Han ido demasiado lejos

No. No son gajes del oficio. No podemos normalizar el acoso judicial, ni el matoneo, ni el hostigamiento, ni la obstrucción, directa o indirecta, al trabajo de los periodistas en nuestro país. (Publica El Espectador)

La tutela a María Jimena Duzán por sus valientes y necesarias columnas sobre el caso Odebrecht no solo es sospechosa de origen, sino que se salta todos los referentes del sentido común. Su intención es obvia, ponerle freno, amedrentarla, y de paso a todos los colegas. Como ella, según la FLIP, son 33 reporteros presionados por quienes dicen defender la Constitución y la ley.

Igualmente reprobable es la andanada rabiosa del furibismo y sus bodegas contra la comunicadora Mónica Rodríguez, víctima en el pasado y presente del matoneo en redes sociales, del hostigamiento contra su persona y de la estigmatización por decir lo que piensa, el más sagrado de los derechos que subyacen a nuestros acuerdos sociales. Como ella suman este año 24 colegas víctimas de estigmatización y 30 de hostigamiento, al decir de la FLIP.

Pero ahí no cesa la avanzada. Está de moda que unos funcionarios impidan o les digan a otros qué pueden responderle a la prensa, como el reciente caso del director de la cárcel Modelo al exdirector de la ANI, obstruyendo el acceso a la información de los reporteros y constriñendo la libertad de expresión del exfuncionario.

También parece ser directriz que los funcionarios eviten a los comunicadores, como se dice que pasó con el ministro de Vivienda en Cúcuta y en La Guajira, y como ha pasado en otros casos precedentes, como el ministro Carrasquilla, que muestran la incomodidad del poder con la fiscalización.

La presión o seducción con la pauta publicitaria, la amenaza en sus variadas versiones, el acoso y los ataques viscerales son todos graves atentados contra la libertad de prensa, la libertad de expresión y el derecho ciudadano de estar informados sobre las veleidades del poder. Hace falta más que solidaridad en redes. Están yendo demasiado lejos

Medios, marketing, alianzas y maquillaje

(Tiempo estimado: 4 – 8 minutos)

Tras el escándalo queda mal parado el Distrito. Y peor parados quedan los medios que sacrifican su credibilidad y la confianza de los lectores.

Mario Morales*

(Publica Razón Pública)

Es escandaloso por las cifras, por los métodos utilizados, por la nebulosa que lo envuelve, pero, sobre todo, por lo inocuo. (Publica Razón Pública)

El gasto excesivo por pautas publicitarias de la alcaldía de Bogotá había sido revelado en abril y agosto pasados por el Concejo de Bogotá en un debate de control político extendido donde se hablaba de una cifra cercana a los 118 mil millones de pesos durante 2016 y 2017.

La semana pasada, la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) divulgó, tras un sesudo seguimiento, que la pauta oficial estaba cerca de los cien mil millones de pesos, algo así como 5.625.000 por hora.

Cuando la ciudad se debate entre la austeridad y las necesidades crecientes de sus habitantes, la torpeza del alcalde Peñalosa ya colmó la paciencia de la ciudadanía.

En febrero de este año, Peñalosa fue el alcalde peor calificado de las ciudades capitales de Colombia. La desfavorabilidad de su gobierno ha alcanzado el 80 por ciento y el pesimismo alcanza a tres de cada cuatro ciudadanos según la encuesta de percepción Bogotá Cómo Vamos.

Si tanto invirtió Peñalosa para tener una imagen favorable, ¿esa platica se perdió?

Según la FLIP, el 85 por ciento de las operaciones se cumplieron mediante contratación directa  y por lo menos la mitad de ellos tuvieron adiciones y prórrogas —lo cual  contraviene el principio sobre regulación de publicidad oficial y de libertad de expresión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)—.

Los medios tienen todo el derecho a buscar alternativas de negocio, pero en tiempos de incertidumbre no todo hueco es trinchera.

Las entidades oficiales tienen derecho a hacer publicidad sobre sus actuaciones, pero el monto gastado por la administración Peñalosa es exagerado (teniendo en cuenta las necesidades urgentes de la ciudad en salud, educación, seguridad y movilidad, por ejemplo)  e incluso iguala o supera la inversión de las más grandes empresas, que con distintos productos llegan a agencias, medios y clientes de todo el país.

Pero falta lo peor: la falta de transparencia en la información brindada por la prensa. Los métodos y objetivos de ese tipo de publicidad ponen en tela de juicio su credibilidad y los valores del oficio.

Ese tipo de periodismo camufla la información oficial y la hace pasar como trabajo periodístico. El uso de embajadores de marca no explícitos en redes sociales ha contaminado la información que los ciudadanos necesitan, y ha afectado las libertades de prensa y de expresión.

El Distrito y los medios de comunicación tienen igual responsabilidad.

Por eso llama la atención que algunos medios nacionales, regionales y comunitarios, tanto impresos como audiovisuales, hayan aceptado en sus narrativas de ficción o editoriales contenidos realizados desde la administración distrital. Tampoco proveen la suficiente aclaración para las audiencias que consumen el material publicitario.

Marketing, alianzas y maquillaje

Televisión.
Televisión.
Foto: Autoridad Nacional de Televisión

Algunos dicen que es inevitable que el poder fiscalizado, los corruptos y los ilegales  permeen el periodismo, que debería estar regido por la lealtad, la verdad y la credibilidad.

Pero en este caso no se trata de que el periodismo pierda valor a causa de los contenidos falsos, de los embajadores de marca subrepticios, o de la manipulación capciosa por parte de determinadas fuentes (fenómenos donde el periodista puede “caer en una trampa”).

Es peor. En este caso son los mismos medios los que estén decididos a venderle el alma al diablo con el pretexto socorrido de las nuevas alternativas de sostenibilidad y de negocio. Parece —y es— un acto desesperado, de kamikazes, un acto suicida.

En el pomposamente llamado content marketing o marketing de contenidos —que no es otra cosa que los viejos artículos publicitarios disfrazados de información periodística— los propios medios destruyen el valor más preciado en la relación con sus audiencias: la fidelización.

Sin duda los medios tienen todo el derecho a buscar alternativas de negocio, pero en tiempos de incertidumbre no todo hueco es trinchera. Más aún si son baluartes y referentes para los demás medios y periodistas del país.

Ya es preocupante el bombardeo publicitario directo o branded content emitido precisamente en las secciones periodísticas que tocan temas afines y que se aprovechan de los públicos allí congregados y atentos. Por eso, exaltar, moldear, maquillar por encargo o publicar como propios contenidos publicitarios son tácticas de engaño.

Ese tipo de comportamientos traiciona el pacto con las audiencias y además afecta la democracia, si convenimos con Kovak y Rosenstiel en que la función  del periodismo es entregar la información que la gente necesita para ser libre y gestionar sus vidas y sus decisiones.

¿Dónde está el problema?

Propaganda.
Propaganda.
Foto: Pxhere

El problema va más allá de la letra pequeña que incluyen algunos medios y que aclara que el texto es publicitario, pero que nadie lee porque solo sirve para lavarse las manos.

No se trata tan solo de limpiar de manera engañosa la imagen de una entidad cuestionada como la alcaldía de Bogotá, sino también de construir  imaginarios deficientes, incompletos o falsos en una comunidad urgida de acciones reparativas. Es, en últimas, un atentado contra la disciplina de la verdad, porque juegan con la voz, la independencia editorial y la integridad del periodismo.

Le recomendamos: Uribe, el rey del twitter.

En medio de toda esta pirotecnia del mercadeo es menester recordar —como repiten los manuales de ética— que las audiencias de los medios no son clientes, que las redacciones no son unidades de negocio, que las noticias no son productos y que los lenguajes y los métodos del periodismo tienen su origen en el servicio público y en los derechos de la ciudadanía.

Es cierto que los medios reúnen públicos propicios para los anuncios publicitarios, como también lo es que esos públicos son renuentes a esos contenidos. Si los insertos, las separatas, los suplementos o los avisos publicitarios marcados y delimitados no satisfacen las necesidades de los anunciantes, no por ello publicistas, medios y comunicadores pueden contaminar las narrativas periodísticas en aras de una pretendida innovación estratégica.

Que las audiencias de los medios no son clientes, que las redacciones no son unidades de negocio, que las noticias no son productos.

Y si a ese panorama le sumamos que hay periodistas y analistas contaminados, que vienen y van de un empleo a otro o que con una palmadita en el hombro dicen lo que dicen en los debates y en los medios, al ciudadano le quedan pocas alternativas para determinar si la información que recibe tiene estándares de calidad periodística o no.

Cuando los alimentos o los medicamentos no tienen información suficientemente clara y transparente para los consumidores, todos ponen un grito en el cielo porque se pone en riesgo la salud de las personas.

En esta época de descrédito del periodismo, tal vez sea hora de introducir la “posología informativa” esto es, la necesidad de acompañar cada pieza periodística con un contexto sobre los insumos, las fuentes y las decisiones que se tuvieron en cuenta para escribirla.

Quizás no sea cierto que las audiencias se estén yendo de los grandes medios y que se estén alejando del periodismo tradicional en busca de la tierra prometida de los “nuevos contenidos”. Tal vez, los usuarios estén huyendo defraudados cuando perciben que se les insulta la inteligencia o la confianza y que todo tiene un precio.  Esa es la verdadera crisis.

Miedo a lo diferente

No se entienden el miedo y la prevención que el nuevo Gobierno y sectores políticos afines les tienen al disenso, la disrupción y la fiscalización, tan necesarias en una democracia que se precia de ser amplia e incluyente. (Publica El Espectador)

Por eso resulta tan preocupante que no solo hablen en lenguaje de batalla, sino que estén trabajando, por encima y por debajo, en la idea de regular o controlar cuanto se salga de su miope visión de sociedad o, en su defecto, de estigmatizar a quienes rompen filas.

Primero fue el ministro Botero quien propuso, vaya uno a saber hasta qué punto ingenuamente, que se regulara la protesta social, en un gesto a todas luces totalitarista, que alcanzó sus mayores niveles cuando la criminalizó al asociarla a financiación de bandas criminales.

Después fue el mismo presidente, a coro con algunos de sus portavoces no reconocidos formalmente, quien quiso deslegitimar a la oposición valiéndose de un falso dilema moral: si ellos son los buenos, ¿quién osará oponerse? Suman la decisión de no otorgarle personería jurídica a la Colombia Humana que obtuvo ocho millones de votos y el boicot rampante de la Presidencia del Congreso al ejercicio libre de la oposición, como lo denunció Jorge Robledo, a propósito del necesario debate al (¿ex?) ministro Carrasquilla.

Y cierran el cuadro siniestro las iniciativas de “profesionalizar” a la comunicación social y el periodismo con el huevito de pascua de crear un consejo profesional, apéndice del Gobierno, con el pretexto de la responsabilidad de los contenidos y que no es más que una máscara de censura, muy parecida a la que se percibe en los proyectos de ley que tienen que ver con la televisión y la convergencia y que plantean desde el control previo hasta una ambigua desregularización que solo favorece a los cableros en detrimento de la TV pública, el botín codiciado del Mintic.

Muchas coincidencias, no cabe duda, y un solo propósito verdadero, unificar el discurso plural en torno a un Gobierno que ni siquiera tiene méritos para intentarlo.

Nominados al Premio Gabriel García Márquez 2018

Fueron 1.714 historias las que se postularon a la sexta edición del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo, y después de tres rondas de juzgamiento, el jurado eligió los 40 mejores trabajos de Iberoamérica: 10 por cada categoría de concurso: Texto, Imagen, Cobertura e Innovación. (Publica la FNPI)

En este proceso de selección participaron 51 jurados, divididos en tres rondas de juzgamiento —21 en la primera y 18 en la segunda—, la última realizada en Cartagena, Colombia, los días 10 y 11 de agosto con la presencia de 12 jurados que son referentes en la región.

Entre los 40 nominados, de los que hacen parte periodistas y equipos periodísticos de distintos países iberoamericanos, se encuentran los que serán los tres finalistas de cada categoría, nombres que serán anunciados en los próximos días. De este grupo de 12 trabajos finales, saldrán los cuatro ganadores del Premio Gabo 2018, historias que se conocerán el 4 de octubre en la ceremonia de premiación que se llevará a cabo en el Jardín Botánico, de Medellín, durante el Festival Gabo.

Nominados por categoría

Texto: El fotógrafo de las tinieblas, publicado en Gatopardo (México); «Estás viva, minha irmã, estás viva», publicado en Notícias Magazine (Portugal); Meu Guri, publicado en Revista Piauí (Brasil); Un niño manchado de petróleo, publicado en Revista 5W (España); Los demonios del Lago Chad, publicado en Gatopardo (México); La revolución de las ovejas, publicado en El Faro (El Salvador); Las rutas de la muerte, publicado en Gatopardo (México); Son presos políticos, nosotros también, publicado en La vida de nos (Venezuela); La Mara Salvatrucha derrota a Trump en Long Island, publicado en El Faro (El Salvador); O massacre de Pau D’Arco, publicado en Revista Piauí (Brasil).

Imagen: “No somos humanos a los ojos de Birmania”, publicado en Revista 5W (España); Memoria verdad y justicia para las pibas, publicado en Revista Anfibia (Argentina); El Naya: la ruta oculta de la cocaína, publicado en Pacifista (Colombia); Aqui no Haiti, publicado en Jornal O Globo (Brasil); Feridos pelo Estado, publicado en Agência Pública (Brasil); Crisis en Venezuela, publicado en AFP (México); Racismo à Portuguesa, publicado en Público (Portugal); Filhos de Ruanda, publicado en Globo News (Brasil); Un albergue en Ciudad de México para mujeres que fueron trabajadoras sexuales; publicado en The New York Times (Estados Unidos); Ciro & Yo, publicado en Cine Colombia (Colombia).

Cobertura:Monitor da Violência, publicado en G1 (Brasil); Crime sem fronteiras, publicado en Revista Época (Brasil); Huérfanos de la Salud, publicado en Ipys Venezuela en alianza con El Pitazo (Venezuela); The Backway: la puerta trasera de Europa, publicado en La Vanguardia (España); Arco Minero del Orinoco: crimen, corrupción y cianuro, publicado en Efecto Cocuyo (Venezuela); De migrantes a refugiados: el nuevo drama centroamericano, publicado en Univision y El Faro (EE.UU. – El Salvador); Estafa Maestra, publicado en Animal Político (México); Los libros de la partida secreta de los gobiernos de Arena, publicado en El Faro (El Salvador); Venezuela a la fuga, publicado en El Tiempo – Efecto Cocuyo (Colombia – Venezuela); OLP: La máscara del terror oficial en Venezuela, publicado en RunRun (Venezuela).

Innovación:Fondos de Papel: Una base de datos sobre el dinero, crimen y política, publicado en Ojo Público (Perú); 28 días: 28 historias para acabar con los tabúes sobre la regla, publicado en El País (España); Coding Like A Girl, publicado en El Confidencial (España); Los desterrados del Chaco, publicado en El Surti (Paraguay); El Bus TV, publicado en El Bus TV (Venezuela); Plataforma Ayotzinapa, publicado en Forensic Architecture (Reino Unido); Chacinas nos presídios: Conheça as 123 histórias dos detentos mortos, publicado en Metrópoles (Brasil); Verificado 2018, publicado en Verificado 2018, AJ+ Español, Animal Político y red de 90 organizaciones aliadas (México); Balas Perdidas, publicado en Agencia France-Presse (AFP) (Brasil); Agonía sobre rieles, publicado en La Nación (Costa Rica).

¿Qué recibirán los ganadores del Premio Gabo?

Cada finalista recibirá 6 millones de pesos colombianos y un diploma por su destacada participación. Por su parte, los ganadores recibirán 33 millones de pesos colombianos, un diploma que los acredita como ganadores y un ejemplar de la obra Gabriel, del artista colombiano Antonio Caro.

Los finalistas y ganadores participarán en el Festival Gabo, que tendrá lugar en Medellín del 3 al 5 de octubre. Los autores de los 12 trabajos finalistas del Premio Gabo estarán en la Maratón de las mejores historias de Iberoamérica, actividades que hacen parte de la programación 2018, compartiendo sus experiencias, exponiendo cómo realizaron sus trabajos, qué los motivó y cuáles fueron sus objetivos con un jurado de cada categoría y con el público asistente.

Así se vivirá el Festival Gabo 2018

Alrededor de 80 actividades componen la programación del Festival Gabriel García Márquez de Periodismo 2018. La sexta edición de esta fiesta de historias celebrará lo mejor del periodismo iberoamericano y abrirá espacios de discusión y reflexión sobre temas tan variados como la literatura, el cine, la ciencia, el documental, las noticias falsas, la fotografía, la libertad de expresión, la gastronomía, la memoria, la desigualdad, la violencia, la migración, la caricatura, el humor y la ética periodística.

La programación del Festival Gabo se divide en siete secciones que se desarrollarán en distintos espacios de la ciudad como el Jardín Botánico, el Parque Explora y el Museo de Arte Moderno de Medellín:

Periodismo de tú a tú: Conversaciones con gestores de proyectos periodísticos emergentes e innovadores, sin moderadores ni intermediarios.

Obsesiones de Gabo: Discusiones sobre tópicos que fueron del interés de Gabriel García Márquez, como la música, la memoria y la literatura.

La cocina del periodismo:Charlas y entrevistas sobre los asuntos que inquietan a Iberoamérica y moldean el oficio del periodismo en la región.

Muestras: Exhibiciones fotográficas y proyecciones documentales.

Mentes curiosas:La nueva sección del Festival Gabo. Un espacio íntimo para conversaciones informales pero profundas con grandes contadores de historias de Iberoamérica.

Premio Gabo: El reconocimiento a lo mejor del periodismo en Iberoamérica. Le precede la ya tradicional Maratón de las mejores historias de Iberoamérica, una serie de cuatro paneles donde los tres finalistas de cada categoría de concurso del Premio Gabo dan a conocer el proceso detrás de sus trabajos.

Todas las charlas y muestras son de entrada libre hasta completar aforo. Los interesados en asistir solo deben realizar su registro llenando un sencillo formulario. Exceptuando los talleres y las muestras, todas las actividades serán transmitidas en directo por Facebook Live en las cuentas de Festival Gabo, Red Ética, Centro Gabo y FNPI.

Sobre el Premio y Festival Gabo

Es convocado por la FNPI- Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano con el objetivo de incentivar la búsqueda de la excelencia, la innovación, el rigor en el tratamiento de los hechos y la coherencia ética en el periodismo. Está inspirado en los ideales y la obra de Gabriel García Márquez y en la dinámica de innovación, creatividad y liderazgo que caracterizan a Medellín, Colombia. El Premio y Festival son posibles gracias a la alianza público-privada conformada por la Alcaldía de Medellín y los grupos Bancolombia y SURA con sus filiales en América Latina.

Fuente: www.fnpi.org

Que discrepen

De eso se trata la política al fin de cuentas, de lidiar con los desacuerdos. Y ahí va la FARC, aprendiendo a trancas y a mochas. Por eso no se entiende el morbo exagerado ni el tono apocalíptico acerca de las discrepancias ideológicas, partidistas y prácticas entre sus dirigentes. (Publica El Espectador)

Como tampoco se comprende que, en cambio, se miren con la lupa de los eufemismos las profundas divisiones en el Centro Democrático, la U o los partidos que, alguna vez, fueron tradicionales.

Resulta más “saludable” que dirigentes como Joaquín Gómez o Fabián Ramírez ventilen sus diferencias con Timochenko y el resto de la cúpula fariana para poder entender a qué juegan y cómo se están involucrando en la cosa pública.

El primer falso dilema que hay que desmontar es que los disensos llevan forzosamente a extremos, como la retoma de las armas por parte de algunos de ellos. Las misivas de Gómez y Ramírez, en vez de tener tono de ultimátum, denotan una crítica profunda y necesaria que cuestiona la actuación de sus líderes en lo ideológico, lo político y lo ético.

En vez de demonizarlo, se trata de un debate que el país no se puede perder porque deja ver los miedos de sus dirigentes tanto a las investigaciones judiciales como a los enemigos territoriales; las rencillas personalizadas, así quieran negarlas, y las divergencias por hitos como el caso Santrich, los primeros pinitos en el Congreso y por el manejo de los dineros asignados, cuyo seguimiento dejará ver si se quieren diferenciar o están cayendo en las mismas prácticas políticas que tanto combatieron.

Eso no significa que no haya inquietud por los ocho dirigentes y otros tantos miembros de ese partido cuyo paradero se desconoce. Una cosa es que hayan renunciado al proceso y otra que anden paranoicos o desconcertados por las incertidumbres reinantes en la implementación del Acuerdo y estén a la espera de momentos más propicios. Que lo dejen saber, así sea en medio de las más crudas discrepancias

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