Nos vamos profesionalizando…

Por Mario Morales

 

Que no sean actividades reconocidas es una cosa, pero que por repetición se hayan ido profesionalizando lo demuestra el desmadre en el que nos tienen. Por eso cada vez es más difícil saber cuándo una protesta es genuina, cuándo es movida por actores embozados y cuándo podría estar guiada por mercenarios:  El caos como escuela.

Claro, hay niveles. Hay quienes se dedican a tirar piedra, lanzar bombas caseras y, en el colmo de la exaltación macondiana, a arrojar flechas. Y hay quienes con la mampara de un rol actual o del pasado, como algunos expresidentes, desde la amargura de su soledad con artritis, pretenden borrar su pasado pidiendo explicaciones que ellos no fueron capaces de dar. Actividad no solo indigna sino indignante en tanto que contribuyeron por acción u omisión a los males presentes.

Buscan profesionalizarse algunos opositores, candidatos a opositores y candidatos a cipayos que hacen suyos dislates trumpistas como si en algunos de esos señalamientos no estuviera incluida la nación entera. (Tiene razón la senadora estadounidense Jeanne Shaheen al calificar las amenazas como miopes y contraproducentes, aunque comparta preocupación por la ineficiencia del gobierno para frenar la producción de cocaína).

Más abajo están los oportunistas de oficio, otra suerte de mercenarios que, a punta de agravios y ultrajes, esperan reconocimiento de las métricas para formalizarse en esa otra profesión deleznable de parasitar toda la vida a costa del Estado.

Le siguen quienes, paralizando u obstaculizando, se dedican a la innoble cooptación de puestos y entrenan a hijos, consortes o familiares para que los sucedan en nombre dizque del sagrado derecho al legado.

Forman parte del entramado que reclama profesionalización los financiadores electorales en las sombras, jueces que comercian impunidades, revendedores de firmas, negociantes de avales, mercaderes de puestos en listas, transhumantes electorales, tasadores de votos…

Se entiende entonces que quieran crear “universidades” que puedan acreditar todo ese conocimiento y homologar toda esa experiencia que permita que los sigamos llamando doctores.

somos excepcionales

Por Mario Morales
Pierden el tiempo quienes quieren homologarnos con los seres humanos de otras latitudes, porque nuestro destino pareciera ir en contravía, si nos atenemos a los hechos de los últimos días…
Mientras en otras democracias serias, como Francia, los expresidentes hallados culpables van a la cárcel, como parias y sin objeción gracias al acervo probatorio, aquí los imputados gozan de prebendas y beneficios que no tienen los ciudadanos de bien. Y los aplauden.
Solo en este suelo, signados por la influencia del cangrejismo, creemos que toda gloria pasada fue peor y, presas de la mezquindad, que los logros, distinciones y premios, como el Nobel de paz, fueron efecto de un descache planetario o de un complot global.
Solo en estas latitudes se celebra al revés: el reencuentro con agresión, como en el día de la madre; el triunfo con violencia porque sin sangre no hay embriaguez y un acto de destrucción como sinónimo de progreso. No es sino ver el jolgorio por una implosión, dizque pionera, como en Puente Aranda, desconociendo que desde, por lo menos 20 meses, ya habían implosionado en Bogotá las basuras, cementerios, servicios públicos, movilidad y seguridad, como en el críptico mensaje de Gabo en La Hojarasca.
Solo aquí los tiempos electorales se viven a la inversa. Una vez tomadas las decisiones, el patrón de relacionamiento social es la agresión, manifestada en bates, armas de fuego y el peor glosario del diccionario mientras antes y durante las campañas es la condescendencia y el halago con los candidatos saltimbanquis, transformados, showceros, manipuladores y contradichos que en otro lugar clasificarían si acaso para un freak show.
Aquí la dignidad es sinónimo de patanería, de salirse con la suya; de pasar por encima de la ley, gracias a prontuarios y abusos; de reincidencia, de evadir el castigo, de tener la casa por cárcel, o por lo menos, hacer de la cárcel su casa; pero sobre todo de alardear por ello.
Sí, somos un pueblo peculiar que hizo de sus malos ejemplos un camino, de su desmemoria un método y de sus vicios una cultura.

La muerte de la televisión abierta

Por Mario Morales
Todo comenzó como chiste, cuando Groucho Marx predijo el fin de la tv cuando apenas nacía. Después pregoneros investidos como augures el siglo pasado administraron los santos óleos a ese medio tal y como lo conocíamos. Luego llegaron los gurúes fletados que pusieron a conveniencia fecha de cierre a la caja mágica. Detrás estaban intereses de empresas tecnológicas o de politiqueros temerosos de su gigantesca influencia.
Culpables externos no faltaron al inicio de siglo: llegada de internet, implementación de nuevas plataformas o cambios en el consumo. Luego llegaron los internos: privatización y nuevos modelos de negocio que llevaron a los canales en el continente a producir contenidos para plataformas de pago y dejar el residual para sus canales generalistas.
Ayudan la pobreza de contenidos con la disculpa del vértigo, la sobreideologización de franjas noticiosas rayanas en activismos, repetición al extremo de programas otrora exitosos, la inmovilidad con pretendidas fórmulas mágicas del pasado, la radialización de la escena, desconocimiento del lenguaje audiovisual y la permanente e incomprensible referencia a redes y autopistas digitales como lugares para encontrarlo todo, y gratis, hasta la mímesis de sus estéticas y contenidos bajo el patrón de la nadería y el sin sentido.
Han coadyuvado la desidia o antipatía de los gobiernos recientes, que desconocen un medio que tiene legislación antediluviana y lo desprecian o manosean. Esa tv abierta llega a algo más de 700 municipios, pero no termina de bajar a hogares por falta de señal consistente, pedagogía o dispositivos adecuados.
Lo único que faltaba es que algunos de quienes se lucran de ella a través de suscripciones sean los encargados de cantar responsos sobre su cadáver insepulto con tarifas incomparables e impagables que varían mes a mes a gusto del operador, publicidad engañosa, contratos leoninos, intermediaciones innecesarias, cobros anticipados, absurdas cláusulas de reconexión y pagos previos a cualquier reclamación. No se trata ya del apagón analógico, sino de la extinción de un derecho que creímos inextinguible.

La dictadura de las estrategias

Por Mario Morales

A Oswald Spengler, autor de La Decadencia de occidente, que anticipó el declive la cultura y su reemplazo por una civilización decrépita como antesala del cesarismo o poder ejecutivo autoritario, solo le faltó predecir su carácter tragicómico, eso sí, sin final feliz.

Por culpa de las utopías no anticipó que las estrategias, desplazando a la política o en su nombre, para decepción de Clausewitz, iban a ser la verdadera guerra por otros medios. Ni que iban a degenerar en “stand up” transnacionales, pero no por ello menos plebeyos que vemos en redes sociales y, revestidos de falsa solemnidad, en medios tradicionales.

Sirva como ejemplo lo que no iba a ser más que una caricatura, ideada por un estratega recién llegado, en la que un presidente arenga, como en la saga de Marvel, a formar el ejército de salvación del mundo, y que, respondida por asesores caricaturescos, caídos en provocación, potenciaron una proclama particular como relato global, el clásico efecto Streissand de perifonear lo que se quiere acallar.

Es el resultado de otros malos estrategas que enviaron a alcaldes y legisladores arrodillados a planear con homólogos gringos la manera de encuellar a un presidente sin tocar la economía, no solo por razones propagandísticas sino por los efectos futuros en el país que aspiran a refundar. Les salió mal: con sanciones pierden ellos porque construyen la figura de un perseguido; sin sanciones aúpan la voz del agitador.

No son los únicos rehenes de los “gurúes del marketing”; ahí tienen a una candidata dándose tiros cada que habla o grita, a un exacalde cultivando su fama de lamesuelas, a un eterno candidato simulando discursos de mano dura, a un excorista tratando de saltar del cartón de la impostura; a unos viejitos gagás repitiendo tácticas del pasado condenadas al fracaso y a un redil de ingenuos cometiendo excentricidades sin pudor.

El resultado es esta oclocracia, al decir de Rousseau, o democracia desnaturalizada por culpa de estrategias en buscade clics y likes que usurpan la voluntad general, con pretendido tono tragicómico… si al menos fueran ingeniosas.

Requisitos para ser presidenciable

Por Mario Morales
Urge decantar, antes de fin de año, mediante concurso, examen o prueba saber pre, la mamotrética lista de aspirantes a presidencia. No solo por solemnidad para tan alta majestad o economía de recursos, también por la salud mental del pueblo colombiano.
Deberían instituirse requisitos insoslayables y verificables para quienes se inscriban. El primero es no tener experiencia alguna con el resobado argumento de que entre más lejos de los “abejas” menos posibilidades de untarse de miel…
2.-Haberse rebelado contra el establecimiento, recogido firmas o pertenecer a la coalición del abstraccionismo para prometer perogrulladas a lo Faryd, como en el Centro Democrático, y simular la ausencia de soluciones.
3.  Certificar dominio de voz, ojalá con fonoaudiólogo, reemplazable con carátulas de discos, menciones en canciones o autotune, por lo menos como coristas en tonos altos.
4. Tener diplomatura en uso de insultos, agravios, calumnias o ataques a quienes los investigan judicial o periodísticamente.
5. Ubicarse en lo que, antes del desprestigio, se llamaba centro, prometiendo equidistancia de los extremos después de borrar trinos insidiosos, lamboneadas o arrodilladas a caciques, convictos, manzanillos o patrones regionales.
6. Tener, aunque sea, una investigación formal, pero con bonus track si han sido enjuiciados, condenados o liberados por vencimiento de términos.
7. Haberse declarado antipetrista desde la cuna, pero con quiebre de cintura para justificar puestos, contratos o cuotas en la actual administración y declararlos como servicio a la patria.
8. Haber intentado hablar, parafraseado o etiquetado a Trump o Bukele en trinos sin pudor y con babero.
9. Demostrar idoneidad en camuflaje, cosmética o cirugía plástica para simular talentos, clonar carismas e imposturas donde no las hay.
10. Construir una hoja de vida tan larga que sea imposible investigarla antes de 4 años.
Y que quede tiempo para filtrar votantes y saber si están habilitados para el sagrado derecho a equivocarse, votar en contra o, como cualquier brayan, sacar provecho de su ejercicio ciudadano.

De manifestaciones, proclamas, arengas y protestas

Esquilmados casi todos los derechos, en este neodarwinismo político y socioeconómico, solo les quedan a las masas las plazas, las vías y las redes. Es poco, pero lo simboliza todo. Como lo dejó ver el manifiesto de la premiada actriz judía Hannah Einbinder en los Emmy: “…que se joda el ICE (control aduanero y migratorio), y libertad para Palestina”; y que han hecho suyo y ampliado y mejorado otros valientes actores y actrices que van de Cate Blanchet  a Javier Bardem, pasando por Julie Christie, Livia Colman y Josh O’Connor.

Enseña, que han gritado pacíficamente más de cien mil personas en Madrid en el cierre de la Vuelta a España, en medio del trasnochado debate de si el deporte, como las artes, deben separarse de la política, y que la UCI, ese otro conglomerado de mercachifles del ciclismo en provecho propio, quiso aislar, como lo querrá hacer la FIFA, pidiendo, para colmo de atrocidades, respeto por valores olímpicos y ¡por la paz!

Si es así, en nombre de lo que queda de humanidad, que todo el calendario deportivo se reemplace por manifestaciones hasta que cesen el genocidio en Gaza y el sportwahsing o lavado de imagen del estado de Israel, al que hay que distinguir de los judíos, como pedía Eibinder.

Proclamas que deben ser extensivas contra asesinatos sin juicio previo en aguas internacionales del Caribe, pero también contra el talante autoritario, vetusto y humillante con el que nos acaban de descertificar simbólica e injustamente en la lucha contra las drogas, calvario de esta nación que echó a perder su norte y la vida de algunos de sus mejores hijos, mientras el resto son tratados como parias al vaivén de caprichos despóticos.

Faltan líneas para referirse desde las arengas en Ucrania hasta las justísimas protestas de ayer de los bogotanos, sin movilidad, con basuras y sin administración.

Pero, es lo que nos queda, antes que los darwinianos avanzados decidan, como hicieron en contra de la moral y la justicia que los humanos no somos una sola raza, así como han demostrado con la fuerza de su brutalidad que no pertenecen a la misma especie, la de los homos sapiens.

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