Execrable

Por: Mario Morales
Se queda corto el presidente Santos al calificar las chuzadas que denunció Semana. No sólo es inaceptable. Es un delito execrable. También y principalmente porque las víctimas son, claro, los negociadores del proceso en La Habana y, por ende, el mismo Gobierno, pero, sobre todo, los colombianos que le apuestan a la paz. Sumado a que los objetivos pudieron ser otros, pudimos ser todos. (Publica el Espectador)

No, no hay y no puede haber ninguna justificación que invoque alguna “ideología racional” para cometer un delito de lesa patria, como hay que considerar este atentado criminal, sin eufemismos ni ambigüedades. No hay lugar para argumentos peregrinos como que es una práctica continuada, o que hay ruedas sueltas, o que se han multiplicado las manos negras.

Hasta ahí el hecho per se, un capítulo que creíamos superado o, por lo menos, restringido en el pasado muy reciente a las legítimas labores de inteligencia propias de un Estado. Pero se agrava hasta el tuétano por venir de donde presuntamente viene.

La institucionalidad, el presupuesto y especialmente la confianza no pueden ser traicionados por una parte de aquellos sobre quienes descansa el deber de proteger a sus compatriotas. Y por quienes en nombre del amor patrio se esconden tras ellos.

El presidente tiene una oportunidad de oro para llegar al centro de la nuez y desenmascarar a los enemigos de la paz y del país, que, agazapados y entre las sombras, se multiplican de generación en degeneración.

Tiene otra para saber quiénes entre quienes lo rodean están con él en la idea de ponerle fin al conflicto. Una más, en continuidad con la anterior, para descontaminar mandos medios y altos.

Pero tiene otra, que ojalá no tome en cuenta, y es victimizarse, esto es, aprovechar esa coyuntura con fines propagandísticos en plena etapa electoral.

Verdad y resultados prontos en esta investigación son su mejor marketing frente a este país que cada vez que quiere levantar cabeza recibe otro golpe desesperanzador.

A romper la cadena

 

Libertad de prensa en Colombia

El periodismo colombiano ha sido víctima de atentados, asesinatos, persecuciones y  censuras. Hay decenas de víctimas, desde periodistas vinculados a los grandes medios, hasta comunicadores de medios comunitarios. Impera un alto grado de impunidad.

 Por Mario Morales

(Publica Razón Pública)

Más víctimas

Parece una condena. La ofrenda de vidas, libertades y bienes que los periodistas colombianos hacen cada año en cumplimiento de su deber se repite dramáticamente. Casi milimétricamente, como una cuota fija: 108 casos de violaciones a la libertad de expresión y 167 víctimas contabiliza la Fundación para la libertad de la Prensa –FLIP- en 2013 hasta la fecha.

A ese ritmo fatídico y constante repetiremos al finalizar diciembre las cifras desgraciadas del año pasado. Pero peor, porque ha habido dos víctimas mortales, y cuando llegue Navidad serán cinco –solo de este año- los casos de homicidio que prescribirán de manera indolente, por decir lo menos.

Sí, dirán los escépticos y acaso los más cínicos, otra vez el mismo diagnóstico. Sí, y la misma cruel indiferencia del Estado, de la sociedad, del gremio. Pero más grave porque hay dos vidas que no se recuperarán y homicidios que no tendrán culpables, como en el 87 por ciento de los 142 casos documentados por la misma FLIP

Igual que en el resto de la región, dirán los responsables del cuidado y protección de la prensa en estos países sin ley ni honor. Pero más preocupante por los visos de recrudecimiento, si nos atenemos a los informes que hablan del peor semestre en el último lustro para el periodismo de las Américas, con 14 periodistas asesinados. Cifra que podría aumentar si las investigaciones, como en otros dos casos en Colombia, vislumbran que fueron homicidios por razones estrictamente periodísticas.

José Couso
Foto: Adolfo Lujan
Conmemoración el pasado 6 de abril en Madrid del
asesinato del periodista Jose Couso a manos del ejército
stadounidense en Bagdad.

Profesión asediada

Hay una tendencia que rebasó las fronteras tercermundistas y las analógicas para amenazar a las sociedades industriales y al ciberperiodismo. Aquí, el aire está enrarecido y el vecindario está convulsionado: Argentina y Ecuador, con nuevas legislaciones; Venezuela y Cuba, con asedios gubernamentales a los comunicadores, y hasta Estados Unidos con su restricción en el acceso a la información pública.

Ha sido año particularmente difícil. La preocupación aumenta con el avance de los enemigos de la prensa en Colombia, que han dejado la penumbra mediática de las regiones para constreñir o victimizar a medios y periodistas en las ciudades capitales. La polarización ideológica, entendida como debate saludable de propuestas, ha sido más bien escasa; ha tomado su lugar la iracundia febril de las hordas que defienden intereses no siempre conseguidos de manera legítima.

Exabruptos en medio de las movilizaciones sociales han dejado secuelas nefastas entre campesinos y comunicadores. La alianza entre mafias y políticos ha extendido su terror a la prensa; huestes intolerantes en año  electoral, insurgentes y hasta miembros de los organismos del Estado que abusan de sus facultades, han pasado de las amenazas a las acciones para tratar de intimidar a un periodismo  con aura quijotesca pero decididamente valiente. Este pareciera seguir a pie juntilla aquella máxima que le dejara el Caballero hidalgo a Sancho, su fiel acompañante: “por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida«.

La amenaza, la agresión y la obstrucción al trabajo periodístico siguen siendo las prácticas más comunes a la hora de amordazar a los reporteros.

En estos meses la prensa colombiana ha sido agredida, amenazada, desplazada estigmatizada, exiliada, obstruida, secuestrada, maltratada y violentada, para citar las violaciones más recurrentes, sin obviar los asesinatos ya mencionados, detenciones ilegales, los heridos y víctimas de atentados  contra empleados o contra la infraestructura de los medios.

La amenaza, la agresión y la obstrucción al trabajo periodístico siguen siendo las prácticas más comunes a la hora de amordazar a los reporteros, según los informes de las organizaciones defensoras de la prensa.

Edison Molina
Foto: Unesco
Edison Alberto Molina, periodista asesinado el pasado 11
de septiembre en Antioquia.

Múltiples víctimas y victimarios

El deshonroso aporte nacional a la lista luctuosa no tuvo siquiera una digna repercusión, tal vez porque las víctimas no pertenecían a grandes medios, ni laboraban en las grandes capitales:

· Uno de los dos comunicadores asesinados -el abogado Edison Alberto Medina- trabajaba en el modesto ambiente de una radio comunitaria de Puerto Berrío,  Antioquia, desde donde ponía en evidencia la corrupción.

· El otro era empleado multitarea, si se quiere: voceador, fuente y reportero del diario Extra de Quindío. Fue baleado en Caicedonia, Valle, epicentro de las denuncias del medio sobre irregularidades en la cárcel. Muertes que duelen.

· No están aún claros los motivos en los homicidios de Alberto Lázaro, director de la emisora Planeta en Cali  y de José Naudín Gómez, gerente de Radio Guadalajara en Buga.

A la par aumentan las amenazas masivas especialmente en la Costa Atlántica, Antioquia, Valle y Viejo Caldas, según reseña la FLIP. Al estilo de las que hubo  en Valledupar por parte del autodenominado Ejército Anti-restitución de Tierras para presionar la salida de la ciudad de ocho periodistas y de las amenazas que hizo el ELN mediante panfletos en Arauca y que buscan amedrantar a los periodistas y medios que cubren la difícil situación de orden público que vive ese departamento. También hay presiones de las AUC en Chiquinquirá,  Boyacá y en Santander y Norte de Santander, según refiere la Federación Colombiana de Periodistas –FECOLPER–.

La intolerancia se tradujo en amenazas a las publicaciones relaciones con movilizaciones sociales, como en el caso del director  y redactores del periódico La Tarde de Pereira. También son reprobables las agresiones que tuvieron que soportar comunicadores por parte de la policía, como sucedió en 10 de 30 casos de cubrimiento de la protesta social y campesina, según denuncia de la Asociación Colombiana de Editores de Diarios y Medios Informativos (Andiarios); o a manos de turbas violentas, como pasó en el sur de Bogotá durante un operativo judicial.

Lo mismo denunciaron periodistas del Canal regional de televisión PCS en Tuluá, Valle, que cubrían manifestaciones estudiantiles, y Éder Narváez Sierra, periodista del Bajo Cauca, que grababa durante el paro minero en Caucasia, según denunció la Asociación de periodismo de Antioquia-APA-.

La organización Reporteros Sin Fronteras también levantó la voz para protestar por “las agresiones y tentativas de censura que afectan la movilización nacional Indígena”. Los señalamientos apuntan al Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) como presunto responsable de las agresiones y a Los Rastrojos de las amenazas.

Intentos de silenciar al periodismo

Las denuncias de corrupción y cooptación de las élites gubernamentales por parte de grupos paramilitares ya habían conducido a amenazas y acabado en exilio para quienes investigaron los nexos de las mafias y la clase política. Han resurgido las amenazas y el acoso contra Claudia López, León Valencia, Ariel Ávila y Gonzalo Guillén lo que los ha obligado a buscar otra vez refugio en el exterior, pero no a bajar su voz gallarda y valerosa contra el crimen organizado, especialmente en La Guajira.

Las denuncias de corrupción y cooptación de las élites gubernamentales porparte de grupos paramilitares ya habían conducido a amenazas y acabado en exilio para quienes investigaron los nexos de las mafias y la clase política.

Se siguen presentando iniciativas legislativas que van desde la regulación del derecho de petición, hasta restricciones para el trabajo periodístico en las cárceles, pasando  por el control de contenidos informativos y de la libertad de expresión de los medios en el ciberespacio.

Y como si fuera poco, el fantasma de las chuzadas revivió por cuenta de las denuncias de presuntos seguimientos a periodistas reconocidos como Cecilia Orozco y Ramiro Bejarano. De manera simultánea la Corte declaró a comienzos de octubre la prescripción de los delitos por presunta intervención de comunicaciones  de periodistas por parte del exdirector del DAS, Jorge Noguera, pendiente de juicio, pero ya por otras acusaciones.

Siguen las prescripciones

Por la inoperancia de la justicia siguen prescribiendo los delitos contra periodistas.

Este año ya prescribieron cuatro casos. Y si, como anota la Sociedad Interamericana de Prensa –SIP-, no pasa nada antes del 26 de diciembre, cuando se cumplen dos décadas del homicidio  de Danilo Alfonso Baquero a manos del ELN, el caso prescribirá. Sería el quinto.

La pregunta obvia es: ¿si no pasa algo como qué? Como que sea declarado delito de lesa humanidad, tal y como sucedió en marzo de este año con el asesinato de Eustorgio Colmenares, lo que hace que las pesquisas del crimen no tengan vencimiento. No obstante, de ahí a que haya resultados y condenas hay un largo trecho, pero la posibilidad subsiste.

Por todo eso la situación del periodismo en Colombia no es extraña ni distante de ese peor semestre en los últimos cinco años del que habla la SIP. Como no es ajeno el resto del planeta que suma por estos días, según cifras de Reporteros Sin Fronteras, 43 periodistas asesinados, 25 netciudadanos muertos, 184 periodistas encarcelados y 157 net ciudadanos encarcelados.

Por eso este 23 de noviembre se celebra el día mundial contra la impunidad, iniciativa de IFEX, red por el Intercambio Internacional por la Libertad de Expresión, a la que se han unido la FLIP y otras organizaciones. La campaña se denomina “23 días 23 acciones”, que ya comenzaron para dar a conocer el estado de las agresiones e investigaciones.

Iniciativa que hay que apoyar como homenaje a esos héroes que aquí no se recuerdan, salvo honrosas excepciones, como la que hizo el investigador de Semana, Ricardo Calderón, también víctima de un atentado este año, del que salió ileso. Calderón recibió el premio Simón Bolívar a la vida y obra de un periodista, el cual, como él mismo dijo, es “reconocimiento a la labor de docenas de reporteros que poblamos las redacciones y las calles de este país. Muchos de ellos, especialmente en nuestras regiones, no habrían podido subir a este escenario a recibirlo si se lo hubieran ganado”.

Que esas víctimas de tantos y tan diversos delitos contra la libertad de expresión,-que se repiten cada año como una dolorosa profecía-, puedan subir a la tarima de la memoria a ver si prescribe esa “condena”. Es lo menos que podemos pedir.

Carta de Navidad con aclaraciones

Querida tiíta:
Gracias por tu saludo navideño y los parabienes (te sugiero cambiar esa palabrita en estos tiempos alternativos) que haces extensivos a todos tus familiares y compatriotas. A propósito, ¿Cómo te ha ido con tu nueva nacionalidad?. Parece que no tan bien porque apestas a optimismo. Eso te pasa por tener correspondencia Con Sabas Pretelt, Holguín Sardi y Fernando Londoño. Ya sabes, los conservadores, nunca se sienten tan a gusto como cuando los liberales están el poder. Es decir, casi siempre.
Pero permíteme hacerte unas precisiones. Cuando te dicen que el año termina con un Gran Iluminado, es obvio que se refieren a las decoraciones domésticas, los servicios de las empresas de energía, las celebraciones en Santafé de Ralito y Tibú, el Plan Patriota y las escaramuzas en cerca de quinientos municipios del país.
Eso de que aquí reina la quietud, quizás haya llegado a tu oído, si es que tus lagunas te permiten recordar ponerle las pilas a tus audífonos; pero no te preocupes, que ese mal, el de la sordera por culpa de la amnesia, acompañado del gen de la terquedad, está generalizado por estos lados; de él ya adolecen el ministro Carrasquilla, Fabio Echeverry, los banqueros y 27 millones más de adultos colombianos.
Bueno, es verdad lo de la quietud pero evidentemente están hablando que por estos días todos quieren inmovilizarse. Parece que eso es más barato que mandarse hacer un estudio fotográfico con Carlos Duque y montarse en el reality de una campaña para llegar al Congreso, sin contar con el ahorro de escándalos de alcoba, de closet y de los remiendos en las declaraciones de renta.
Sí es cierto lo que te dijeron. No creceremos más este año Y también es cierto que no debemos buscar las causas afuera. Nos quedamos chiquitos este año, como me decías cuando no me tomaba la sopa: por pura «constitución». Con razón nos están haciendo injertos
Por esta época hay más trancones en las vías de la ciudad que para los proyectos presidenciales en el Congreso. Quizás tú que estás tan cerca del Canal de la Mancha y lejos de toda mácula, si puedas entender porqué comparan a Uribe con el famoso Hidalgo y porqué escogió a un ministro de la talla de Sabas, como su fiel y leal acompañante.
Pobres-Pobres casi no se ven, ni se oyen y quizás ni existen como dicen el DANE, el Minprotección social y todos estos osados muchachotes, que son mejor ejemplo de economía en las explicaciones que tú, con tus giros cada vez más escasos y con ese pretexto que contradice tu fe en la patria, de que los dólares engordan más allá que aquí en Montería.
El país inseguro-inseguro no es. Basta que llegues a tu casa antes del noticiero de las siete (y que por supuesto no lo veas), que no tengas vecinos pobres o desempleados y que parezcas que no trabajas, que no tienes ahorros, que estás naufragando en deudas y que sólo estás a la espera de un consulado, la alcaldía de Soacha, una curul en el Congreso, la oportunidad en un reality, o que hayas aplicado a última hora en una autodefensa.
Lamento como tú, lo del Once Caldas, pero me quedó una duda. Cuando te referías a que eso nos pasaba por estar muertos de miedo por los ataques rivales, sin ninguna capacidad creativa y con el eterno versito del cuerpo técnico, ¿Estabas hablando de fútbol?
Me entristece que hayas decidido aplazar tu viaje de vuelta al país. Hacen falta colombianos como tú, que salieron en la época de crisis en busca de oportunidades, que hacen fuerza todos los días para que esto cambie y regresar al terruño. El país te debe por lo menos la afiliación al Seguro Social y a un fondo pensional, para que vean por esa inmerecida y patriótica hernia discal.
Pero ánimo, como decías desde las épocas de Turbay: Imposible que el año entrante estemos peor. Ah y Feliz Navidad.

Prensa bajo amenazas

En dos semanas se ha exacerbado la presión sobre los periodistas para impedir que hagan públicas sus investigaciones. En Colombia la prensa es parcialmente libre, mientras no estorbe a los poderosos de todas las raleas.

 

Por Mario Morales

(Publica Razón Pública)

primera fila portadaFoto: www.villafane.comAlgo se está acelerando

El ambiente está recalentado: lo prueba el termómetro de la libertad de prensa, que ha dado señales de alarma en lo que va corrido de mayo. Pero el mal que delata no es nuevo: se ha venido incubando desde hace casi cuatro décadas. Es más: el mal es síntoma de una morbilidad mayor, endémica, que no ha recibido la atención ni el cuidado que debían.

El rebrote de agresiones contra el periodismo habla de la fiebre a la que tristemente nos acostumbramos, acompañada de las convulsiones de un año electoral y con proceso de paz a bordo. Detrás de la fiebre está el estamento corrupto más violento  enquistado en las élites de poder que reacciona contra la prensa, su único fiscalizador, ante la miopía o la paquidermia de los organismos de control del Estado.

Ya en los primeros cuatro meses del año estábamos en urgencias- con 32 violaciones  y 55 víctimas según el monitoreo de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) cuando ocurrieron de modo casi simultáneo el atentado contra Ricardo Calderón, jefe de investigaciones de Semana, el asesinato del periodista  Alberto Lázaro en el Valle, el desplazamiento forzado de por lo menos ocho comunicadores en Valledupar y la denuncia de un plan para asesinar a los investigadores Ariel Ávila y León Valencia y al periodista Gonzalo Guillén.

Factores de alarma

primera fila imagen 1Foto: circulodeperiodistasdebogota.com

En término de cifras, el estado de alerta se mantenía en la misma situación que a comienzos de año o incluso del año pasado: lo nuevo ha sido la concurrencia de sucesos en solo dos semanas y el desafío que la delincuencia organizada lanzó ya no sólo a la prensa regional como lo viene haciendo de manera inveterada  sino a la nacional, que sufría menos presiones y corría menos riesgos a la hora de publicar este tipo de denuncias, al tener su sede en Bogotá.

Otro factor de alarma es el cambio de estrategia del crimen organizado: ya no se limita a amenazar para constreñir, como venía haciendo en los últimos años, sino que acaba de pasar a los atentados y al sicariato para acallar las voces críticas en los medios.

Esa osadía de la delincuencia si los indicios conectan a los presuntos autores de los atentados con las investigaciones que adelantaban los periodistas significa que han decidido combinar todas las formas de lucha para silenciar a la prensa: desde el asesinato hasta impedir la circulación de publicaciones, incluso provocando la respuesta solidaria de los medios y de la opinión pública que despierta este tipo de actos, con el propósito de enviar un mensaje de intocabilidad y la advertencia de lo que le puede pasar a todo aquél que se meta con ellos.

Desafío al gobierno y a la sociedad

Esos hechos lograron, sin embargo, que los grandes medios se ocuparan de temas que no eran nuevos en la agenda, pero que estaban olvidados o desplazados por otras noticias. Y que por fin la Fiscalía se ocupara de las investigaciones, bien por convicción o presionada por la opinión pública.

Por eso, prensa y organismos judiciales consideraron obvio que los ataques tenían una conexión directa con el trabajo reciente o en curso de los comunicadores o investigadores víctimas de las agresiones. De ahí el repudio generalizado a los atentados y planes contra Calderón, Guillén, Valencia y Ávila, en el entendido de que se trataba de un ataque contra la prensa toda y de un mensaje para la sociedad entera.

No es menos grave que ocho periodistas que cubrían temas referentes a la restitución de tierras, al conflicto y al proceso de paz hayan tenido que abandonar la capital del Cesar tras ser declarados objetivo militar del autodenominado “ejército antirrestitución”, que no solo amenaza la libertad de expresión, sino que reta al propio gobierno mediante la violencia.

No se trata entonces de casos aislados, sino de una estrategia para poner de rodillas al país en esta etapa crucial de su historia.

Tampoco se debe pasar por alto el asesinato del locutor y periodista radial Alberto Lázaro en Cali, no obstante que las primeras pesquisas apuntan a móviles de índole personal y ausencia de amenazas previas.

En medio de fuego cruzado

primera fila imagen 2Foto: www.flickr.com/photos/crissorama

Pero esa situación es permanente en las regiones, como lo documenta la Fundación para la Libertad de Prensa: en lo que va corrido del año ha habido por lo menos 15 amenazas, 2 desplazamientos forzados, 3 agresiones físicas o sicológicas, amén de otros casos de interrupción de la circulación informativa u obstrucción al trabajo periodístico, así como los más de 20 casos de intimidaciones en Montería, Santa Marta, Barranquilla y Valledupar.

Pero también desde el Congreso apuntan contra periodistas y medios, como ocurrió con el desafortunado artículo cuarto del proyecto de ley que pretendía legislar sobre la parodia, con algunas pocas buenas intenciones opacadas por las ambigüedades que dejaban expedito el camino a la censura o a las acciones civiles y penales contra el humor político, la sátira y toda creación fundamentada en características o actuaciones de personajes públicos.

Y como si fuera poco, grupos violentos o pequeñas bandas barriales también la emprenden contra la prensa, como pasó en el sur de Bogotá, donde atacaron un vehículo del Canal RCN o en Cali con un automóvil del diario Q’hubo.

Lentitud e impunidad

Casos emblemáticos no tienen aún pruebas concluyentes, como el de Jineth Bedoya, víctima de violación hace 13 años por su trabajo periodístico y de acoso por sus valientes denuncias, o el más reciente de Yesid Toro, también del diario Q’hubo, quien fue forzado a exilarse de Cali tras publicar un libro sobre sicariato, producto de sus investigaciones.

Y a pesar de las denuncias y de los insistentes reclamos de justicia, siguen prescribiendo casos de periodistas asesinados hace dos décadas: este año ya prescribieron dos, para un intolerable total de 62. Muy seguramente  dormirán también el sueño de los justos los casos que se siguen por el homicidio de los reporteros Nelson de la Rosa Toscaza de Cartagena, Manuel José Martínez de Popayán y Danilo Alfonso Baquero de Tame (Arauca), caídos en cumplimiento de su deber en 1993.

Con razón no nos va bien en las clasificaciones que año tras año hacen organizaciones de diversa índole, como Freedom House, que monitorea a 195 países y 14 Estados en formación. En esa lista, Colombia ocupa el puesto 14 y forma parte del grupo de naciones con prensa parcialmente libre, con deficientes indicadores en cuanto a libertades civiles y derechos políticos, lo que explica que 94 periodistas deban tener protección permanente incluso extrema en 37 casos hasta diciembre de este año.

Encuesta reveladora

Este recrudecimiento de acciones violentas contra la prensa opaca la leve mejoría  en asuntos de seguridad que habían percibido 707 periodistas entrevistados por el Proyecto Antonio Nariño (PAN) y la firma Cifras y Conceptos, en desarrollo de la segunda encuesta nacional a periodistas sobre libertad de expresión y acceso a la información pública, cuyos resultados fueron dados a conocer el pasado 3 de mayo, con motivo del día de la libertad de prensa.

El 20 por ciento de los periodistas encuestados afirmaron haber tenido restricciones por parte de autoridades para su libre movilidad, el 26 por ciento haber sufrido ataques por canales electrónicos, el 23 por ciento haber sido vigilado ilegalmente por el Estado, el 21 por ciento haber sido agredido por miembros de la Fuerza Pública y el 14 por ciento haber recibido agresiones por grupos al margen de la ley.

La consecuencia obvia en medio de esta atmósfera de amenazas es el temor que deviene autocensura, como lo manifestó el 47 por ciento de los encuestados:

  • 37 por ciento por presencia de armados ilegales en su región.
  • 35 por ciento por presiones que ocasionan el cierre de su medio o su despido.
  • 34 por ciento por estigmatizaciones de parte de gobernantes o altos funcionarios.
  • 25 por ciento por presión de autoridades del Estado.
  • 24 por ciento por recorte o interferencia indebida en sus historias por parte de editores de su medio.
  • 14 por ciento teme ser víctima de acosos judicial.

Con razón el Índice de Libertad de Expresión y el Acceso a la Información Pública en Colombia que monitorea el mismo PAN en 2012 apenas alcanza 50 puntos sobre 100, escasos 12 en la dimensión de impunidad y 38 en la de acceso a la información.

Derecho condicionado

Este mes, la Corte Constitucional aprobó con condicionamientos la ley estatutaria de transparencia y regulación del derecho de acceso a la información pública, que queda pendiente de la sanción presidencial.

Si bien dichos condicionamientos ampliarían el derecho de acceso, en el momento de escribir este artículo no se conocía el texto de la sentencia, particularmente en lo tocante a límites relacionados con la defensa y la seguridad nacionales, así como con el ente encargado de velar por su cumplimiento.

Algo es algo en medio de esta racha que ha llevado hasta el límite las alarmas  cuando el país se juega su futuro con la búsqueda de la paz, de la cual es motor e inspiración el libre ejercicio del periodismo, hoy retado y en entredicho.

Cibercolombiano

Si.Crecemos. Y no de cualquier manera. La actividad en internet ha aumentado de tal suerte que ha puesto al país en posiciones de vanguardia en cuanta medición internacional hay sobre el uso de la red.

Por Mario Morales

Publica revista Credencial

(Fotografías: Camilo Devis )

Dicen que el consumo y el acceso a la tecnología en Colombia están disparados. A continuación, un informe especial con lo último en cifras, análisis y declaraciones.

(Fuentes: MinTic, Socialbakers, Juancmejia.com, Crcom, EGM, Lanix, Dinero.com, DANE, Ipsos Napoleón Franco, IAP)

-En promedio, el colombiano gasta mensualmente $54.100 en telefonía celular.

-En promedio, el colombiano gasta mensualmente $30.000 en televisión por suscripción.

-En promedio, el colombiano gasta mensualmente $24.400 en internet.

-8 de cada 10 usuarios se conectan a internet 4,3 horas diarias. Y un usuario promedio pasa 2 horas y 12 minutos conectado.

-Las páginas favoritas de los colombianos son Facebook (87,95%), Twitter (54,42%), Youtube (46,36%), LinkedIn (31,22%), Pinterest (6,32%) y Foursquare (4,98%).

-Lo que los colombianos más compran por internet: teléfonos móviles (56%), ropa (54%), conexiones a internet para el hogar (45%), CD o DVD (41%), computadores personales (36%).

-Los aparatos que prefieren los colombianos: 57% de los consumidores elige el computador de escritorio; 50%, smartphones; 11% prefiere ultrabooks; 8%, notebooks.

-79,8% de colombianos tiene algún tipo de acceso a internet.

-A septiembre de 2012, el número total de suscriptores a internet en el país llegó a 7’037.241.

-Hay 48’699.217 colombianos abonados en servicio de telefonía móvil. De ellos, el 49,78% tiene teléfonos inteligentes.

-Edad promedio de la gente que más entra a internet: de 12 a 24 años; es decir, un 84,7%.
-Aplicaciones más usadas por los colombianos: Tap Tap Revenge 3.0, Traffic Rush, WhatsApp Messenger, MotionX GPS, WritePad, Tap Tap Revenge, Radio Colombia, Rat On The Run y App Box Pro.

-Los colombianos usan internet para: comunicación (78,7%), obtener información (74,3%), educación y aprendizaje (62,1%), actividades de entretenimiento (65,7%).

-Colombianos registrados en redes sociales: Facebook (87,95%), Twitter (54,42%) y Youtube (46,36).
¿Cuáles son los correos electrónicos favoritos de los colombianos? Outlook (antiguo Hotmail): 77,43%, Gmail: 70,84%, Yahoo: 37,2% y otros: 19,76%.

-El 74% de los colombianos tiene un computador en la casa.

-El 39,7% de los colombianos oye radio a través del celular.

-El 30% usa el computador para ver películas.

-El 16% hace compras por internet.

-La publicidad en internet creció un 15,32% durante el año pasado.

¿Qué tan digitales somos los colombianos?

Las internacionales

Medir lo que pasa en la red no es tan sencillo, tanto por la diversidad como por la profusión de canales, plataformas, aplicaciones y contenidos que inundan cada vez más el ciberespacio. Se habla de unos 800 millones de sitios web en la actualidad y de unos 2.400 millones de usuarios, que equivalen al 34,3 por ciento de la población mundial, según el Internet World Stats.

Es con ese estudio, en el que Colombia aparece con 26’936.343 usuarios de internet a junio de 2012, como iniciamos con los sorprendentes resultados de nuestro país en el ámbito internacional.

En el escalafón del Web Index Scores, que se ocupa de establecer la influencia que internet tiene en la vida de las personas, y con una muestra de 61 países, Colombia ocupa el puesto 26 con un índice de 53,86, no muy lejos de las naciones desarrolladas y de otras de la región, que tienen un mayor índice de desarrollo económico.

En la más reciente medición del índice de desarrollo de las TIC, que anualmente realiza la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), que es un ente de la ONU, Colombia ocupa el puesto 76 entre 152 países, y registra un crecimiento del 3,93 por ciento en relación con el año anterior. En los primeros lugares se mantienen Corea y Suecia. Este índice es, antes que nada, un reflejo de nuestros avances en la sociedad de la información con base en indicadores de infraestructura, uso y posibilidades de acceso. Si bien esta clasificación también la dominan los países más avanzados, el estudio deja en claro que buena parte de los del tercer mundo están en plena ebullición tecnológica y un creciente dinamismo.

En las redes sociales

En uno de los ámbitos digitales en los que Colombia crece más fuertemente es, sin duda, Facebook. En las mediciones que presenta Socialbakers, por ejemplo, Colombia ocupa el puesto 15, con 17’685.920 cuentas, creciendo en más de 1’100.000 usuarios en los últimos seis meses, y sólo es superada en Centro y Suramérica por Brasil, México y Argentina. El crecimiento sostenido del país en esta red social habla de una penetración del 40,01 por ciento. Como es previsible, el grupo que más crece está en el rango de 18 a 24 años de edad, y tiene cerca deseis millones de usuarios. Le siguen los usuarios entre 25 y 34 años. Las mujeres con cuenta alcanzan el 51 por ciento frente al 49 por ciento de los varones. En cuanto a marcas, Juan Valdez es la que mayor número de seguidores tiene, alcanzando cerca de 1’200.000 fans. Por ciudades registradas, Bogotá llega a 6’112.000 usuarios; Medellín a 2’168.000; y Cali a 883.500.

Facebook como sitio web también es el más visitado por los colombianos, seguido por Google-Colombia, YouTube, Google-Global y Windows Live, mientras que Twitter ocupa el séptimo puesto.

Twitter

Según el más reciente informe de la firma Semiocast de Francia, ya se superó el listón de los 500 millones de usuarios mundiales de Twitter. Colombia se ubica en la posición 12 con cerca de ocho millones de cuentas, aunque es necesario aclarar que los estudios anteriores señalan que entre el 27 por ciento y el 50 por ciento de estas se consideran inactivas, teniendo como referencia la actividad registrada en los últimos tres meses. Nuestro país está por encima de Argentina y Chile. En cuanto a la actividad en esta red social ocupamos la posición diez en Latinoamérica con un 16 por ciento de usuarios activos. Holanda es el país líder. Para la última semana de marzo los usuarios que más seguidores tenían eran Shakira, con más de 20 millones y medio, y Juanes con más de 7’400.000. En cuanto a los medios, Noticias RCN tenía más de 2’500.000 y Noticias Caracol más de 2’300.000.

El uso de internet

El 79,8 por ciento de colombianos utiliza internet, según encuesta de Ipsos Media CT. El mayor rango, por encima del 94 por ciento, está en las edades de 15 a 17 años y de 18 a 24. Donde menos se usa es en el rango de 45 a 55 años con un 55,9 por ciento. El 82,1 por ciento de los hombres la usa, frente a un 77,6 de las mujeres. En cuanto a estratos, el cinco es el que más se conecta, con el 94,5 por ciento, y el que menos lo haces es el 1, con el 71,6 por ciento. Pero más de la mitad, el 54 por ciento, dice utilizarlo todos los días.

Sobre los consumos de internet en Colombia, un estudio de ComScore mostró que un usuario promedio pasa dos horas y 12 minutos diarias. La tercera parte de ese tiempo lo invierte en redes sociales, el 15 por ciento en entretenimiento, el 7 por ciento en emails, el 8 por ciento en chats y el 36 por ciento en buscar información.

En publicidad

En cuanto a inversión publicitaria en medios digitales durante el primer semestre de 2012, esta estuvo cerca de los 60.000 millones de pesos, según un informe de la firma Prices Waterhouse Coopers, que tuvo en cuenta a 30 medios y 18 agencias. El crecimiento fue del 12,23 por ciento con respecto al mismo período del año anterior. Y según el reciente reporte de IAB, la inversión en este tipo de medios creció en un 15,32 por ciento durante todo 2012 con 145.729 millones de pesos, frente a los 126.366 millones de pesos que se invirtieron en 2011.

Los riesgos

Según Kasperski, el 39 por ciento de los usuarios en Colombia ha sido víctima de algún ataque durante el año, lo que ha puesto a nuestro país a la cabeza de las naciones suramericanas en inseguridad informática.

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