El periodismo y su caja de Pandora

Familiares del periodista palestino Mahmoud Wadi lloran su cuerpo en el Hospital Nasser de Khan Younis, en el sur de la Franja de Gaza, el 2 de diciembre de 2025. Wadi, periodista freelance palestino, murió en un ataque israelí en el centro de Khan Younis. EFE/EPA/HAITHAM IMAD

A la preocupación de los periodistas por la estigmatización, violencia y censura –tres indicadores que se repiten año tras año–, en 2025, la prensa en Colombia y la de, por lo menos, la mitad de los países del mundo, vio sumarse el crecimiento desmesurado de otra amenaza que permanecía latente: la de la crisis de sostenibilidad de los medios. Esta ha puesto en vilo la independencia, como lo documenta el reciente informe de Reporteros sin Fronteras.

La situación económica de los medios –sujetos a cierre, fusiones, despidos masivos y disminución en la inversión en cubrimientos de calidad– tiene otros efectos como la presión de la pauta y la pauperización del oficio aún en países del primer mundo que han visto impactados el nivel salarial y las garantías laborales de los reporteros.

Es una nube más para el ejercicio de un oficio que aumenta en las calificaciones de riesgo y en los escalafones domésticos e internacionales en los que la mayoría retrocede o se mantiene igual, como Colombia que apenas mejoró 4 puestos y solo subió unas décimas en la puntuación de RSF del año pasado.
Horroriza lo que pasó con la prensa en Gaza que puso la mitad de los reporteros asesinados el año pasado. Y es más que grave la situación en México que contabiliza once crímenes desde la llegada del nuevo gobierno.
Se profundiza la crisis en Perú, con 4 periodistas muertos, y en El Salvador, Guatemala y Nicaragua. El crimen organizado se pasea por todo el continente con su estela de luto, censura y miedo y, por supuesto, en Colombia, donde es el primer victimario, obligando al desplazamiento forzado o autocensura de los periodistas en las regiones y privando a la ciudadanía de oportuna información local y de proximidad. En por lo menos 260 municipios bajo el control de estos grupos es imposible adelantar labores periodísticas.
Según la Flip y la Ami, el cuadro dramático lo complementan la violencia digital, campañas de desprestigio y el acoso judicial, mordaza que pretender imponer un candidato presidencial que quiere cambiar su penumbroso pasado  a punta de demandas. Se sigue abriendo la Caja de Pandora.

Morimos un poco todos

Por Mario Morales
Perdimos. Con la intervención militar estadounidense fracasamos todos. De un solo manotazo se fue al piso la idea de civilización que habíamos cultivado como especie, especialmente la de los pueblos pobres de América Latina. En su lugar hoy se erige como norte y como método la barbarie en su más cruda representación, la peor de todas, la que no tiene límites, frenos ni prevenciones, ni siquiera del lenguaje, la diplomacia o las instancias que alguna vez prometían mediar en los conflictos y que ahora forman parte de la hojarasca que acompaña su desaparición.
Quizás haya sido mejor así, de manera chapucera, sin falsas retóricas, sin hipocresía en los relatos de poder más interesados en esconder que en mostrar, a ver si de una vez entendemos de qué estamos hechos, como en las increíbles manifestaciones de apoyo a esta implosión de la raza humana. ¡Celebramos nuestra desaparición!
“La desilusión -decía Walter Lippman hace seis décadas- es que todas las guerras que luchamos son para acabar la guerra”. La frustración es que todas las guerras de hoy son para mantener la misma guerra, el patrón de comportamiento que nos expone como animales salvajes, si somos, como parece, capaces de aceptarla y hasta celebrarla.
Talvez parezca excesivo el precio de este colapso de la civilización por la captura de una pareja caricaturesca de dictadores plataneros, por unos miles más de barriles de petróleo o por satisfacer vanidades enfermizas de quien están ebrios de poder, pero si aceptamos este suicidio cultural, va a ser difícil volver a hablar de tratados, convenios y organismos multilaterales, si no es como parte de la farsa.
Pobre Venezuela y pobre América latina, las mismas de siglo diecinueve que describió Rómulo Gallegos, escritor y presidente depuesto en medio de las mismas ambiciones que hoy afloran, en las que los pueblos, en cuyo nombre se comenten tantos crímenes no aparecen más que como pretexto o complemento indirecto. Debe haberse incrementado el canto de los chaures, esa suerte de lechuza en las llanuras venezolanas que anuncia cuando algo va morir. Morimos un poco todos.

Pelea de zorro con tigre amarrado

Por Mario Morales
Como en el fútbol, las fases de las campañas políticas se acaban cuando se acaban, como diría el refranero popular de la obviedad. Pero la farragosa actividad de este año (por llamarla de alguna manera) llevó a la oposición a pedir “tiempito” mientras ponían sus pobres humanidades agobiadas y dolientes al sol de los venados, al sol de los delfines o al sol de las serpientes, que cambian de piel y se mimetizan,
Como piensan en pequeño y a corto plazo no se imaginaron que, al cierre de 2025, no solo se iba a decantar la lista de aspirantes a la presidencia, con un jalonazo del grupo líder, como se dice en ciclismo, para dejar, estirando mucho la cuerda, si acaso una decena de opcionados, que podrían ser cuatro o cinco, dependiendo de cómo asimilen los mazazos del histórico incremento del salario mínimo y de la recolección de firmas con miras a una constituyente.
El gobierno deja así fijada la agenda y su tono, por lo menos para enero, mientras los economistas siguen enredados en teorías, que tiene más de emoción y temor que de análisis y sesos.
Pero el clima de opinión, que se convertirá, tras el breve receso, clima de fuerza plantea una pelea de zorro con tigre amarrado y ocupado mirando pececitos y corales como tanto criticaba.
Otros en tanto cambiarán de catalejo y se enfocarán en alcaldías como la de
Bogotá que no tiene la culpa de sus fracasos y frustraciones con fines electoreros u optaran por bloqueadores y protectores para evitar la quemazón de la primera vuelta.
En todo caso hoy, esta noche, habrá más de uno atragantado con las uvas todavía verdes con las que pensaban brindar.
Empezando por los afamados estrategas y los jugadores non sanctos en encuestas chimbas y apuestas manipuladas, a los que les dirá el recientemente desaparecido Rafael Ithier, director del Gran Combo, ¨pa´ la escuelita otra vez¨, a repetir la lección de no perderle la pista a los goles en tiempo adicional. Feliz año y ¡que lleguen muchas bendiciones!

En la paz como en la guerra

Por Mario Morales
Esa idea, la de la tregua a partir de hoy no es invento de Mordisco y sus disidencias ni del ELN, por más que ahora la cacareen en medio del baño de sangre nacional; es si acaso evocación de los intentos de la humanidad por limitar el daño de la guerra, la madre de todos los males, y que han tenido como protagonistas a la sociedad misma, la iglesia, los poderes y la imaginación plasmada en la literatura milenaria.
Ya hace diez siglos exactos cundió la propuesta de suspender transitoriamente las violencias durante determinados días o períodos para morigerar la violencia entre nobles y alivianar los abusos sobre los más desprotegidos. La tregua de Dios, como se denominó, y a la que nos referimos aquí hace algún tiempo, fue complementada por otros empeños, el de La paz de Dios, que ponía límites a acciones bélicas cerca de sagreras o lugares sagrados o en celebraciones religiosas, y fueron simiente de acciones pacifistas desde entonces, de códigos de caballería, pactos, acuerdos y diversas acciones jurídicas y sociales para lidiar con esa contradicción que es humanizar la guerra.
Puso su grano de arena la ficción, desde Aristófanes en Lisístrata con la huelga de sexo a los guerreros, o de piernas cruzadas como la reclamó hace 30 años el general Bonnet, pasando por la caricaturización del combatiente en Don Quijote y las cátedras ejemplares de Tomás Moro, Erasmo o el mismo Tolstoi que calificó la guerra, como si estuviera viendo telenoticieros, como pasatiempo de gente ociosa aprovechando la odiosa mentira del amor a la patria. Y no hay que olvidar la teoría de la guerra justa de San Agustín, o los debates sobre la paz perpetua de Kant, entre otros.
Si,quizás es tiempo de que nuestra sociedad retome su papel activo, con acciones, decisiones y elecciones, para ayudar a erradicar de veras la guerra, a tono con el cántico de Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad que creen, parafraseando a Charles De Gaulle, que la paz es un asunto demasiado serio para dejárselo a los políticos y peor aún a los guerreros. ¡Feliz Navidad!

Paloma Valencia y el vuelo al pasado

Por Mario Morales

Álvaro Uribe y María Fernanda Cabal, cada uno por su lado y por distintas razones, ya saben de la infalibilidad de la ley de Murphy 2.0 que dictamina en estos tiempos convulsos que, si algo puede salir mal, saldrá peor. Tanto manoseo a las reglas para la escogencia de candidato, en un partido que fue más un redil, debía terminar con estupor, insatisfacción, frustración y hasta desconfianza de los métodos en las huestes propias y extrañas y que ya había ocasionado el desistimiento de una encuestadora extranjera.

Como sea, las dichosas encuestas internas, sobre las cuales la Cabal pide claridad, dizque determinaron que la candidata elegida es Paloma Valencia, la misma del 1,1 % en el puesto 14 de la reciente encuesta Invamer, con una bajísima votación en las últimas legislativas (63.062 votos le dieron el puesto séptimo en su partido frente a 196.865 que colocaron de segunda a María Fernanda Cabal), con una enorme falta de visibilidad ya que solo uno de cada tres colombianos la conoce y, lo más grave, dobla en desfavorabilidad su escasa imagen positiva. El colofón en el acta, si operase la realpolitik, debería decir nada que hacer.

Pero aparte de esa duda metódica de la Cabal, que cuestiona entre líneas los manejos internos del partido, no fue posible en estos meses establecer diferencias entre las 3 finalistas que adoptaron como estrategia los insultos y vociferaciones para ocultar su enorme candidez frente a los asuntos públicos, como se puede constatar en el reciente “debate” del 9 de diciembre en Noticias RCN. Nada que añadir.
Un pobre plante que más que un candidato parece buscar una interpuesta persona sin criterio ni voluntad propias más allá del capricho expresidencial. Y en el menos malo de los casos aspira a una boleta de entrada a una consulta interpartidista, con la que ahora parecen no estar de acuerdo por física sustracción de materia, o a otra encuesta con todas las prevenciones que pueda despertar.
Mientras, serán necesarios protectores auditivos, frente a la estridencia discursiva de la candidata en sus momentos explosivos intermitentes, y alertas para no dejarse confundir, como sucedió hace 60 años, cuando a punta de intervencionismo y pacificación, nos prometieron este futuro que hoy padecemos.

Sobre Fajardo y las percepciones

Por Mario Morales
No se ve cómodo Sergio Fajardo en estas instancias políticas. Actitudes, respuestas e indecisiones muestran que, a pesar de la experiencia que invoca, aún no encuentra su lugar.  O es el hartazgo de la época que se ha tomado por saturación el estado de ánimo nacional. O insatisfacción con sus dinámicas políticas. O un matiz de soberbia o terquedad, que él confunde con coherencia, como si el aprendizaje del ejercicio político se hubiese congelado.
La displicencia frente a preguntas cruciales como la financiación de su campaña, su comunicación no verbal que muestra impaciencia en escenarios de evaluación y largos silencios frente a posiciones urgentes son decisivos para construir percepciones, que son filtros que permiten la conexión y que definen respuestas en encuestas como si se “conoce” al candidato.
Percepciones que contribuyen, según Van Dijk, a formar modelos mentales estables para evaluar al candidato. El grado de compromiso de Fajardo frente a dilemas es uno de ellos.
Definen, siguiendo a Lakoff, el discurso que construye el político, con marcos inconscientes y metáforas familiares, en relación con el que le creen sus audiencias. Persiste en el imaginario la metáfora de irse a ver ballenas.
¿Qué tienen que ver esas percepciones con el mediocre 8.5% de Fajardo en la encuesta Invamer donde solo lo conocen 2 de cada 3 colombianos y uno de cada cinco tiene una imagen desfavorable?
Por eso resulta inexplicable su negativa a participar en las consultas de marzo, que no solo le permitirían construir una candidatura sólida y con apoyos más decentes que los de la derecha que lo tiene como candidato conquistable, desplazable o derrotable.
Calcula el matemático que no cerrarse sobre micropartidos o campañas improvisadas le permitirá crecer para dejar de ser un comodín. Al ir solo cierra paso a la sorpresa, útil para cambiar corrientes de opinión, niega la posibilidad de maniobrar en tiempo real y de poner en práctica su relato de concertación que sigue sin ser probado.
Ese plante es un riesgo si su marketing sigue confundiendo consistencia con inmovilidad
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