A oscuras

Por: Mario Morales

A este paso todos vamos a resultar teniendo la culpa de la crisis energética y del apagón, si es que llega, menos el Gobierno, que es evidentemente corresponsable de la inveterada concepción bananera que tenemos sobre nuestro futuro. (Publica El Espectador)

Corresponsable es el presidente Santos en lo macro como las cuatro últimas administraciones que han tratado el problema con la misma negligencia y el mismo desgreño que el de las cárceles, el microtráfico, los huecos y la inseguridad ciudadana, para no extender la lista.

Esa (falta de) planeación de corte liliputiense hace que nos enfrentemos, cada tanto, como un remolino con la misma piedra.

Pero tan folclórico es el manejo como la solución. Sacar al ministro parece solucionar otros problemas menos el de la crisis de energía. El primero, el de la imagen del presidente, que solo hasta el lunes se asomó por las generadoras de energía, para cañar que estaba al frente de la situación. Y el segundo, para resolver la salida del mentado ministro luego de la investigación que le acaba de abrir la Procuraduría. De dos males, el menor.

¿Y qué va a hacer la ministra encargada en medio del desconocimiento y el caos? Buscar responsables, que seremos todos si no ahorramos el cinco, diez ó 30% que se necesite para tapar con babas toda esta improvisación.

Ahora, que si el saliente ministro de Minas es responsable, que vayan alistando la carta el minhacienda por no meterle la mano, así sea con la retardada reforma tributaria, a la crisis económica. Y Lucho Garzón por la falta de efectividad ante el desempleo. Y la ministra Holguín por la resurrección de la crisis con Nicaragua. Y al mintransporte por la debacle de los avalúos. Y el ministro Cristo por el descontrolado avispero político…

Igual, quienes los reemplacen nos harán levantar el dedo acusador contra nosotros mismos… Como si no supiéramos que responsables somos todos cada vez que reelegimos a esta clase política, a la que hace tiempo se le fueron las luces.

Fabricando enemigos

Por Mario Morales

Desafortunada, por decir lo menos, fue la salida del MinVivienda para explicar el incremento de desempleo, poniendo, como ya es costumbre,  el espejo retrovisor marca Petro. (Publica El Espectador)

Mientras economistas serios buscan las causas reales en la inflación, precio del dólar o fenómeno del niño, esa declaración oportunista de Henao muestra dos fenómenos muy en boga: Abortar toda competencia para las presidenciales de 2018 y buscar, como prescribe el canon de la propaganda política, un enemigo único.

Esa estrategia desde los tiempos del nacionalsocialismo, y retomada por el ya añorado Umberto Eco, acude a la simplificación mediante la individualización de aquello que se quiere presentar, desfigurado, como una amenaza latente, como un peligro del que nos tiene que librar un héroe o un líder.

Pues bien, sin a quien atacar, pues nadie se ha lanzado al agua,  los miembros de Cambio Radical, apoyados por el alcalde Peñalosa -que bien endeudado se debe sentir con ellos-, se han encargado de resucitar a Petro para volver a lapidarlo.

Pero no son los únicos que andan escasos de contraparte. La ultraderecha percibe con pavor cómo se les deshace la guerrilla entre las manos, no obstante exabruptos  como el de Conejo, Guajira,  y no tienen más remedio que replicar como loros sin convicción el relato de un tal presidente Santos traidor. Si el gobierno no revira y Maduro sigue como va, se van a quedar hablando solos…

Lo mismo pasa con Donald Trump,  empecinado en construir, a punta de miedo y zozobras, un adversario temible que le sirva como trampolín para proyectarse como salvador. Su narrativa ha funcionado en el subconsciente estadounidense y todavía tiene mucho que decir.

Más que a la polarización, esas tendencias de frenar rivales y fabricar enemigos están llevando al país a la sectarización fragmentada, que se profundizará si se firma la paz, pues sin guerrilla a quien echarle la culpa de todo, cualquiera puede llegar a ser cabeza de turco.

Contradiciéndose

Por: Mario Morales

Dice el Gobierno que no hay crisis económica, y sí que la hay con riesgo de efecto dominó, y que hay crisis en la mesa de La Habana y no parece.Para hablar de los nubarrones económicos utiliza un tonito dulzarrón y recorta, como quien no quiere la cosa, $6 billones del presupuesto, prometiendo lo que no va a cumplir, que no habrá masacre laboral ni afectación de lo social. (Por Mario Morales)

Pues la tal crisis ya se siente en los bolsillos del ciudadano, en las plazas de mercado, en los supermercados y en los salarios de los pobres empleados que no han visto aumento este año a pesar de la inflación y la escalada alcista.

En cambio para referirse a La Habana el presidente habla durito para hacer creer que tiene la sartén por el mango aunque todos sepan que no es así, sobre todo ahora que falta un mes para cumplir el tan mentado plazo que el Gobierno utilizó para meter presión, pero que ahora se le devuelve como un bumerán.

El Gobierno habla de cuatro temas cruciales faltantes, amén de los 42 pendientes que recuerda la insurgencia, que no se pueden despachar así, tan alegremente y en tan corto plazo, sin mirar todos los alcances y entrever todas las implicaciones como acaba de pasar en La Guajira con la pedagogía de la guerrilla a sus tropas.

Mientras tanto el Gobierno comenzó flojo su labor comunicativa a favor del plebiscito; critica las conversaciones polarizadas de los medios, pero se contradice cazando peleas o ripostando a los opositores.

Parece más preocupado por las etiquetas y los poderes milagrosos de las redes sociales para su “conversación más grande del mundo”, que por diseñar una estrategia que le permita, como con el storytelling, construir relatos duraderos e historias convincentes.

Por eso, se percibe más como politiquería tanto su eventual nuevo gabinete como la alianza por la paz de los partidos que le apuestan, sin sonrojarse y en medios de peleas intestinas, tanto a formar parte de este Gobierno como del próximo. Aprendieron la lección.

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