Morales*

 

 

Final de novelón

Si algo le faltaba al guion de telenovela de bajo presupuesto en que se convirtió el escándalo de las interceptaciones por parte de la inteligencia del Estado colombiano, era la conclusión de que en Buglly Hacker no hay indicios de actividades ilegales, dada a conocer un día después de la revelación de las conversaciones privadas de alias “Timochenko” con los negociadores de las FARC en La Habana.

Ni la declaración de la Inspección del Ejército ni las conversaciones reveladas por Inteligencia Militar logran disipar las dudas razonables que quedan en el ambiente, luego de que medios nacionales e internacionales dieran a conocer la lista de periodistas y opositores presuntamente chuzados en circunstancias que están por esclarecerse.

La verdad está embolatada no porque esté en tela de juicio la veracidad de las transcripciones de esas conversaciones, ni la labor de las primeras pesquisas, sino porque están entreveradas en otro capítulo de la ya extensa serie de acontecimientos que han acabado por agobiar a la opinión pública nacional y por confundir a medios y periodistas en medio

de dimes y diretes, versiones y retractaciones, mentiras a medias y digresiones que dejan tras de sí una larga estela de desinformación que afecta de muchas maneras el quehacer periodístico.

No se trata pues de un rumor o una versión que pu ede acallarse a punta de declaraciones firmes y tajantes como las que ha intentado el estamento militar.

Si algo ha quedado claro es que la denuncia de la revista Semana no era un asunto de poca monta. Primero, porque ese proceso de desinformación no solo acabaría por revictimizar a civiles legítimos que, si se comprueban varias versiones, fueron el objetivo de esas interceptaciones.

Y segundo, porque pondría en riesgo el proceso de paz donde se juega el presente nacional, y se llevaría por delante numerosos derechos como el de saber, por lo menos, una parte de la verdad, y, sobre todo, los de la libertad de prensa y libertad de expresión, sujetos a los vaivenes de intereses aún no abiertamente establecidos.


El Presidente del Partido Liberal, Simón Gaviria.Foto: ICP Colombia

Nada ha quedado claro

Nadie salió a desmentir al director de la revista mencionada cuando anunció que tenía en su poder las pruebas que soportaban las publicaciones. Y no es creíble que se comprometiera, él mismo y consigo el semanario, si de veras no las tuviera.

Tampoco se ha controvertido con bases las denuncias del canal Univisión de que habría 2.600 correos electrónicos intervenidos de voceros de la insurgencia y periodistas nacionales e internacionales.

Ni se ha contradicho el reporte del canal RCN sobre indicios de la interceptación de 500 conversaciones, cien de las cuales habrían sido de manera ilegal. Ni ha sido rectificado Simón Gaviria, director del Partido Liberal, que hablaba de interceptaciones a 400 whatsapp, 500 pines de blackberry y numerosos correos electrónicos.

No se trata pues de un rumor o una versión que puede acallarse a punta de declaraciones firmes y tajantes como las que ha intentado el estamento militar.

A cambio de explicaciones fehacientes y satisfactorias, la esfera pública ha sido sometida al bombardeo de contradicciones y declaraciones encontradas: que ilegales e inaceptables, que legales aunque compartimentadas; que oficiales relevados, que no, que separados temporalmente; que interceptación a los armados ilegales, que interceptación al espectro, como en un juego de telebolito.

Desde el tuit del expresidente Uribe donde hablaba del presunto malestar de la fuerza pública por la enérgica declaración del presidente Santos en la que decía que las chuzadas eran inaceptables, el Ejecutivo y los mandos castrenses han intentado bajarle el volumen a un asunto, que de confirmarse, no solo afectaría a las presuntas víctimas, sino que reeditaría la manida hipótesis que esas actuaciones ilegales serían una política de Estado, con el agravante de que el Gobierno no estaría al tanto de tales operaciones.


El Presidente del Partido Liberal, Simón Gaviria.
Foto: ICP Colombia

Desinformados

La ausencia de pruebas de carácter oficial ha dejado circunscrita la labor informativa a las siguientes posibilidades:

– Al denominado periodismo de declaraciones o de versiones, reactivo unas veces, oportunista otras, pero en todo caso temporal y en riesgo por las veleidades de la opinión pública.

– A las filtraciones que no faltan cuando sube la marea y el río está revuelto, con los riesgos éticos y de enfoque que ello tiene.

– A prácticas inmediatistas y no verificadas como la reproducción de fotografías en redes sociales de presuntos implicados pero fuera de todo contexto.

– A las labores investigativas de unos pocos buenos reporteros cuyos productos dejan mal parada, hasta ahora, a la verdad oficial.

En medio del naufragio hay pocas tablas de salvación que permitan lograr narrativas periodísticas contundentes y confiables que le puedan explicar a las audiencias las causas y efectos de un fenómeno tan complejo, tan variable y tan inasible.

Más allá del resultado mismo, si algún día lo hay, ha vuelto a quedar cuestionada la misión garantista del Estado para el ejercicio idóneo del periodismo.

La argumentación de las fuentes gubernamentales al alcance es precaria:

-Va desde el manoseo del concepto jurídico de legalidad (como ese de que es legal si hay orden de un fiscal de por medio -y no la hubo como lo prueban los allanamientos posteriores del ente investigador-, o si, como ahora dicen desde ministros hasta altos mandos castrenses, lo que se interviene es el espectro, ese lugar vago, inubicable y frágil, cuyos límites, situación, alcances y objetivos no conocemos y quizás no conoceremos de manera prístina).

-Pasa por las mutuas solicitudes y requerimientos de investigaciones ágiles, profundas y “exhaustivas” -y que no es otra cosa que una forma de lavarse las manos-.

-Y llega hasta la invocación de asuntos de seguridad nacional que cierran el debate al llevarlo al escenario patriotero de “deber antes que derechos”.

Por la libertad y la información

Como se ve, las perspectivas no son halagüeñas. A expensas de las indagaciones de la Fiscalía y del pretendido contrapeso de la investigación disciplinaria de la Procuraduría, los apartes deseables de verdad de un tema tan delicado quedan por ahora en manos de los sabuesos del periodismo investigativo y de fuentes, interesadas y no interesadas, cercanas a las pesquisas.

Pero más allá del resultado mismo, si algún día lo hay, ha vuelto a quedar cuestionada la misión garantista del Estado para el ejercicio idóneo del periodismo.

No es suficiente con que los reporteros digan que entienden la labor de los organismos de inteligencia y que no tienen nada que temer. No. El Gobierno y las autoridades deben garantizar sin excepción la libertad de expresión de los comunicadores, la garantía de que no solo no son espiados sino que sus comunicaciones no son utilizadas como caballos de Troya con fines militares.

El efecto, como dijo Ignacio Gómez, presidente de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), es que se “vulnera la confianza de las fuentes en las comunicaciones con el periodista”. Esto es, la confidencialidad y el sigilo profesional que aparece en nuestro marco jurídico.

Pero también los ciudadanos deben tener el aval de su privacidad y la promesa renovada con hechos ciertos de que toda investigación que signifique intervención de sus conversaciones, correos, chats y llamadas telefónicas tiene el respaldo anticipado y legítimo de un fiscal.

Pero más que nada, hay que exigir que caiga todo el peso de la ley sobre sectores, grupos o individuos que desde las posiciones de privilegio de la inteligencia militar utilizan los operativos, fachadas, elementos y demás posibilidades técnicas para servir a intereses particulares, politiqueros, guerreristas y antidemocráticos.

No hay que olvidar que la desinformación, la confusión y las verdades a medias son armas poderosas de propaganda política y propaganda negra. Al fin y al cabo, y a pesar de los avances en los diálogos, todavía estamos en guerra.

Por eso es oportuno que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos haya anunciado que pedirá cuentas al Gobierno colombiano por este oscuro capítulo de nuestra historia.

Porque por ahora hay más dudas que certezas, y preguntas sin respuesta, como esa de que si así se trata a la verdad, ¿qué podrá pasar con la justicia y la reparación?

A romper la cadena

 

Libertad de prensa en Colombia

El periodismo colombiano ha sido víctima de atentados, asesinatos, persecuciones y  censuras. Hay decenas de víctimas, desde periodistas vinculados a los grandes medios, hasta comunicadores de medios comunitarios. Impera un alto grado de impunidad.

 Por Mario Morales

(Publica Razón Pública)

Más víctimas

Parece una condena. La ofrenda de vidas, libertades y bienes que los periodistas colombianos hacen cada año en cumplimiento de su deber se repite dramáticamente. Casi milimétricamente, como una cuota fija: 108 casos de violaciones a la libertad de expresión y 167 víctimas contabiliza la Fundación para la libertad de la Prensa –FLIP- en 2013 hasta la fecha.

A ese ritmo fatídico y constante repetiremos al finalizar diciembre las cifras desgraciadas del año pasado. Pero peor, porque ha habido dos víctimas mortales, y cuando llegue Navidad serán cinco –solo de este año- los casos de homicidio que prescribirán de manera indolente, por decir lo menos.

Sí, dirán los escépticos y acaso los más cínicos, otra vez el mismo diagnóstico. Sí, y la misma cruel indiferencia del Estado, de la sociedad, del gremio. Pero más grave porque hay dos vidas que no se recuperarán y homicidios que no tendrán culpables, como en el 87 por ciento de los 142 casos documentados por la misma FLIP

Igual que en el resto de la región, dirán los responsables del cuidado y protección de la prensa en estos países sin ley ni honor. Pero más preocupante por los visos de recrudecimiento, si nos atenemos a los informes que hablan del peor semestre en el último lustro para el periodismo de las Américas, con 14 periodistas asesinados. Cifra que podría aumentar si las investigaciones, como en otros dos casos en Colombia, vislumbran que fueron homicidios por razones estrictamente periodísticas.

José Couso
Foto: Adolfo Lujan
Conmemoración el pasado 6 de abril en Madrid del
asesinato del periodista Jose Couso a manos del ejército
stadounidense en Bagdad.

Profesión asediada

Hay una tendencia que rebasó las fronteras tercermundistas y las analógicas para amenazar a las sociedades industriales y al ciberperiodismo. Aquí, el aire está enrarecido y el vecindario está convulsionado: Argentina y Ecuador, con nuevas legislaciones; Venezuela y Cuba, con asedios gubernamentales a los comunicadores, y hasta Estados Unidos con su restricción en el acceso a la información pública.

Ha sido año particularmente difícil. La preocupación aumenta con el avance de los enemigos de la prensa en Colombia, que han dejado la penumbra mediática de las regiones para constreñir o victimizar a medios y periodistas en las ciudades capitales. La polarización ideológica, entendida como debate saludable de propuestas, ha sido más bien escasa; ha tomado su lugar la iracundia febril de las hordas que defienden intereses no siempre conseguidos de manera legítima.

Exabruptos en medio de las movilizaciones sociales han dejado secuelas nefastas entre campesinos y comunicadores. La alianza entre mafias y políticos ha extendido su terror a la prensa; huestes intolerantes en año  electoral, insurgentes y hasta miembros de los organismos del Estado que abusan de sus facultades, han pasado de las amenazas a las acciones para tratar de intimidar a un periodismo  con aura quijotesca pero decididamente valiente. Este pareciera seguir a pie juntilla aquella máxima que le dejara el Caballero hidalgo a Sancho, su fiel acompañante: “por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida«.

La amenaza, la agresión y la obstrucción al trabajo periodístico siguen siendo las prácticas más comunes a la hora de amordazar a los reporteros.

En estos meses la prensa colombiana ha sido agredida, amenazada, desplazada estigmatizada, exiliada, obstruida, secuestrada, maltratada y violentada, para citar las violaciones más recurrentes, sin obviar los asesinatos ya mencionados, detenciones ilegales, los heridos y víctimas de atentados  contra empleados o contra la infraestructura de los medios.

La amenaza, la agresión y la obstrucción al trabajo periodístico siguen siendo las prácticas más comunes a la hora de amordazar a los reporteros, según los informes de las organizaciones defensoras de la prensa.

Edison Molina
Foto: Unesco
Edison Alberto Molina, periodista asesinado el pasado 11
de septiembre en Antioquia.

Múltiples víctimas y victimarios

El deshonroso aporte nacional a la lista luctuosa no tuvo siquiera una digna repercusión, tal vez porque las víctimas no pertenecían a grandes medios, ni laboraban en las grandes capitales:

· Uno de los dos comunicadores asesinados -el abogado Edison Alberto Medina- trabajaba en el modesto ambiente de una radio comunitaria de Puerto Berrío,  Antioquia, desde donde ponía en evidencia la corrupción.

· El otro era empleado multitarea, si se quiere: voceador, fuente y reportero del diario Extra de Quindío. Fue baleado en Caicedonia, Valle, epicentro de las denuncias del medio sobre irregularidades en la cárcel. Muertes que duelen.

· No están aún claros los motivos en los homicidios de Alberto Lázaro, director de la emisora Planeta en Cali  y de José Naudín Gómez, gerente de Radio Guadalajara en Buga.

A la par aumentan las amenazas masivas especialmente en la Costa Atlántica, Antioquia, Valle y Viejo Caldas, según reseña la FLIP. Al estilo de las que hubo  en Valledupar por parte del autodenominado Ejército Anti-restitución de Tierras para presionar la salida de la ciudad de ocho periodistas y de las amenazas que hizo el ELN mediante panfletos en Arauca y que buscan amedrantar a los periodistas y medios que cubren la difícil situación de orden público que vive ese departamento. También hay presiones de las AUC en Chiquinquirá,  Boyacá y en Santander y Norte de Santander, según refiere la Federación Colombiana de Periodistas –FECOLPER–.

La intolerancia se tradujo en amenazas a las publicaciones relaciones con movilizaciones sociales, como en el caso del director  y redactores del periódico La Tarde de Pereira. También son reprobables las agresiones que tuvieron que soportar comunicadores por parte de la policía, como sucedió en 10 de 30 casos de cubrimiento de la protesta social y campesina, según denuncia de la Asociación Colombiana de Editores de Diarios y Medios Informativos (Andiarios); o a manos de turbas violentas, como pasó en el sur de Bogotá durante un operativo judicial.

Lo mismo denunciaron periodistas del Canal regional de televisión PCS en Tuluá, Valle, que cubrían manifestaciones estudiantiles, y Éder Narváez Sierra, periodista del Bajo Cauca, que grababa durante el paro minero en Caucasia, según denunció la Asociación de periodismo de Antioquia-APA-.

La organización Reporteros Sin Fronteras también levantó la voz para protestar por “las agresiones y tentativas de censura que afectan la movilización nacional Indígena”. Los señalamientos apuntan al Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) como presunto responsable de las agresiones y a Los Rastrojos de las amenazas.

Intentos de silenciar al periodismo

Las denuncias de corrupción y cooptación de las élites gubernamentales por parte de grupos paramilitares ya habían conducido a amenazas y acabado en exilio para quienes investigaron los nexos de las mafias y la clase política. Han resurgido las amenazas y el acoso contra Claudia López, León Valencia, Ariel Ávila y Gonzalo Guillén lo que los ha obligado a buscar otra vez refugio en el exterior, pero no a bajar su voz gallarda y valerosa contra el crimen organizado, especialmente en La Guajira.

Las denuncias de corrupción y cooptación de las élites gubernamentales porparte de grupos paramilitares ya habían conducido a amenazas y acabado en exilio para quienes investigaron los nexos de las mafias y la clase política.

Se siguen presentando iniciativas legislativas que van desde la regulación del derecho de petición, hasta restricciones para el trabajo periodístico en las cárceles, pasando  por el control de contenidos informativos y de la libertad de expresión de los medios en el ciberespacio.

Y como si fuera poco, el fantasma de las chuzadas revivió por cuenta de las denuncias de presuntos seguimientos a periodistas reconocidos como Cecilia Orozco y Ramiro Bejarano. De manera simultánea la Corte declaró a comienzos de octubre la prescripción de los delitos por presunta intervención de comunicaciones  de periodistas por parte del exdirector del DAS, Jorge Noguera, pendiente de juicio, pero ya por otras acusaciones.

Siguen las prescripciones

Por la inoperancia de la justicia siguen prescribiendo los delitos contra periodistas.

Este año ya prescribieron cuatro casos. Y si, como anota la Sociedad Interamericana de Prensa –SIP-, no pasa nada antes del 26 de diciembre, cuando se cumplen dos décadas del homicidio  de Danilo Alfonso Baquero a manos del ELN, el caso prescribirá. Sería el quinto.

La pregunta obvia es: ¿si no pasa algo como qué? Como que sea declarado delito de lesa humanidad, tal y como sucedió en marzo de este año con el asesinato de Eustorgio Colmenares, lo que hace que las pesquisas del crimen no tengan vencimiento. No obstante, de ahí a que haya resultados y condenas hay un largo trecho, pero la posibilidad subsiste.

Por todo eso la situación del periodismo en Colombia no es extraña ni distante de ese peor semestre en los últimos cinco años del que habla la SIP. Como no es ajeno el resto del planeta que suma por estos días, según cifras de Reporteros Sin Fronteras, 43 periodistas asesinados, 25 netciudadanos muertos, 184 periodistas encarcelados y 157 net ciudadanos encarcelados.

Por eso este 23 de noviembre se celebra el día mundial contra la impunidad, iniciativa de IFEX, red por el Intercambio Internacional por la Libertad de Expresión, a la que se han unido la FLIP y otras organizaciones. La campaña se denomina “23 días 23 acciones”, que ya comenzaron para dar a conocer el estado de las agresiones e investigaciones.

Iniciativa que hay que apoyar como homenaje a esos héroes que aquí no se recuerdan, salvo honrosas excepciones, como la que hizo el investigador de Semana, Ricardo Calderón, también víctima de un atentado este año, del que salió ileso. Calderón recibió el premio Simón Bolívar a la vida y obra de un periodista, el cual, como él mismo dijo, es “reconocimiento a la labor de docenas de reporteros que poblamos las redacciones y las calles de este país. Muchos de ellos, especialmente en nuestras regiones, no habrían podido subir a este escenario a recibirlo si se lo hubieran ganado”.

Que esas víctimas de tantos y tan diversos delitos contra la libertad de expresión,-que se repiten cada año como una dolorosa profecía-, puedan subir a la tarima de la memoria a ver si prescribe esa “condena”. Es lo menos que podemos pedir.

Prensa bajo amenazas

En dos semanas se ha exacerbado la presión sobre los periodistas para impedir que hagan públicas sus investigaciones. En Colombia la prensa es parcialmente libre, mientras no estorbe a los poderosos de todas las raleas.

 

Por Mario Morales

(Publica Razón Pública)

primera fila portadaFoto: www.villafane.comAlgo se está acelerando

El ambiente está recalentado: lo prueba el termómetro de la libertad de prensa, que ha dado señales de alarma en lo que va corrido de mayo. Pero el mal que delata no es nuevo: se ha venido incubando desde hace casi cuatro décadas. Es más: el mal es síntoma de una morbilidad mayor, endémica, que no ha recibido la atención ni el cuidado que debían.

El rebrote de agresiones contra el periodismo habla de la fiebre a la que tristemente nos acostumbramos, acompañada de las convulsiones de un año electoral y con proceso de paz a bordo. Detrás de la fiebre está el estamento corrupto más violento  enquistado en las élites de poder que reacciona contra la prensa, su único fiscalizador, ante la miopía o la paquidermia de los organismos de control del Estado.

Ya en los primeros cuatro meses del año estábamos en urgencias- con 32 violaciones  y 55 víctimas según el monitoreo de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) cuando ocurrieron de modo casi simultáneo el atentado contra Ricardo Calderón, jefe de investigaciones de Semana, el asesinato del periodista  Alberto Lázaro en el Valle, el desplazamiento forzado de por lo menos ocho comunicadores en Valledupar y la denuncia de un plan para asesinar a los investigadores Ariel Ávila y León Valencia y al periodista Gonzalo Guillén.

Factores de alarma

primera fila imagen 1Foto: circulodeperiodistasdebogota.com

En término de cifras, el estado de alerta se mantenía en la misma situación que a comienzos de año o incluso del año pasado: lo nuevo ha sido la concurrencia de sucesos en solo dos semanas y el desafío que la delincuencia organizada lanzó ya no sólo a la prensa regional como lo viene haciendo de manera inveterada  sino a la nacional, que sufría menos presiones y corría menos riesgos a la hora de publicar este tipo de denuncias, al tener su sede en Bogotá.

Otro factor de alarma es el cambio de estrategia del crimen organizado: ya no se limita a amenazar para constreñir, como venía haciendo en los últimos años, sino que acaba de pasar a los atentados y al sicariato para acallar las voces críticas en los medios.

Esa osadía de la delincuencia si los indicios conectan a los presuntos autores de los atentados con las investigaciones que adelantaban los periodistas significa que han decidido combinar todas las formas de lucha para silenciar a la prensa: desde el asesinato hasta impedir la circulación de publicaciones, incluso provocando la respuesta solidaria de los medios y de la opinión pública que despierta este tipo de actos, con el propósito de enviar un mensaje de intocabilidad y la advertencia de lo que le puede pasar a todo aquél que se meta con ellos.

Desafío al gobierno y a la sociedad

Esos hechos lograron, sin embargo, que los grandes medios se ocuparan de temas que no eran nuevos en la agenda, pero que estaban olvidados o desplazados por otras noticias. Y que por fin la Fiscalía se ocupara de las investigaciones, bien por convicción o presionada por la opinión pública.

Por eso, prensa y organismos judiciales consideraron obvio que los ataques tenían una conexión directa con el trabajo reciente o en curso de los comunicadores o investigadores víctimas de las agresiones. De ahí el repudio generalizado a los atentados y planes contra Calderón, Guillén, Valencia y Ávila, en el entendido de que se trataba de un ataque contra la prensa toda y de un mensaje para la sociedad entera.

No es menos grave que ocho periodistas que cubrían temas referentes a la restitución de tierras, al conflicto y al proceso de paz hayan tenido que abandonar la capital del Cesar tras ser declarados objetivo militar del autodenominado “ejército antirrestitución”, que no solo amenaza la libertad de expresión, sino que reta al propio gobierno mediante la violencia.

No se trata entonces de casos aislados, sino de una estrategia para poner de rodillas al país en esta etapa crucial de su historia.

Tampoco se debe pasar por alto el asesinato del locutor y periodista radial Alberto Lázaro en Cali, no obstante que las primeras pesquisas apuntan a móviles de índole personal y ausencia de amenazas previas.

En medio de fuego cruzado

primera fila imagen 2Foto: www.flickr.com/photos/crissorama

Pero esa situación es permanente en las regiones, como lo documenta la Fundación para la Libertad de Prensa: en lo que va corrido del año ha habido por lo menos 15 amenazas, 2 desplazamientos forzados, 3 agresiones físicas o sicológicas, amén de otros casos de interrupción de la circulación informativa u obstrucción al trabajo periodístico, así como los más de 20 casos de intimidaciones en Montería, Santa Marta, Barranquilla y Valledupar.

Pero también desde el Congreso apuntan contra periodistas y medios, como ocurrió con el desafortunado artículo cuarto del proyecto de ley que pretendía legislar sobre la parodia, con algunas pocas buenas intenciones opacadas por las ambigüedades que dejaban expedito el camino a la censura o a las acciones civiles y penales contra el humor político, la sátira y toda creación fundamentada en características o actuaciones de personajes públicos.

Y como si fuera poco, grupos violentos o pequeñas bandas barriales también la emprenden contra la prensa, como pasó en el sur de Bogotá, donde atacaron un vehículo del Canal RCN o en Cali con un automóvil del diario Q’hubo.

Lentitud e impunidad

Casos emblemáticos no tienen aún pruebas concluyentes, como el de Jineth Bedoya, víctima de violación hace 13 años por su trabajo periodístico y de acoso por sus valientes denuncias, o el más reciente de Yesid Toro, también del diario Q’hubo, quien fue forzado a exilarse de Cali tras publicar un libro sobre sicariato, producto de sus investigaciones.

Y a pesar de las denuncias y de los insistentes reclamos de justicia, siguen prescribiendo casos de periodistas asesinados hace dos décadas: este año ya prescribieron dos, para un intolerable total de 62. Muy seguramente  dormirán también el sueño de los justos los casos que se siguen por el homicidio de los reporteros Nelson de la Rosa Toscaza de Cartagena, Manuel José Martínez de Popayán y Danilo Alfonso Baquero de Tame (Arauca), caídos en cumplimiento de su deber en 1993.

Con razón no nos va bien en las clasificaciones que año tras año hacen organizaciones de diversa índole, como Freedom House, que monitorea a 195 países y 14 Estados en formación. En esa lista, Colombia ocupa el puesto 14 y forma parte del grupo de naciones con prensa parcialmente libre, con deficientes indicadores en cuanto a libertades civiles y derechos políticos, lo que explica que 94 periodistas deban tener protección permanente incluso extrema en 37 casos hasta diciembre de este año.

Encuesta reveladora

Este recrudecimiento de acciones violentas contra la prensa opaca la leve mejoría  en asuntos de seguridad que habían percibido 707 periodistas entrevistados por el Proyecto Antonio Nariño (PAN) y la firma Cifras y Conceptos, en desarrollo de la segunda encuesta nacional a periodistas sobre libertad de expresión y acceso a la información pública, cuyos resultados fueron dados a conocer el pasado 3 de mayo, con motivo del día de la libertad de prensa.

El 20 por ciento de los periodistas encuestados afirmaron haber tenido restricciones por parte de autoridades para su libre movilidad, el 26 por ciento haber sufrido ataques por canales electrónicos, el 23 por ciento haber sido vigilado ilegalmente por el Estado, el 21 por ciento haber sido agredido por miembros de la Fuerza Pública y el 14 por ciento haber recibido agresiones por grupos al margen de la ley.

La consecuencia obvia en medio de esta atmósfera de amenazas es el temor que deviene autocensura, como lo manifestó el 47 por ciento de los encuestados:

  • 37 por ciento por presencia de armados ilegales en su región.
  • 35 por ciento por presiones que ocasionan el cierre de su medio o su despido.
  • 34 por ciento por estigmatizaciones de parte de gobernantes o altos funcionarios.
  • 25 por ciento por presión de autoridades del Estado.
  • 24 por ciento por recorte o interferencia indebida en sus historias por parte de editores de su medio.
  • 14 por ciento teme ser víctima de acosos judicial.

Con razón el Índice de Libertad de Expresión y el Acceso a la Información Pública en Colombia que monitorea el mismo PAN en 2012 apenas alcanza 50 puntos sobre 100, escasos 12 en la dimensión de impunidad y 38 en la de acceso a la información.

Derecho condicionado

Este mes, la Corte Constitucional aprobó con condicionamientos la ley estatutaria de transparencia y regulación del derecho de acceso a la información pública, que queda pendiente de la sanción presidencial.

Si bien dichos condicionamientos ampliarían el derecho de acceso, en el momento de escribir este artículo no se conocía el texto de la sentencia, particularmente en lo tocante a límites relacionados con la defensa y la seguridad nacionales, así como con el ente encargado de velar por su cumplimiento.

Algo es algo en medio de esta racha que ha llevado hasta el límite las alarmas  cuando el país se juega su futuro con la búsqueda de la paz, de la cual es motor e inspiración el libre ejercicio del periodismo, hoy retado y en entredicho.

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